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sábado, 7 de febrero de 2026

EL TOREO Y LA TORERÍA.

EL TOREO Y LA TORERÍA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

En Valladolid por medio de la Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular editó una Colección que tituló como Cuadernos Valllisoletanos donde el número 12 fue escrito por mi respetado y buen amigo D. EMILIO CASARES HERRERO un vecino nacido en Viana de Cega (Valladolid) que dedicó cuarenta y cinco años de su vida a la docencia, en la especialidad de lengua francesa, primero en la Escuela Profesional de Comercio, como catedrático y director durante catorce años, continuando después en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales.
La otra faceta de su biografía la constituye su afición al toreo, casi desde su niñez llegando a convertirse en su verdadera pasión a la que ha dedicado cuanto tirmpo libre le ha permitido la ocupación familiar y profesional.
Espectador empedernido de la fiesta taurina, paulatinamente fue convirtiéndose en un impenitente bibliófilo y coleccionista taurino, logrando tras muchos años de búsqueda, que continúan hoy, husmeando por librerías de anticuarios , exposiciones y subastas , un fondo de libros, publicaciones, un fondo de libros, publicaciones, cartelería, grabados, pinturas, etc que, actualmente configuran una exposición museo - taurino verdaderamente singular y único.
D. Emilio ha sido corresponsal y colaborador en revistas especializadas y prensa diaria -particularmente en Valladolid- sobre la tauromaquia, tal como se entiende este término normalmente, y en el más amplio de la taurología, palabra esta que por cierto ha servido para denominar la primera cátedra creada por la Universidad Pontificia de Salamanca “como aportación interdisciplinar y científica al estudio del fenómeno taurino desde sus múltiples parámetros de acercamiento intelectual”
Una tarde pasó por mi clínica de perros de la calle Recoletas para regalarme un ejemplar dedicado de estos Cuadernos con el título de El toreo y la torería donde en sus 30 páginas hace una breve glosa, como el mismo dice, de lo que ha sido el toreo, desde su inicio a través de la historia, y teniendo presente la función de las distintas fuerzas que en cada época lo determinaron , referido todo ello de modo particular y concreto a Valladolid.
Al decir toreo, se refiere tanto a los toros como a los toreros, puesto que ambos elementos configuran la historia y evolución de la fiesta taurina, con sus aspectos artísticos, cruentos, valientes y hasta extravagantes.
En estas páginas comprobamos la constante histórica y permanente, tanto del toreo ecuestre como el de a pie.
Y, tras este paseillo pasemos al meollo de la cuestión.
FIESTAS DE TOROS.
El principio siempre estuvo en el toro ya que nada más aparecer este, se vio en su cabeza un impulso vigoroso y una fuerza tamaña con su cuerpo, con todos los instrumentos y armas que podía emplear en ofender al que lo irritase.
A este instinto natural el hombre le opuso su caza primero y luego el toreo mediante la cautela,la destreza, engaños y disimulos y también los halagos y astucias con valor.
La caza comportaba una doble finalidad: coger al toro vivo o matarlo según fuera el posterior destino.
La caza se efectuaba a pie con instrumentos contundentes y se siguió a caballo persiguiéndole hasta que lo agotaba y también mediante trampas y lazos.
Luego lo utilizaba, mediante la doma previa, para el trabajo y el transporte o bien para utilización lúdica lidiándole, bien a caballo o a pié.
Para el primer toreo se valió del toro cimarrón que era un toro silvestre, indócil dotado de fiereza natural que fue el inicio de la bravura.
REGIÓN CASTELLANO-LEONESA. MEMORIA MÁS ANTIGUA DE CORRER TOROS.
En nuestras provincias se recoge la existencia de fiestas de toros en el siglo IX.
Ya en el siglo X se destinan sitios fijos para correr toro en Zamora, y Ávila dándose la primera profesionalización del toreo en la capital abulense en el año 1080 con motivo de las bodas reales y por la concesión de órdenes sagradas a a seglares y monjes.
También es en Ávila donde se promulgan las primeras Ordenanzas para la reglamentación de las fiestas de los toros en el siglo XIV.
