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viernes, 6 de febrero de 2009

LA SEGUNDA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.








Lo que sobre el cartel era prometedor, se quedo en…nada.
Algo más de media plaza fue el aforo en el día de hoy. No “pintan copas” precisamente en el arranque de esta feria del 1972.
Preside el comisario del Cuerpo General de Policía Sr. Zalama auxiliado en materia taurina por “Cigales”.
En el palco de siempre, la Reina de la Fiestas, que este año es la señorita Carmen Wattenberg, acompañada de sus damas de honor.
El cartel primitivo ha sufrido modificación al ser sustituido Raúl Aranda por Pascual Mezquita.
Los toros pertenecen a la vacada de D. Joaquín Buendía, procedencia Santa Coloma.

El primer espada de la tarde es el “niño sabio el Camas” a la sazón Paco Camino quien saluda al primer toro de la tarde con una serie de verónicas donde destacan dos consideradas como superiores.
Se trata del toro llamado “Matador”, herrado con el número 104, negro de capa y con 485 kilos sobre los lomos.
Con una sola vara ha de pedir el cambio de tercio a consecuencia de que el piquero apretó en exceso y dejó al toro maltrecho.
En banderillas fue aplaudido Joaquín Camino en los dos pares que colocó.
Paco Camino comienza su faena por alto, tratando de ayudar al, escaso de fuerzas, ejemplar. El toro se le cuela.
Con la muleta sobre la mano derecha torea al toro con mimo para que no se caiga. Lo consigue a veces.
Series cortas de derechazos y naturales para entrar a matar y lograr un pinchazo y media ligeramente contraria que reciben muestras de desagrado por parte del público asistente que ha considerado demasiado breve la faena.

En el segundo, un toro llamado “Braguetón”, negro, herrado con el número 102 y de 482 kilos, el público tenía la esperanza que Paco Camino se "sacase la espina", pero no fue así pues estuvo apático y tiró a abreviar.
Ocurrió en este toro lo mismo que el anterior. El piquero se ensaño demasiado en la sola vara que administró y el toro se queda sin fuerzas.
Paco Camino comienza la faena tratando de aliviar al toro pero como no lo consigue abrevia en faena desligada y molestada por el viento reinante.
Ante las protestas del público acaba con el toro de media bien colocada que es premiada con los pitos del respetable.
Le falto al sevillano deseos de agradar lo que molestó al público vallisoletano.

El primero de José María Manzanares, un toro de nombre “Guitarrero”, herrado con el número 107, de capa negra y con 463 kilos, sale con muchos pies.
Manzanares lo recibe con unos lances muy aplaudidos.
El público se encara con el picador por el “ímpetu” puesto en su “labor”. Se cambia el tercio para salvar al toro y se pasa al de banderillas donde se colocan seis banderillas en cuatro entradas.
Manzanares comienza su faena recogiendo al toro por bajo para finalizar con un molinete.
Sigue la faena sobre la mano derecha en una buena serie de redondos que merecen los sones de la música.
Una serie de naturales que son abrochados con un excelente pase de pecho.
Una serie de redondos que son rematados con un afarolado, al que siguen molinetes y pases de costadillo.
Despena al toro de una estocada en el sitio, volcándose, que merece la ovación y saludos desde el tercio.

Su segundo que responde por “Cañejo”, herrado con el número122, negro de capa y 490 kilos, es el toro más bravo del encierro.
José María Manzanares lo torea primorosamente de capote.
Brindó su faena a la Reina de las Fiestas y corte acompañante, con estas palabras: ¡Guapas, va por vosotras!
Una faena instrumentada sobre ambas manos donde las diversas series de naturales y derechazos fueron rematadas con pases de pecho ajustados y diversas tandas de adornos y abaniqueos artísticos en medio de los sones de la música y los aplausos del respetable.
Con la espada, menos de media un poco tendidilla, un metisaca, un pinchazo que es escupido y media ligeramente trasera.
El toro después de tanto castigo dobla con la boca cerrada. El puntillero “Romerito” acierta a la primera.
Palmas al toro cuando va en busca del desolladero y silencio para el espada.

Pascual Mezquita había sido alternativado en esta plaza y por ello había interés por verlo nuevamente.
Los ánimos estaban soliviantados con las actuaciones de sus compañeros de terna y el ambiente no era el más propicio
Recibió a su primer enemigo, herrado con el número 110, de 466 kilos de peso y que atendía por “Renacio” con el “compás abierto”.
Tras fuerte puyazo, Mezquita realiza su quite por verónicas, que fue muy aplaudido.
En banderillas destaca la labor realizada por el banderillero Ángel Silva quien calva dos excelentes pares.
Tras brindar a la Reina de las Fiestas, realiza una faena de cercanía donde el temple es el factor dominante en medio de los sones de la música y los aplausos del público vallisoletano.
Adornos y desplantes muy aplaudidos.
Con la espada un verdadero desastre, pues necesita tres pinchazos sin soltar a toro arrancado y media bien colocada.
El toro se echa y el puntillero acierta a la primera.
La labor de Pascual es premiada con ovación y saludos desde el tercio.

En que cierra plaza, el número 135, un negro llamado “Lobato” con 470 kilos, Pascual Mezquita lo recibe con unos buenos lances que son jaleados y a los que abrocha con una navarra que resulta desdibujada.
Con un solo puyazo se cambia el tercio para pasar al tercio de banderillas donde destaca la labor de Luis González.
Tras brindar a Angelita Rodríguez de Arce, esposa del empresario, Pascual Mezquita comienza su faena por bajo, para seguir su labor muleteril por derechazos que remata con la rodilla en tierra lo que hace sonar la música en medio de los aplausos de la concurrencia.
Al iniciar un pase sufre una espectacular cogida de la que afortunadamente sale ileso. Como el toro se ha orientado ahora lo busca y Mezquita pierde los nervios, el aplomo y la tranquilidad.
Entra a matar en medio de un calvario pues necesita, cinco pinchazos y descabello al segundo intento, no obstante lo cual recibe algunos aplausos.
En cuanto a los toros de Buendía decir que fue un encierro de bonita lámina como corresponde al encaste Santa Coloma, pero que adolecieron de falta de fuerzas.

jueves, 5 de febrero de 2009

LA PRIMERA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.








