torostarifa.blogspot.com

martes, 10 de febrero de 2026

EL TOREO Y LA TORERÍA II.

EL TOREO Y LA TORERÍA. II.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

DE TOROS GANADERÍAS Y COSOS.
Situamos al toro en su primitiva bravura para dejar de ser, en el siglo XVII, animal salvaje al estar sometido a la tutela del hombre y soportar su presencia. La realidad del toro bravo como base de iniciación de la ganadería fue el conocimiento seguro que permitió establecer comparaciones y, elegir el ganado que podía dar mayor rendimiento a la intención de su crianza.
Para ello en los siglos XV y XVI, fueron comisionados los carniceros como las personas prácticas para la elección del ganado. Eran los expertos encargados por los regidores, comisarios de toros, de su compra y, a veces, actuaban como ganaderos. Todos ellos tenían costumbre y habilidad en el manejo de los toros para dominarlos y conducirlos tanto a los núcleos rurales como a las plazas de villas y ciudades.
Posteriormente, y en base a las intencionalidad que de su cría y cuidado se hacía, los ganaderos han ido logrando un toro adaptado a la finalidad de las distintas formas de lidia.
Si bien algunos autores señalan el siglo XVIII como el del florecimiento de las ganaderías de lidia , no significa en modo alguno, que en los dos siglos precedentes no hubiese formas incipientes, ya que en cada época hubo el toro que los tiempos exigieron y la corrida impuso.
Respecto a las ganaderías de la tierra y a lo que mis lecturas hasta ahora han llegado, es a conocer , por ejemplo, que en 1651 se lidiaron toros en Madrid de don Felipe Franco de Medina del Campo; toros de Tordesillas para ser corridos en Pamplona en 1677, propiedad de un vecino de Valladolid llamado Juan Sasso; en 1682 se compraron toros a Francisco Joseph de Barbadillo vecino de Medina de Rioseco y en 1683 figura una ganadera como propietaria llamada María de Salcedo.
En la ciudad de Logroño, para las fiestas de 1675 “tienen pronta la corrida de ocho toros que son de las vacadas de Tordesillas”.
En las fiestas de toros de Salamanca habidas en agosto-septiembre de 1733, se dice: “se celebraron dos encierros en la mañana del del 18 de agosto, subiéndose a la plaza 24 toros, de los que catorce eran de Portillo para rejones”
En cuanto a la ganadería de Raso de Portillo sigue en la nebulosa de contorno impreciso y de origen que quizá algo tenga que ver con la casta navarra.
Como ganadería más antigua de Castilla gozaba del privilegio de abrir plaza en las Reales fiestas de toros, hasta la corrida de la boda regia de Alfonso XII con doña María de las Mercedes celebrada el 25 de enero de 1878 en que terminó el disfrute de tal merced.
Como referencia a los primeros propietarios copio la cita que se hace en la Historia del toreo y de las principales ganaderías de España de Gómez de Bedoya, publicada en Madrid en 1850. “como es consiguiente a la antigüedad que cuenta, ha tenido esta torada diferentes dueños , aunque no todos dotados del gusto e inteligencia que necesario es para el mejoramiento del ganado. No obstante D. Manuel Muñoz y D. Mateo Prado anteriores propietarios de esta vacada , supieron elevarla a a una de la más acreditada de su época , en cuyo estado pasaron estas reses a la pertenencia de D. Alonso Sanz; de éste a la de D. Pablo Danz y D. José Toribio Valdés vecino de Pedrajas del Portillo (Castilla) quienes en 1846 la vendieron al dueño actual D. Joaquín Mazpule que derivaron a las ganaderías de Andrés Ramos y Salvador y Antonio Gavira.
ENTRE LA PLAZA DE MADERA DEL OCTÓGONO Y LA ANTIGUA DE FÁBRICA DE FABIONELLI.
El siglo XIX comenzó con la trágica muerte de Pepe-Hillo y la retirada poco antes de Pedro Romero con lo que el toreo pierde el esplendor de los años precedentes y, a lo que hay que añadir la prohibición de las corridas de toros distada por Carlos IV en 1805 y la guerra de la Independencia.
Cuando regresa Fernando VII de Francia en 1814 las corridas vuelve a su estado anterior.
Si los primeros cinco lustros del siglo XIX, fueron carentes de vigor torero, los siguientes fueron fecundos gracias a la aparición de Francisco Montes y después de El Chiclanero y Cúchares.
Aquel una de las cumbres del toreo y estos protagonistas de una competencia y rivalidad que vivificaron la fiesta.
Sigue la contienda de El Tato y el Gordito a la que sigue la época de Lagartijo y Frascuelo uno todo elegancia y el otro todo valor.
Les siguen Mazzantini, Espartero y Guerrita. Gran estoqueador el primero. Representante del coraje y vergüenza torera del segundo. Y el torero grandioso y cumbre del tercero.
A mediados de este siglo aparecen las novilladas. Consistían en matar un res embolada fuera de la plaza después de haber sido corrida. Para hacerlas más entretenidas se agregaba una parte cómica de mojigangas y pantominas que se remataban con fuegos artificiales.
Cuando el siglo termina, las novilladas constan de cuatro novillos y capeas de embolados para los que quisieran lanzarse al ruedo.
Valladolid por las causas señaladas con anterioridad, (prohibiciones e invasión napoleónica) no se dieron corridas y sí novilladas y bueyes enmaromados destinados a divertimiento popular.
Acabada la guerra de la independencia, se instala en los terrenos conocidos como Campo de la Feria una plaza de madera para lidiar las corridas anuales de la Casa de Beneficencia donde existía un edificio de forma octogonal que era la cárcel y que con posterioridad se convirtió en la Academia de Caballería.
La Real Sociedad Económica consiguió por Real Cédula el privilegio de celebrar novilladas en beneficio de la institución.
El periodo que discurre entre 1815 y 1832 en que se celebra la última corrida en la plaza desmontable se dan muchas novilladas .
En este lapso de tiempo, hay que señalar que en 1828 los frailes de San Juan de Dios por concesión de S. M tuvieron cuatro corridas para aumentar sus recursos.
La Junta de Beneficencia alentada por el buen éxito económico logrado se decide con la ayuda de los señores Espinosa y Deza, armadores de la plaza del Campo Grande y constructores de ésta a levantar la plaza por su cuenta.
En la denominación figura como Plaza de novillos.
Se adoptó la forma octogonal como las de Sevilla, Ronda y Tarazona.
La plaza era pequeña. Los servicios muy deficientes; había que arrastrar las reses hasta la calle San Quirce. Por sus escasas dimensiones los toreros se movían mal por lo que se quitó la barrera y se pusieron burladeros en los vértices que con posterioridad se volvió el restablecimiento de la barrera.
Su inauguración tuvo lugar el 15 de septiembre de 1833 con novillos de de Mota del Marqués lidiados por la cuadrilla de Juan Martín de Salamanca.
El último festejo se celebró el día 11 de octubre de 1891 con una becerrada benéfica de novillos embolados. Se utilizó la plaza para verbenas, bailes, títeres y fuegos artificiales.
En las tres corridas de la feria de 1845 actuó Cúchares como único espada, estoqueando toros de las cuatro ganaderías de Pedrajas de Portillo que eran del gusto del espada.
Las corridas de las ferias de 1948 y 49 tuvieron carácter real al ser presididas por el Infante D. Francisco de Paula residente en Valladolid.
Las 4 corridas de 1860 con buenos resultados tanto artístico como económico fueron toreadas por la pareja Cúchares- Tato.
En las corridas feriales actuaron todas la grandes figuras: Lagartijo, Frascuelo, El Gallo Grande, Mzzantini, Espartero y Guerrita, que mataron las ganaderías del Raso del Portillo y derivados, Conde de la Patilla, Carrero, Villagodio, Miura, Veragua etc.
En los últimos años de existencia de esta plaza, el activo e inteligente empresario don Luis Saavedra levantó la afición a una altura tan grande que difícilmente, por aquél entonces había población tan amante y y decidida partidaria de los toros.
De los muchos novilleros que destacaron nombramos a Villarillo, Boto, Raimundo, Fernández “valladolid” y Antonio Fuentes un entonces desconocido que enloqueció a la afición vallisoletana.
