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sábado, 21 de febrero de 2026

UNA DE MIS INTERVENCIONES EN ONDA CERO COMO COMENTARISTA TAURINO. AÑO 1994.

UNA DE MIS INTERVENCIONES EN ONDA CERO RADIO. Feria Valladolid 1994.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Éste ciclo se celebra en la nueva plaza de toros de Valladolid, pues la antigua que fue inaugurada el 29 de septiembre de 1.834, con toros de El Raso de Portillo que estoquearon los diestros Paquiro y Salamanquino estaba situada y, aún lo está, en el ángulo que ocupan las calles Expósito, Fabionelli y San Quirce junto a la plazuela de Santa Brígida.
Allí al contemplar estos muros desde dentro del patio, los buenos aficionados escuchan aún ensimismados, el murmullo de esas buenas faenas porque allí se respira ambiente taurino a pesar de los años transcurridos. Por fuera es un cuadrado y por dentro es un ruedo ochavado que componen un redondel gracias a los ocho burladeros que mataban los ángulo.
En 1885 se la modificó en el sentido de dotarla de callejón con lo que se perdieron algunos metros del redondel y quedar en un diámetro de 39 m.
Se inauguró con una corrida de ocho toros del hierro de Basilio Molpeceres (en aquellos tiempos no se anteponía el D. al nombre del ganadero) de la vecina localidad de Olmedo y que fueron estoqueados por el matador de toros Domingo Mendívil.
Para evitar el molesto viento, se pensó en cubrirla de cristales obra que suponía un presupuesto de veintemil duros y al no atreverse con la empresa, la plaza quedó como estaba con un tendido y dos pisos más con un aforo de 9.374 localidades.
¡Que paradoja señores!, más de 9000 localidades que se quedaban cortas para la afición reinante. Por eso se empezó la construcción de la nueva plaza en el Paseo de Zorrilla en 1978 según proyecto del arquitecto D.Teodosio Torres con forma de un polígono de 50 lados y diámetro de 50 metros. Consta de un tendido, dos pisos y una capacidad de11.542 personas que ahora, tras una nueva reforma disminuyó el aforo en unas 1.500 localidades pues se trataba de proporcionar mayor comodidad a los espectadores.
La inauguración de la nueva plaza tuvo lugar el 20 de septiembre 1890 con una corrida de toros de Saltillo que estoquearon los diestros: Lagartijo, Espartero y Guerrita.
Las actividades taurinas seguían su curso ascendente.
Ahora vamos a entrar en una nueva fase. Un nuevo Trofeo Taurino va a sumarse en este feria del 94 a la larga lista ya existentes en este Valladolid taurino.
Se trata del Trofeo titulado “Premio al matador en la suerte de varas” cuyo titulo inicial era “Trofeo Tercio de quites” pero que después de un larguísimo coloquio que duró gran parte de la larga cena celebrada en el Restaurante Lucense donde, se abrió boca con unos exquisitos “entremeses” de riñones y criadillas, regados con un excelente vino de estos pago y rematada con un excelente plato de patatas con rabo de toro procedente de uno de los toros de Molero Hermanos lidiado en una de las corridas de la Feria Taurina de Medina del Campo, proporcionado por ese gran especialista en carne de toro de lidia que es Florentino Pereda,se voto con unanimidad por parte del jurado el cambio de denominación del Trofeo, debido a lo poco que se prodiga el tercio de quites, con el afán de que el premio no quedara desierto.
Un jurado formado por los taurinos siguientes: Sr. Arévalo, senador. Sr Gómez Rico, presidente de la plaza de toros. Mauro Hernández, expresidente de la misma plaza, D. José Molero, ganadero, Florentino Pereda propietario de Industrias Cárnicas. D. Ángel Hernández Tornerito”, asesor taurino de la plaza de toros de Valladolid, al igual que lo es D. Fernando Merino, D. Félix Feliz delegado de callejón. D. Luis Alonso, veterinario y D. Pedro Iturralde, crítico de ABC y de la Cope que actuará de presidente del jurado.
Excusaron su presencia los también miembros: D. Emilio Casares Herrero,escritor taurino, D. Félix Domínguez aficionado padre del matador de toros Roberto Domínguez y D. José Luis Lera, decano de la prensa taurina de esta ciudad.
¿Por qués este debate sobre el título a dar a este Trofeo?.
Permitanme que haga un poco de historia: antiguamente durante la suerte de varas la misión de los diestro de a pie, era doble; fijar al toro y quitarlo. Si señor, quitar al toro cuando había peligro de que pudiera coger a alguien. Fuera de esta circunstancia estaba totalmente prohibida la intervención de los diestros de a pie, ya que se tenía el convencimiento de que lo único que se conseguía era quebrantar a los astado.
En el Reglamento de 1917 se dice; “no se permitirá pasar a los toros de capa, cuando el espada a que le corresponda considerara necesario pararlo, a fin de posicionarlo de la mejor forma posible para llevar a efecto la suerte de varas. Pero como se iba imponiendo de manera habitual el torear a los toros en todos los quites, se hizo ley y ésta hubo de sancionarse en estos términos
Los espadas no podrán capear a aquel toro que no le corresponda, pues solo lo podrán efectuar en el caso de haber obtenido el permiso de su compañero.
Hoy no hay ninguna prohibición sobre el pasar el toro de capa salvo en los quites, y esto, al corresponde a cara espada el sacar al toro del caballo en cada puyazo, ha evolucionado en el sentido del que el tercio sea más artístico y se convierta en una demostración de su mejor repertorio con la capa en competencia animadísima con sus compañeros de terna y dando una plasticidad que incluso gusta a lo no iniciados.
Claro que hoy por esos dimes y diretes que suele haber entre esas figuras del toreo que, han de verse las caras casi a diario al estar obligados a actuar muchas tarde juntos para no sufrir recortes en sus emolumentos, lo cierto es que ese pique en los quites ha desaparecido y es lo que se ha tratado de resucitar y ¡ojala que se logre!, con la implantación de este trofeo capaz de incentivar a los matadores por conseguirlo. Lo cual resulta harto difícil al ser otros intereses maratonianos los que les incentiva.
Seguidamente se trataron otros temas en un animado coloquio donde se puso sobre la mesa, el tema del “afeitado” pero que al ser tema tan manido se paso de inmediato por alto.
Mauro comenta el gran triunfo el Alaejos del novillero sin picadores Juan Bautista Martín. Se toca el tema de las banderillas negras.
El senador Arévalo suscita el tema de por qué se hace hoy todo tan trasero, banderillas traseras, estocadas traseras y el porqué los espadas solicitan el cambio de tercio en banderillas con peticiones cada vez más frecuentes del cambio sin haber puesto los 3 pares reglamentarios.
Aquí el debate se calienta con enfrentamiento entre un presidente y un asesor taurino que fue banderillero en sus buenos tiempos sobre la conveniencia o no el cambio de tercio en banderillas. Interviene el veterinario en el sentido de que justifica el cambio cuando éste puede ser perjudicial para la integridad del animal y no en cualquier otro caso. Lo cual es compartido por la mayoría del jurado.
Y esto es todo por hoy señores.
Agradeciéndoles la atención prestada, un saludo muy cordial de Luis Alonso y hasta mañana.