Nuevamente el empresario-propietario del coso de Zorrilla, Emilio Ortuño "Jumillano", nos obsequió, a todos los abonados, con la carpeta que contenía las entradas del abono y los carteles del ciclo.
Si bien en esta ocasión se ahorró la litografía del reverso de la carpeta o tal vez ¿fue un olvido?. Nos quedó la duda.
Se inició la feria taurina con el concurso de los “jinetes del apoteosis” pero faltó el ingrediente en esta ocasión.
¿La causa? Posiblemente que la cantidad empache la degustación de la calidad, única fórmula de entender el pálido entusiasmo de la concurrencia entre la que, sin duda, sobresalían en número y conocimiento de la equitación taurina muchos de los que cubrían en sus tres partes el aforo de la plaza del Paseo de Zorrilla.
Pues no se comprende de otra manera la frialdad del público ante el caluroso comportamiento de estos cuatro artistas del toreo a caballo que hacen con los ingredientes de la destreza, el dominio de las bellas cabalgaduras y el valor que aportan a los mil trances que se suceden en la lidia, un verdadero espectáculo, reiterativo, sí, pero digno de admiración y premio.
La presidencia estuvo ocupada por el comisario de Policía sr. Zalama que en esta ocasión contó como asesor artístico con el saber de Antonio Aguado "Larita"
Pero solamente uno, el de una oreja a Rafael Peralta, se pidió con templanza y difusa animación por exigua mayoría.
En fin, son contrastes, difusos también, que unas veces, como la meteorología se inclinan por los cálculos menos inesperados.
Fueron sobresalientes en la liza los seis bonitos y bravos novillos-toros presentados por el ganadero andaluz don Clemente Tassara. Como hechos para el rejoneo, a pesar de los “tragines” que imponen las suertes y del castigo que sufren, ni volvieron la cara ni dejaron de acometer con celo, casta de la buena y valentía. Varios fueron aplaudidos en el arrastre muy merecidamente, premio que va suscrito en el brindis que hizo al mayoral el gran artista Álvaro Domecq.
Los “jinetes del apoteosis” dividen en dos partes el espectáculo. Actuación personal de cada uno en la primera y a dúo en la segunda.
Ángel Peralta se apretó de lo suyo en el primero que si, acobardado por la primera sangría, sacó luego casta se fue arriba y se complementó a los alardes y valentía del rejoneador. Hubo de trabajar el centauro de Puebla del Río, para domeñar la voluntad de embestir contínua del Tassara. Mató de un rejón y entre aplausos dio la vuelta al ruedo.

Rafael Peralta, cortó una oreja al suyo, otro vacilante y bravo torete con el que derrochó valor. Además dio la vuelta al ruedo. Quizá fueron sus enormes ganas de agradar al público vallisoletano y al de Medina de Rioseco que se desplazó en masa al avento, las que le proporcionaron el triunfo. Estuvo bien pero no llegó a la altura artística y técnica de su hermano Ángel al que su seriedad le empañan triunfos.

Álvaro Domecq, nos presentó la más bella imagen del toreo a caballo, realizado con temple, justeza y dominio de los terrenos y las distancias. En un magistral par de banderillas, adornándose en la cara del toro, escuchó una formidable ovación. ¡La más fuerte de la tarde! Por matar de un rejonazo caidillo hubo de conformarse con el premio de la vuelta al ruedo.

José Samuel Lupi, con indumentaria a la Federica, bien en todo y fenomenal en los pares de banderillas al quiebro, suerte de su especialidad. Los quiebros contínuos de sus caballos levantaron en ocasiones la moral de un frío público. El sobresaliente descabelló y Lupi dio la vuelta al ruedo entre los aplausos de quienes supieron reconocer el mérito de su faena..

La segunda parte animó más al público, al llegarle más y con más “gancho” por los accidentes que se producen en el toreo por parejas.
Los hermanos Peralta que hicieron todo el programa conocido con acierto, tuvieron el desacierto –en este caso Ángel- de atravesar al de Tassara con un rejón perpendicular que asomaba por la barriga. Por este desacierto, el desacertado hizo “taina” en la barrera y su hermano paseo entre aplausos la periferia.
Muy bien también los quiebros y requiebros torerísimos de Domecq y Lupi con el último del encierro. Domecq descabelló pie a tierra y el andaluz y el lusitano dieron la vuelta al ruedo entre aplausos, pequeñísimo premio para su extraordinaria actuación.

miércoles, 4 de febrero de 2009

LA 7ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.









La caída del cartel del zamorano Andrés Vázquez trae de nuevo al coso de Zorrilla al maestro Antonio Bienvenida que forma terna con Sebastián Martín “Chanito” y José Luis Parada, en un cartel nuevamente equivocado en su confección.
Una tarde soleada ha querido despedir a la última corrida de toros de este ciclo del año 1971. La afluencia de público rozó los tres cuartos de aforo.
El ínclito Sr. Zalama presidiendo como de costumbre, auxiliado en esta ocasión por Faustino Gómez Cayón “Cigales”.
En un burladero, como en el día de ayer, presencia la corrida el presidente de las Cortes Españolas D. Alejandro Rodríguez de Valcárcel acompañado por el gobernador civil y el jefe superior de Policía.
Como en días anteriores ocupa su sitial la Reina de las Fiestas acompañada de su corte de honor.

Abre plaza el maestro Antonio Bienvenida que es recibido con una ovación. Ovación que se reproduce cuando lancea pausado y quieto a su primer enemigo llamado “Madrileño”, herrado con el número 22 y 482 kilos de peso sobre sus costillares negros.
Un primer tercio nefasto caracterizado por un puyazo malo, un marronazo y un picotazo. El quite aplaudido de Bienvenida compuesto por dos chicuelinas, comprometidas por su ajuste, que son rematadas con una media verónica de superior factura.
Tras brindar al señor Rodríguez de Valcárcel, saca al toro a los medios donde instrumenta una faena artística y voluntariosa en la que el toro se pone difícil por momentos a causa de sus continuas coladas.
Buenas series de redondos y lo intenta sobre la mano izquierda si bien el toro no admite este pitón.
Antonio tras administrar un molinete muy ajustado busca la igualada tras los obligados pases de aliño.
Mata de media estocada mal colocada y descabello al primer intento que es premiada con una ovación que el diestro caraqueño agradece desde el callejón.

En su segundo enemigo, un toro de nombre “Guasón” herrado con el 44 de capa negra y el de más peso de la corrida con 541 kilos, se estira de salida con una serie de verónicas que es rematada con una media acogidas con una gran ovación.
La suerte de varas caracterizada por un picotazo donde el picador recibe una aparatosa caída y una vara de verdadero castigo con la que el matador pide el cambio de tercio.
En la suerte de banderillas cuando el toro persigue a un banderillero y derrota contra las tablas se parte la defensa derecha.
Bienvenida comienza su faena de muleta con tres ayudados por alto a los que siguen unas tandas de soberbios redondos, rematados con el pase de pecho en medio de los sones de la música y ovaciones.
Molinetes ceñidos, muletazos rodilla en tierra en medio del entusiasmo popular a un toro distraído que ha requerido el dominio y conocimiento del torero para sacar faena.
Un pinchazo que escupe y una estocada delantera ponen fin a la vida del astado que espera el diestro sentado en el estribo. El toro que se levanta nuevamente ante los estertores de la muerte para finalmente rodar sin puntilla. Labor que es premiada con una oreja, petición de la segunda y dos vueltas al anillo entre fuertes ovaciones.

Sebatián Martín “Chanito” dejó constancia en Valladolid que posee la virtud de la voluntad.
A su primer enemigo marcado con el número 7, “Purito” de nombre, negro y con 505 kilos que en todo momento llevó la cabeza por las nubes, tras brindar al señor alcalde de la ciudad De Santiago Juárez que ocupaba su barrera del 8, el salmantino demostró, tras los doblones de recibo, en las tandas con ambas manos sus buenas cualidades toreras. Los muletazos por redondos han tenido sabor y temple. Terminó con unas giraldillas que fueron muy aplaudidas al igual que resto de su faena.
Falló a espadas con un pinchazo que escupe, otro pinchazo y una estocada al encuentro y descabello al cuarto intento, no obstante lo cual fue aplaudido y obligado a dar una vuelta al ruedo.