Otro tanto podemos decir de León desde 1135 con motivo de la coronación de Alfonso VII y en Burgos desde la visita del rey de Francia en 1551.
En cuanto a la iconografía testimonial contamos con la Estela de Clunia de Peñalva (Burgos) que representa la forma más antigua de lidiar toros.
La pinturas del alfarge del Claustro de Santo Domingo de Silos primicias del toreo caballeresco.
La reproducción taurina en la escalera de la Universidad de Salamanca.
Valladolid por aquellas épocas era una aldea nacida en terreno leonés , en una encrucijada de caminos y con misión de mercado.
Teniendo en cuenta que las provincias limítrofes, más antiguas en sus orígenes y en las que correr toros era habitual en los pueblos castellanos, no es aventurado suponer que, por costumbres afines, en el nuestro se celebraran tales regocijos y con las mismas particularidades.
Cuando Alfonso VI dispuso el paso al gobierno de Galicia de su hija Urraca y su marido, el Conde D. Ramón, algunos nobles partieron a Toledo en busca de la licencia de acompañamiento a sus gobernadores durante el viaje , y al presentarse en Ávila “Pedro Anzurez de Valladolid con la autorización solicitada, e otro Don Pedro de Trava obieron grandes folguras e festividades ca fueron lidiados muchos e asaz toros”
En las memorables justas que tuvieron lugar el año 1152 por el matrimonio del rey de Castilla D. Alfonso VII con doña Rica , en la que fueron llamados a tomar parte todos los nobles y caballeros de los reinos, el pueblo se entregó a las mayores alegrías, esparcimientos y correr toros.
El toro había pasado de ser objeto de caza, en su faceta campera a serlo de capeo al hacerse urbano, en una lidia desordenada y en palenques provisionales donde se hostigaba al ganado con mucha saña.
EL MATATOROS ANTES Y DESPUÉS DE LA “ENFAMACIÓN” DE ALFONSO EL SABIO.
Según Sangrador Vítores , en su “Historia de Valladolid”, no se puede menos de conceder al Rey Sabio un lugar preeminente en el engrandecimiento de la ciudad por las mercedes y privilegios concedidos no solo a la villa , sino a sus moradores. Y agrega , en lo que respecta al famoso Código de las Partidas que los primeros trabajos se comenzaron a ordenar en Valladolid, ya que el 23 de junio de 1255, fecha en la que se comenzó la obra, se hallaba el rey en la villa.
Desde finales del siglo XI y hasta la promulgación del mencionado Código, el matatoros trabaja solo o con compañeros divirtiendo al pueblo y viviendo de esa profesión. Su labor consistía en rematar las reses previamente corridas por las gentes del pueblo, duramente castigadas en una lidia muy cruel y tumultuosa.
Promulgada la Ley y declarados “como gente infamada y vil eran los que lidiaban por precio con bestia brava como toros en las corridas públicas”.
Por esta condena, los pueblos perdieron el espectáculo de los toros corridos a pie. Pero simultáneamente, el Rey reserva, en Castilla, la lidia a los caballeros, que por placer y divertimento, lanceaban toros en los patios de armas de los castillos.
Al adueñarse del toreo, los nobles, o siempre morían los toros de las lanzadas , y para rematarlos, se sirvieron de matatoros, que reaparecía así sin que alcanzase la infamación , en una modestísima actuación de desjarretador que le permitía cobrar el precio de su trabajo, o relegado a simple matarife, inadvertido de la gente.
Con esta disposición, el toreo pasó de los castillos a los cosos de los pueblos y explica la inexistencia de matatoros en Castilla y, naturalmente en Valladolid.
También las Cantigas del Rey Sabio en loor de la Virgen María nos proporcionan el primer testimonio gráfico que poseemos, en la miniatura que ilumina el canto CXLIV, de excepcional valor artístico, por el que un devoto salva la vida, a punto de perecer corneado corneado por un toro.
En la lámina se reconoce al toro en plena corrida , erizado de los dardos y venablos con que la concurrencia lo alcanzaba y hería.