Entre los incidentes más graves citaremos el de Juaneca picador que derribado con gran violencia fue a estrellarse contra el estribo de la barrera, falleciendo al día siguiente.
La grave cogida de Villarillo el día 24 de mayo de 1889 al entrar a matar.
La gran conmoción cerebral del banderillero Maleño a consecuencia de de la cogida grave del tórax.
Cerrada la plaza para el toreo habitada por la guardia civil. Finalmente se restaura y se abre como plaza de esparcimiento de la ciudad y a la sombra del nombre que la perpetuará :Plaza del viejo coso.
CLARO OSCURO DE NUESTROS TOREROS.
Nunca Valladolid ha tenido una toreria grande.Tampoco, al no tener una figura grande de la toreria, ha disfrutado de ese hálito popular que dicha figura emanaba.
¿Por que esto ha sido así?
Quizá el aprendizaje, ante la realidad trágica y cruel que la capea, única escuela posible para el aspirante , llevaba consigo, no solo por el espectáculo en sí sino por el público en sus actitudes , excesos y violencias, capaces de mermar , cuando no destruir, toda la ilusión, el empeño y la vocación ante tanta dificultar , insalvable a veces.
También de que nadie caiga en la cuenta de que estos torerillos existen tras años de esta lucha y que todos sus esfuerzos son baldíos, y queriendo torcer hasta la misma naturaleza, de nada les sirve.
A lo más que pueden aspirar, luego de dejar pasar la juventud, será a torear en unas pésimas condiciones y salir airosos por los conocimientos y la buena suerte.
Podrá achacarse al carácter personal , muchas veces incomprendido y otras real , del torero frente al público y al ambiente en que se mueve.
Todo ello me ha hecho pensar sino será cierta la frase leída en una biografía , que dice: “si quieres ser torero vete de Valladolid”. Puede que para algunos haya sido así , pero para otros fue viaje de ida y vuelta.
Es curios que la mayor parte de nuestros toreros, como iremos viendo a través de sus biografías, recuerdos y papeles exhumados para este trabajo, tienen un recorrido, marcan una trayectoria que es casi siempre la misma. Primero, la ilusión de los primeros pasos ; luego la plenitud lograda;más tarde el desplome físico y psicológico, y por fin, el desvanecimiento y con ello el olvido de la afición.
LOS ANTECEDENTES.
Hasta principios del siglo XVIII, buscar individualidades en el ejercicio del toreo a pie, es imposible, ya que la fiesta de los toros, en su complejidad y variantes desde su iniciación, eran el tumulto y el desorden, quedando relegada la actuación del que entonces, como incipiente profesional, recibía el nombre de cazador, matatoros, toreador o simple desjarretador, auxiliar o matarife.
Sin embargo, examinado cuidadosamente textos, he averiguado que allá por el 1700, en una lista de toreadores figura el nombre de Antonio Salcedo “el negro de Medina del Campo” como habitual en la lidia. Mediado el siglo XIX, en su primer tercio los nombres de Matías Tremiño, Guillén “El Zamorano“, Sentimientos y el más notable Mancio participan en regocijos taurinos de índole variada y cierta popularidad en Valladolid.
Ya como figura de segundo orden, torero que conocía muy bien su oficio, hay que mencionar a Raimundo Rodríguez “Valladolid” apodado así , no obstante haber nacido en Tordesillas. Dedicado a matar novillos con gran valentía, hizo su presentación en Madrid en el año 1880. Realizó campañas interesantes por América, Mediodía de Francia e incluso como banderillero de Punteret en las célebres corridas de París del año 1889. Fue el primer novillero vallisoletano que toreó en Madrid. Se distinguió por su toreo de capa y sus lucidos pares de banderillas en silla. Murió en Madrid en 1893 produciendo su muerte general sentimiento.
Contemporáneo del anterior es nuestro torero Vicente Sanz “Matapozuelos”. Nacido en Pedrajas de San Esteban y conocido con el nombre de ese pueblo vallisoletano por haber casado su madre en segundas nupcias, con un vecino de esa localidad.
Después de haber efectuado el tan largo y penoso plazo de aprendizaje que, entonces se exigía a los aspirantes a torero, empezó en la plaza de Tetuán en 1905 con bastante éxito; pasó después por la de Vista Alegre, y debutó en la Madrid el 11 de febrero de 1906 repitiendo dos veces más por sus brillante actuación.
Siguió su carrera por las plazas más importantes de España, Portugal y Francia. Durante la temporada de invierno de 1910-1911 toreó en Venezuela y sus Estados un gran número de corridas. Tras una magnífica temporada en España a punto estuvo de tomar la alternativa. El 6 de abril de 1913, en la plaza de Tetuán, un toro grande y burriciego de Bertólez, le derribó al entrar a matar, tirándole un terrible hachazo en la cara que le destroza. Al cabo de catorce meses y nueve operaciones, salvó la vida a trueque de quedar desfigurado. A partir de aquí comenzó su decadencia, empezaron a escasear las novilladas y, desilusionado, se retiró en 1917 silenciosamente sin haber logrado su meta.
PRINCIPALES TOREROS DE ESTE SIGLO.
Las biografías y estadísticas alguna vez quisiéramos señalarlos dentro de la generación taurina en que se desenvolvieron, con sus vigencias, clase de toreo y figuras que la componían. Quizás así podamos comprender como tuvieron que habérselas y comprender el por qué de sus actuaciones y resultados, la disculpa o la incomprensión que tantas veces llega al público y a sus seguidores y amigos. Todo ello nos dará al juzgarlos, si triunfaron por propios méritos o no lo hicieron por otras causas, ya personales o artísticas , de suerte o adversidad.
PACOMIO PERIBAÑEZ SE CRECIÓ CON LA DESGRACIA.
Solo el tesón ante las dificultades con que tuvo que enfrentarse, su mala racha de desgracias y adversidades que a cualquier amilanarían, a él le fortalecían, le encorajinaban; creciéndose ante las contrariedades consiguió lo que se propuso; ser matador de toros, el primero de Valladolid, con hechuras toreras, valor probado y hasta técnica no exenta de arte, ello a pesar de moverse en torno, nada menos, que a las dos cumbres del toreo Joselito y Belmonte y sus epígonos.
Luego de las primeras correrías por las plazas de nuestros pueblos comienza en Valladolid en una becerrada y a continuación, ya en traje de luces, dicen que “puede llegar a ser algo”.
En los años que van de 1902 a 1907 torea bastantes festejos, muchos de ellos en nuestra ciudad, que le preparan para su debut en Madrid den 1908 con unos buenos mozos de Pablo Romero , con éxito claro y repetición. Dos actuaciones muy notables en nuestro coso, como el mejor torero que principia su carrera. Triunfos grandes y competencia con los novilleros que más gustan. Termina el año con tantos triunfos que se le abren las puertas de todas las plazas.
El siguiente año es para Peribañez la consagración como novillero, toreando en Madrid trece veces. Se le menciona en Los toros de Cossío con estas palabras: “Peribañez puede ser el mejor novillero de la actualidad”
Siguen los éxitos. Vuelve a torear otras cinco novilladas en Madrid y, antes de la alternativa pasaporta en esta plaza seís toros de Clairac con corte de orejas y salida a hombros.
En la feria vallisoletana de 1911 Manolete padre le da la alternativa con corte de oreja, que no confirma hasta 1913.
En 1916 la empresa organiza un mano a mano con Florentino Ballesteros.
Torea muy bien a su primero pero, al matar, el aire le descubre recibiendo una gravísima cornada en el pecho de la que el cirujano que le atendió Sr Villa dijo:Es un muerto que ha resucitado”. Después de una larga y dolorosísima curación Pacomio logra un gran triunfo junto a Joselito de Valladolid y, al día siguiente, toreando son él y su hermano Rafael, fue herido de gravedad. No paran aquí las desgracias pues sufre un grave accidente de moto son sidecar , ocupado por su esposa.
Todo esto motivo una merma en sus facultades que unido al olvido por parte de las empresas, lo llevaron al retiro vistiendo por última vez el traje de luces en la Feria de Valladolid del año 1919 donde cortó 4 orejas y un rabo a un toro de Villagodio.
Con posterioridad se hizo actor con su esposa y muerta ésta, volvió a los ruedos actuando a las ordenes de varios matadores entre ellos Fernando Domínguez.
