EL TOREO Y LA TORERÍA.Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ.
Veterinario y escritor.
En Valladolid por medio de la Obra
Cultural de la Caja de Ahorros Popular editó una Colección que
tituló como Cuadernos Valllisoletanos donde
el número 12 fue escrito por mi respetado y buen amigo D. EMILIO
CASARES HERRERO un
vecino nacido en Viana de Cega (Valladolid) que dedicó cuarenta y
cinco años de su vida a la docencia, en la especialidad de lengua
francesa, primero en la Escuela Profesional de Comercio, como
catedrático y director durante catorce años, continuando después
en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales.La otra faceta de su biografía la
constituye su afición al toreo, casi desde su niñez llegando a
convertirse en su verdadera pasión a la que ha dedicado cuanto
tirmpo libre le ha permitido la ocupación familiar y profesional.Espectador empedernido de la fiesta
taurina, paulatinamente fue convirtiéndose en un impenitente
bibliófilo y coleccionista taurino, logrando tras muchos años de
búsqueda, que continúan hoy, husmeando por librerías de
anticuarios , exposiciones y subastas , un fondo de libros,
publicaciones, un fondo de libros, publicaciones, cartelería,
grabados, pinturas, etc que, actualmente configuran una exposición
museo - taurino verdaderamente singular y único.D. Emilio ha sido corresponsal y
colaborador en revistas especializadas y prensa diaria
-particularmente en Valladolid- sobre la tauromaquia, tal como se
entiende este término normalmente, y en el más amplio de la
taurología, palabra esta que por cierto ha servido para denominar la
primera cátedra creada por la Universidad Pontificia de Salamanca
“como aportación interdisciplinar y científica al estudio del
fenómeno taurino desde sus múltiples parámetros de acercamiento
intelectual”Una tarde pasó por mi clínica de
perros de la calle Recoletas para regalarme un ejemplar dedicado de
estos Cuadernos con el título de El toreo y la
torería donde en sus 30 páginas hace una breve glosa, como
el mismo dice, de lo que ha sido el toreo, desde su inicio a través
de la historia, y teniendo presente la función de las distintas
fuerzas que en cada época lo determinaron , referido todo ello de
modo particular y concreto a Valladolid.Al decir toreo, se refiere tanto a los
toros como a los toreros, puesto que ambos elementos configuran la
historia y evolución de la fiesta taurina, con sus aspectos
artísticos, cruentos, valientes y hasta extravagantes.En estas páginas comprobamos la
constante histórica y permanente, tanto del toreo ecuestre como el
de a pie.Y, tras este paseillo pasemos
al meollo de la cuestión.FIESTAS DE TOROS.El principio siempre estuvo en el toro
ya que nada más aparecer este, se vio en su cabeza un impulso
vigoroso y una fuerza tamaña con su cuerpo, con todos los
instrumentos y armas que podía emplear en ofender al que lo
irritase.A este instinto natural el hombre le
opuso su caza primero y luego el toreo mediante la cautela,la
destreza, engaños y disimulos y también los halagos y astucias con
valor.La caza comportaba una doble
finalidad: coger al toro vivo o matarlo según fuera el posterior
destino.La caza se efectuaba a pie con
instrumentos contundentes y se siguió a caballo persiguiéndole
hasta que lo agotaba y también mediante trampas y lazos.Luego lo utilizaba, mediante la doma
previa, para el trabajo y el transporte o bien para utilización
lúdica lidiándole, bien a caballo o a pié.Para el primer toreo se valió del
toro cimarrón que era un toro silvestre, indócil dotado de
fiereza natural que fue el inicio de la bravura.REGIÓN CASTELLANO-LEONESA. MEMORIA
MÁS ANTIGUA DE CORRER TOROS.En nuestras provincias se recoge la
existencia de fiestas de toros en el siglo IX.Ya en el siglo X se destinan sitios
fijos para correr toro en Zamora, y Ávila dándose la primera
profesionalización del toreo en la capital abulense en el año
1080 con motivo de las bodas reales y por la concesión de