EL TOREO CABALLERESCO EN LA DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS.
Este toreo caballeresco se suspende durante los reyes posteriores a Alfonso El Sabio, en que los nobles cambian los trastos de torear por las armas y siguen a los reyes cobrando territorios a los musulmanes invasores.
Durante el siglo XIV todos los ejercicios que implicaban valor y destreza absorbían a a soberanos y magnates.
Se conocen ya notas históricas relativas a fiestas de toros, tales como la de Valladolid referida a festejos taurinos celebrados con motivo del nacimiento de D. Pedro de Aguilar, hijo de Alfonso XI.
El valor caballeresco llegó a su máximo esplendor en el siglo XV, porque en el descanso de las luchas que sostenían, “bohordaban y toreaban a caballo” aunque no siempre conseguían acabar con los toros en la plaza.
En el reinado de don Juan II abundaron las fiestas de toros, entre ellas , la corrida real celebrada en Medina del Campo por el desposorio de este Rey con doña María hija del rey D. Fernando de Aragón y la del príncipe don Enrique con doña Blanca de Navarra, en 1440.
La afición iba en aumento de día en día. Los cosos taurinos tomaron tal incremento hasta el punto de en tiempos de los Reyes Católicos dona Isabel I enemiga del espectáculo, no se creyó con fuerzas de suprimirlo, y en 1493 escribía a su confesor Fray Hernando de Talavera, manifestándole con profundo sentimiento que por sí sola se consideraba impotente para quitar las fiestas de los toros. Sin embargo hizo lo que pudo para evitar las desgracias que ocasionaban y al efecto dispuso que los toros fueran corridos embolados y no pareciéndola esta medida suficiente, dio la idea de que unas astas postizas colocadas sobre las naturales hiciera menos que inofensiva la acometida de la res. Pero como la idea no arraigó ni en lidiadores ni en aficionados, se volvió a la lidia a cuerno limpio.
La entrada en Valladolid del hijo de los Reyes Católicos en junio del año 1497 se festejó con corrida de toros.
En los festejos populares el Concejo en las fiestas tradicionales de San Juan y Santiago organizaba regocijos taurinos para solaz y esparcimiento del pueblo aficionado.
El Valladolid taurino del siglo XVI se caracterizaba por una forma de toreo ecuestre, que se desarrollaba aprovechando la estancia de los reyes en la capital le obsequiaba el Regimiento y en el que tomaba parte activa el pueblo, realizando mojigangas, invenciones, suertes extravagantes, ridículas, arquetipo de las capeas primitivas.
Con motivo de la llegada a Valladolid de D.Felipe “El Hermoso” y doña Juana “La Loca” se celebraron fiestas reales en las que tomó parte el propio rey.
CARLOS I. ALANCEADOR DE TOROS.
Durante el reinado de este monarca las fiestas de los toros tomaron un brillo inusitado por la afición del propio emperador que incluso participaba en ellas de forma activa.
Entre todas las que se celebraron destacó la que narra Zapata en la que:”El Emperador salió un día 7 de julio de 1517 a unos toros en Valladolid delante de la emperatriz y sus damas. Era un toro grande y negro como un cuervo de nombre Mahoma. La expectación era máxima. Aunque el toro era muy bravo el toro no quiso al Emperador , sino junto a San Francisco (nuestra famosa “Acera” se estaba quedo, parado,bufando y escarbando. Entonces llegó don Pero Vélez de Guevara, un caballero viejo , gran maestre en aquel arte, y dijo: “Así le había de llamar vuestra Majestad para que le entrase” y el Emperador le contestó: “Id vos y veamos como hacéis”
Fue a él don Pero Vélez ; parte contra él luego el toro, y derríbale, y échale fuera las tripas a su caballo, y vuelve a pie muy corrido al emperador que le dijo: “Esa lección, don Pero, yo no la pienso tomar , si a Dios le place”.
Torna el toro a volverse a su puesto como antes , y como no venía a él, parte para él el emperador y dale por el cerviguillo una lanzada , de la que cayó luego muero , enclavado en la lanza.