Acabó como asesor de la plaza de toros de Madrid.
Murió en el año 1964.
Como recuero a su memoria la placa que la afición vallisoletana colocó en el cincuenta aniversario de su alternativa en el coso del Paseo de Zorrilla;; el emblema de palta de la ciudad que le impuso el alcalde y, el brindis de Antonio Ordóñez en la corrida de conmemoración que él escuchó desde el palco presidencial.
Pacomio fue un buen torero; acertado ante el toro. Manejaba el capote con facilidad y elegancia; hábil y fácil en banderillas y muleta y mediocre con la espada.
Comprendía la lidia y el toro por tener conocimiento de los mismos.
RAMÓN FERNÁNDEZ “HABANERO”. UNA CARRERA TRUNCADA.
Novillero nacido en Guanamacoa (Habana) que tomó la alternativa en Guanajato ( México).
Después de cursar los estudios de primera enseñanza , e influenciado por el ambiente taurino y por muchas oportunidades para su formación, se hizo torero.
Venciendo la oposición familiar , asiste a capeas, torea por plazas de poca categoría y logra adiestrase en el toreo de reses, en el campo.
Su primer traje de luces lo viste en Valladolid el 31 de agosto de 1913. Torea frecuentemente con Félix Merino con el que se establece una competencia que crea división entre aficionados.
Sus éxitos le llevan a presentarse en Madrid el 13 de agosto de 1916. Gustó pero al decaer sus ánimos sus actuaciones dejaron de interesar por los se marcha a México donde toma la alternativa de manos del torero azteca Gregorio Garrido en 1923.
A su regreso a España en 1926 reanuda su actividad pero como novillero actuando en nuestro coso en varias novillada donde alterna con Félix Merino y Fernando Domínguez.
Era un buen lidiador, artista pero no logró triunfar aferrándose el terruño de la finca donde partió dirigiendo la ganadería de toros bravos familiar. Murió en 1960.
FERNANDO DOMÍNGUEZ, ESENCIA DEL TOREO.
Dice D. Emilio que le agrada poder escribir sobre sobre las muchas tertulias que con Fernando y otros toreros y amigos tuvimos, primero aquí , en Valladolid, durante la guerra civil española y, después en Madrid durante los años 40.
Conservo con viveza cuales fueron los rasgos que como persona le le caracterizaban en el trato y la comunicación. Como torero, en el entendimiento del toreo, y como benefactor, en el altruismo y complacencia con el bien ajeno.
Fernando era parco en palabras y reservado, unas veces; locuaz otras porque conocía hasta donde podía llegar.
Cuando estaba en forma era una delicia su conversación . Intercalaba en el comentario el fino humor satírico y picante que cultivaba en la intimidad. Decía los que sentía; no se andaba con rodeos o eufemismos. Muchas veces su habla se ayudaba con la mímica de las manos que dibujaban posturas muy taurinas. Tenía mucho temperamento y carácter de artista que se movía a impulsos de la imaginación , con sus arrebatos y fragilidades.
Frente a la profesión no pensó nunca más que en ser torero; no supo más que eso.
Tenía el complejo de no sentir apetencia alguna por el dinero. Ni siquiera hacía cuentas de las corridas que toreaba. Su ambición era torear bien, ser figura destacada. Este genial artista no tenía el arte de torear por oficio.
La espada y el miedo le jugaron muy malas partidas.
Le tría a mal traer eso que se llama “la muerte de los toros”, con lo que se le esfumaron muchos grandes triunfos.
Su ilusión se desvanecía, pero lo que él quería sobre todo era que se le reconociera que había toreado muy bien. .Y eso ¡vaya si lo reconocieron tirios y troyanos!
Su plenitud torera se desarrolla en la generación de los 30 y los 40 en los que estaban en el candelero Lalanda, Ortega, Bienvenida, Armillita, Barrera y Victoriano de la Serna que eran torero que podían con todo en esos tiempos en que por chiqueros salía el toro-toro con edad, sentido y de difícil dominio.
Asén las Fallas de 1933 tuvo que apechugar con dos corridas; la de la alternativa y la siguiente- la de Guadalest y Rincón- grandes,cornalonas y broncas, con las que entraba en el ,escalafón de los grandes toreros.
Como Fernando hacía el toreo no se podía realizar con todos los toros , ya que muchos necesitan lucha y Fernando no ara un luchador. Era un artista con un arte de excepcional pureza.
Cuando se confiaba con un toro de verdad , su toreo resplandecía en una línea clásica , reposado y mandón en que consiste el hacerlo con técnica y estética, pero además y sobre todo, en el sentirlo, el impregnarlo de su propio yo.
Su acento personal que le distinguirá de los demás. Y ese aislarse de todo lo que le rodea para sentirse a sí mismo en un lance o en unos muletazos es lo que tiene más categoría en el arte de torear.
Esa es la máxima calidad a que aspira el verdadero artista; exteriorizar su personalísimo estilo. Fernando gracias a ese sentimiento personal, logró levantar tarde muy toreras.
Belmonte dijo de él ante unas fotos fenomenales de archivo:¡Osú! ¿Si este torero torease así más a menudo! Un toreo que estuvo siempre aferrado a lo que ha sido, es y será siempre la esencia del toreo; con el capote, al lance de la verónica y la media como dino remate. Con las muleta, el natural , o mejor aún los naturales ligados en una serie con el obligado final del pase de pecho curvo y sacando la muleta por la penca del rabo.
Donde Fernando se afligía era en la suerte de matar, cuando tenía que cruzarse y perder la cara del toro. Ese miedo, como él decía, le duraba toda la tarde y le hacía sufrir lo indecible.
La mortal cogida del infortunado Pascual Márquez por un toro de Concha y Sierra, corrida en la que intervino Gitanillo de Triana correspondiendo a Fernando matar el toro causante de la tragedia , colma su sufrimiento y al desnudarse del traje de luces anuncia su próxima retirada cosa que lleva a cabo después de la corrida de Pablo Romero toreada en la Feria de Valladolid de 1941 y en la que un berrendo fue: “el toro que más miedo me ha hecho pasar” como comentó a un periodista.
Vuelve a los ruedos tras una actuación en un festival en la plaza de Valladolid, casien privado pero con lleno, y en la volvió a demostrar lo que siempre fue: un torerazo.
Y como la gente le pidió que volviese el toreo éste enfervorizado accedió reapareciendo en la feria de 1944.
Del díptico dentro del cual hemos contemplado al hombre y al torero, nos queda el aspecto de su personalidad enraizada en la generosidad, la caridad y el desprendimiento en favor de todo acto humanitario , presente desde el momento miso de iniciarse en la profesión.
Rosario de festivales que se inicia en el 1924 a favor de los niños tuberculosos y siguen en una centena que contaron con su concurso y generosidad hasta el último celebrado en Segovia en 1996 donde alternó son su sobrino Roberto Domínguez que fue su ojito derecho.
De entre ellos destacó el de Medina de Rioseco del que Fernando dijo: Nunca me he sentido tan a gusto toreando tan bien”
Y finalmente recordemos el festival organizado por él a beneficio del Santuario de la Virgen del Carmen en 1957 que fue un gran éxito económico y artístico por lo que se le nombró Hermano de Honor de la Cofradía. Y tuvo el emotivo rasgo de donar, para hacer un manto a la virgen el capote de paseo del día de la alternativa. La Providencia se sirvió del mismo para que de la imagen de su predilección pasara a envolver su cuerpo mortal en el tránsito a la eternidad.
ALFONSO GÓMEZ MORO “FINITO DE VALLADOLID”. ESTOQUEADOR DE ÉPOCA.
Deseoso de correr el albur del toro y frente a la oposición familiar, se lanza en pos de la aventura. El matadero que escala cada noche hurtando las horas de descanso, es su primera escuela donde da los primeros capotazos a las reses destinadas al sacrificio.
Su carrera comienza en las capeas de Tudela. El primer traje de luces lo viste en Castrojeriz. Su fama de valiente se consolida por las plazas de los pueblos castellanos rubricándolos en la plaza de Tetuán en su presentación en 1920. Repite el domingo siguiente y sale a hombros a pesar del desgarre de la nariz que le produce el toro.