viernes, 20 de febrero de 2026

LOS AÑOS GLORIOSOS DEL TORERO EN VALLADOLID. AÑO 1994

LOS AÑOS GLORIOSOS DEL TOREO VALLISOLETANO.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
La temporada de el año 1994 se la puede considerar como una de las más importantes del panorama taurino vallisoletano al contar con toreros de la tierra que estaban en el candelero tales como Manolo Sánchez, David Castro “Luguillano”, Jorge Manrique Rodolfo Pascual y el novillero César Manrique, dignos de figurar en los carteles, junto a las grandes figuras el momento.
Al tiempo los Equipos Veterinarios de Reconocimiento de los toros componentes de las corridas había experimentado una renovación con entrada de nuevos profesionales que aportaron nuevas ideas, en cuanto a la valoración, con confección de fichas test que servían de guía para considerar más parámetros en favor de reconocimientos más precisos al ser rellenadas de manera individual y confrontación posterior por los tres veterinarios componente de cada uno de los tres equipos que componían la plantilla de la plaza de toros vallisoletana.
Las tertulias post corridas, se montaban por doquier aparte de las clásicas en el emblemático Hotel Melía Parque, y los empresarios de cadenas alimenticias relacionadas con la carne de toro de lidia tales como la de Florentino Pereda e Hijos de Laguna de Duero realizaron carteles de seda que distribuyeron entre el público asistente a las corridas, como propaganda para pedir los trofeos al tiempo que movían a escuchar el programa de radio de Onda Cero que patrocinaban y su director Ángel Cuaresma Renedo contrató a un servidor de ustedes para que llevara a efecto un programa taurino donde relataría al día siguiente de celebrada, la corrida del día y, en el que intervenía como redactor del mismo. En esta serie de 10 programas que comenzaron con el estudio de las ganaderías intervinientes y seguirían con el análisis de manera pormenorizada del trascurrir de la corrida realizaba una sección de ecos de sociedad donde ponía de relieve a los personajes taurinos representativos de la sociedad vallisoletana.
Representó un verdadero éxito y una gran satisfacción personal para mí que contó con el apoyo del director de la cadena Onda Cero por aumentar su índice de audiencia y el contento del empresario Florentino al que le sirvió para promocionar la venta de la excelente carne ecológica del toro de lidia.
Una Feria de Nuestra Señora de San Lorenzo y San Mateo de septiembre de 1994 que constaba de 9 grandes corridas de Abono 9.
Los críticos taurinos lanzaban sus crónicas en los distintos diarios de Valladolid. ABC (Pedro Iturralde), Mundo de Valladolid (César Mata), Norte de Castilla (José Luis Lera), algunos de los cuales incluso realizaban ediciones especiales con participación del extraordinario fotógrafo Luis Laforga González.
He dejado momentáneamente a un lado mis deberes profesionales, para debutar con picadores como comentarista en ONDA CERO RADIO en este complicado mundo del micrófono y los toros donde según cuentan “nada es verdad ni mentira” sino que todo depende del cristal con que se mira.
En caso de gustarle nuestra forma de hacer radio, podrán sintonizarnos en el dial de FM 105.2 donde trataremos de darles cuenta de los acontecimientos taurinos y para-taurinos que tengan algo de noticiable durante el desarrollo del ciclo taurino de la Feria Taurina de Valladolid 1994 en sus Ferias y Fiestas de Nuestra Señora de San Lorenzo y San Mateo del mes de septiembre.
Pretendemos que nuestro programa se ajuste más o menos a este índice general: ganado a lidiar, procedencia, encastes y comportamiento predecible. De los diestros actuantes, de sus características toreas y de como llevan la temporada. De las incidencias que puedan surgir antes, durante y después de la corrida del día, tratando de dar nuestra opinión particularísima del desarrollo del espectáculo taurino.
Habrá entrevistas, opiniones, alguna que otra enseñanza técnica dirigidas a los que se inician en el mundo del toro y, todo cuanto se nos ocurra para que ustedes, verdaderos protagonistas de este programa estén perfectamente informados.
Tengan la seguridad que por nuestra parte habrá trabajo veraz, ganas de hacerlo bien y no respiro.
Hoy como es nuestra presentación y hasta el momento no hay material secuencial que expresar, trataremos, a modo de prólogo ,de llevarles a ustedes, amables oyentes, cual es el panorama en que nos encontramos antes de comenzar nuestra crónicas pormenorizadas de los festejos a celebrar en este ciclo donde la empresa que regenta nuestro coso del paseo de Zorrilla propiedad del diestro Emilio Ortuño “Jumillano”.
Ciclo que constará de una novillada picada donde figuran los novilleros más representativos de la novillería actual donde figura César Manrique torero de procedencia taurina Medina de Rioseco. Un concurso de cortes como festejo popular muy arraigado en nuestras tierra y un espectáculo comico-taurino popular, con los enanitos toreros que a parte de representar económicamente una inyección para mitigar coste en la confección de los carteles fuertes de la feria. harán las delicias de los espectadores representados por la gente menuda
Trás analizar pormenorizadamente los carteles, desde mi punto de vista les considero interesantes y rematados, pues a la novillada se la puede considerar como una novillada de lujo integrada por tres indiscutibles figuras representantes de la novillería actual.
En cuanto a las corrida de toros las considero también rematada con participación de figuras importantes en las de los días miércoles 21, jueves 22 viernes 23 y domingo 25 al ser corridas consideradas de arte por ser artistas los diestros que intervienen en ellas. Después los días 18 y 19 los actuantes son diestros valientes y fajadores que pueden con todo tipo de ganado si, bien, a decir verdad, en esta ocasión tampoco son ganaderías excesivamente duras. Y después el sábado 24, será una corrida de rejones donde intervendrán los espectaculares Ginés Cartagena y Javier Mayoral junto a la torería de la buena a caballo, por parte de Fermín Bohórquez y el navarro Pablo Hermoso de Mendoza reciente triunfador de las Ferias de Bilbao de Cuellar y Medina del Campo.

¿Alguna falta en los carteles? Para nuestro gusto echamos en falta al trianero Emilio Muñoz en su retira de los ruedos y en la lidia de rejones a los dos centauros Buendía y Joao Moura.
En cuando al ganado se trata de toros que dan espectáculo pues en siete de las corridas programadas aparece la sangre Juan Pedro Domecq que a pesar de ser la ganadora en participación,hoy está un poco baja. A destacar los Torrestrellas también con sangre Domecq que con la garantía de la mezcla de sangre Núñez, se ve reforzada al haber vuelto esta última por “sus fueros”. La corrida de Cebada Gago con sangre Belmonte, está saliendo buena así como la de Ramón Sánchez que con ese cóctel de sangres (Jijona, Arranz, Montalvo, Conde de la Corte, Graciliano, Pérez Tabernero) que de no “agitarle mucho” puede dar un excelente juego.
Ahora con todos los ingredientes sobre el albero, hemos de pedir a los tres santos patronos: San Pedro Regalado de los toreros; San Francisco der Asía de los veterinarios; San Antón de los animales y a San Robustiano, que imagino existirá, para que le de fuerza a los astados y nos priven de ese lamentable espectáculo de un ver toro que rodando por al albero no pueda desarrollar lo que lleva dentro a pesar de su voluntariedad.
                                            