Al quinto, de nombre “Receloso” con el número 48, negro listón y de 514 kilos, que salió con mucho gas, Sebastián lo lancea sin pena ni gloria.
Una vara en su sitio en el que recarga el de Bohórquez merecen por parte del público la ovación hacia el piquero Pepe Salcedo. Con este castigo se cambia el tercio para dar paso a la colocación de dos pares de banderillas en medio de cierto barullo en la lidia con exceso de capotazos.
La faena la comienza “Chanito” por redondos a los que siguen naturales muy ceñidos que son aplaudidos y animados con los sones de la música.
De inmediato el toro se para y ya desluce la faena que el salmantino pretendía. A destacar un “pase de la firma” soberbiamente ejecutado.
Una estocada entrando recto pero que resultó defectuosa de implantación, a la que siguieron cuatro golpes de descabello acabaron con la vida del astado. El diestro fue premiado con muchas palmas y la vuelta al ruedo que él dio por su cuenta.

José Luis Parada venía precedido de haber recibido el Premio San Pedro Regalado del año 1970.
Lanceó bien al tercero de la tarde un toro llamado “Ramillito”, marcado con el número 64, negro y con 532 kilos.
Pidió el cambio de tercio con una vara en su sitio y con dos pares de banderillas.
Tras brindar al público, recibe al toro con dos pases citando de largo y remate vistoso. Sigue por redondos bien ejecutados y rematados hasta que el toro se apaga definitivamente.
Entra a matar logrando una estocada ligeramente caída que al acabar con la vida del astado recibe el premio de una oreja con la que realiza la vuelta al anillo.

En su segundo que cerró corrida y feria, un toro llamado “Adoroso” marcado con el número 20, negro de capa y con 508 kilos, el torero gaditano demostró su sapiencia y dominio del arte de Cúchares ante un "toro avisado" que se iba a por él en todo momento.
Un toro que no fue castigado en varas por recibir dos puyazos tras desmonte espectacular en terrenos del 4 y que se fue con solo dos pares de banderillas.
Tras brindar al maestro Bienvenida, comienza la faena con pases por alto para seguir toreando sobre ambas manos en tandas lucidas.
Ante un toro muy quedado el espada ha de hacerlo todo a base de porfía y de pisar el terreno del toro.
Dos pases circulares levantan un clamor. Sigue con pases de adorno con vistosa exhibición.
Una faena de primerísima clase por la entrega, el peligro y por el sello artístico.
Un estoconazo pone fin a la vida del astado. Al doblar le son concedidas las dos orejas y con ellas da la vuelta al anillo. Se pide el rabo que no es concedido.
De la corrida enviada por D. Fermín Bohórquez destacaremos el cuarto por su bravura. El de más dificultades fue el sexto, pero el resto fueron buenos para los toreros si bien adolecieron de picante.
Dignos de mención en el capítulo de subalternos: el picador “Chopito” y los banderilleros, Fauró, Ponce y Valbuena.

martes, 3 de febrero de 2009

LA 6ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.









La sexta corrida del ciclo ferial 1971 se anunció como LA CORRIDA DEL ARTE DE REJONES.
La tarde comenzó con el cielo entoldado, para casi de inmediato disiparse las nubes y quedar una estupenda tarde.
No se llegó al lleno total pues hubo algo de aforo por cubrir.
En la presidencia el titular D. Florencio Zalama auxiliado en esta ocasión por el novillero Fernando Merino.
En las localidades preferentes del tendido 4, los Ancianos acogidos a la Casa de Ancianos de Medina de Rioseco portan una pancarta en apoyo de su protector el rejoneador D. Ángel Peralta.
Los toros pertenecen a la ganadería denominada “Castillejo” de la que es propietario D. José Luis Cobaleda.
Una exhibición de alta escuela a cargo de los caballos de los jinetes participantes siguió al despejo de plaza. Las primeras ovaciones de la tarde se hicieron sentir en el coso del Paseo de Zorrilla.

El primero en actuar es el rejoneador de Puebla de Río D. Ángel Peralta quien coloca tres rejones de castigo en el sitio exacto al primer toro de la tarde que responde por “Peregrino”, herrado con el número 69 y cárdeno de capa.
Seguidamente el toro se aquerencia en las tablas por lo que el centauro ha de trabajar para llevarlo al lugar idóneo donde clavar las banderillas.
Son tres los pares que coloca: uno arriba, otro abierto y otro superior tras haber encelado al cornúpeta.
Tras brindar al público coloca "la rosa de la casa" por tres veces bajo las ovaciones del público. Un rejón de muerte certero, acaba con la vida del bravo siendo premiado con una gran ovación.
Cuando el toro dobla, el rejoneador montando una yegua de capa torda en fase blanca realiza florituras sobre el astado moribundo.
Las dos orejas es el premio a su labor con las que da dos vueltas al ruedo, una a caballo y otra de pie.

El segundo toro de la corrida es el número 84 “Puntilla”, un negro girón. Corresponde su lidia a D. Rafael Peralta. Consecuente con que tiene la muñeca derecha escayolada debido a un reciente percance, ha de ser ayudado en los primeros momentos de la lidia por su hermano Ángel quien coloca un rejón de castigo en todo lo alto, tras haber parado al toro.
Rafael se coloca una muñequera fabricada al efecto y se va por el toro para dejar un par de banderillas a una mano, en todo lo alto, que son ovacionadas al tiempo que comienza a sonar la música.
Un nuevo par de rehiletes que brinda a la solanera.
Finalmente otro par de banderillas cortas que brinda al Capitán General en funciones quien presencia la corrida desde un burladero en compañía del presidente de las Cortes Españolas don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, del gobernador civil y del jefe superior de Policía.
Finalmente brinda al público la colocación “de la rosa” que coloca en el sitio preciso con lo que las palmas echan humo.
Mata de un rejón en sitio acertado y le es concedida la oreja con la que da la vuelta al ruedo.
También es premiado con aplausos al toro cuando va camino del desolladero.

El tercer toro de la tarde corresponde su lidia al caballero jerezano D. Álvaro Domecq Romero. Es el toro número 83, berrendo de capa y cuyo nombre es “Cara de Rosa”.
Coloca unos excelentes rejones de castigo, pero donde verdaderamente produce el entusiasmo es en la colocación de las banderillas a una mano que arrancan las ovaciones del público.
Brinda un par a dos manos al Capitán General en funciones que levantan el entusiasmo popular por la precisión en la colocación.
En el primer rejón de muerte toca hueso, para en la segunda entrada junto a toriles colocar el rejón arriba y tras rueda espectacular al toro a caballo lograr que éste doble. Tras finalizar el cachetero de certero puntillazo se le concede una oreja con la que da la vuelta al anillo.

La lidia del cuarto toro de la tarde corresponde al caballero portugués D. José Samuel Lupi. Se trata de el toro ”Moñalejo”, número 91 y negro lucero de capa. El portugués vestido a la federica coloca certeramente tres rejones de castigo. Después se luce en banderillas colocadas tras quiebro de su caballo habiendo arrancado dando los pechos.
Brinda un par comprometido al gobernador civil señor Ibáñez Trujillo. Con las banderillas cortas ejecuta dos pares: uno brindando a la galería y otro que ejecuta junto a las tablas jugándose la vida puesto que no había sitio para la salida.
Un rejón de muerte caído y otro arriba a fuerza de consentir al toro y arrimar la cabalgadura.
Echa pie a tierra y descabella al tercer intento por lo que su actuación acaba en ovación y vuelta al ruedo.