Felipe II nació y se crió en el periodo arrogante y gallardo del toreo caballeresco y aunque no era tan aficionado como su augusto padre fue uno de los más constantes defensores de de la fiestas de los toros. , logrando que la Iglesia levantara censuras y excomuniones . Se mantuvo firme contra el Concilio de Toledo que intentó suprimirlas y contra las Cortes de Castilla de 1566 que acordó derogarlas paro el rey se negó refrendar tal acuerdo alegando que; “en cuanto al correr de los dichos toros , esta es una muy antigua y general costumbre destos nuestros reinos y para la quitar será menester mirar más en ello y ansí por agora , no conviene se haga novedad”
Fueron muchas las oportunidades que la ciudad de Valladolid tuvo para festejarle. Así la Corrida en Homenaje a los Procuradores en Cortes presidida por los todavía príncipes el 27 de abril de 1544; la del casamiento de Maximiliano II de Austria con su prima carnal dona María.
Su última visita a Valladolid el 11 de junio de 1592 fue celebrada con una gran fiesta real de toros descrita por Jehan Lhermite historiador del Rey en su libro Passetemps.
El toreo de nobleza adquiere su máximo esplendor en el siglo XVII durante los reinados de Felipe III y Felipe IV. El primero se holgaba mucho de ver correr toros , halagar a la Corte y agasajar al pueblo. El segundo disfrutaba de una diuversión que el entusiasmaba tomando parte activa en la fiesta rompiendo lanzas y quebrando rejones.
Felipe III era el dueño de la vacada llamada Real Patrimonio der la que salió la famosa casta jijona. Reorganizó las Viejas Hermandades de Caballería que recrearía con el nombre de Reales Maestranzas de Caballería, crisol de los grandes caballeros de la jineta.
Felipe IV siguió cuidando la ganadería de su padre como propietario.
Por otra parte con la práctica se multiplicaban las maneras de rejonear y se depuraba su estilo , además de aumentar constantemente la variedad de lances y accidentes que habían de sugerir nuevas normas ; lo que dio como resultado la escritura y publicación de una amplia preceptiva conocida con los nombres de cartillas, reglas y advertencias.
Estos grandes espectáculos taurinos exigían grandes preparativos y desembolsos ;daban mucho trabajo a escribanos y amanuenses ; quebraderos de cabeza a a los propietarios de inmuebles donde se celebraban y continuos pleitos por el repartimiento de balcones ,armado de tableros , asistencia de las corporaciones , propinas, distribución de colaciones , etc. Llovían los pedigüeños que con más o menos títulos querían presenciar las fiestas sin mengua para su bolsa (lo mismo que en en 1986).
La lidia seguía desarrollándose en plena anarquía , a pesar de los esfuerzos que, a golpe de pregón , se hacían para sujetar y dirigir tamaño desorden y para disciplinar a las gentes en el ruedo y en los andamios , con empleo de capas, colocación de dardos. Era permitido toda clase de extravagancias , suertes absurdas y el desjarrete para acabar con los toros. Junto esta modalidad del toreo a pie, estaba la ecuestre de los caballeros rejoneadores, jugando u burlando las acometidas del toro y echando mano de las espadas para acabarlos , cuando quedaban desmontados.
Este es el entorno general del siglo XVII y dentro del cual se desarrollan las fiestas de toros que en Valladolid tenían lugar en honor de sus ilustres huéspedes , que comienzan con la instalación de la Corte de Felipe III y, que convierte a la ciudad en una de las más atractiva del mundo aquel. Todos se desviven por retener y recrearle con toda clase de fiestas y, entre ellas, la de alancear toros y correr cañas.
Nos cuenta el cronista Cabrea de Córdoba que el 9 de agosto de 1603 se corrieron toros en la plazuela detrás de palacio, reservándose el toro más bravo para ser corrido al siguiente día en el mismo lugar y que el Rey , desde la ventana , le disparó cuatro arcabuzazos derribándole con el postrero , que le alcanzó en la frente.