viernes, 13 de febrero de 2026

LA COLECCIÓN DE TOROS Y TOREROS DEL MUESEO NACIONAL DE ESCULTURA, VALLADOLI 1999,

LA COLECCIÓN DE TOROS Y TOREROS DEL MUSEO NACIONAL DE LA ESCULTURA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Cuando llegó mi edad de jubilación y, dado que mi mujer es de Tarifa, cambié mi residencia de Valladolid, una ciudad excelente y, como capital de la Comunidad de Castilla y León, con muchos eventos culturales interesantes, por un pueblo que en el invierno está prácticamente muerto, tanto cultural como en el comercio y que, únicamente levanta cabeza en el verano donde el turista acude en masa y colapsa toda la ciudad contribuyendo a encarecer la vida sin otra ventaja para los que somos vecinos de la ciudad más meridional de la península ibérica, que encarecernos la vida hasta límites insoportables para los que vivimos de la paga que la jubilación nos ha deparado.
Por estas circunstancias eche de menos eventos que pude admirar, como la exposición que Miguel Ángel Cortés por entonces Secretario de Estado de Cultura montó en el Museo Nacional de Escultura con el importante lote de esculturas que adquirió a propuesta de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes de Patrimonio Histórico Español, el Ministerio de Educación y Cultura que representaban una Corrida de Toros interpretada por sus protagonistas a través de las diferentes suertes de la lidia y que permanecerá de manera permanente en el Museo y que reforzarán las colecciones que alberga el edificio del palacio de Villena con las colecciones de los siglos XVIII y XIX.
Y sigo con la exposición.
Cuando José Sánchez de Neira publica su libro Gran Diccionario Taurómaco, refundación de otro anterior editado llamado El Torero, lamenta no haber podido averiguar a pesar de haberlo intentado denodadamente el nombre del escultor a quien deben las bellas artes la más original, acabada, e inmejorable colección de figuras de talla que representando a toreros y caballos, tiene en su palacio llamado Alameda.
Fue esta la primera ocasión en que se citan las esculturas representativas de diferentes suertes taurinas.
Se vienen atribuyendo al escultor granadino Pedro Antonio Hermoso aunque en determinadas obras no se le cita como autor de las mismas, si bien aparece su nombre por primera vez en el Catálogo de la exposición El arte en la tauromaquia, organizada en 1918 por la Sociedad Española de Amigos del Arte, en la que por falta de espacio se exhibieron solamente tres grupos y que el Conde de las Almenas afirma que fue el granadino el autor de las mismas bajo la dirección de Goya.
En el Catálogo de la exposición dedicada al Arte del Toreo, organizado por el Ayuntamiento de Sevilla en 1945 en la que figuran cinco de las siete que componen estos siete grupos, se prefirió describirlas tan solo como figuras de talla, vestidas y de la época de Goya sin formular ninguna precisión.
Estos grupos policromados con escenas taurinas, fueron estimadas en 1951 por la prestigiosa historiadora de escultura María Gómez Moreno como una nota original dentro del catálogo del citado escultor granadino.
Hermoso dio una nota de sabor casticista con sus pequeños grupos de temas taurinos.
En la exposición titulada Toros y Toreros en la escultura españolas, celebrada en Madrid en 1987, se expusieron cuatro de estas escenas detallando Álvaro Martínez Novillo autor del catálogo, que en realidad se conservan cerca de una treintena de figuras talladas en madera; toreros, caballos, mulillas, y demás intervinientes con el vestuario original de la época, lo que constituye una muestra de valor etnográfico de primer orden, aparte del mérito artístico con el que están talladas todas las figuras. Apreciando este autor que las citadas esculturas reproducen las auténticas efigies de los grandes toreros del momento y que conceptualmente responden a la corriente artística taurófila a la que pertenecieron los pintores Francisco de Goya y Antonio Carnicero o el grabador Juan de la Cruz Olmedilla.
Cuando María Elena Gómez Moreno en 1993 estudió la figura del escultor Hermoso subrayó que su limitada estimación se redime por los pequeños grupos de barro policromado con escenas taurinas que posee el Duque del Infantado con figuras de unos 50cm de alto representando escenas reales como la de Pedro Romero entrando a matar; Costillares después de una estocada o el picador Morilla sorprendido por el toro al ir a ejecutar la suerte, ya que según la historiadora responden a un gusto granadino por la escultura pequeña y preludian los barros románticos de los talleres de Granada y Málaga.
PROCEDENCIA DE LA COLECCIÓN.
Puede sospecharse que todos estos grupos hayan formado parte de un conjunto destinados a instalarse en el interior de un salón, de forma similar a los belenes napolitanos o españoles contemporáneos, reproduciendo parcial o totalmente el interior de una plaza o coso o bien montadas en escaparates o vitrinas de manera independientes cada una de las suertes representadas.
Tampoco se sabe si en origen el número de figuras, tanto las de animales como las humanas, sería mayor aunque dado el argumento genérico se podría fácilmente ampliar; todo depende de lo que contratara el autor y de lo que se quiso representar en la historia narrada, sin duda directamente relacionada con un hecho real. Para averiguar éste resulta imprescindible conocer la procedencia de todo el conjunto.
Sánchez Neira dice que el coleccionista de obras de arte D. Pedro Téllez Girón (m.1884) adquirió las figuras en la venta de los bienes que fueron embargados, por real decreto de 17 de octubre de 1833, al infante de España D. Carlos María Isidro de Borbón (1788-1855) hermano del monarca Fernando VII (m.1833), al no acatar las disposiciones sucesorias de éste. Trasladadas por el nuevo propietario a la famosa Quinta Canillejas, conocida popularmente por Alameda de Osuna permanecieron allí hasta que con motivo de la bancarrota que sufrió aquél título nobiliario, sus colecciones artísticas se dispersaron y fueron adquiridas por el nuevo Duque del Infantado que las instaló en el Castillo de Viñuelas (Madrid).
IDENTIFICACIÓN DE LOS PROTAGONISTAS.
Sánchez Neira sobre la identificación de los protagonistas dice que los toreros representados con trajes de de la época del primer tercio del siglo XIX son retratos originales de los célebres Joaquín Rodríguez “Costillares”, Pedro Romero y José Delgado Guerra Pepe Illo” lo mismo que el del afamado picador Laureano Ortega y del aventajado banderillero Nonilla.
Como en 1789 Joaquín Rodríguez Costillares (1746?-1800?)y su discípulo “Pepe Hillo” (1754-1801)coincidieron en Madrid con Pedro Romero (1754-1801) y que las restantes figuras de toreros que se han identificado son las del banderillero andaluz Manuel Rodríguez Nona apodado Nonilla, miembro desde 1782 de la cuadrilla de Costillares y que participó en todas las corridas importantes que se celebraron en la Corte, y del picador Laureano Ortega de la Isla, natural del Puerto de Santa María, puede sospecharse que el argumento de este conjunto escultórico coincida con lances sucedidos durante una determinada corrida de toros.
Todos ellos intervinieron en las funciones reales organizadas en la Plaza Mayor de Madrid por el Corregidor José Antonio de Amona los días 17,22,24 y 28 de septiembre de 1789 para celebrar la coronación del monarca Carlos IV y la jura del príncipe heredero el futuro Fernando VII. Que además de por las crónicas se se hicieron de las mismas fueron recordadas por una acuarela muy bella conservada en el año 1926 atribuida al pintor Luís Paret y un grabado más modesto del mismo festejo propiedad de la colección de P. Vindel
En una carta de Pedro Romero se cuenta un detalle sucedido durante lidia de un toro lidiado en las mencionadas corridas reales donde se cuenta: acorralado el animal en el Rincón del Peso Real de la plaza madrileña Pepe Hillo se fue directo al toro y viendo yo el sitio que estaba le dije: compañero deje usted, lo sacaremos de ahí. Volvió la cara y me miró sin contestarme; yo que advertí esto, me retiré un poco y lo deje ir; el resultado fue que lo cogió y lo hirió muy mal; lo agarramos y lo llevamos al balcón de la Excma señora duquesa de Osuna. El traslado del matador herido, inspiraría al artista uno de los grupos procedentes procedentes de la Colección Infantado, que tanta relación presenta su composición con las creadas por Francisco de Goya tituladas: El albañil herido, el albañil borracho éste último pintado para la Alameda de Osuna,
Hemos de aclarar que el torero fue banderillero y no picador por lo que su figura no se debe reconocer con la del jinete que actúa en el grupo: Sorpresa del picador Monilla.
Se deduce que la realización de las figuras se produjera a partir de la celebración de los citados festejos taurinos con motivo de la jura de Carlos IV lo que no podría sostener la noticia de que fuese su primer propietario el Infante D. Carlos María Isidro ya que éste contaba con una año de edad cuando se celebraban esos festejos si bien pudo adquirirlas muchos años después.
De ahí que se suponga que fue el propio monarca Carlos IV quien encargara las figuras al artista ya que las corridas regias se celebraron en honor de propio monarca y de su hijo el Príncipe Fernando y que éste se limitase a heredarlas de su padre lo que se podría comprobar estudiando el testamento de Carlos IV.
LOS GRUPOS ESCULTÓRICOS.
Sánchez Neira precisa que todo el conjunto se componía de cinco grupo de tres toreros realizando distintas actitudes :tres suertes de matar y dos de varas con un grupo de mulillas arrastrando al toro, y un alguacil a caballo todo el grupo tallado por una persona sumamente entendida en el arte de torear.
Todos los que han tratado este tema no han precisado de cuantas figuras constaba este conjunto ni tampoco sus medidas. Al desconocerse como fue su montaje original, ni haberse expuesto anteriormente todos los grupos conjuntamente, su colocación puede resultar caprichosa ya que algunas de las actitudes de los actores no está bien definidas o pueden ser ambivalentes, multiplicándose las dificultades para su correcta distribución expositiva.
Los grupos se hallan integrados por un total de veintisiete figuras, dieciocho de los cuales con toreros, tres son caballos, dos mulillas y los restantes toros.
Dados sus respectivos argumentos podrían denominarse: “el alguacilillo a caballo acompañado de dos toreros “la suerte de varas del picador Laureano Ortega de Isla”; el banderillero Manuel Nonilla acompañado de otro peón”; “un picador con el caballo herido””el matador Pepe Hillo herido acompañado por dos toreros”; “Pedro Romero entrando a matar el toro”; “Pepe Hillo señalando la muerte del toro ante Costillares y otros dos toreros”; y “dos peones preparan el enganche del toro muerto”; “las mulillas fustigadas por un mozo”.
Todas las figuras humanas aparecen vestidas con trajes que responden a los atuendos toreriles de la época y los caballos o las mulillas se encuentran enjaezadas apropiadamente.
El tamaño medio de las figuras de a pie es de 60 cm, mientras que las montadas a caballo alcanzan 1 metro de altura.
Lógicamente los toros son los que presentan mayor tamaño.
Todas las figuras están talladas en madera y sus cabezas y manos está policromadas y algunas tienen sus brazos articulados permitiendo diversas posiciones.
Esta representación escultórica de la Corrida de Toros, auténtico asunto popular tomado del natural puede relacionarse con la disposición dictada para utilizar como argumentos de los tapices trabajados en las manufacturas de la Corte temas o motivos inspirados en la vida del pueblo , figurando entre ellos, naturalmente, las escenas taurinas tal y como las pintaron Ramón Bayeu o su cuñado Goya , suscitándose a partir de entonces una gran interés por los asuntos de la lidia y de sus protagonistas que se convierten en modelos de pintores y dibujantes tal como se aprecia en los retratos de Costillares y Romero, de cuerpo entero y vestidos de toreros, grabados por el madrileño Juan de la Cruz.
Sánchez Neira cuenta que cuando todo el conjunto de figuras pertenecían al Duque del Infantado el administrados de la finca La Alameda de Osuna D. José María Díaz de Ceballos advirtió la desaparición de la escultura que representaba a Pepe Hillo y no fue capaz de averiguar cuando fue sustraída ni por quien por lo que encargó a persona competente para que buscase por todos los medios a cualquier precio.
La figura fue encontrada en El Rastro de Madrid por el señor Fonseca que la adquirió por la suma de 2.000 reales y como era restaurador y, dado que a la figura la habían despojado de su traje lo reemplazó por otro que hizo el señor París, sastre del Teatro Real.
La importancia de estos grupos les hace incomparables con cualquier obra conocida a pesar de que su originalidad pueda ser pareja con los grupos de la Matanza de los Inocentes modelados por el escultor José Ginés para el Belén del Príncipe procedentes del secuestro de los bienes del Infante D. Carlos que se conservan en la Real Academia de San Fernando.
Algún entendido en arte calificó a estas figuras como: “la gracia de su actitudes , concebidas casi como pases de una danza interpretada por modelos pintados por Camarón o Carnicero, la delicadeza del acabado de sus rostros policromados evocadores de las figuras de porcelana o los bizcochos del Buen Retiro, su cánon esbelto o el pormenorizado estudio de los elegantes atuendos toreriles, contrastan con la violenta furia expresada por las embestidas de los toros o el apurado estudio anatómico de los restantes animales”.





