El quinto toro de la tarde va a ser lidiado por la collera formada por los dos hermanos Peralta, si bien es Ángel el encargado de colocar los tres rejones de castigo.
Las banderillas corren a cargo de los dos hermanos de forma lucida en medio de ovaciones y música.
El toro muy cerrado en tablas hace laborioso este tercio lo que enfría los ánimos de los espectadores.
La colocación de “las rosas” pertinentes enderezan el espectáculo.
La suerte suprema corre a cargo de Ángel, quien clava un rejón en sitio tan preciso que deja al toro fulminado con lo que al actuación de los dos hermanos es premiada con las dos orejas y el rabo que pasean triunfalmente por el anillo subidos en sus monturas.

El sexto y último de la tarde es lidiado por la collera formada por Álvaro Dómecq y Lupi. Se trata del toro número 77, “Lunarito”, cárdeno de capa en cuya lidia son ovacionados ambos caballeros cuando colocan sus pares de banderillas.
Uno de los pares es brindado a la Reina de la Fiestas que ocupa su palco nº 9 acompañada de las damas de su corte. Es Lupi el encargado de prenderlo por los terrenos de adentro lo que suscita el entusiasmo del público.
Los pares de banderillas cortas se las brindan mutuamente ambos rejoneadores.
El encargado de realizar la suerte suprema es Álvaro Domecq quien logra un rejón de buena clase. Tras doblar se levanta raudo para dar un buen susto al cachetero.
Cuando es atronado definitivamente ambos caballeros son premiados con las dos orejas con las que dan la vuelta triunfal al anillo.

lunes, 2 de febrero de 2009

LA 5ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.










Esta quinta corrida de la Feria 1971 se caracterizó por una faena magnífica de Paco Camino, el valor de Miguel Márquez y las buenas maneras toreras de “El Puno”.
Un nuevo lleno, que colmará las ilusiones de “Jumillano” en el coso del Paseo de Zorrilla. Y nuevamente este sempiterno Presidente, el señor Zalama Herrero, auxiliado en esta ocasión en materia taurina por Faustino Gómez Cayón “Gigales” que repartió orejas y rabos a granel.
En esta ocasión varias bellas muchachas vestidas con traje típico y tocadas con el clásico sombrero cordobés ocupaban localidades preferentes en el tendido del 8, mientras el palco de la Reina era ocupado por la titular acompañada de sus damas de honor.
Para el recuerdo del aficionado la enorme faena realizada al segundo de su lote por el sevillano Paco Camino que dejó sobre al albero del coso de Zorrilla lo mejor de su inspiración, dominio y gracia torera.

Cuando Paco Camino aparece en el ruedo para recibir a su primer enemigo herrado con el nº 105 que tiene por nombre “Jabato” y que es un negro de capa con 452 kilos perteneciente como el resto de sus hermanos a la ganadería de D. Joaquín Buendía Peña, es recibido con una gran ovación.
Y ante el cornalón toro realiza unas extraordinarias verónicas que remata con una media de excelente factura.
Recibe una vara en la que empuja con la que se pasa a banderillas donde Joaquín Camino prende un buen par al igual que su compañero de cuadrilla Manolo Rodríguez.
Pocos pases de tanteo sirven al “sabio de Camas” para saber las características de su oponente de ahí que de inmediato comience su toreo por naturales sobre la zurda mano. El toro se cierne, de ahí que pase la muleta a la mano derecha para seguir por redondos.
De manera inesperada el toro “viene a menos”, “pierde gas” y Paco Camino se queda sin toro.
Ya los naturales se quedan sin el debido remate por lo que se decide despenar, al falto de fuerzas, de un pinchazo en hueso, otro más en el mismo sitio, otro sin soltar y finalmente una estocada trasera y certero descabello a la primera que suscitaron en el público la división de opiniones mientras el toro era pitado en el arrastre.

En su segundo oponente Paco Camino se desquitaría. Era un toro de nombre “Campesino” marcado con el número 142, negro entrepelado y con 496 kilos. Al que recibe con unas verónicas de mano baja que son ovacionadas largamente y con una atronadora ovación cuando remata con una media verónica primorosa.
Como el toro se emplea en la primera vara, Paco Camino pide el cambio de tercio porque quiere un enemigo con movilidad de ahí que cuide el tercio de banderillas para que no se le de un capotazo de mas. ¡Camino dispuesto a hacer faena!
Tras brindar a su íntimo amigo Pablo Barrigón se va al centro del ruedo desde donde cita al astado para recibirlo con un pase cambiado. Sigue por alto para seguidamente instrumentar unas tandas de redondos suavísimos, naturales del más puro sabor torero que son aclamados de manera unánime al son de la música y las charangas.
El toro como domesticado sigue el camino que traza la mano diestra del maestro de Camas de manera rítmica y acompasada.
Una faena justa y medida que es rematada de estocada hasta la gamuza realizada “dejándose ver”.
El entusiasmo es unánime y una ovación cerrada premia el mérito de una faena que ha sido un compendio de estética taurina.
Las dos orejas y el rabo es el premio pedido y concedido por presidencia con las que Paco Camino da la vuelta triunfal al anillo.
Parte del público pide la vuelta al ruedo para el Buendía que el usía no concede.

El primero de Miguel Márquez es un toro cárdeno lucero que está herrado con el número 102, que responde por “Mediano” y que pesa 458 kilos. Toro de mucho nervio a quien el diestro de Fuengirola recibe con una serie de buenas verónicas a las que siguen unas chicuelinas que se jalean unánimemente.
Una vara en la que se le pega de lo lindo es el prologo de un refilonazo que hiere al astado.
Con cuatro rehiletes en lo alto se cambia el tercio de banderillas.
Tras brindar a la concurrencia Miguel Márquez demuestra que está dispuesto a todo con tal de triunfar.
La primera parte de su faena se caracteriza por el toreo con gusto y arte.
La temeridad es la nota que caracteriza la segunda parte de su faena, arrancando gritos angustiosos del público ante el peligro en que se encontraba el matador con sus pases de rodillas, sus desplantes de espaldas y de rodillas, sus muletazos donde la quietud y proximidad hacen que los alamares sean acariciados por los cuernos de su enemigo.
Mató al Buendía de un estoconazo entrando a ley que como tumba al toro sin puntilla merecen la petición y concesión de las dos orejas. Petición de rabo que no es concedido y dos vueltas al ruedo.

En su segundo herrado con el número 30. “Primero” de nombre, cárdeno de capa y 512 kilos de peso, se estira de salida a un toro que comienza apretando.
Es pegado en exceso en suerte de varas por lo que llega demasiado quedado a la muleta.
Miguel Márquez no encuentra colaboración ya que el toro trata de irse en cada muletazo.
Decide entrar a matar y logra una media estocada bien colocada.
Hay división de opiniones, con ligero predominio de las palmas que obligan a que el diestro salude desde dentro del burladero.