Se presenta en Madrid en 1927 y como cortó una oreja es puesto en cartel dos veces más. Siguen los triunfos y las estocadas recibiendo, y en la calle, el cartel de NO HAY BILLETES.
Marcha a Caracas contratado para matar tres corridas y actúa en catorce, nueve de las cuales en el Nuevo Circo de la capital. Donde en noviembre de 1927 toma la alternativa de manos de el mexicano Luis Freg con el que rivaliza en noble competencia consagrándose ambos como grandes estoqueadores.
Vuelve a España en el año 1928 donde es recibido apoteósicamente por sus paisanos.
El empresario Eduardo Pagés le dio un homenaje en Valladolid al que se unió todo el pueblo en el que se le ofreció la alternativa donde ya se tenía dispuesta la corrida, pero como la administración no iba bien, todo quedó en agua de borrajas lo que le llevó a la retirada.
Nuevo intento de mantenerse en 1939. Torea en Valladolid donde a pesar de cortar orejas ya es tarde para competir con con los nuevos valores novilleriles.
Se hace banderillero actuando con los hijos de Dominguín.
Acaba como hombre de negocios taurinos, apoderado y representante de empresas donde adquiere una categoría reconocida a fuerza de caballerosidad tacto e inteligencia.
Fallece en Madrid donde residía el 18 de diciembre de 1959 de una enfermedad cardíaca.
Considerado como uno de los grandes estoqueadores de su tiempo que además poseía arrojo y valentía a la hora de irse tras la espada y dominio y tranquilidad a la hora de torear.
FÉLIX MERINO. GRANDEZA Y DESDICHA DE UN BUEN TORERO.
Empezó con su compañero de fatigas de su gran amigo Habanero.
Juntos de van a Madrid con la única patente de aspirantes a torero y, como no consiguieron el objetivo regresar a sus casas andando por carretera. Y al llegar a casa castigo al canto. Sus padres trataron por todos los medios de que abandonaran la lucha pero ellos erre que erre siguieron con sus escapadas y, entre sustos, alegrías y reprimendas llegaron a al meta deseada consiguiendo vestirse de luces. Ramón en 1913 y Félix en 1914, en Valladolid alternando con Habanero y Corral.
Logro principal la división de la afición vallisoletana en habaneristas y merinistas con lo que se logra la rivalidad.
Félix era considerado como torero valiente aunque sin estilo propio y matador seguro y fácil .
Al año siguiente se presenta en Tetuán (Madrid) con los mejores auspicios que le valieron cuatro actuaciones.
En el año 1916 logró el sueño de presentarse en Madrid.
Antes en la plaza de Valladolid en la Corrida de la Prensa efectuó la mejor faena de muleta que en su tierra se le vio, coronada con una gran estocada que le proporcionaron las orejas y el rabo.
Con este triunfo y la asistencia del empresario de Valladolid Sr Retama torea el 31 e agosto en Madrid.
Estuvo valiente pidiéndose la oreja entre aplausos.
Vuelve el día 10 de septiembre donde refrenda la buena impresión causada.
El mes de junio del año 1917 consigue grandes triunfos en las cuatro novilladas toreadas en Madrid que le colocan a las puertas de la alternativa, sobre todo en la celebrada el día 15 en la que solo en el ruedo por cogidas de sus compañeros de terna el público le señala como el legítimo seguidos de la Escuela de Belmonte.
Toma la alternativa en Madrid el 16 de septiembre de manos de Joselito y de testigo Belmonte.
Los dos días siguientes torea en Valladolid con resultado muy vario.
Pero esta carrera tan rápida y triunfal cambió de rumbo como consecuencia de una serie de problemas: ruptura con su apoderado, su apatía y el olvido por parte de la empresa que le había encumbrado.
Parece que iba a remontar pero el descorazonamiento le lleva a renunciar a la toma de alternativa.
Rehace su vida novilleril firmando bastantes actuaciones en Madrid y provincias.
En Valladolid lo hace tres tarde, alternando con los toreros más destacados Finito, Habanero y Domínguez.
Merino se presenta más torero que nunca para recuperar lo perdido.
Estas novilladas suponen para él el éxito más completo.
La Corrida de la Prensa, en la que actuaron los tres toreros mencionados da a la afición una tarde memorable .
En 1927 de nada le sirvió encerarse con corridas poderosas que otros no querían.
En la plaza de Úbeda del día 4 de octubre un toraco de Palha alcanzó al torero cuando se refugiaba en un burladero, hiriéndole de muerte. Los médicos no consideraron la herida de fatales consecuencias y autorizaron el traslado del diestro a Madrid aquella misma noche. Inesperadamente el día 8 dejó de existir en el Sanatorio del Perpétu Socorro.
El día del entierro Valladolid se manifestó en masa por las calles al paso del féretro para dar el adiós al popular y desgraciado torero.
MANOLO BLÁZQUEZ. TORERO POR UNA APUESTA.
-¿Cómo fue hacerte torero?
- Por una apuesta. Habíamos ido a Arévalo un grupo de muchachos.
-¿A que no le das un capotazo a un novillo?
- Se lo di, me gustó y aquí sigo.
Este es el origen de la profesión , sin más antecedentes , según el mismo declaró en una entrevista periodística.
Nace en Medina del Campo en 1936. Allí viste por primera vez su primer traje de luces, y también en la misma plaza debuta con picadores en 1955.
Se presenta con buenos antecedentes toreros en Madrid en 1957 con éxito halagüeño y esperanzados, pero una cornada en esta plaza y otra en San Sebastián achicaron su campo de actuaciones.
Tres tardes muy afortunadas en Barcelona en julio de 1961 le llevaron a la alternativa. .
Se la dio Manolo González en la plaza de Las Arenas de Barcelona con una lisonjera actuación le valió, junto a algún otro motivo, sentar sus reales en esa ciudad y desarrollar en ellas prácticamente su carrera profesional. Allí consiguió serie continuadas de actuaciones, triunfos sonados,con sus naturales traspiés, y despliegue total de la tauromaquia que llevaba dentro.
Los cronistas barceloneses le llamaban el torero de la suerte porque, según ellos se solía llevar el mejor toro del encierro.
R. Huertas relata en una de sus crónicas que la mejor faena de la vida taurina de Manolo Blázquez, probablemente fue a un toro de Antonio Pérez de San Fernando el 3 de septiembre de 1963..
Después de deudo catalán las actuaciones fueron bajando y con ello los ánimos hasta llevarle a la despedida en Medina en la feria de San Antolín de 1969 donde cortó la última oreja.
Ignoramos por que motivo no tomó la alternativa en Madrid donde había toreado varias veces.
Cuando ya nadie se acordaba de él, reaparece en Mediana en 1983 con una actuación sorprendente por lo artística, valiente y sincera.
El enfrentarse a los toros después de tantos años de ausencia de los ruedos , significó un mérito extraordinario y una dignidad profesional que mereció
el justo triunfo.
LOS LUGUILLANOS. DE SANTIAGO , EL MAESTRO, A DAVID, LA INCOGNITA.
Mucho tiempo después de su obligado alejamiento de los toros por por aquella malhadada cornada que cortó la carrera hacia a fama taurina he tenido la oportunidad de hablar con Santiago por distintos motivos, y de esas pláticas, sin objetivo determinado, he deducido cuan humano es frente a sus semejantes, sencillo y de un razonar que cuando uno le deja, hace pensar.
En su trayectoria profesional se muestra sin rencor en sus palabras, ni dolor cuando hubo de perder el sitio por percance, ante la incomprensión de los taurinos,para volver a empezar. Sin petulancia ni presunción ante efemérides tales como la salida por la puerta grande de Madrid, el triunfo en Sevilla, los contratos de Barcelona , y otras más.
Copiemos esas palabras del propio torero: “no se piensa , de una forma concreta , en el triunfo, la gloria, la fama o todo eso. Lo que sí se piensa es que, emprendido el duro camino de esta profesión , y a no ser que una fuerza mayor lo impida, uno debe llegar al máximo de sus posibilidades ; uno debe cumplirse a sí mismo y si no llegara a ocurrir así , la insatisfacción la haría sentirse frustrado”
Con este entendimiento del ser y estar en torero recorre los ruedos en su peregrinar que inicia en 1960 como novillero por los pueblos de Castilla ; luego con picadores por las plazas de importancia hasta la presentación en Madrid, en 1963.