     






Espero haya sido de interés para los seguidores de mi blog. GRACIAS por segurile.


martes, 10 de febrero de 2026

EL TOREO Y LA TORERÍA II.

EL TOREO Y LA TORERÍA. II.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

DE TOROS GANADERÍAS Y COSOS.
Situamos al toro en su primitiva bravura para dejar de ser, en el siglo XVII, animal salvaje al estar sometido a la tutela del hombre y soportar su presencia. La realidad del toro bravo como base de iniciación de la ganadería fue el conocimiento seguro que permitió establecer comparaciones y, elegir el ganado que podía dar mayor rendimiento a la intención de su crianza.
Para ello en los siglos XV y XVI, fueron comisionados los carniceros como las personas prácticas para la elección del ganado. Eran los expertos encargados por los regidores, comisarios de toros, de su compra y, a veces, actuaban como ganaderos. Todos ellos tenían costumbre y habilidad en el manejo de los toros para dominarlos y conducirlos tanto a los núcleos rurales como a las plazas de villas y ciudades.
Posteriormente, y en base a las intencionalidad que de su cría y cuidado se hacía, los ganaderos han ido logrando un toro adaptado a la finalidad de las distintas formas de lidia.
Si bien algunos autores señalan el siglo XVIII como el del florecimiento de las ganaderías de lidia , no significa en modo alguno, que en los dos siglos precedentes no hubiese formas incipientes, ya que en cada época hubo el toro que los tiempos exigieron y la corrida impuso.
Respecto a las ganaderías de la tierra y a lo que mis lecturas hasta ahora han llegado, es a conocer , por ejemplo, que en 1651 se lidiaron toros en Madrid de don Felipe Franco de Medina del Campo; toros de Tordesillas para ser corridos en Pamplona en 1677, propiedad de un vecino de Valladolid llamado Juan Sasso; en 1682 se compraron toros a Francisco Joseph de Barbadillo vecino de Medina de Rioseco y en 1683 figura una ganadera como propietaria llamada María de Salcedo.
En la ciudad de Logroño, para las fiestas de 1675 “tienen pronta la corrida de ocho toros que son de las vacadas de Tordesillas”.
En las fiestas de toros de Salamanca habidas en agosto-septiembre de 1733, se dice: “se celebraron dos encierros en la mañana del del 18 de agosto, subiéndose a la plaza 24 toros, de los que catorce eran de Portillo para rejones”
En cuanto a la ganadería de Raso de Portillo sigue en la nebulosa de contorno impreciso y de origen que quizá algo tenga que ver con la casta navarra.
Como ganadería más antigua de Castilla gozaba del privilegio de abrir plaza en las Reales fiestas de toros, hasta la corrida de la boda regia de Alfonso XII con doña María de las Mercedes celebrada el 25 de enero de 1878 en que terminó el disfrute de tal merced.
Como referencia a los primeros propietarios copio la cita que se hace en la Historia del toreo y de las principales ganaderías de España de Gómez de Bedoya, publicada en Madrid en 1850. “como es consiguiente a la antigüedad que cuenta, ha tenido esta torada diferentes dueños , aunque no todos dotados del gusto e inteligencia que necesario es para el mejoramiento del ganado. No obstante D. Manuel Muñoz y D. Mateo Prado anteriores propietarios de esta vacada , supieron elevarla a a una de la más acreditada de su época , en cuyo estado pasaron estas reses a la pertenencia de D. Alonso Sanz; de éste a la de D. Pablo Danz y D. José Toribio Valdés vecino de Pedrajas del Portillo (Castilla) quienes en 1846 la vendieron al dueño actual D. Joaquín Mazpule que derivaron a las ganaderías de Andrés Ramos y Salvador y Antonio Gavira.
ENTRE LA PLAZA DE MADERA DEL OCTÓGONO Y LA ANTIGUA DE FÁBRICA DE FABIONELLI.
El siglo XIX comenzó con la trágica muerte de Pepe-Hillo y la retirada poco antes de Pedro Romero con lo que el toreo pierde el esplendor de los años precedentes y, a lo que hay que añadir la prohibición de las corridas de toros distada por Carlos IV en 1805 y la guerra de la Independencia.
Cuando regresa Fernando VII de Francia en 1814 las corridas vuelve a su estado anterior.
Si los primeros cinco lustros del siglo XIX, fueron carentes de vigor torero, los siguientes fueron fecundos gracias a la aparición de Francisco Montes y después de El Chiclanero y Cúchares.
Aquel una de las cumbres del toreo y estos protagonistas de una competencia y rivalidad que vivificaron la fiesta.
Sigue la contienda de El Tato y el Gordito a la que sigue la época de Lagartijo y Frascuelo uno todo elegancia y el otro todo valor.
Les siguen Mazzantini, Espartero y Guerrita. Gran estoqueador el primero. Representante del coraje y vergüenza torera del segundo. Y el torero grandioso y cumbre del tercero.
A mediados de este siglo aparecen las novilladas. Consistían en matar un res embolada fuera de la plaza después de haber sido corrida. Para hacerlas más entretenidas se agregaba una parte cómica de mojigangas y pantominas que se remataban con fuegos artificiales.
Cuando el siglo termina, las novilladas constan de cuatro novillos y capeas de embolados para los que quisieran lanzarse al ruedo.
Valladolid por las causas señaladas con anterioridad, (prohibiciones e invasión napoleónica) no se dieron corridas y sí novilladas y bueyes enmaromados destinados a divertimiento popular.
Acabada la guerra de la independencia, se instala en los terrenos conocidos como Campo de la Feria una plaza de madera para lidiar las corridas anuales de la Casa de Beneficencia donde existía un edificio de forma octogonal que era la cárcel y que con posterioridad se convirtió en la Academia de Caballería.
La Real Sociedad Económica consiguió por Real Cédula el privilegio de celebrar novilladas en beneficio de la institución.
El periodo que discurre entre 1815 y 1832 en que se celebra la última corrida en la plaza desmontable se dan muchas novilladas .
En este lapso de tiempo, hay que señalar que en 1828 los frailes de San Juan de Dios por concesión de S. M tuvieron cuatro corridas para aumentar sus recursos.
La Junta de Beneficencia alentada por el buen éxito económico logrado se decide con la ayuda de los señores Espinosa y Deza, armadores de la plaza del Campo Grande y constructores de ésta a levantar la plaza por su cuenta.
En la denominación figura como Plaza de novillos.
Se adoptó la forma octogonal como las de Sevilla, Ronda y Tarazona.
La plaza era pequeña. Los servicios muy deficientes; había que arrastrar las reses hasta la calle San Quirce. Por sus escasas dimensiones los toreros se movían mal por lo que se quitó la barrera y se pusieron burladeros en los vértices que con posterioridad se volvió el restablecimiento de la barrera.
Su inauguración tuvo lugar el 15 de septiembre de 1833 con novillos de de Mota del Marqués lidiados por la cuadrilla de Juan Martín de Salamanca.
El último festejo se celebró el día 11 de octubre de 1891 con una becerrada benéfica de novillos embolados. Se utilizó la plaza para verbenas, bailes, títeres y fuegos artificiales.
En las tres corridas de la feria de 1845 actuó Cúchares como único espada, estoqueando toros de las cuatro ganaderías de Pedrajas de Portillo que eran del gusto del espada.
Las corridas de las ferias de 1948 y 49 tuvieron carácter real al ser presididas por el Infante D. Francisco de Paula residente en Valladolid.
Las 4 corridas de 1860 con buenos resultados tanto artístico como económico fueron toreadas por la pareja Cúchares- Tato.
En las corridas feriales actuaron todas la grandes figuras: Lagartijo, Frascuelo, El Gallo Grande, Mzzantini, Espartero y Guerrita, que mataron las ganaderías del Raso del Portillo y derivados, Conde de la Patilla, Carrero, Villagodio, Miura, Veragua etc.
En los últimos años de existencia de esta plaza, el activo e inteligente empresario don Luis Saavedra levantó la afición a una altura tan grande que difícilmente, por aquél entonces había población tan amante y y decidida partidaria de los toros.
De los muchos novilleros que destacaron nombramos a Villarillo, Boto, Raimundo, Fernández “valladolid” y Antonio Fuentes un entonces desconocido que enloqueció a la afición vallisoletana.
Entre los incidentes más graves citaremos el de Juaneca picador que derribado con gran violencia fue a estrellarse contra el estribo de la barrera, falleciendo al día siguiente.