El mismo escritor nos facilita otra faceta de sus habilidades y que dice así: “El domingo 7 de julio de 1607, que fue el día antes que S.M, partiese de Valladolid, quiso ver pelear el león con un toro. Encerráronlos en la plazuela detrás de palacio que estaba cercada de tablas. El león es muy nuevo y luego se acobardó, y ala primera suerte le volteó el toro con lo cual siempre anduvo huyendo y, aunque le picaban con un garrochón nada aprovechó para que acometiese al toro y S. M tiró tres jaras con una ballesta al toro y todas le acertaron y siempre hacía acometimiento contra el león, el cual monstró siempre cobardía. Echaro lebreles al toro y, aunque se defendió más de una hora, al cabo le asieron y con esto le desjarretaron.
Consignemos finalmente la fiesta real de toros y cañas celebrada en Valladolid el día 10 de junio de 1605 que fue sin lugar a dudas la más famosa que nunca hubo y la más detallada descrita por Pinheiro da Vega en su Fastigia.
Veamos: Por la mañana : encierro de 16 toros que les van a esperar a una legua. . Preparación de la plaza, enarenarla, regarla con carros con sus pipas, dejándola así como la palma de la mano: La plaza se ofrecía hermosa con su palenque hasta el primer piso. Toda ella ocupada por más de 40.000 personas.
A las once estaban ya todos los sitios ocupados y las ventanas muy adornadas. Cerca de las doce entraron los reyes en su carrozas reales con su séquito y ceremonial de saludos , pleitesías y colocación protocolaria. . A las dos entró la guardia de los alabarderos que hicieron del despeje de gente. Estando todo a punto, entraron los alanceadores , títulos, hidalgo y señores con diversas libreas alanceando los toros.
De su resultado, he aquí lo que dice la Relación impresa en Córdoba en 1605:
Los toros fueron buenos aunque la mucha genta casi no les dexaua menear. Vuo muchos caualleros con rexones y los que se señalaron fueron el Marqués de Barcarota y un hijo de Cristóbal de Barrios ,a al Duque de Alba le mataron una caballo muy bueno y otros dos a otro caballero . Entró también con lanza D. Pedro de Mendoça, no le entró bien el toro , hízolo mucho mejor que el primero.. No sucedió desgracia sinoi en gente ordinaria. Comieron sus Magestades en la plaza en el Consistorio de la ciudad por cuya cuenta se hizo el plato.
Pasemos ahora a relatar algunas de las corridas de toros celebradas en Valladolid durante el reinado de Felipe IV, rey que tenía por aficiones predilectas: la caza, los toros y las comedias.
El nacimiento del infante D. Felipe Próspero el deseado hijo de del Rey Felipe IV y doña Mariana de Austria. Fue celebrado en varias localidades por toda España y no faltó en Valladolid donde el 11 de diciembre de 1657se celebraron fiestas con toreo a pie y a caballo. Pero debido a una inundación y hubieron de ser aplazadas hasta después de las Páscuas.
En ella intervinieron D. Diego de Ribera, del Ábito de Alcántara y D. Gerónimo de Villasante, del Ábito de Santiago. Se corrieron 16 toros a los que el caballero Villasante toreó embozado , quebrando otros tantos rejones”.
La presencia en nuestra ciudad del Rey, en 1660 fue festejada con un Despeño de toros al río Pisuerga, que presidió desde el Palacio de la Huerta del Rey.
El despeño de toros era un juego carente de arte que consistía en hacer resbalar a los toros por un plano muy inclinado para facilitar su deslizamiento,haciéndolos caer a una superficie líquida situada en un plano inferior donde eran rematados de no haber perecido en el transcurso del lance, por la multitud instalada en barcas o por nadadores.
En 1668 Valladolid celebra la traslación del Santísimo Sacramento a su nueva y Real Iglesia Mayor con infinidad de festejos entre los que no podían estar ausentes los taurinos que ocuparon los tres últimos días de los cinco que duraron los públicos regocijos . Hubo despeño de 15 toros, dos de los cuales entraron en la Huerta de los Frailes de la Trinidad, que tuvieron gran fiesta con ellos.