Alternativa en Castellón y posterior confirmación en Las Ventas, triste corrida ésta para el toricantano, que vio desmoronados todos los sueños e ilusiones , que al alcance de las manos los tenía, cuando el traidor de Guardiola le infirió una muy grave cornada en la pierna, con la secuela de no poder recuperarse ya enteramente.
No obstante la merma de las facultades , el año 1967 significa para Santiago el de la conquista de la afición madrileña en una serie de corridas que son el resurgir y en las que tarde tras tarde , éxito, tras éxito , deja la huella imborrable de su toreoart´sitico y valeroso, ante el que el el público todo y la crítica, con sus plumas y aplausos, sancioan , sin lugar a duda, concediéndole los trofeos , las salidas a hombros y las crónicas , que que son un deleite de releer, por los revisteros de entonces.
Torero fácil con la muleta , hacía con frecuencia lo que se admira muy pocas veces ; la ensambladura del toro y al torero: la bravura de uno y el arte de otro . Faena reposada por el temple. Apuraba la embestida con armonía y ritmo; y sus pases largos, perfectamente ligados, sin dejarse enganchar la muleta por los pitones, tenían altura, variedad y buen gusto. Y tras de la espada se iba únicamente pensando en las orejas qu le calentaban las manos.
No siempre fue así, claro; pero esa racha del 67 y 68 le encumbró.
Hay que tener en cuenta también que el entorno en que se movía lo ocupaba, nada más y nada menos, que Diego Puerta, Paco Camino y El Cordobés con su toreo de garra y multitudinario.
Sin embargo de todo ello, la cornada no se curaba, las facultades decaían y la lucha no se podía sostener, ya que le imposibilitaba seguir toreando.
Antes de cerrar, quisiera escribir una líneas de como la conquista taurina de Valladolid por Santiago Castro fue empresa poco menos que imposible.
Apenas los aficionados llegamos a conoce y disfrutar de su toreo . Cualquiera que fueren las causas, ninguna justificaba, en nuestra opinión, la ausencia casi total de los carteles de las ferias vallisoletanas, quedándose sin saber la categoría rea del diestro de Mojados. ‘Que pena!
Des resto de la familia de los Luguillanos tenemos que decir algo de Clemente Castro “Luguillano el Grande” como se anunciaba últimamente, quizá por considerarse el patriarca de la dinastía. Comenzó siendo estudiante pero parece que en vez de las letras, lo que le atraía eran los pitones.
A Salamanca se fue no ha hacerse sabio, sino a llegar a ser torero con los mejores deseos y lleno de buena voluntad anduvo como novillero.
En 1965 sufrió una factura de brazo penosa y muy duradera, que le llevó a abandonar la profesión, cambiándola, para no huir del mundillo taurómaco, por la de empresario con más o menos fuste e incluso ganadero para redondear.
De Juan Carlos “Lugillano Chico” diremos que empezó con buenos modos, superó el tétanos que se le presentó como consecuencia de una cogida. Realizó la hazaña de matar seis novillos en Valladolid con gran éxito y que le hicieron aumentar sus actuaciones hasta llegar a la presentación en Madrid.
Luego de otra serie de novilladas se decide a tomar la alternativa en nuestra plaza el 30 de septiembre de 1971 de manos de Diego Puerta con “El Cordobés” de testigo donde los toros fueron de Salvador Guardiola.
Súbitamente decide retirarse, medida que él considera la más acertada y realista, abandonando definitivamente la profesión.
De los dos retoños de Clemente, Jorge y Davíd, toreros en ciernes, todos esperamos que despejen la incógnita de su toreo y logren ser toreros que lleven el nombre de Valladolid por doquier.
Éste es el taurinismo de Los Luguillanos de los que nunca olvidaré aquel paseíllo de “los cinco de la dinastía” en el festival de marzo del 85 en el que al frente de su cuadrillas llenaban el ruedo de la plaza con su paso tranquilo , cargado de recuerdos y nostalgias para unos -los idos- y de sueños y esperanzas par otros -los que empiezan.
ROBERTO DOMÍNGUEZ , EL RESCOLDO DE LA ESPERANZA.
Trazar una semblanza de su trayectoria taurina, a estas alturas, cuando todos los aficionados, sobre todo los vallisoletanos, conocen su línea de actuación a los largo de tantas y tantas corridas, resulta, sino difícil, sí complicado y fuera de las limitaciones de este trabajo.
Más como las corridas de Roberto comprenden, no podía ser de otra manera, actuaciones que llevan muy marcada huella de su personal interpretación del toreo que las sublima, aunque solo sea por el retazo, la pincelada o el pellizco artístico que las envuelve , así como lo incomprensible que para el público y aficionados otras malas y deprimentes faenas frente a toros no duros , sino boyantes , nos lleva a pensar en un carácter físico-psicológico o más bien en una dicotomía torero-hombre, hombre-torero.
Solo así se explica esa casi obsesión de no ser torero más que desde que se viste de luces hasta que se despoja del traje, privándole, creo yo, de su goce y posesión, posteriormente, y a las gentes como hombre, del atractivo que gana la voluntad y la imagen del torero que lleva dentro y que, en modo alguno quiere ni siquiera vislumbrar.
La vida de Roberto, taurinamente hablando, se mueve entre dos líneas, como la de todos los toreros: el triunfo o el ostracismo. Sin embargo este torero navega en otra singladura. La de que si haber plenamente triunfado y consolidado como figura, no ha caído en el olvido.
Ha demostrado en Madrid su clase torera a través de corridas y detalles y también excelentes condiciones de lidiador, en dificultades y peligros.
La plaza de Las Ventas es para él como la de Valladolid , su casa profesional, y resulta muy difícil encontrar torero alguno que haya sabido mantener una esperanza durante tan largo periodo de tiempo. Y esto porque la afición madrileña sigue creyendo, como nosotros,en que algún día este torero alcanzará el triunfo que le haga remontar hacia las alturas y salir por la puerta grande.
¿Cómo lograrlo?
Si las brasas del rescoldo que late oculto consigue una corriente de aire vivificador que las insufle, reapareciendo la llama con fuerza de hoguera y llamarada. Quiero decir, aplicando el símil al toreo de Roberto Domínguez, que su esplendido arte, hecho de cabeza y sentimiento , de técnica y estética, de inteligencia frente a la fuerza bruta, despierte , haga conmover a su yo, se lance a los ruedos y renazca de sus propias cenizas el torero que la afición toda y la vallisoletana , particularmente, espera paciente desde siempre. Este es el reto con que tiene que enfrentarse en esta hora baja, Roberto.
Decepcionar a su tío Fernando, que más de una vez dijo que su sobrino era mejor torero que el mismo ¡que ya es decir! , no puede en modo alguno hacerlo.
Quizá la esperanza naciente sea aquel encaje de arte y bella armonía que constituyó la faena de Medina del Campo de junio pasado.
¡Ojalá que así suceda!
JORGE MANRIQUE, EL RECIÉN LLEGADO.
No sé que le diría Jorge Manrique el “toricantano”que acaba de recibir de manos de Manzanares la muleta y el estoque que le investían de matador de toros cuando le brindó el toro Flautista de la ganadería de Gavira a su padre, aparte del beso y el abrazo.
Quizás, refiriéndose al nombre de toro,que la flauta no sonara por casualidad”
Y así fue; pues tras una faena bastante completa, un toreo valiente, inteligente con arte y sabor torero Flautista se fue al desolladero y Manrique con su triunfo, marchó en volandas de los seguidores a soñar quimeras.
Repitió tarde en la feria de Valladolid del 85 con otro triunfo digno, pero no tan abultado.
En este presenta año le hemos visto romper el fuego en la tradicional corrida de San Pedro Regalado en la que tuvo que medirse con otra clase de ganado , bronco y de lidia difícil, y ante el cual, pese a su entrega y deseos no pudo conseguir más que una tarde mediocre y discreta.
A ver si la suerte le acompaña en los contratos que vienen, y su toreo, con el aprendizaje y los méritos personales , logra una temporada que sea la base, para un asentamiento sólido, que le catapulta hacia la fama , que todos deseamos.