La grave cogida de Villarillo el día 24 de mayo de 1889 al entrar a matar.
La gran conmoción cerebral del banderillero Maleño a consecuencia de de la cogida grave del tórax.
Cerrada la plaza para el toreo habitada por la guardia civil. Finalmente se restaura y se abre como plaza de esparcimiento de la ciudad y a la sombra del nombre que la perpetuará :Plaza del viejo coso.
CLARO OSCURO DE NUESTROS TOREROS.
Nunca Valladolid ha tenido una toreria grande.Tampoco, al no tener una figura grande de la toreria, ha disfrutado de ese hálito popular que dicha figura emanaba.
¿Por que esto ha sido así?
Quizá el aprendizaje, ante la realidad trágica y cruel que la capea, única escuela posible para el aspirante , llevaba consigo, no solo por el espectáculo en sí sino por el público en sus actitudes , excesos y violencias, capaces de mermar , cuando no destruir, toda la ilusión, el empeño y la vocación ante tanta dificultar , insalvable a veces.
También de que nadie caiga en la cuenta de que estos torerillos existen tras años de esta lucha y que todos sus esfuerzos son baldíos, y queriendo torcer hasta la misma naturaleza, de nada les sirve.
A lo más que pueden aspirar, luego de dejar pasar la juventud, será a torear en unas pésimas condiciones y salir airosos por los conocimientos y la buena suerte.
Podrá achacarse al carácter personal , muchas veces incomprendido y otras real , del torero frente al público y al ambiente en que se mueve.
Todo ello me ha hecho pensar sino será cierta la frase leída en una biografía , que dice: “si quieres ser torero vete de Valladolid”. Puede que para algunos haya sido así , pero para otros fue viaje de ida y vuelta.
Es curios que la mayor parte de nuestros toreros, como iremos viendo a través de sus biografías, recuerdos y papeles exhumados para este trabajo, tienen un recorrido, marcan una trayectoria que es casi siempre la misma. Primero, la ilusión de los primeros pasos ; luego la plenitud lograda;más tarde el desplome físico y psicológico, y por fin, el desvanecimiento y con ello el olvido de la afición.
LOS ANTECEDENTES.
Hasta principios del siglo XVIII, buscar individualidades en el ejercicio del toreo a pie, es imposible, ya que la fiesta de los toros, en su complejidad y variantes desde su iniciación, eran el tumulto y el desorden, quedando relegada la actuación del que entonces, como incipiente profesional, recibía el nombre de cazador, matatoros, toreador o simple desjarretador, auxiliar o matarife.
Sin embargo, examinado cuidadosamente textos, he averiguado que allá por el 1700, en una lista de toreadores figura el nombre de Antonio Salcedo “el negro de Medina del Campo” como habitual en la lidia. Mediado el siglo XIX, en su primer tercio los nombres de Matías Tremiño, Guillén “El Zamorano“, Sentimientos y el más notable Mancio participan en regocijos taurinos de índole variada y cierta popularidad en Valladolid.
Ya como figura de segundo orden, torero que conocía muy bien su oficio, hay que mencionar a Raimundo Rodríguez “Valladolid” apodado así , no obstante haber nacido en Tordesillas. Dedicado a matar novillos con gran valentía, hizo su presentación en Madrid en el año 1880. Realizó campañas interesantes por América, Mediodía de Francia e incluso como banderillero de Punteret en las célebres corridas de París del año 1889. Fue el primer novillero vallisoletano que toreó en Madrid. Se distinguió por su toreo de capa y sus lucidos pares de banderillas en silla. Murió en Madrid en 1893 produciendo su muerte general sentimiento.
Contemporáneo del anterior es nuestro torero Vicente Sanz “Matapozuelos”. Nacido en Pedrajas de San Esteban y conocido con el nombre de ese pueblo vallisoletano por haber casado su madre en segundas nupcias, con un vecino de esa localidad.
Después de haber efectuado el tan largo y penoso plazo de aprendizaje que, entonces se exigía a los aspirantes a torero, empezó en la plaza de Tetuán en 1905 con bastante éxito; pasó después por la de Vista Alegre, y debutó en la Madrid el 11 de febrero de 1906 repitiendo dos veces más por sus brillante actuación.
Siguió su carrera por las plazas más importantes de España, Portugal y Francia. Durante la temporada de invierno de 1910-1911 toreó en Venezuela y sus Estados un gran número de corridas. Tras una magnífica temporada en España a punto estuvo de tomar la alternativa. El 6 de abril de 1913, en la plaza de Tetuán, un toro grande y burriciego de Bertólez, le derribó al entrar a matar, tirándole un terrible hachazo en la cara que le destroza. Al cabo de catorce meses y nueve operaciones, salvó la vida a trueque de quedar desfigurado. A partir de aquí comenzó su decadencia, empezaron a escasear las novilladas y, desilusionado, se retiró en 1917 silenciosamente sin haber logrado su meta.
PRINCIPALES TOREROS DE ESTE SIGLO.
Las biografías y estadísticas alguna vez quisiéramos señalarlos dentro de la generación taurina en que se desenvolvieron, con sus vigencias, clase de toreo y figuras que la componían. Quizás así podamos comprender como tuvieron que habérselas y comprender el por qué de sus actuaciones y resultados, la disculpa o la incomprensión que tantas veces llega al público y a sus seguidores y amigos. Todo ello nos dará al juzgarlos, si triunfaron por propios méritos o no lo hicieron por otras causas, ya personales o artísticas , de suerte o adversidad.
PACOMIO PERIBAÑEZ SE CRECIÓ CON LA DESGRACIA.
Solo el tesón ante las dificultades con que tuvo que enfrentarse, su mala racha de desgracias y adversidades que a cualquier amilanarían, a él le fortalecían, le encorajinaban; creciéndose ante las contrariedades consiguió lo que se propuso; ser matador de toros, el primero de Valladolid, con hechuras toreras, valor probado y hasta técnica no exenta de arte, ello a pesar de moverse en torno, nada menos, que a las dos cumbres del toreo Joselito y Belmonte y sus epígonos.
Luego de las primeras correrías por las plazas de nuestros pueblos comienza en Valladolid en una becerrada y a continuación, ya en traje de luces, dicen que “puede llegar a ser algo”.
En los años que van de 1902 a 1907 torea bastantes festejos, muchos de ellos en nuestra ciudad, que le preparan para su debut en Madrid den 1908 con unos buenos mozos de Pablo Romero , con éxito claro y repetición. Dos actuaciones muy notables en nuestro coso, como el mejor torero que principia su carrera. Triunfos grandes y competencia con los novilleros que más gustan. Termina el año con tantos triunfos que se le abren las puertas de todas las plazas.
El siguiente año es para Peribañez la consagración como novillero, toreando en Madrid trece veces. Se le menciona en Los toros de Cossío con estas palabras: “Peribañez puede ser el mejor novillero de la actualidad”
Siguen los éxitos. Vuelve a torear otras cinco novilladas en Madrid y, antes de la alternativa pasaporta en esta plaza seís toros de Clairac con corte de orejas y salida a hombros.
En la feria vallisoletana de 1911 Manolete padre le da la alternativa con corte de oreja, que no confirma hasta 1913.
En 1916 la empresa organiza un mano a mano con Florentino Ballesteros.
Torea muy bien a su primero pero, al matar, el aire le descubre recibiendo una gravísima cornada en el pecho de la que el cirujano que le atendió Sr Villa dijo:Es un muerto que ha resucitado”. Después de una larga y dolorosísima curación Pacomio logra un gran triunfo junto a Joselito de Valladolid y, al día siguiente, toreando son él y su hermano Rafael, fue herido de gravedad. No paran aquí las desgracias pues sufre un grave accidente de moto son sidecar , ocupado por su esposa.
Todo esto motivo una merma en sus facultades que unido al olvido por parte de las empresas, lo llevaron al retiro vistiendo por última vez el traje de luces en la Feria de Valladolid del año 1919 donde cortó 4 orejas y un rabo a un toro de Villagodio.
Con posterioridad se hizo actor con su esposa y muerta ésta, volvió a los ruedos actuando a las ordenes de varios matadores entre ellos Fernando Domínguez.
Acabó como asesor de la plaza de toros de Madrid.
Murió en el año 1964.
Como recuero a su memoria la placa que la afición vallisoletana colocó en el cincuenta aniversario de su alternativa en el coso del Paseo de Zorrilla;; el emblema de palta de la ciudad que le impuso el alcalde y, el brindis de Antonio Ordóñez en la corrida de conmemoración que él escuchó desde el palco presidencial.