órdenes sagradas a a seglares y monjes.También es en Ávila donde se
promulgan las primeras Ordenanzas para la reglamentación de
las fiestas de los toros en el siglo XIV.Otro tanto podemos decir de León
desde 1135 con motivo de la coronación de Alfonso VII y
en Burgos desde la visita del rey de Francia en 1551.En cuanto a la iconografía
testimonial contamos con la Estela de Clunia de
Peñalva (Burgos) que representa la forma más antigua de
lidiar toros.La pinturas del alfarge del Claustro
de Santo Domingo de Silos primicias del toreo caballeresco.La reproducción taurina en la
escalera de la Universidad de Salamanca.Valladolid por
aquellas épocas era una aldea nacida en terreno leonés , en una
encrucijada de caminos y con misión de mercado.Teniendo en cuenta que las provincias
limítrofes, más antiguas en sus orígenes y en las que correr toros
era habitual en los pueblos castellanos, no es aventurado suponer
que, por costumbres afines, en el nuestro se celebraran tales
regocijos y con las mismas particularidades.Cuando Alfonso VI dispuso el
paso al gobierno de Galicia de su hija Urraca y su marido, el Conde
D. Ramón, algunos nobles partieron a Toledo en busca de la licencia
de acompañamiento a sus gobernadores durante el viaje , y al
presentarse en Ávila “Pedro Anzurez de Valladolid con la
autorización solicitada, e otro Don Pedro de Trava obieron grandes
folguras e festividades ca fueron lidiados muchos e asaz toros”En las memorables justas que tuvieron
lugar el año 1152 por el matrimonio del rey de Castilla D.
Alfonso VII con doña Rica , en la que fueron llamados a tomar parte
todos los nobles y caballeros de los reinos, el pueblo se entregó
a las mayores alegrías, esparcimientos y correr toros.El toro había pasado de ser objeto de
caza, en su faceta campera a serlo de capeo al hacerse urbano, en
una lidia desordenada y en palenques provisionales donde se
hostigaba al ganado con mucha saña.EL MATATOROS ANTES Y DESPUÉS DE
LA “ENFAMACIÓN” DE ALFONSO EL SABIO.Según Sangrador Vítores , en su
“Historia de Valladolid”, no se puede menos de conceder al
Rey Sabio un lugar preeminente en el engrandecimiento de la ciudad
por las mercedes y privilegios concedidos no solo a la villa , sino a
sus moradores. Y agrega , en lo que respecta al famoso Código
de las Partidas que los primeros trabajos se comenzaron a
ordenar en Valladolid, ya que el 23 de junio de 1255, fecha en la
que se comenzó la obra, se hallaba el rey en la villa.Desde finales del siglo XI y hasta la
promulgación del mencionado Código, el matatoros trabaja
solo o con compañeros divirtiendo al pueblo y viviendo de esa
profesión. Su labor consistía en rematar las reses previamente
corridas por las gentes del pueblo, duramente castigadas en una
lidia muy cruel y tumultuosa.Promulgada la Ley y declarados “como
gente infamada y vil eran los que lidiaban por precio con bestia
brava como toros en las corridas públicas”.Por esta condena, los pueblos
perdieron el espectáculo de los toros corridos a pie. Pero
simultáneamente, el Rey reserva, en Castilla, la lidia a los
caballeros, que por placer y divertimento, lanceaban toros en los
patios de armas de los castillos.Al adueñarse del toreo, los nobles,
o siempre morían los toros de las lanzadas , y para rematarlos, se
sirvieron de matatoros, que reaparecía así sin que
alcanzase la infamación , en una modestísima actuación de
desjarretador que le permitía cobrar el precio de su trabajo,
o relegado a simple matarife, inadvertido de la gente.Con esta disposición, el toreo pasó
de los castillos a los cosos de los pueblos y explica la
inexistencia de matatoros en Castilla y, naturalmente en Valladolid.También las Cantigas del Rey
Sabio en loor de la Virgen María nos proporcionan el
primer testimonio gráfico que poseemos, en la miniatura que ilumina
el canto CXLIV, de excepcional valor artístico, por el que un devoto
salva la vida, a punto de perecer corneado corneado por un toro.En la lámina se reconoce al toro en