Y como final de la tarea, o “faena literaria” el más vivo deseo de que nuestros toreros se desperecen, cojan “el toro por los cuernos” -esta vez de verdad- fomente la pasión en los tendidos, discusiones en el público, y los aficionados podamos volver a la rivalidad y competencia que reseñada queda los años veintitantos, en que Valladolid vivía por y para los toros.
Y por otra parte, el sentimiento profundo y sincero de no poder ni siquiera relacionar, ya que daría lugar a fallos indeseables , a los muchos profesionales del toreo local que, vistiendo al traje de luces, dieron a la fiesta de los toros un papel digno y honroso que quiero resaltar y traer a la memoria.









Con esta segunda parte, finalizó el tema  y espero haya sido del interés de todos los seguidores de este blog. MUCHAS GRACIAS por seguirme.


sábado, 7 de febrero de 2026

EL TOREO Y LA TORERÍA.



EL TOREO Y LA TORERÍA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

En Valladolid por medio de la Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular editó una Colección que tituló como Cuadernos Valllisoletanos donde el número 12 fue escrito por mi respetado y buen amigo D. EMILIO CASARES HERRERO un vecino nacido en Viana de Cega (Valladolid) que dedicó cuarenta y cinco años de su vida a la docencia, en la especialidad de lengua francesa, primero en la Escuela Profesional de Comercio, como catedrático y director durante catorce años, continuando después en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales.
La otra faceta de su biografía la constituye su afición al toreo, casi desde su niñez llegando a convertirse en su verdadera pasión a la que ha dedicado cuanto tirmpo libre le ha permitido la ocupación familiar y profesional.
Espectador empedernido de la fiesta taurina, paulatinamente fue convirtiéndose en un impenitente bibliófilo y coleccionista taurino, logrando tras muchos años de búsqueda, que continúan hoy, husmeando por librerías de anticuarios , exposiciones y subastas , un fondo de libros, publicaciones, un fondo de libros, publicaciones, cartelería, grabados, pinturas, etc que, actualmente configuran una exposición museo - taurino verdaderamente singular y único.
D. Emilio ha sido corresponsal y colaborador en revistas especializadas y prensa diaria -particularmente en Valladolid- sobre la tauromaquia, tal como se entiende este término normalmente, y en el más amplio de la taurología, palabra esta que por cierto ha servido para denominar la primera cátedra creada por la Universidad Pontificia de Salamanca “como aportación interdisciplinar y científica al estudio del fenómeno taurino desde sus múltiples parámetros de acercamiento intelectual”
Una tarde pasó por mi clínica de perros de la calle Recoletas para regalarme un ejemplar dedicado de estos Cuadernos con el título de El toreo y la torería donde en sus 30 páginas hace una breve glosa, como el mismo dice, de lo que ha sido el toreo, desde su inicio a través de la historia, y teniendo presente la función de las distintas fuerzas que en cada época lo determinaron , referido todo ello de modo particular y concreto a Valladolid.
Al decir toreo, se refiere tanto a los toros como a los toreros, puesto que ambos elementos configuran la historia y evolución de la fiesta taurina, con sus aspectos artísticos, cruentos, valientes y hasta extravagantes.
En estas páginas comprobamos la constante histórica y permanente, tanto del toreo ecuestre como el de a pie.
Y, tras este paseillo pasemos al meollo de la cuestión.
FIESTAS DE TOROS.
El principio siempre estuvo en el toro ya que nada más aparecer este, se vio en su cabeza un impulso vigoroso y una fuerza tamaña con su cuerpo, con todos los instrumentos y armas que podía emplear en ofender al que lo irritase.
A este instinto natural el hombre le opuso su caza primero y luego el toreo mediante la cautela,la destreza, engaños y disimulos y también los halagos y astucias con valor.
La caza comportaba una doble finalidad: coger al toro vivo o matarlo según fuera el posterior destino.
La caza se efectuaba a pie con instrumentos contundentes y se siguió a caballo persiguiéndole hasta que lo agotaba y también mediante trampas y lazos.
Luego lo utilizaba, mediante la doma previa, para el trabajo y el transporte o bien para utilización lúdica lidiándole, bien a caballo o a pié.
Para el primer toreo se valió del toro cimarrón que era un toro silvestre, indócil dotado de fiereza natural que fue el inicio de la bravura.
REGIÓN CASTELLANO-LEONESA. MEMORIA MÁS ANTIGUA DE CORRER TOROS.
En nuestras provincias se recoge la existencia de fiestas de toros en el siglo IX.
Ya en el siglo X se destinan sitios fijos para correr toro en Zamora, y Ávila dándose la primera profesionalización del toreo en la capital abulense en el año 1080 con motivo de las bodas reales y por la concesión de órdenes sagradas a a seglares y monjes.
También es en Ávila donde se promulgan las primeras Ordenanzas para la reglamentación de las fiestas de los toros en el siglo XIV.
Otro tanto podemos decir de León desde 1135 con motivo de la coronación de Alfonso VII y en Burgos desde la visita del rey de Francia en 1551.
En cuanto a la iconografía testimonial contamos con la Estela de Clunia de Peñalva (Burgos) que representa la forma más antigua de lidiar toros.
La pinturas del alfarge del Claustro de Santo Domingo de Silos primicias del toreo caballeresco.
La reproducción taurina en la escalera de la Universidad de Salamanca.
Valladolid por aquellas épocas era una aldea nacida en terreno leonés , en una encrucijada de caminos y con misión de mercado.
Teniendo en cuenta que las provincias limítrofes, más antiguas en sus orígenes y en las que correr toros era habitual en los pueblos castellanos, no es aventurado suponer que, por costumbres afines, en el nuestro se celebraran tales regocijos y con las mismas particularidades.
Cuando Alfonso VI dispuso el paso al gobierno de Galicia de su hija Urraca y su marido, el Conde D. Ramón, algunos nobles partieron a Toledo en busca de la licencia de acompañamiento a sus gobernadores durante el viaje , y al presentarse en Ávila “Pedro Anzurez de Valladolid con la autorización solicitada, e otro Don Pedro de Trava obieron grandes folguras e festividades ca fueron lidiados muchos e asaz toros”
En las memorables justas que tuvieron lugar el año 1152 por el matrimonio del rey de Castilla D. Alfonso VII con doña Rica , en la que fueron llamados a tomar parte todos los nobles y caballeros de los reinos, el pueblo se entregó a las mayores alegrías, esparcimientos y correr toros.
El toro había pasado de ser objeto de caza, en su faceta campera a serlo de capeo al hacerse urbano, en una lidia desordenada y en palenques provisionales donde se hostigaba al ganado con mucha saña.
EL MATATOROS ANTES Y DESPUÉS DE LA “ENFAMACIÓN” DE ALFONSO EL SABIO.
Según Sangrador Vítores , en su “Historia de Valladolid”, no se puede menos de conceder al Rey Sabio un lugar preeminente en el engrandecimiento de la ciudad por las mercedes y privilegios concedidos no solo a la villa , sino a sus moradores. Y agrega , en lo que respecta al famoso Código de las Partidas que los primeros trabajos se comenzaron a ordenar en Valladolid, ya que el 23 de junio de 1255, fecha en la que se comenzó la obra, se hallaba el rey en la villa.
Desde finales del siglo XI y hasta la promulgación del mencionado Código, el matatoros trabaja solo o con compañeros divirtiendo al pueblo y viviendo de esa profesión. Su labor consistía en rematar las reses previamente corridas por las gentes del pueblo, duramente castigadas en una lidia muy cruel y tumultuosa.
Promulgada la Ley y declarados “como gente infamada y vil eran los que lidiaban por precio con bestia brava como toros en las corridas públicas”.
Por esta condena, los pueblos perdieron el espectáculo de los toros corridos a pie. Pero simultáneamente, el Rey reserva, en Castilla, la lidia a los caballeros, que por placer y divertimento, lanceaban toros en los patios de armas de los castillos.
Al adueñarse del toreo, los nobles, o siempre morían los toros de las lanzadas , y para rematarlos, se sirvieron de matatoros, que reaparecía así sin que alcanzase la infamación , en una modestísima actuación de desjarretador que le permitía cobrar el precio de su trabajo, o relegado a simple matarife, inadvertido de la gente.