Pacomio fue un buen torero; acertado ante el toro. Manejaba el capote con facilidad y elegancia; hábil y fácil en banderillas y muleta y mediocre con la espada.
Comprendía la lidia y el toro por tener conocimiento de los mismos.
RAMÓN FERNÁNDEZ “HABANERO”. UNA CARRERA TRUNCADA.
Novillero nacido en Guanamacoa (Habana) que tomó la alternativa en Guanajato ( México).
Después de cursar los estudios de primera enseñanza , e influenciado por el ambiente taurino y por muchas oportunidades para su formación, se hizo torero.
Venciendo la oposición familiar , asiste a capeas, torea por plazas de poca categoría y logra adiestrase en el toreo de reses, en el campo.
Su primer traje de luces lo viste en Valladolid el 31 de agosto de 1913. Torea frecuentemente con Félix Merino con el que se establece una competencia que crea división entre aficionados.
Sus éxitos le llevan a presentarse en Madrid el 13 de agosto de 1916. Gustó pero al decaer sus ánimos sus actuaciones dejaron de interesar por los se marcha a México donde toma la alternativa de manos del torero azteca Gregorio Garrido en 1923.
A su regreso a España en 1926 reanuda su actividad pero como novillero actuando en nuestro coso en varias novillada donde alterna con Félix Merino y Fernando Domínguez.
Era un buen lidiador, artista pero no logró triunfar aferrándose el terruño de la finca donde partió dirigiendo la ganadería de toros bravos familiar. Murió en 1960.
FERNANDO DOMÍNGUEZ, ESENCIA DEL TOREO.
Dice D. Emilio que le agrada poder escribir sobre sobre las muchas tertulias que con Fernando y otros toreros y amigos tuvimos, primero aquí , en Valladolid, durante la guerra civil española y, después en Madrid durante los años 40.
Conservo con viveza cuales fueron los rasgos que como persona le le caracterizaban en el trato y la comunicación. Como torero, en el entendimiento del toreo, y como benefactor, en el altruismo y complacencia con el bien ajeno.
Fernando era parco en palabras y reservado, unas veces; locuaz otras porque conocía hasta donde podía llegar.
Cuando estaba en forma era una delicia su conversación . Intercalaba en el comentario el fino humor satírico y picante que cultivaba en la intimidad. Decía los que sentía; no se andaba con rodeos o eufemismos. Muchas veces su habla se ayudaba con la mímica de las manos que dibujaban posturas muy taurinas. Tenía mucho temperamento y carácter de artista que se movía a impulsos de la imaginación , con sus arrebatos y fragilidades.
Frente a la profesión no pensó nunca más que en ser torero; no supo más que eso.
Tenía el complejo de no sentir apetencia alguna por el dinero. Ni siquiera hacía cuentas de las corridas que toreaba. Su ambición era torear bien, ser figura destacada. Este genial artista no tenía el arte de torear por oficio.
La espada y el miedo le jugaron muy malas partidas.
Le tría a mal traer eso que se llama “la muerte de los toros”, con lo que se le esfumaron muchos grandes triunfos.
Su ilusión se desvanecía, pero lo que él quería sobre todo era que se le reconociera que había toreado muy bien. .Y eso ¡vaya si lo reconocieron tirios y troyanos!
Su plenitud torera se desarrolla en la generación de los 30 y los 40 en los que estaban en el candelero Lalanda, Ortega, Bienvenida, Armillita, Barrera y Victoriano de la Serna que eran torero que podían con todo en esos tiempos en que por chiqueros salía el toro-toro con edad, sentido y de difícil dominio.
Asén las Fallas de 1933 tuvo que apechugar con dos corridas; la de la alternativa y la siguiente- la de Guadalest y Rincón- grandes,cornalonas y broncas, con las que entraba en el ,escalafón de los grandes toreros.
Como Fernando hacía el toreo no se podía realizar con todos los toros , ya que muchos necesitan lucha y Fernando no ara un luchador. Era un artista con un arte de excepcional pureza.
Cuando se confiaba con un toro de verdad , su toreo resplandecía en una línea clásica , reposado y mandón en que consiste el hacerlo con técnica y estética, pero además y sobre todo, en el sentirlo, el impregnarlo de su propio yo.
Su acento personal que le distinguirá de los demás. Y ese aislarse de todo lo que le rodea para sentirse a sí mismo en un lance o en unos muletazos es lo que tiene más categoría en el arte de torear.
Esa es la máxima calidad a que aspira el verdadero artista; exteriorizar su personalísimo estilo. Fernando gracias a ese sentimiento personal, logró levantar tarde muy toreras.
Belmonte dijo de él ante unas fotos fenomenales de archivo:¡Osú! ¿Si este torero torease así más a menudo! Un toreo que estuvo siempre aferrado a lo que ha sido, es y será siempre la esencia del toreo; con el capote, al lance de la verónica y la media como dino remate. Con las muleta, el natural , o mejor aún los naturales ligados en una serie con el obligado final del pase de pecho curvo y sacando la muleta por la penca del rabo.
Donde Fernando se afligía era en la suerte de matar, cuando tenía que cruzarse y perder la cara del toro. Ese miedo, como él decía, le duraba toda la tarde y le hacía sufrir lo indecible.
La mortal cogida del infortunado Pascual Márquez por un toro de Concha y Sierra, corrida en la que intervino Gitanillo de Triana correspondiendo a Fernando matar el toro causante de la tragedia , colma su sufrimiento y al desnudarse del traje de luces anuncia su próxima retirada cosa que lleva a cabo después de la corrida de Pablo Romero toreada en la Feria de Valladolid de 1941 y en la que un berrendo fue: “el toro que más miedo me ha hecho pasar” como comentó a un periodista.
Vuelve a los ruedos tras una actuación en un festival en la plaza de Valladolid, casien privado pero con lleno, y en la volvió a demostrar lo que siempre fue: un torerazo.
Y como la gente le pidió que volviese el toreo éste enfervorizado accedió reapareciendo en la feria de 1944.
Del díptico dentro del cual hemos contemplado al hombre y al torero, nos queda el aspecto de su personalidad enraizada en la generosidad, la caridad y el desprendimiento en favor de todo acto humanitario , presente desde el momento miso de iniciarse en la profesión.
Rosario de festivales que se inicia en el 1924 a favor de los niños tuberculosos y siguen en una centena que contaron con su concurso y generosidad hasta el último celebrado en Segovia en 1996 donde alternó son su sobrino Roberto Domínguez que fue su ojito derecho.
De entre ellos destacó el de Medina de Rioseco del que Fernando dijo: Nunca me he sentido tan a gusto toreando tan bien”
Y finalmente recordemos el festival organizado por él a beneficio del Santuario de la Virgen del Carmen en 1957 que fue un gran éxito económico y artístico por lo que se le nombró Hermano de Honor de la Cofradía. Y tuvo el emotivo rasgo de donar, para hacer un manto a la virgen el capote de paseo del día de la alternativa. La Providencia se sirvió del mismo para que de la imagen de su predilección pasara a envolver su cuerpo mortal en el tránsito a la eternidad.
ALFONSO GÓMEZ MORO “FINITO DE VALLADOLID”. ESTOQUEADOR DE ÉPOCA.
Deseoso de correr el albur del toro y frente a la oposición familiar, se lanza en pos de la aventura. El matadero que escala cada noche hurtando las horas de descanso, es su primera escuela donde da los primeros capotazos a las reses destinadas al sacrificio.
Su carrera comienza en las capeas de Tudela. El primer traje de luces lo viste en Castrojeriz. Su fama de valiente se consolida por las plazas de los pueblos castellanos rubricándolos en la plaza de Tetuán en su presentación en 1920. Repite el domingo siguiente y sale a hombros a pesar del desgarre de la nariz que le produce el toro.
Se presenta en Madrid en 1927 y como cortó una oreja es puesto en cartel dos veces más. Siguen los triunfos y las estocadas recibiendo, y en la calle, el cartel de NO HAY BILLETES.
Marcha a Caracas contratado para matar tres corridas y actúa en catorce, nueve de las cuales en el Nuevo Circo de la capital. Donde en noviembre de 1927 toma la alternativa de manos de el mexicano Luis Freg con el que rivaliza en noble competencia consagrándose ambos como grandes estoqueadores.