plena corrida , erizado de los dardos y venablos con que la
concurrencia lo alcanzaba y hería.EL TOREO CABALLERESCO EN LA
DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS.Este toreo caballeresco se suspende
durante los reyes posteriores a Alfonso El Sabio, en que los nobles
cambian los trastos de torear por las armas y siguen a los reyes
cobrando territorios a los musulmanes invasores.Durante el siglo XIV todos los
ejercicios que implicaban valor y destreza absorbían a a soberanos y
magnates.Se conocen ya notas históricas
relativas a fiestas de toros, tales como la de Valladolid referida a
festejos taurinos celebrados con motivo del nacimiento de D. Pedro
de Aguilar, hijo de Alfonso XI.El valor caballeresco llegó a su
máximo esplendor en el siglo XV, porque en el descanso de las
luchas que sostenían, “bohordaban y toreaban a caballo”
aunque no siempre conseguían acabar con los toros en la plaza.En el reinado de don Juan II
abundaron las fiestas de toros, entre ellas , la corrida real
celebrada en Medina del Campo por el desposorio de este
Rey con doña María hija del rey D. Fernando de Aragón y la del
príncipe don Enrique con doña Blanca de Navarra, en 1440.La
afición iba en aumento de día en día. Los cosos taurinos tomaron
tal incremento hasta el punto de en tiempos de los Reyes Católicos
dona Isabel I enemiga
del espectáculo, no se creyó con fuerzas de suprimirlo, y en 1493
escribía a su confesor Fray
Hernando de Talavera, manifestándole con profundo sentimiento que
por sí sola se consideraba impotente para quitar las fiestas de los
toros. Sin embargo hizo lo que pudo para evitar
las desgracias que ocasionaban y al efecto dispuso que los toros
fueran corridos embolados y no pareciéndola esta medida suficiente,
dio la idea de que unas
astas postizas colocadas sobre las naturales hiciera
menos que inofensiva la acometida de la res. Pero como la idea no
arraigó ni en lidiadores ni en aficionados, se volvió a la lidia a
cuerno limpio.La entrada en Valladolid del hijo de
los Reyes Católicos en junio del año 1497 se festejó con
corrida de toros.En los festejos populares el Concejo
en las fiestas tradicionales de San Juan y Santiago organizaba
regocijos taurinos para solaz y esparcimiento del pueblo aficionado.El Valladolid taurino del siglo XVI se
caracterizaba por una forma de toreo ecuestre, que se desarrollaba
aprovechando la estancia de los reyes en la capital le obsequiaba el
Regimiento y en el que tomaba parte activa el pueblo, realizando
mojigangas, invenciones, suertes extravagantes, ridículas, arquetipo
de las capeas primitivas.Con motivo de la llegada a Valladolid
de D.Felipe “El Hermoso” y doña Juana “La Loca”
se celebraron fiestas reales en las que tomó parte el propio rey.CARLOS I. ALANCEADOR DE TOROS.Durante el reinado de este monarca las
fiestas de los toros tomaron un brillo inusitado por la afición del
propio emperador que incluso participaba en ellas de forma activa.Entre todas las que se celebraron
destacó la que narra Zapata en la que:”El Emperador salió un
día 7 de julio de 1517 a unos toros en Valladolid delante de la
emperatriz y sus damas. Era un toro grande y negro como un cuervo de
nombre Mahoma. La expectación era máxima. Aunque el toro era
muy bravo el toro no quiso al Emperador , sino junto a San Francisco
(nuestra famosa “Acera” se estaba quedo, parado,bufando y
escarbando. Entonces llegó don Pero Vélez de Guevara, un caballero
viejo , gran maestre en aquel arte, y dijo: “Así le
había de llamar vuestra Majestad para que le entrase” y el
Emperador le contestó: “Id vos y veamos como hacéis”Fue a él don Pero Vélez ; parte
contra él luego el toro, y derríbale, y échale fuera las tripas
a su caballo, y vuelve a pie muy corrido al emperador que le dijo:
“Esa lección, don Pero, yo no la pienso tomar , si a Dios le
place”.Torna el toro a volverse a su puesto
como antes , y como no venía a él, parte para él el emperador y