Con esta disposición, el toreo pasó de los castillos a los cosos de los pueblos y explica la inexistencia de matatoros en Castilla y, naturalmente en Valladolid.
También las Cantigas del Rey Sabio en loor de la Virgen María nos proporcionan el primer testimonio gráfico que poseemos, en la miniatura que ilumina el canto CXLIV, de excepcional valor artístico, por el que un devoto salva la vida, a punto de perecer corneado corneado por un toro.
En la lámina se reconoce al toro en plena corrida , erizado de los dardos y venablos con que la concurrencia lo alcanzaba y hería.
EL TOREO CABALLERESCO EN LA DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS.
Este toreo caballeresco se suspende durante los reyes posteriores a Alfonso El Sabio, en que los nobles cambian los trastos de torear por las armas y siguen a los reyes cobrando territorios a los musulmanes invasores.
Durante el siglo XIV todos los ejercicios que implicaban valor y destreza absorbían a a soberanos y magnates.
Se conocen ya notas históricas relativas a fiestas de toros, tales como la de Valladolid referida a festejos taurinos celebrados con motivo del nacimiento de D. Pedro de Aguilar, hijo de Alfonso XI.
El valor caballeresco llegó a su máximo esplendor en el siglo XV, porque en el descanso de las luchas que sostenían, “bohordaban y toreaban a caballo” aunque no siempre conseguían acabar con los toros en la plaza.
En el reinado de don Juan II abundaron las fiestas de toros, entre ellas , la corrida real celebrada en Medina del Campo por el desposorio de este Rey con doña María hija del rey D. Fernando de Aragón y la del príncipe don Enrique con doña Blanca de Navarra, en 1440.
La afición iba en aumento de día en día. Los cosos taurinos tomaron tal incremento hasta el punto de en tiempos de los Reyes Católicos dona Isabel I enemiga del espectáculo, no se creyó con fuerzas de suprimirlo, y en 1493 escribía a su confesor Fray Hernando de Talavera, manifestándole con profundo sentimiento que por sí sola se consideraba impotente para quitar las fiestas de los toros. Sin embargo hizo lo que pudo para evitar las desgracias que ocasionaban y al efecto dispuso que los toros fueran corridos embolados y no pareciéndola esta medida suficiente, dio la idea de que unas astas postizas colocadas sobre las naturales hiciera menos que inofensiva la acometida de la res. Pero como la idea no arraigó ni en lidiadores ni en aficionados, se volvió a la lidia a cuerno limpio.
La entrada en Valladolid del hijo de los Reyes Católicos en junio del año 1497 se festejó con corrida de toros.
En los festejos populares el Concejo en las fiestas tradicionales de San Juan y Santiago organizaba regocijos taurinos para solaz y esparcimiento del pueblo aficionado.
El Valladolid taurino del siglo XVI se caracterizaba por una forma de toreo ecuestre, que se desarrollaba aprovechando la estancia de los reyes en la capital le obsequiaba el Regimiento y en el que tomaba parte activa el pueblo, realizando mojigangas, invenciones, suertes extravagantes, ridículas, arquetipo de las capeas primitivas.
Con motivo de la llegada a Valladolid de D.Felipe “El Hermoso” y doña Juana “La Loca” se celebraron fiestas reales en las que tomó parte el propio rey.
CARLOS I. ALANCEADOR DE TOROS.
Durante el reinado de este monarca las fiestas de los toros tomaron un brillo inusitado por la afición del propio emperador que incluso participaba en ellas de forma activa.
Entre todas las que se celebraron destacó la que narra Zapata en la que:”El Emperador salió un día 7 de julio de 1517 a unos toros en Valladolid delante de la emperatriz y sus damas. Era un toro grande y negro como un cuervo de nombre Mahoma. La expectación era máxima. Aunque el toro era muy bravo el toro no quiso al Emperador , sino junto a San Francisco (nuestra famosa “Acera” se estaba quedo, parado,bufando y escarbando. Entonces llegó don Pero Vélez de Guevara, un caballero viejo , gran maestre en aquel arte, y dijo: “Así le había de llamar vuestra Majestad para que le entrase” y el Emperador le contestó: “Id vos y veamos como hacéis”
Fue a él don Pero Vélez ; parte contra él luego el toro, y derríbale, y échale fuera las tripas a su caballo, y vuelve a pie muy corrido al emperador que le dijo: “Esa lección, don Pero, yo no la pienso tomar , si a Dios le place”.
Torna el toro a volverse a su puesto como antes , y como no venía a él, parte para él el emperador y dale por el cerviguillo una lanzada , de la que cayó luego muero , enclavado en la lanza.
Felipe II nació y se crió en el periodo arrogante y gallardo del toreo caballeresco y aunque no era tan aficionado como su augusto padre fue uno de los más constantes defensores de de la fiestas de los toros. , logrando que la Iglesia levantara censuras y excomuniones . Se mantuvo firme contra el Concilio de Toledo que intentó suprimirlas y contra las Cortes de Castilla de 1566 que acordó derogarlas paro el rey se negó refrendar tal acuerdo alegando que; “en cuanto al correr de los dichos toros , esta es una muy antigua y general costumbre destos nuestros reinos y para la quitar será menester mirar más en ello y ansí por agora , no conviene se haga novedad”
Fueron muchas las oportunidades que la ciudad de Valladolid tuvo para festejarle. Así la Corrida en Homenaje a los Procuradores en Cortes presidida por los todavía príncipes el 27 de abril de 1544; la del casamiento de Maximiliano II de Austria con su prima carnal dona María.
Su última visita a Valladolid el 11 de junio de 1592 fue celebrada con una gran fiesta real de toros descrita por Jehan Lhermite historiador del Rey en su libro Passetemps.
El toreo de nobleza adquiere su máximo esplendor en el siglo XVII durante los reinados de Felipe III y Felipe IV. El primero se holgaba mucho de ver correr toros , halagar a la Corte y agasajar al pueblo. El segundo disfrutaba de una diuversión que el entusiasmaba tomando parte activa en la fiesta rompiendo lanzas y quebrando rejones.
Felipe III era el dueño de la vacada llamada Real Patrimonio der la que salió la famosa casta jijona. Reorganizó las Viejas Hermandades de Caballería que recrearía con el nombre de Reales Maestranzas de Caballería, crisol de los grandes caballeros de la jineta.
Felipe IV siguió cuidando la ganadería de su padre como propietario.
Por otra parte con la práctica se multiplicaban las maneras de rejonear y se depuraba su estilo , además de aumentar constantemente la variedad de lances y accidentes que habían de sugerir nuevas normas ; lo que dio como resultado la escritura y publicación de una amplia preceptiva conocida con los nombres de cartillas, reglas y advertencias.
Estos grandes espectáculos taurinos exigían grandes preparativos y desembolsos ;daban mucho trabajo a escribanos y amanuenses ; quebraderos de cabeza a a los propietarios de inmuebles donde se celebraban y continuos pleitos por el repartimiento de balcones ,armado de tableros , asistencia de las corporaciones , propinas, distribución de colaciones , etc. Llovían los pedigüeños que con más o menos títulos querían presenciar las fiestas sin mengua para su bolsa (lo mismo que en en 1986).
La lidia seguía desarrollándose en plena anarquía , a pesar de los esfuerzos que, a golpe de pregón , se hacían para sujetar y dirigir tamaño desorden y para disciplinar a las gentes en el ruedo y en los andamios , con empleo de capas, colocación de dardos. Era permitido toda clase de extravagancias , suertes absurdas y el desjarrete para acabar con los toros. Junto esta modalidad del toreo a pie, estaba la ecuestre de los caballeros rejoneadores, jugando u burlando las acometidas del toro y echando mano de las espadas para acabarlos , cuando quedaban desmontados.
Este es el entorno general del siglo XVII y dentro del cual se desarrollan las fiestas de toros que en Valladolid tenían lugar en honor de sus ilustres huéspedes , que comienzan con la instalación de la Corte de Felipe III y, que convierte a la ciudad en una de las más atractiva del mundo aquel. Todos se desviven por retener y recrearle con toda clase de fiestas y, entre ellas, la de alancear toros y correr cañas.
Nos cuenta el cronista Cabrea de Córdoba que el 9 de agosto de 1603 se corrieron toros en la plazuela detrás de palacio, reservándose el toro más bravo para ser corrido al siguiente día en el mismo lugar y que el Rey , desde la ventana , le disparó cuatro arcabuzazos derribándole con el postrero , que le alcanzó en la frente.