Había en Valladolid expectación por ver a “El Puno” y el público no resultó defraudado.
Se trata de un diestro colombiano que tiene muy buenas maneras toreras.
A su primero número 90, “Soñador” de nombre, negro entrepelado y con 460 kilos lo recibe con dos largas cambiadas para seguir veroniqueando de manera muy ajustada.
Hay contento en los graderíos que se reproduce a través de muchos aplausos para premiar dos chicuelinas cerradas con medias verónicas del mejor estilo.
La faena de muleta la inicia con dos buenos estatuarios seguidos de tandas de derechazos donde algunos de ellos se convierten en circular.
Sigue por naturales bien iniciados y magníficamente rematados que acaban en afarolados, molinetes, pedresinas y el martinete como encandilamiento del ambiente.
Mata pronto de más de media estocada bien colocada que hace doblar al astado logrando una oreja con la que da la vuelta al anillo.

En el que cierra plaza “Torrijaño” de nombre, herrado con 155 cárdeno y 500 kilos de peso, de salida remata en tablas en un burladero del 6 y aprisiona contra ellas al peón que perseguía que no es otro que Juan Bellido Romero “Chocolate” sufriendo una contusión glútea y hematoma inguinal de pronóstico leve.
Como entra por dos veces a los montados propicia que Paco Camino realice un extraordinario quite.
Pero a partir de ese momento el toro se apagó repentinamente y el colombiano no pudo sacar un solo pase. No le faltó voluntad a Jaime González, pero se estrelló contra un toro castigado en exceso en la suerte de varas.
Entra a matar y logra una estocada delantera que hace doblar al astado. Es despedido con muchos aplausos.
Destacaron entre el peonaje: el picador José Márquez y los peones Joaquín Camino, Miguel Martín Montenegro y “Zurito”.
En cuanto a la corrida enviada por Joaquín Buendía Peña (antes Santa Coloma) presentó casta, si bien el quinto y sexto se apagaron para el último tercio a causa de exceso de castigo en varas.
LA 4ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.











Hubo cambio en el cartel, al ser sustituido Francisco Ribera “Paquirri”, no reintegrado a sus actividades taurinas, por Curro Romero.
También hubo “piciazo” (como se dice por allá abajo) en la confección del cartel pues se colocaron indebidamente la antigüedad de la terna actuante.
Tarde espléndida para poder seguir una auténtica tarde de toros, no obstante lo cual, no se llenó, quedando el aforo cubierto en las tres cuartas partes de plaza.
Preside en comisario del Cuerpo general de Policía señor Zalama Herrera al que auxilia como asesor artístico Antonio Aguado Puertas “Larita”.
Como en días anteriores la Reina de las Fiestas señorita Marta Lorente ocupó su palco en compañía de su corte de honor vestidas con el típico atuendo rondeño.
Presenció la corrida, desde un burladero, el gobernador civil señor Ibáñez Trujillo acompañado por el Jefe Superior de Policía señor Navarro.
Los toros pertenecen a la ganadería de doña María Lourdes Martín de Pérez Tabernero del campo de Salamanca.

El primer toro de la tarde tiene por nombre “Menudito” es negro lucero, luce el número 9 y 501 kilos de peso.
Es el peón “Navarrito” el encargado de recogerlo con efectividad.
El maestro Curro Romero lo lancea con desgana lo que enerva al público asistente que siempre espera lo mejor del torero de Camas.
Con dos entradas al caballo se cambia el tercio para pasar al de banderillas donde los peones de Curro colocan tres buenos pares de rehiletes.
El toro no presenta dificultad alguna, pero no se que es lo que vería Curro que se limita a instrumentar una faena brevísima a base de pases por bajo y por la cara entre las protestas y el abucheo del público.
Los ánimos se soliviantan cuando Curro se dispone a matar al toro de un pinchazo hondo sin cruzar y otro sin molestarse en sacar el estoque de la forma más antirreglamentaria conocida. El puntillero se encarga de rematar el desaguisado en medio de una lluvia de almohadillas que llegan hasta la arena del ruedo. Una gran bronca es el ruido general que inunda el coso del Paseo de Zorrilla.
Todavía los seguidores del torero esperaban su reconciliación en el segundo enemigo confiados en que Curro destapara el “tarro de su esencias toreras”.

Sale el cuarto de la tarde que es el segundo de Curro Romero. Un toro con un excelente trapío llamado “Violetero” herrado con el número 32, cárdeno de capa y con peso de 443 kilos.
Aprieta en las dos veces en que se enfrenta al montado.
Con tres palitroques en lo alto se cambia el tercio.
Curro Romero comienza su faena a base de doblarse por ambos pitones para seguidamente a medida que le ha ganado terreno y lo ha sacado al tercio, estirarse en unos derechazos que hacen concebir esperanzas de algo grande.
Comienza el rum-rum de la plaza. En uno de los pases el toro le pega un “gañafón” y aquí se acabó todo.
Curro vuelve a la inhibición con la repulsa de los espectadores.
Abaniqueo por la cara y dos entradas a matar que propician dos estocadas delanteras y caídas con descabello al quinto intento.
Bronca sonora e improperios hacia el diestro que se ha reído descaradamente del público de Valladolid al inhibirse totalmente y “darle todo igual”.
Fue despedido con almohadillazos al abandonar el coso de Zorrilla.
Y hasta aquí el primer Curro de la terna. El Curro nuestro. El artista Romero. El irregular Romero, que hoy en nuestro coso ha dado la de arena.

El segundo de la terna era el mexicano Curro Rivera. El otro Curro, el bueno en el día de hoy. El que tuvo el santo de cara, porque aparte de andar muy bien con los toros pone de manifiesto su voluntad y deseos de agradar lo que ayer consiguió plenamente. El otro Curro. La otra cara de la moneda.
Su primer toro marcado con el nº 21, “Perruno” de nombre y negro de capa con 438 kilos de peso, era un toro muy bravo.
Curro se estira en unos lances buenos que remata con una media, que arrancan la primera ovación de la tarde.
Por chicuelinas corridas lleva al toro al caballo por dos veces recibiendo un buen castigo en ambas entradas. A la segunda salida, Dámaso González hace su quite por chicuelinas.
En banderillas parea con lucimiento “Solanito” que en su día fue matador de toros.
Es un toro de carril propicio al lucimiento con el que el mexicano saca todo su variado repertorio a base de redondos completos, circulares, pases de pecho, ayudados por alto y por bajo, pedresinas, manoletinas, acabadas en espectaculares desplantes. Todo en medio de alegría torera. Pases que llegan al público pero que a pesar de su bien inicio y remate pecan, a mi juicio, de excesiva rapidez.
Mata de una gran estocada hasta la gamuza que hace doblar al astado para que el puntillero acierte a la primera.
Estruendosa ovación con petición y concesión de las dos orejas y el rabo con las que da dos vueltas al ruedo.
También el toro es premiado con la vuelta al ruedo.