dale por el cerviguillo una lanzada , de la que cayó luego muero ,
enclavado en la lanza.Felipe II nació
y se crió en el periodo arrogante y gallardo del toreo caballeresco
y aunque no era tan aficionado como su augusto padre fue uno de los
más constantes defensores de de la fiestas de los toros. , logrando
que la Iglesia levantara censuras y excomuniones . Se mantuvo firme
contra el Concilio de Toledo que intentó suprimirlas y contra las
Cortes de Castilla de 1566
que acordó derogarlas paro el rey se negó
refrendar tal acuerdo alegando que; “en
cuanto al correr de los dichos toros , esta es una muy
antigua y
general costumbre destos nuestros reinos y para la quitar será
menester mirar más en ello y ansí por agora , no conviene se haga
novedad”Fueron muchas las oportunidades que la
ciudad de Valladolid tuvo para festejarle. Así la Corrida en
Homenaje a los Procuradores en Cortes presidida por los
todavía príncipes el 27 de abril de 1544; la del casamiento
de Maximiliano II de Austria con su prima carnal dona María.Su última visita a Valladolid el 11
de junio de 1592 fue celebrada con una gran fiesta real de toros
descrita por Jehan Lhermite historiador del Rey en su libro
Passetemps.El toreo de nobleza adquiere su
máximo esplendor en el siglo XVII durante los reinados de
Felipe III y Felipe IV. El primero se holgaba mucho de
ver correr toros , halagar a la Corte y agasajar al pueblo. El
segundo disfrutaba de una diuversión que el entusiasmaba tomando
parte activa en la fiesta rompiendo lanzas y quebrando rejones.Felipe III era
el dueño de la vacada llamada Real Patrimonio der
la que salió la famosa casta jijona. Reorganizó las Viejas
Hermandades de Caballería que
recrearía con el nombre de Reales Maestranzas de
Caballería, crisol de los
grandes caballeros de la jineta.Felipe IV siguió
cuidando la ganadería de su padre como propietario.Por otra parte con la práctica se
multiplicaban las maneras de rejonear y se depuraba su estilo ,
además de aumentar constantemente la variedad de lances y
accidentes que habían de sugerir nuevas normas ; lo que dio como
resultado la escritura y publicación de una amplia preceptiva
conocida con los nombres de cartillas, reglas y advertencias.Estos grandes espectáculos taurinos
exigían grandes preparativos y desembolsos ;daban mucho trabajo a
escribanos y amanuenses ; quebraderos de cabeza a a los propietarios
de inmuebles donde se celebraban y continuos pleitos por el
repartimiento de balcones ,armado de tableros , asistencia de las
corporaciones , propinas, distribución de colaciones , etc. Llovían
los pedigüeños que con más o menos títulos querían presenciar
las fiestas sin mengua para su bolsa (lo mismo que en en 1986).La lidia seguía desarrollándose en
plena anarquía , a pesar de los esfuerzos que, a golpe de pregón ,
se hacían para sujetar y dirigir tamaño desorden y para
disciplinar a las gentes en el ruedo y en los andamios , con empleo
de capas, colocación de dardos. Era permitido toda clase de
extravagancias , suertes absurdas y el desjarrete para
acabar con los toros. Junto esta modalidad del toreo a pie, estaba
la ecuestre de los caballeros rejoneadores, jugando u burlando las
acometidas del toro y echando mano de las espadas para acabarlos ,
cuando quedaban desmontados.Este es el entorno general del siglo
XVII y dentro del cual se desarrollan las fiestas de toros que en
Valladolid tenían lugar en honor de sus ilustres huéspedes , que
comienzan con la instalación de la Corte de Felipe III y,
que convierte a la ciudad en una de las más atractiva del mundo
aquel. Todos se desviven por retener y recrearle con toda clase de
fiestas y, entre ellas, la de alancear toros y correr
cañas.Nos cuenta el cronista Cabrea de
Córdoba que el 9 de agosto de 1603 se corrieron toros
en la plazuela detrás de palacio, reservándose el toro más bravo
para ser corrido al siguiente día en el mismo lugar y que el Rey ,