El mismo escritor nos facilita otra faceta de sus habilidades y que dice así: “El domingo 7 de julio de 1607, que fue el día antes que S.M, partiese de Valladolid, quiso ver pelear el león con un toro. Encerráronlos en la plazuela detrás de palacio que estaba cercada de tablas. El león es muy nuevo y luego se acobardó, y ala primera suerte le volteó el toro con lo cual siempre anduvo huyendo y, aunque le picaban con un garrochón nada aprovechó para que acometiese al toro y S. M tiró tres jaras con una ballesta al toro y todas le acertaron y siempre hacía acometimiento contra el león, el cual monstró siempre cobardía. Echaro lebreles al toro y, aunque se defendió más de una hora, al cabo le asieron y con esto le desjarretaron.
Consignemos finalmente la fiesta real de toros y cañas celebrada en Valladolid el día 10 de junio de 1605 que fue sin lugar a dudas la más famosa que nunca hubo y la más detallada descrita por Pinheiro da Vega en su Fastigia.
Veamos: Por la mañana : encierro de 16 toros que les van a esperar a una legua. . Preparación de la plaza, enarenarla, regarla con carros con sus pipas, dejándola así como la palma de la mano: La plaza se ofrecía hermosa con su palenque hasta el primer piso. Toda ella ocupada por más de 40.000 personas.
A las once estaban ya todos los sitios ocupados y las ventanas muy adornadas. Cerca de las doce entraron los reyes en su carrozas reales con su séquito y ceremonial de saludos , pleitesías y colocación protocolaria. . A las dos entró la guardia de los alabarderos que hicieron del despeje de gente. Estando todo a punto, entraron los alanceadores , títulos, hidalgo y señores con diversas libreas alanceando los toros.
De su resultado, he aquí lo que dice la Relación impresa en Córdoba en 1605:
Los toros fueron buenos aunque la mucha genta casi no les dexaua menear. Vuo muchos caualleros con rexones y los que se señalaron fueron el Marqués de Barcarota y un hijo de Cristóbal de Barrios ,a al Duque de Alba le mataron una caballo muy bueno y otros dos a otro caballero . Entró también con lanza D. Pedro de Mendoça, no le entró bien el toro , hízolo mucho mejor que el primero.. No sucedió desgracia sinoi en gente ordinaria. Comieron sus Magestades en la plaza en el Consistorio de la ciudad por cuya cuenta se hizo el plato.
Pasemos ahora a relatar algunas de las corridas de toros celebradas en Valladolid durante el reinado de Felipe IV, rey que tenía por aficiones predilectas: la caza, los toros y las comedias.
El nacimiento del infante D. Felipe Próspero el deseado hijo de del Rey Felipe IV y doña Mariana de Austria. Fue celebrado en varias localidades por toda España y no faltó en Valladolid donde el 11 de diciembre de 1657se celebraron fiestas con toreo a pie y a caballo. Pero debido a una inundación y hubieron de ser aplazadas hasta después de las Páscuas.
En ella intervinieron D. Diego de Ribera, del Ábito de Alcántara y D. Gerónimo de Villasante, del Ábito de Santiago. Se corrieron 16 toros a los que el caballero Villasante toreó embozado , quebrando otros tantos rejones”.
La presencia en nuestra ciudad del Rey, en 1660 fue festejada con un Despeño de toros al río Pisuerga, que presidió desde el Palacio de la Huerta del Rey.
El despeño de toros era un juego carente de arte que consistía en hacer resbalar a los toros por un plano muy inclinado para facilitar su deslizamiento,haciéndolos caer a una superficie líquida situada en un plano inferior donde eran rematados de no haber perecido en el transcurso del lance, por la multitud instalada en barcas o por nadadores.
En 1668 Valladolid celebra la traslación del Santísimo Sacramento a su nueva y Real Iglesia Mayor con infinidad de festejos entre los que no podían estar ausentes los taurinos que ocuparon los tres últimos días de los cinco que duraron los públicos regocijos . Hubo despeño de 15 toros, dos de los cuales entraron en la Huerta de los Frailes de la Trinidad, que tuvieron gran fiesta con ellos.
En diciembre de 1679 para celebrar el regio enlace de Carlos II con María Luisa de Borbón el lunes dia 18 presenciaron un nuevo despeño de treinta toros.
En estos despeños acuáticos sobresale el triángulo Lerma – Valladolid- Cuenca.
Con el reinado de Carlos II la gente apunta hacia nuevos derroteros y al rejoncillo le sale al paso, en competencia, la vara larga.
Como Carlos II residió en Valladolid durante la semana del 5 al 11 de mayo se 1690 por su segundo enlace con María Ana de Neoburgo la ciudad se esforzó en obsequiar a la regia pareja con toda clase de regocijos donde donde podían faltar la corrida de toros.
El viajero francés Jean Leónard nos narra los pormenores del viaje de la reina María Ana desde el Ferrol donde desembarcó hasta Madrid, donde de forma cronológica narra los festejos con la que le obsequiaron en el itinerario.
Ya en Valladolid los días 6, 8, 9 y 10 hubo rejones y despeño.
Destacó el Marqués de Valverde acompañado de sus cien lacayos y quince bellos caballos que actuó con brillantez siendo felicitado por SS,MM .
Y ya estamos en el siglo XVIII donde hay grandes mutaciones en el espectáculo que queda en manos del pueblo que opta por el toreo a pie pasando los toreros de meros auxiliares de los caballeros a protagonistas.
LA TRANSICIÓN DEL VARILARGUERO Y RESTAURACIÓN DEL TOREO PROFESIONAL.
Los albores del siglo XVIII se caracteriza por la poca afición que demostraron los reyes por las corridas de toros, lo que motivó la retira de los nobles de los ruedos con lo que aparece el varilarguero para ocupar el vació dejado por la nobleza y abrir la marcha en el paseíllo para después ocuparse de detener con el hierro el ímpetu de las reses. Se les llamó toreros de la vara de detener o vara larga.
Destacaron en esta labor José Daza que fue el codificador de este toreo.
Los varilargueros crecen y se transforman para juntarse, las dos corrientes de a pie. La que los auxiliares y lacayos realizaban realizaban junto al caballero rejoneador y la que se implantaba con total independencia de éste : las cuadrillas de profesionales. El toreo se adorna y se diversifica . La destreza en los profesionales suaviza sus aspectos más duros. Se clavan a pares las banderillas y los capotes se emplean no para tapar al toro , sino para guiar y desviar su trayectoria . Más tarde, la práctica de matar cara a cara a los toros es causa de la invención de la muleta . Se amplían las suertes mietras los españoles se divierten con toda clase de inventivas, mojigangas , etc.
Las cuadrillas de a pie absorben el protagonismo en detrimento del varilarguero que pasa a ser servidor del jefe de cuadrilla y, transformado en picador será un elemento más del orden y reglamentación del espectáculo que adquirirá hacia el año 1770 la estructura de la actual corrida de toros a las que ya se le han fijado unas primeras ordenaciones y, algunos años más tarde, la codificación del toreo a pie por José Delgado Hillo.
En el toreo a pie figuran, la actuación de algún varilarguero y caballero en plaza con algún nombre como los de Macadán, Marcelino y Sancho Montenegro; estos dos últimos solo se mencionan en las corridas en honor de San Pedro Regalado de 1747.
En 1775 se corres unos novillos en el en el patio grande de las Comedias como cosa nunca vista.
Hubo corridas por solemnidades religiosas como el acabado del dorado del retablo de Jesús Nazareno, o la colocación de san Pedro Regalado en su capilla o la de la Virgen de la Piedad en la suya.
Se trasladan los festejos de San Juan y Santiago en torno a la festividad de San Mateo.
Y se termina el siglo con las novilladas celebradas en 1787 publicadas por el Diario Pinciano con ganado del Raso de Portillo y en las que intervinieron Francisco Garcés y Francisco Seco.
Hubo mucho orden, concurrencia y satisfacción general y hasta considerables ganancias. Todo salió redondo.













Espero que esta primera parte de les haya interesado.
¡GRACIAS! por seguir este blog.