El quinto de la tarde, es el nº 30 “Fogonero” negro de capa y con 496 kilos. Se trata del segundo de Curro Rivera. Un toro con más dificultades que su primero, no obstante lo cual el mexicano salió a redondear un triunfo completo, venciendo las dificultades con vista y tesón.
El toro salió con muchos pies y el manito lo lanceó con artísticas verónicas que remató con la media clásica.
Una sola entrada a los montados a petición del matador y dos pares de banderillas propician el cambio de tercio.
Brinda su faena al gobernador señor Ibáñez Trujillo y comienza doblándose en pases de tanteo para seguidamente seguir por redondos rematados con el de pecho sobre la derecha. Dos series de naturales, rematadas con el de pecho, para pasar seguidamente a torear para la galería con pases redondos, circulares completos, adornos y desplantes espectaculares que llevan la euforia a los graderíos al tiempo que hace sonar la música.
Una faena alegre que llega al público por la vistosidad y las ganas de triunfo demostradas.
Nuevamente despacha al astado con una gran estocada hasta la bola lo que desató el entusiasmo en el publico con la petición de las dos orejas que la presidencia concedió.
Tras la vuelta al ruedo triunfal pasó a la enfermería donde fue asistido de un puntazo leve producido por una banderilla.

El tercero de la terna era Dámaso González, quien había despertado una gran expectación en Valladolid.
Su primer oponente de nombre “Torreato” herrado con el nº 37 de capa negra entrepelada y con 469 kilos de peso es un toro que podemos considerarlo como bravo.
Así lo demostró en los primeros compases con la capa a la que acudió con prontitud y codicia. El de Albacete se estiró en verónicas de buena factura.
En su encuentro con el jaco recibió un excesivo castigo en las dos entradas que realizó.
Dámaso González tras brindar al público realiza una faena de gran categoría.
Comienza con tres pases por alto continuando con la muleta en la mano derecha toreando por redondos bien rematados.
Buenas labor con la muleta en la zurda con naturales bien iniciados, ejecutados y rematados que son muy aplaudidos por la concurrencia.
El toro se va apagando consecuente al exceso de castigo en varas.
Dámaso en su afán de agradar, continúa en ese terreno de cercanía que tanto le gusta porfiando en una serie de circulares. En uno de ellos, estuvo a punto de sufrir un desaguisado. Dominando completamente al toro, haciéndolo el péndulo y realizando un desplante metiendo la cabeza entre los cuernos e incluso dándole cabezazos en el testuz. Todo esto es indudable que gusta al público asistente aunque desespere al verdadero aficionado.
Un pinchazo hondo bien colocado y descabello al segundo intento, acaban con la vida del toro de Salamanca.
El público pide la oreja y el presidente la concede, en una faena muy en torero.

El último toro de la tarde se llama “Dichoso” esta marcado con el nº 24. Es un toro negro de 455 kilos.
Se trata del toro con más cabeza del encierro.
Con dos entradas al caballo Dámaso pide el cambio que el usía concede.
Dos pares de banderillas, perfectamente colocados, propician el cambio de tercio.
En el comienzo de la faena de muleta el de Albacete se ve comprometido en el primer pase. Lo mismo le ocurre en los siguientes ya que el toro se cuela con mucho sentido. El toro se vence por ambos pitones pero Dámaso no se arredra continuando tratando de conseguir faena.
Cuando se convence de que "no hay nada que hacer ante semejante alimaña", continúa con pases de aliño sabiamente administrados en cuanto a duración de la faena.
Entra a matar. Dos pinchazos sin soltar y una estocada contraria ponen fin al cuarto festejo de feria, donde Dámaso González no ha defraudado a la expectación despertada.
Una corrida desigual en comportamiento y pareja en presentación con la que doña María Luisa Martín de Pérez Tabernero se ha lucido como ganadera.

sábado, 31 de enero de 2009

LA TERCERA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.













Expectación extraordinaria en esta corrida donde actuaban dos veteranos maestros junto a un joven diestro de Linares. Expectación que llevó a que nuevamente se llenará el coso del Paseo de Zorrilla.
Preside el comisario del Cuerpo General de Policía señor Zalama Herrera que es auxiliado en materia taurina por el que fue novillero Fernando Merino.
La Reina de las Fiestas, un día más ocupando su sitial en el palco reservado a su mandato.
Euforia desde el comienzo del espectáculo que no decayó a lo largo del todo el desarrollo del festejo por aquello de ir de menos a más.

Abre plaza un toro de capa negra marcado con el número 105 que se llama “Capirote” y que pesa 470 kilos. El maestro Antonio Bienvenida lo lancea a la verónica de forma extraordinaria, rematando la serie con una media verónica clásica y una graciosa revolera merecedoras de una enorme ovación.
En la primera entrada al caballo, el jaco es corneado. Nueva entrada al piquero, quien se agarra arriba y le administra una excelente vara.
El toro en el quite que realiza el maestro de Caracas demuestra nobleza y embestida pastueña lo que propicia la consecución de una gran faena.
Antonio Bienvenida brinda al público vallisoletano y comienza su faena con dos pases sentado en el estribo a los que siguen unas series de redondos y naturales suavísimos de ejecución, rematados con los consabidos pases de pecho para, una vez conseguida la faena, deleitar a la concurrencia con graciosos y elegantes estatuarios, ayudados por alto y por bajo, que arrancaron las notas de la Banda de Música, los sones de las charangas y las ovaciones de los graderíos.
Especial entusiasmo levantaron los pases de “kikiriki” que más que ejecutar, dibujó.
Una faena de gran altura artística, a un toro bueno y sin dificultad alguna, que perfectamente asimilada por el entendido público vallisoletano, hizo que la plaza se viniera abajo ante la enorme labor de un maestro de la torería todo arte y sapiencia taurina.
Mató al de Juan María Pérez Tabernero de una estocada caída que al doblar el toro y ser atronado al primer intento por el puntillero mereció, a juicio de la presidencia, y ante la petición del público, la concesión de las dos orejas con las que dio la vuelta al anillo.

A la salida de su segundo oponente que era el número 14 “Alineado”, negro bragado y con 484 kilos sobre los costillares, el maestro Bienvenida se dio cuenta de la dosis de mansedumbre que atesoraba.
Lo sacó de su querencia a tablas para instrumentarle una serie de verónicas de gran clase que remató con una media verónica muy ceñida. Recibe una gran ovación.
Ha de trabajar el piquero para consumar su función, pues el toro en vez de ir al caballo se va en busca de un monosabio que afortunadamente libró el aprieto.
Banderilleado deprisa, para que no aprendiera más de la cuenta, de inmediato Antonio Bienvenida comienza doblándose, para seguidamente continuar con series sobre ambas manos ejecutadas con maestría y efectividad en el dominio del manso, en medio de los sones de la música y los aplausos de la concurrencia.
Dos series de naturales, no sin exposición, finalizan con pases de trinchera y cambios de mano de muleta delante de la cara con la gracia más propia de la escuela sevillana, en medio de las dificultades del viento.
En la suerte natural una media estocada seguida de certero golpe de descabello despenan al toro que se va al desolladero sin una oreja que, a petición del público y con el beneplácito de la presidencia pasó a manos del diestro para dar la vuelta al ruedo en medio de una gran ovación.