desde la ventana , le disparó cuatro arcabuzazos derribándole con
el postrero , que le alcanzó en la frente.El mismo escritor nos facilita otra
faceta de sus habilidades y que dice así: “El domingo 7 de
julio de 1607, que fue el día antes que S.M, partiese de
Valladolid, quiso ver pelear el león con un toro. Encerráronlos en
la plazuela detrás de palacio que estaba cercada de tablas. El león
es muy nuevo y luego se acobardó, y ala primera suerte le volteó
el toro con lo cual siempre anduvo huyendo y, aunque le
picaban con un garrochón nada aprovechó para que acometiese al
toro y S. M tiró tres jaras con una ballesta al toro y todas le
acertaron y siempre hacía acometimiento contra el león, el cual
monstró siempre cobardía. Echaro lebreles al toro
y, aunque se defendió más de una hora, al cabo le asieron y con
esto le desjarretaron.Consignemos
finalmente la fiesta real de toros y cañas celebrada
en Valladolid el día 10
de junio de 1605 que fue
sin lugar a dudas la más famosa que nunca hubo y la más detallada
descrita por Pinheiro da Vega en
su Fastigia.Veamos:
Por la mañana : encierro de
16 toros que les van a
esperar a una legua. . Preparación de la plaza, enarenarla, regarla
con carros con sus pipas, dejándola así como la palma de la mano:
La plaza se ofrecía hermosa con su palenque hasta el primer piso.
Toda ella ocupada por más de
40.000 personas.A las once estaban ya todos los sitios
ocupados y las ventanas muy adornadas. Cerca de las doce entraron
los reyes en su carrozas reales con su séquito y ceremonial de
saludos , pleitesías y colocación protocolaria. . A las dos entró
la guardia de los alabarderos que hicieron del despeje de gente.
Estando todo a punto, entraron los alanceadores , títulos, hidalgo
y señores con diversas libreas alanceando los toros.De su resultado, he aquí lo que dice
la Relación impresa en Córdoba en 1605:“Los
toros fueron buenos aunque la mucha genta casi no les dexaua menear.
Vuo muchos caualleros con
rexones y los que se señalaron fueron el Marqués de Barcarota y un
hijo de Cristóbal de Barrios ,a al Duque de Alba le mataron una
caballo muy bueno y otros dos a otro caballero . Entró también con
lanza D. Pedro de Mendoça, no le entró bien el toro , hízolo
mucho mejor que el primero.. No sucedió desgracia sinoi en gente
ordinaria. Comieron sus Magestades en la plaza en el Consistorio de
la ciudad por cuya cuenta se hizo el plato.Pasemos ahora a relatar algunas de las
corridas de toros celebradas en Valladolid durante el reinado de
Felipe IV, rey que tenía por aficiones predilectas: la caza,
los toros y las comedias.El nacimiento del infante D. Felipe
Próspero el deseado hijo de
del Rey Felipe IV y
doña Mariana de Austria. Fue
celebrado en varias localidades por toda España y no faltó en
Valladolid donde el 11 de diciembre de 1657se
celebraron fiestas con toreo a pie y a caballo. Pero debido a
una inundación y hubieron de ser aplazadas hasta
después de las Páscuas.“En ella intervinieron D. Diego
de Ribera, del Ábito de Alcántara y D. Gerónimo de Villasante, del
Ábito de Santiago. Se corrieron 16 toros a los que el caballero
Villasante toreó embozado , quebrando otros tantos rejones”.La presencia en nuestra ciudad del
Rey, en 1660 fue festejada con un Despeño de toros al
río Pisuerga, que presidió desde el Palacio de la Huerta del Rey.El despeño de toros era un
juego carente de arte que consistía en hacer resbalar a los toros
por un plano muy inclinado para facilitar su
deslizamiento,haciéndolos caer a una superficie líquida situada
en un plano inferior donde eran rematados de no haber perecido en el
transcurso del lance, por la multitud instalada en barcas o por
nadadores.En 1668 Valladolid celebra la
traslación del Santísimo Sacramento a su nueva y Real
Iglesia Mayor con infinidad de festejos entre los que no podían
estar ausentes los taurinos que ocuparon los tres últimos días de
los cinco que duraron los públicos regocijos . Hubo despeño de 15