Vuelve a España en el año 1928 donde es recibido apoteósicamente por sus paisanos.
El empresario Eduardo Pagés le dio un homenaje en Valladolid al que se unió todo el pueblo en el que se le ofreció la alternativa donde ya se tenía dispuesta la corrida, pero como la administración no iba bien, todo quedó en agua de borrajas lo que le llevó a la retirada.
Nuevo intento de mantenerse en 1939. Torea en Valladolid donde a pesar de cortar orejas ya es tarde para competir con con los nuevos valores novilleriles.
Se hace banderillero actuando con los hijos de Dominguín.
Acaba como hombre de negocios taurinos, apoderado y representante de empresas donde adquiere una categoría reconocida a fuerza de caballerosidad tacto e inteligencia.
Fallece en Madrid donde residía el 18 de diciembre de 1959 de una enfermedad cardíaca.
Considerado como uno de los grandes estoqueadores de su tiempo que además poseía arrojo y valentía a la hora de irse tras la espada y dominio y tranquilidad a la hora de torear.
FÉLIX MERINO. GRANDEZA Y DESDICHA DE UN BUEN TORERO.
Empezó con su compañero de fatigas de su gran amigo Habanero.
Juntos de van a Madrid con la única patente de aspirantes a torero y, como no consiguieron el objetivo regresar a sus casas andando por carretera. Y al llegar a casa castigo al canto. Sus padres trataron por todos los medios de que abandonaran la lucha pero ellos erre que erre siguieron con sus escapadas y, entre sustos, alegrías y reprimendas llegaron a al meta deseada consiguiendo vestirse de luces. Ramón en 1913 y Félix en 1914, en Valladolid alternando con Habanero y Corral.
Logro principal la división de la afición vallisoletana en habaneristas y merinistas con lo que se logra la rivalidad.
Félix era considerado como torero valiente aunque sin estilo propio y matador seguro y fácil .
Al año siguiente se presenta en Tetuán (Madrid) con los mejores auspicios que le valieron cuatro actuaciones.
En el año 1916 logró el sueño de presentarse en Madrid.
Antes en la plaza de Valladolid en la Corrida de la Prensa efectuó la mejor faena de muleta que en su tierra se le vio, coronada con una gran estocada que le proporcionaron las orejas y el rabo.
Con este triunfo y la asistencia del empresario de Valladolid Sr Retama torea el 31 e agosto en Madrid.
Estuvo valiente pidiéndose la oreja entre aplausos.
Vuelve el día 10 de septiembre donde refrenda la buena impresión causada.
El mes de junio del año 1917 consigue grandes triunfos en las cuatro novilladas toreadas en Madrid que le colocan a las puertas de la alternativa, sobre todo en la celebrada el día 15 en la que solo en el ruedo por cogidas de sus compañeros de terna el público le señala como el legítimo seguidos de la Escuela de Belmonte.
Toma la alternativa en Madrid el 16 de septiembre de manos de Joselito y de testigo Belmonte.
Los dos días siguientes torea en Valladolid con resultado muy vario.
Pero esta carrera tan rápida y triunfal cambió de rumbo como consecuencia de una serie de problemas: ruptura con su apoderado, su apatía y el olvido por parte de la empresa que le había encumbrado.
Parece que iba a remontar pero el descorazonamiento le lleva a renunciar a la toma de alternativa.
Rehace su vida novilleril firmando bastantes actuaciones en Madrid y provincias.
En Valladolid lo hace tres tarde, alternando con los toreros más destacados Finito, Habanero y Domínguez.
Merino se presenta más torero que nunca para recuperar lo perdido.
Estas novilladas suponen para él el éxito más completo.
La Corrida de la Prensa, en la que actuaron los tres toreros mencionados da a la afición una tarde memorable .
En 1927 de nada le sirvió encerarse con corridas poderosas que otros no querían.
En la plaza de Úbeda del día 4 de octubre un toraco de Palha alcanzó al torero cuando se refugiaba en un burladero, hiriéndole de muerte. Los médicos no consideraron la herida de fatales consecuencias y autorizaron el traslado del diestro a Madrid aquella misma noche. Inesperadamente el día 8 dejó de existir en el Sanatorio del Perpétu Socorro.
El día del entierro Valladolid se manifestó en masa por las calles al paso del féretro para dar el adiós al popular y desgraciado torero.
MANOLO BLÁZQUEZ. TORERO POR UNA APUESTA.
-¿Cómo fue hacerte torero?
- Por una apuesta. Habíamos ido a Arévalo un grupo de muchachos.
-¿A que no le das un capotazo a un novillo?
- Se lo di, me gustó y aquí sigo.
Este es el origen de la profesión , sin más antecedentes , según el mismo declaró en una entrevista periodística.
Nace en Medina del Campo en 1936. Allí viste por primera vez su primer traje de luces, y también en la misma plaza debuta con picadores en 1955.
Se presenta con buenos antecedentes toreros en Madrid en 1957 con éxito halagüeño y esperanzados, pero una cornada en esta plaza y otra en San Sebastián achicaron su campo de actuaciones.
Tres tardes muy afortunadas en Barcelona en julio de 1961 le llevaron a la alternativa. .
Se la dio Manolo González en la plaza de Las Arenas de Barcelona con una lisonjera actuación le valió, junto a algún otro motivo, sentar sus reales en esa ciudad y desarrollar en ellas prácticamente su carrera profesional. Allí consiguió serie continuadas de actuaciones, triunfos sonados,con sus naturales traspiés, y despliegue total de la tauromaquia que llevaba dentro.
Los cronistas barceloneses le llamaban el torero de la suerte porque, según ellos se solía llevar el mejor toro del encierro.
R. Huertas relata en una de sus crónicas que la mejor faena de la vida taurina de Manolo Blázquez, probablemente fue a un toro de Antonio Pérez de San Fernando el 3 de septiembre de 1963..
Después de deudo catalán las actuaciones fueron bajando y con ello los ánimos hasta llevarle a la despedida en Medina en la feria de San Antolín de 1969 donde cortó la última oreja.
Ignoramos por que motivo no tomó la alternativa en Madrid donde había toreado varias veces.
Cuando ya nadie se acordaba de él, reaparece en Mediana en 1983 con una actuación sorprendente por lo artística, valiente y sincera.
El enfrentarse a los toros después de tantos años de ausencia de los ruedos , significó un mérito extraordinario y una dignidad profesional que mereció
el justo triunfo.
LOS LUGUILLANOS. DE SANTIAGO , EL MAESTRO, A DAVID, LA INCOGNITA.
Mucho tiempo después de su obligado alejamiento de los toros por por aquella malhadada cornada que cortó la carrera hacia a fama taurina he tenido la oportunidad de hablar con Santiago por distintos motivos, y de esas pláticas, sin objetivo determinado, he deducido cuan humano es frente a sus semejantes, sencillo y de un razonar que cuando uno le deja, hace pensar.
En su trayectoria profesional se muestra sin rencor en sus palabras, ni dolor cuando hubo de perder el sitio por percance, ante la incomprensión de los taurinos,para volver a empezar. Sin petulancia ni presunción ante efemérides tales como la salida por la puerta grande de Madrid, el triunfo en Sevilla, los contratos de Barcelona , y otras más.
Copiemos esas palabras del propio torero: “no se piensa , de una forma concreta , en el triunfo, la gloria, la fama o todo eso. Lo que sí se piensa es que, emprendido el duro camino de esta profesión , y a no ser que una fuerza mayor lo impida, uno debe llegar al máximo de sus posibilidades ; uno debe cumplirse a sí mismo y si no llegara a ocurrir así , la insatisfacción la haría sentirse frustrado”
Con este entendimiento del ser y estar en torero recorre los ruedos en su peregrinar que inicia en 1960 como novillero por los pueblos de Castilla ; luego con picadores por las plazas de importancia hasta la presentación en Madrid, en 1963.
Alternativa en Castellón y posterior confirmación en Las Ventas, triste corrida ésta para el toricantano, que vio desmoronados todos los sueños e ilusiones , que al alcance de las manos los tenía, cuando el traidor de Guardiola le infirió una muy grave cornada en la pierna, con la secuela de no poder recuperarse ya enteramente.
No obstante la merma de las facultades , el año 1967 significa para Santiago el de la conquista de la afición madrileña en una serie de corridas que son el resurgir y en las que tarde tras tarde , éxito, tras éxito , deja la huella imborrable de su toreoart´sitico y valeroso, ante el que el el público todo y la crítica, con sus plumas y aplausos, sancioan , sin lugar a duda, concediéndole los trofeos , las salidas a hombros y las crónicas , que que son un deleite de releer, por los revisteros de entonces.