El primero de Luis Miguel Dominguín es un toro negro de bonita lámina que responde por “Quebrado” marcado con el número 60 y un peso de 485 kilos.
Muy aquerenciado a tablas. Tanto que le cuesta trabajo al diestro madrileño sacarlo al tercio, haciendo imposible el lucimiento con la capa.
Con una sola vara en la que el astado, recarga, se pasa al tercio de banderillas que es cambiado con tres palitroques en lo alto.
De muleta y a pesar de las dificultades que el cornúpeta presenta, Luis Miguel le templa con la flámula en pases en redondo que remata con pases cambiados y desplantes toreros. (Gran ovación en medio de los sones de la música).
Serie de naturales que ha de provocar dándole rodillazos en los cuernos para que el toro se arranque, lo que no es muy torero pero sí encandila a las masas.
Pases artísticos seguidos de desplantes con caricia de testuz, ponen fin a una faena caracterizada por la voluntad del torero.
Media estocada trasera propicia la concesión de una oreja con la que da la vuelta al ruedo.

Su segundo corresponde al quinto de la tarde herrado con el número 37. Es negro listón de capa. Responde por “Avalancha” y pesa 439 kilos.
Luis Miguel lo recibe con una larga cambiada demostrando que sale a “revienta calderas”.
Un toro todo dificultades al que Luis Miguel Dominguín en una faena antológica dejó la impronta de su saber y su dominio en un quite por verónicas pura estética y buen remate, que abrochó con una media antológica.
Tras brindar la faena al Alcalde de la ciudad don Antolín de Santiago y Juárez, que ocupaba su barrera del tendido 8, se va en busca del astado a los terrenos del 2 para comenzar una faena por estatuarios y seguir con una serie de redondos abrochados por el obligado de pecho, ceñidísimo. Nueva serie sobre la derecha donde el temple y el remate a la cadera son la nota dominante.
La muleta sobre la zurda para instrumentar una serie de naturales perfectos de ejecución y remate. Y finalmente los pases de relleno y adorno a base de afarolados, circulares completos y desplantes todos ejecutados con sencillez y limpieza de maestro en el arte de Cúchares.
Un molinete de rodillas ajustadísimo fue la guinda del pastel que culminó la faena de Luis Miguel en Valladolid. Se pide la oreja antes de que el maestro entre a matar.
Una estocada que cae baja y que el propio Luis Miguel saca limpiamente. Unos pases, los justos para cuadrar nuevamente al toro y ¡ahora sí! un estoconazo en todo lo alto que propicia el que se pidan las dos orejas que la presidencia concede y con las que el diestro madrileño da dos vueltas al ruedo.

Y en medio de estos ilustres veteranos, un joven torero. Es de Linares y se llama Sebastián Palomo que deleitó al publico de Valladolid con dos faenas rabiosamente toreras, profundamente efectistas y estéticamente perfectas para deleite de la vista.
Su primero toro que respondía por “Barullo” herrado con el número 19, negro y de 481 kilos, de salida demostró mansedumbre y como fue muy protestado por el público, el presidente devolvió a los corrales.
Palomo Linares hace correr el turno y sale a la arena el que estaba encargado de ser su segundo oponente dejando el sobrero para el final de corrida.
Es el toro nº 70. “Tostado” de nombre. Negro de capa y con 475 kilos de peso.
Sebastián lo recibe con lances muy apretados que hacen surgir los primeros aplausos de la concurrencia.
Tras los dos primeros tercios que transcurren sin nada digno de mención, Palomo comienza su faena de muleta con cuatro pases rodilla en tierra que abrocha con el de pecho, derechazos, un circular completo que enerva a los graderíos.
Sigue por redondos suaves, largos y bien rematados. La muleta sobre la izquierda dibuja unos naturales perfectos de ejecución que son rematados con trincherillas y molinetes en cadena.
¡El público entusiasmado ante la magistral obra del joven torero jienense!
La suerte suprema trata de realizarla recibiendo, pero encuentra hueso en su ejecución al igual que en otras dos ocasiones más. Finalmente tampoco estuvo acertado con el verduguillo lo que le privó de los máximos trofeos, no obstante lo cual el público, entusiasmado con su labor, le obligó a dar dos vueltas al ruedo cuando el toro pasó al desolladero en medio de la ovación del público.
Como era el intermedio de la corrida a petición del público los tres espadas saludaron desde el tercio en medio de ovación unánime.

Y sale el último astado de la tarde. El anunciado como sobrero que pertenece al hierro de doña María Lourdes Martín de Pérez Tabernero que lleva al número 44 y tiene por nombre “Matapotros”.
Sebastián Palomo Linares le recibe por verónicas entre los aplausos del público.
La suerte de varas transcurre en medio de cierto desbarajuste y como entra varias veces al caballo de picar propicia un quite de Antonio Bienvenida que fue muy aplaudido.
En banderillas un excelente par de Antonio Martín Caro.
Sebastián Palomo Linares brinda a sus dos maestros de terna para comenzar la faena con tres ayudados por alto, perfectos de ejecución y quietud.
Acto seguido la muleta a la izquierda para ejecutar dos tandas de naturales perfectas de ejecución y remate (Gran ovación).
Continúa por redondos citando al toro de lejos y aguantando estoicamente la llegada del astado. Remata con afarolados, orteguinas y jugueteando con el toro.
¡Extraordinaria y bonita faena! la realizada por Palomo.
Mata de menos de media estocada en el sitio y como el toro dobla de inmediato, se le conceden las dos orejas y el rabo con lo que sale a hombros de la plaza en solitario, pues sus dos compañeros de cartel se negaron y consiguieron salir por su propio pie. Palomo aunque también quiso acompañar a pie a sus dos compañeros, no pudo librarse de salir a hombros.

Con un público y Presidencia así, debe dar gusto torear en Valladolid.

jueves, 29 de enero de 2009

LA SEGUNDA CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Una carpeta artística es el obsequio del empresario Emilio Ortuño “Jumillano” a quienes sacaron el abono, conteniendo las entradas y carteles de cada corrida.









En medio de una tarde desagradable a consecuencia de un frío cortante que sopló durante toda la corrida, con amenaza de lluvia, que ¡a Dios gracias quedó en eso!, se celebró la segunda corrida de feria con un lleno hasta la bandera, en parte por la presencia de Manuel Benítez “El Cordobés” y de la alternativa del torero de la tierra “Luguillano Chico”.
Preside el festejo el comisario del Cuerpo Nacional de Policía don Florencio Zalama asesorado en cuestión taurina por Faustino Gómez Cayón “Cigales”.
Como efemérides a destacar, la presencia de la Reina de la Fiestas, señorita Marta Lorente Moore acompañada de su corte de bellas damas.
Ambiente de fiesta por todo lo alto en la plaza que coge con aplausos a la terna actuante en el momento de hacer el paseíllo.
La corrida pertenece al hierro de la ganadería de D. Salvador Guardiola Fantoni que pastan en la finca “El Toruño” de la localidad sevillana de Utrera y cuya procedencia es Villamarta.