En diciembre de 1679 para celebrar el regio enlace de Carlos II con María Luisa de Borbón el lunes dia 18 presenciaron un nuevo despeño de treinta toros.
En estos despeños acuáticos sobresale el triángulo Lerma – Valladolid- Cuenca.
Con el reinado de Carlos II la gente apunta hacia nuevos derroteros y al rejoncillo le sale al paso, en competencia, la vara larga.
Como Carlos II residió en Valladolid durante la semana del 5 al 11 de mayo se 1690 por su segundo enlace con María Ana de Neoburgo la ciudad se esforzó en obsequiar a la regia pareja con toda clase de regocijos donde donde podían faltar la corrida de toros.
El viajero francés Jean Leónard nos narra los pormenores del viaje de la reina María Ana desde el Ferrol donde desembarcó hasta Madrid, donde de forma cronológica narra los festejos con la que le obsequiaron en el itinerario.
Ya en Valladolid los días 6, 8, 9 y 10 hubo rejones y despeño.
Destacó el Marqués de Valverde acompañado de sus cien lacayos y quince bellos caballos que actuó con brillantez siendo felicitado por SS,MM .
Y ya estamos en el siglo XVIII donde hay grandes mutaciones en el espectáculo que queda en manos del pueblo que opta por el toreo a pie pasando los toreros de meros auxiliares de los caballeros a protagonistas.
LA TRANSICIÓN DEL VARILARGUERO Y RESTAURACIÓN DEL TOREO PROFESIONAL.
Los albores del siglo XVIII se caracteriza por la poca afición que demostraron los reyes por las corridas de toros, lo que motivó la retira de los nobles de los ruedos con lo que aparece el varilarguero para ocupar el vació dejado por la nobleza y abrir la marcha en el paseíllo para después ocuparse de detener con el hierro el ímpetu de las reses. Se les llamó toreros de la vara de detener o vara larga.
Destacaron en esta labor José Daza que fue el codificador de este toreo.
Los varilargueros crecen y se transforman para juntarse, las dos corrientes de a pie. La que los auxiliares y lacayos realizaban realizaban junto al caballero rejoneador y la que se implantaba con total independencia de éste : las cuadrillas de profesionales. El toreo se adorna y se diversifica . La destreza en los profesionales suaviza sus aspectos más duros. Se clavan a pares las banderillas y los capotes se emplean no para tapar al toro , sino para guiar y desviar su trayectoria . Más tarde, la práctica de matar cara a cara a los toros es causa de la invención de la muleta . Se amplían las suertes mietras los españoles se divierten con toda clase de inventivas, mojigangas , etc.
Las cuadrillas de a pie absorben el protagonismo en detrimento del varilarguero que pasa a ser servidor del jefe de cuadrilla y, transformado en picador será un elemento más del orden y reglamentación del espectáculo que adquirirá hacia el año 1770 la estructura de la actual corrida de toros a las que ya se le han fijado unas primeras ordenaciones y, algunos años más tarde, la codificación del toreo a pie por José Delgado Hillo.
En el toreo a pie figuran, la actuación de algún varilarguero y caballero en plaza con algún nombre como los de Macadán, Marcelino y Sancho Montenegro; estos dos últimos solo se mencionan en las corridas en honor de San Pedro Regalado de 1747.
En 1775 se corres unos novillos en el en el patio grande de las Comedias como cosa nunca vista.
Hubo corridas por solemnidades religiosas como el acabado del dorado del retablo de Jesús Nazareno, o la colocación de san Pedro Regalado en su capilla o la de la Virgen de la Piedad en la suya.
Se trasladan los festejos de San Juan y Santiago en torno a la festividad de San Mateo.
Y se termina el siglo con las novilladas celebradas en 1787 publicadas por el Diario Pinciano con ganado del Raso de Portillo y en las que intervinieron Francisco Garcés y Francisco Seco.
Hubo mucho orden, concurrencia y satisfacción general y hasta considerables ganancias. Todo salió redondo.