Torero fácil con la muleta , hacía con frecuencia lo que se admira muy pocas veces ; la ensambladura del toro y al torero: la bravura de uno y el arte de otro . Faena reposada por el temple. Apuraba la embestida con armonía y ritmo; y sus pases largos, perfectamente ligados, sin dejarse enganchar la muleta por los pitones, tenían altura, variedad y buen gusto. Y tras de la espada se iba únicamente pensando en las orejas qu le calentaban las manos.
No siempre fue así, claro; pero esa racha del 67 y 68 le encumbró.
Hay que tener en cuenta también que el entorno en que se movía lo ocupaba, nada más y nada menos, que Diego Puerta, Paco Camino y El Cordobés con su toreo de garra y multitudinario.
Sin embargo de todo ello, la cornada no se curaba, las facultades decaían y la lucha no se podía sostener, ya que le imposibilitaba seguir toreando.
Antes de cerrar, quisiera escribir una líneas de como la conquista taurina de Valladolid por Santiago Castro fue empresa poco menos que imposible.
Apenas los aficionados llegamos a conoce y disfrutar de su toreo . Cualquiera que fueren las causas, ninguna justificaba, en nuestra opinión, la ausencia casi total de los carteles de las ferias vallisoletanas, quedándose sin saber la categoría rea del diestro de Mojados. ‘Que pena!
Des resto de la familia de los Luguillanos tenemos que decir algo de Clemente Castro “Luguillano el Grande” como se anunciaba últimamente, quizá por considerarse el patriarca de la dinastía. Comenzó siendo estudiante pero parece que en vez de las letras, lo que le atraía eran los pitones.
A Salamanca se fue no ha hacerse sabio, sino a llegar a ser torero con los mejores deseos y lleno de buena voluntad anduvo como novillero.
En 1965 sufrió una factura de brazo penosa y muy duradera, que le llevó a abandonar la profesión, cambiándola, para no huir del mundillo taurómaco, por la de empresario con más o menos fuste e incluso ganadero para redondear.
De Juan Carlos “Lugillano Chico” diremos que empezó con buenos modos, superó el tétanos que se le presentó como consecuencia de una cogida. Realizó la hazaña de matar seis novillos en Valladolid con gran éxito y que le hicieron aumentar sus actuaciones hasta llegar a la presentación en Madrid.
Luego de otra serie de novilladas se decide a tomar la alternativa en nuestra plaza el 30 de septiembre de 1971 de manos de Diego Puerta con “El Cordobés” de testigo donde los toros fueron de Salvador Guardiola.
Súbitamente decide retirarse, medida que él considera la más acertada y realista, abandonando definitivamente la profesión.
De los dos retoños de Clemente, Jorge y Davíd, toreros en ciernes, todos esperamos que despejen la incógnita de su toreo y logren ser toreros que lleven el nombre de Valladolid por doquier.
Éste es el taurinismo de Los Luguillanos de los que nunca olvidaré aquel paseíllo de “los cinco de la dinastía” en el festival de marzo del 85 en el que al frente de su cuadrillas llenaban el ruedo de la plaza con su paso tranquilo , cargado de recuerdos y nostalgias para unos -los idos- y de sueños y esperanzas par otros -los que empiezan.
ROBERTO DOMÍNGUEZ , EL RESCOLDO DE LA ESPERANZA.
Trazar una semblanza de su trayectoria taurina, a estas alturas, cuando todos los aficionados, sobre todo los vallisoletanos, conocen su línea de actuación a los largo de tantas y tantas corridas, resulta, sino difícil, sí complicado y fuera de las limitaciones de este trabajo.
Más como las corridas de Roberto comprenden, no podía ser de otra manera, actuaciones que llevan muy marcada huella de su personal interpretación del toreo que las sublima, aunque solo sea por el retazo, la pincelada o el pellizco artístico que las envuelve , así como lo incomprensible que para el público y aficionados otras malas y deprimentes faenas frente a toros no duros , sino boyantes , nos lleva a pensar en un carácter físico-psicológico o más bien en una dicotomía torero-hombre, hombre-torero.
Solo así se explica esa casi obsesión de no ser torero más que desde que se viste de luces hasta que se despoja del traje, privándole, creo yo, de su goce y posesión, posteriormente, y a las gentes como hombre, del atractivo que gana la voluntad y la imagen del torero que lleva dentro y que, en modo alguno quiere ni siquiera vislumbrar.
La vida de Roberto, taurinamente hablando, se mueve entre dos líneas, como la de todos los toreros: el triunfo o el ostracismo. Sin embargo este torero navega en otra singladura. La de que si haber plenamente triunfado y consolidado como figura, no ha caído en el olvido.
Ha demostrado en Madrid su clase torera a través de corridas y detalles y también excelentes condiciones de lidiador, en dificultades y peligros.
La plaza de Las Ventas es para él como la de Valladolid , su casa profesional, y resulta muy difícil encontrar torero alguno que haya sabido mantener una esperanza durante tan largo periodo de tiempo. Y esto porque la afición madrileña sigue creyendo, como nosotros,en que algún día este torero alcanzará el triunfo que le haga remontar hacia las alturas y salir por la puerta grande.
¿Cómo lograrlo?
Si las brasas del rescoldo que late oculto consigue una corriente de aire vivificador que las insufle, reapareciendo la llama con fuerza de hoguera y llamarada. Quiero decir, aplicando el símil al toreo de Roberto Domínguez, que su esplendido arte, hecho de cabeza y sentimiento , de técnica y estética, de inteligencia frente a la fuerza bruta, despierte , haga conmover a su yo, se lance a los ruedos y renazca de sus propias cenizas el torero que la afición toda y la vallisoletana , particularmente, espera paciente desde siempre. Este es el reto con que tiene que enfrentarse en esta hora baja, Roberto.
Decepcionar a su tío Fernando, que más de una vez dijo que su sobrino era mejor torero que el mismo ¡que ya es decir! , no puede en modo alguno hacerlo.
Quizá la esperanza naciente sea aquel encaje de arte y bella armonía que constituyó la faena de Medina del Campo de junio pasado.
¡Ojalá que así suceda!
JORGE MANRIQUE, EL RECIÉN LLEGADO.
No sé que le diría Jorge Manrique el “toricantano”que acaba de recibir de manos de Manzanares la muleta y el estoque que le investían de matador de toros cuando le brindó el toro Flautista de la ganadería de Gavira a su padre, aparte del beso y el abrazo.
Quizás, refiriéndose al nombre de toro,que la flauta no sonara por casualidad”
Y así fue; pues tras una faena bastante completa, un toreo valiente, inteligente con arte y sabor torero Flautista se fue al desolladero y Manrique con su triunfo, marchó en volandas de los seguidores a soñar quimeras.
Repitió tarde en la feria de Valladolid del 85 con otro triunfo digno, pero no tan abultado.
En este presenta año le hemos visto romper el fuego en la tradicional corrida de San Pedro Regalado en la que tuvo que medirse con otra clase de ganado , bronco y de lidia difícil, y ante el cual, pese a su entrega y deseos no pudo conseguir más que una tarde mediocre y discreta.
A ver si la suerte le acompaña en los contratos que vienen, y su toreo, con el aprendizaje y los méritos personales , logra una temporada que sea la base, para un asentamiento sólido, que le catapulta hacia la fama , que todos deseamos.
Y como final de la tarea, o “faena literaria” el más vivo deseo de que nuestros toreros se desperecen, cojan “el toro por los cuernos” -esta vez de verdad- fomente la pasión en los tendidos, discusiones en el público, y los aficionados podamos volver a la rivalidad y competencia que reseñada queda los años veintitantos, en que Valladolid vivía por y para los toros.
Y por otra parte, el sentimiento profundo y sincero de no poder ni siquiera relacionar, ya que daría lugar a fallos indeseables , a los muchos profesionales del toreo local que, vistiendo al traje de luces, dieron a la fiesta de los toros un papel digno y honroso que quiero resaltar y traer a la memoria.









Con esta segunda parte, finalizó el tema  y espero haya sido del interés de todos los seguidores de este blog. MUCHAS GRACIAS por seguirme.