El primer toro de la tarde atiende por “Capachica” herrado con el número 131 y que presenta una capa negra con lucero. Su peso, 470 kilos.
En medio de un fuerte y gélido viento, Juan Carlos Castro Sanz, recibe a su enemigo con unos buenos lances a la verónica que remata con una media verónica de magistral factura. Es ovacionado.
Lleva el toro al caballo que monta Jaime Rodríguez, para que reciba una vara en toda regla, finalizada la cual, el diestro de Mojados hace un vistoso quite que merece la ovación del paisanaje.
Con tres palitroques arriba en tres entradas, se fija al toro en el burladero de suerte de picar para llevar a efecto la ceremonia de alternativa.
Es Diego Puerta, “Diego Valor” el encargado de doctorar a Juan Carlos bajo la mirada pensativa de la máxima figura del toreo en ese momento, Manuel Benítez “El Cordobés”. Un Juan Carlos muy nervioso. El abrazo del toricantano con su padrino y testigo, cierra la ceremonia en medio de una gran ovación. ¡Valladolid cuenta con otro nuevo maestro en tauromaquia! que pasará a los anales con el nombre de “Luguillano Chico” por aquello de haber sucedido a sus hermanos Clemente “Luguillano El Grande” (que no llegó a matador de toros) y Santiago “Luguillano” que salió varias veces por la puerta grande de la Monumental de las Ventas. Todos componentes de la saga Castro Sanz.
Juan Carlos Castro Sanz vestido de verde y oro tras brindar al respetable se va por el toro comenzando la faena con los pases de tanteo para seguir sobre las dos manos en pases de buena factura ante un toro de calidad en la embestida.
La muleta en la zurda para torear por naturales. En uno de ellos está a punto de sufrir un disgusto. Repuesto del susto, continúa por naturales sobre el lado bueno del toro finalizando con un alegre jugueteo entre los aplausos de los vallisoletanos.
Un pinchazo que el toro escupe. Otro en el que encuentra hueso y finalmente una estocada bien colocada que hace doblar al astado para que acabe el puntillero con acierto. Ovación y vuelta al ruedo protestada por cierto sector del público.
Como anécdota curiosa lo sucedido durante el arrastre del toro en que las mulillas debido a un defecto en el enganche se fueron de vacío para el desolladero mientras dejaron su mercancía en el ruedo. A la vuelta y ante la hilaridad del público cumplieron su cometido con efectividad.

Su segundo enemigo portaba el número 8 y se llamaba “Rionuevo”. Su peso 448 kilos y era un negro bragado que de salida saltó al callejón por los terrenos de los tendidos 4 y 5.
“Luguillano Chico” lo capotea con verónicas elegantes en medio de los aplausos del público.
Una entrada al caballo y cambio de tercio para que banderilleen, con dos excelentes pares de “El Chulo” y Fernando Gómez.
Juan Carlos brinda a la Reina de la fiestas y se dirige al astado para comenzar una faena compuesta, torera y valiente sobre ambas manos, intercalando molinetes, manoletinas y demás pases de relleno. Alegría y variedad que al tiempo que encandila el ambiente hace sonar la música.
Menos de media estocada tendida, seguida de descabello a la primera, despenan al animal.
La presidencia concede la oreja pedida por unanimidad y con ella da dos vueltas al ruedo, negándose a salir a hombros cuando pretendían elevarlo algunos de sus partidarios, mientras era felicitado por Diego Puerta, su padrino de alternativa.

El diestro del barrio de San Bernardo hizo dos faenas caracterizadas por el valor que es y ha sido el sello característico de este sevillano.
Su primer enemigo llamado “Batanegra” está marcado con el número 210. Tiene un peso de 436 kilos y su capa es la negra. Es un ¡toro bravo!
Diego Puerta lo lancea superiormente por verónicas, cerrando la tanda con una media verónica extraordinaria que arranca una cerradísima ovación del entendido público vallisoletano.
Dos entradas al caballo de picar entrando de largo, lo que vuelve a enardecer al público quien responde con otra gran ovación.
En banderillas destacada actuación, en sus dos entradas, de Antonio Fernández Ramos que son premiadas con sendas ovaciones.
Los doblones de sometimiento con que inicia su faena arrancan las primeras palmas del público. Ovación que se repite y acentúa cuando los pases de pecho y los afarolados, llenos de gracia y sabiduría pinturera, rematan las series de redondos.
Seguidamente se lleva al astado hasta la solanera y allí pone en práctica toda su amplia gama de jugueteos, pases de adorno y vistosos desplantes que hacen vibrar a la concurrencia.
El silencio es el premio de una labor embadurnada por una espada que se negó a entrar por donde debía y que se hizo reiterativa en varios intentos sin soltar. Finalmente un pinchazo en el sitio, dio paso a un acertado descabello.

Su segundo oponente que corresponde al cuarto de la corrida es el que responde por “Tapista” herrado con el número 187 de capa negra y el de más peso de la corrida con sus 510 kilos.
Es aplaudido el valiente torero sevillano en los lances pintureros con el capote por verónicas.
Después, cuando el piquero, que agarrándose bien y pegándolo en exceso, mermó las condiciones del toro, éste llegó demasiado quedado a la suerte de muleta, por lo que Diego Puerta hubo de echar mano de su maestría y valor para a base de porfía y afán tesonero, lograr una serie de pases circulares, donde el valor fue la nota dominante. Luego, la gracia sevillana de este valiente, pusieron la nota de colorido en los molinetes, manoletinas y demás pases de enardecimiento de masas.
Un pinchazo sin soltar, media un poco defectuosa y descabello al cuarto golpe acabaron la vida del animalito que al final llevaron al sevillano a la ovación y saludos desde el tercio, negándose a dar la vuelta al ruedo que el público pidió con insistencia.

“El Cordobés” pasó por Valladolid con más pena que gloria.
En su primero el número 199, negro girón de 438 kilos y que se llamaba “Fielino” lo lanceó de manera más que aceptable.
Después en la faena de muleta, tras los consabidos pases de trasteo, lo toreó con la mano diestra, para seguir con unas "espaldinas" que al ser protestadas por los graderíos llevaron a que el diestro cordobés, incomodado, “cortara por lo sano” y tras unos pases por la cara, sin motivación alguna, se va a por el estoque de matar y de dos pinchazos sin soltar y media estocada desprendida seguida de descabello al primer intento manda a su oponente, un toro encastado, al desolladero en medio de la bronca del respetable al de Villalobillos. Bronca que se acentúa cuando el toro es arrastrado en medio de ovaciones.

En su segundo de nombre “Zarcillero”, marcado con el 201, un negro de buena estampa y de 495 kilos, cuando el público esperaba el desquite del diestro cordobés, se vio nuevamente defraudado ante la inhibición total de Manolo. No “quiso saber nada de nada” lo que encrespó al público que insultó al diestro y éste demostró “estar al pairo de todo”.
Despenó a su enemigo de tres pinchazos “echándose fuera descaradamente en la suerte suprema”, media estocada contraria y atravesada y descabello al primer golpe de verduguillo en medio de las protestas del público que se hacen amenazantes para Manuel Benítez “El Cordobés” que tuvo como único mérito en la tarde de ayer, el haber llenado el coso del Paseo de Zorrilla.
¿Qué le pasó al Cordobés? Que estuvo indolente, sin el menor atisbo de deseo de agradar y que no supo encajar la repulsa, ¡con toda razón!, por parte de los que se habían pasado por taquilla con la ilusión de ver al monstruo sagrado del toreo, que quedo desmitificado del todo en Valladolid, ante toros encastados, pero que ninguno ofreció dificultades para lidia al no tirar una sola cornada.