toros, dos de los cuales entraron en la Huerta de los Frailes de
la Trinidad, que tuvieron gran fiesta con ellos.En diciembre de 1679 para
celebrar el regio enlace de Carlos II con María Luisa de
Borbón el lunes dia 18 presenciaron un nuevo despeño de
treinta toros.En estos despeños acuáticos
sobresale el triángulo Lerma – Valladolid- Cuenca.Con
el reinado de Carlos II
la gente apunta hacia nuevos derroteros
y al rejoncillo le
sale al paso, en competencia, la vara larga.Como
Carlos II residió en Valladolid
durante la semana del 5 al 11 de mayo se 1690 por
su segundo enlace con María Ana de Neoburgo la
ciudad se esforzó en obsequiar a la regia pareja con toda clase de
regocijos donde donde podían faltar la corrida de toros.El viajero francés Jean Leónard nos
narra los pormenores del viaje de la reina María Ana desde el
Ferrol donde desembarcó hasta Madrid, donde de forma cronológica
narra los festejos con la que le obsequiaron en el itinerario.Ya en Valladolid los días 6, 8, 9
y 10 hubo rejones y despeño.Destacó el Marqués de Valverde
acompañado de sus cien lacayos y quince bellos
caballos que actuó con brillantez siendo felicitado por SS,MM .Y ya estamos en el siglo XVIII
donde hay grandes mutaciones en el espectáculo que queda en
manos del pueblo que opta por el toreo a pie pasando los toreros de
meros auxiliares de los caballeros a protagonistas.LA TRANSICIÓN DEL VARILARGUERO Y
RESTAURACIÓN DEL TOREO PROFESIONAL.Los albores del siglo XVIII se
caracteriza por la poca afición que demostraron los reyes por las
corridas de toros, lo que motivó la retira de los nobles de los
ruedos con lo que aparece el varilarguero para ocupar
el vació dejado por la nobleza y abrir la marcha en el paseíllo
para después ocuparse de detener con el hierro el ímpetu de las
reses. Se les llamó toreros de la vara de detener o vara
larga.Destacaron en esta labor José Daza
que fue el codificador de este toreo.Los varilargueros crecen y se
transforman para juntarse, las dos corrientes de a pie. La que los
auxiliares y lacayos realizaban realizaban junto al caballero
rejoneador y la que se implantaba con total independencia de éste :
las cuadrillas de profesionales. El toreo se adorna y se diversifica
. La destreza en los profesionales suaviza sus aspectos más duros.
Se clavan a pares las banderillas y los capotes se emplean no para
tapar al toro , sino para guiar y desviar su trayectoria . Más
tarde, la práctica de matar cara a cara a los toros es causa de la
invención de la muleta . Se amplían las suertes mietras los
españoles se divierten con toda clase de inventivas, mojigangas ,
etc.Las cuadrillas de a pie absorben el
protagonismo en detrimento del varilarguero que pasa a ser servidor
del jefe de cuadrilla y, transformado en picador será
un elemento más del orden y reglamentación del espectáculo que
adquirirá hacia el año 1770 la estructura de la actual
corrida de toros a las que ya se le han fijado unas primeras
ordenaciones y, algunos años más tarde, la codificación del
toreo a pie por José Delgado Hillo.En
el toreo a pie figuran, la actuación de
algún
varilarguero y
caballero en plaza con algún nombre como los de Macadán,
Marcelino y
Sancho Montenegro;
estos dos últimos solo se mencionan en las corridas en honor de
San Pedro Regalado de
1747.En
1775 se corres unos novillos en
el en el patio
grande de las Comedias como
cosa nunca vista.Hubo corridas por solemnidades
religiosas como el acabado del dorado del retablo de
Jesús Nazareno, o la colocación de san Pedro Regalado
en su capilla o la de la Virgen de la Piedad en
la suya.Se trasladan los festejos de San
Juan y Santiago en torno a la festividad de San
Mateo.Y se termina el siglo con las
novilladas celebradas en 1787 publicadas por el Diario
Pinciano con ganado del Raso de Portillo y en las que
intervinieron Francisco Garcés y Francisco Seco.Hubo mucho orden, concurrencia y
satisfacción general y hasta considerables ganancias. Todo salió
redondo.