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viernes, 13 de febrero de 2026

LA COLECCIÓN DE TOROS Y TOREROS DEL MUESEO NACIONAL DE ESCULTURA, VALLADOLI 1999,

LA COLECCIÓN DE TOROS Y TOREROS DEL MUSEO NACIONAL DE LA ESCULTURA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Cuando llegó mi edad de jubilación y, dado que mi mujer es de Tarifa, cambié mi residencia de Valladolid, una ciudad excelente y, como capital de la Comunidad de Castilla y León, con muchos eventos culturales interesantes, por un pueblo que en el invierno está prácticamente muerto, tanto cultural como en el comercio y que, únicamente levanta cabeza en el verano donde el turista acude en masa y colapsa toda la ciudad contribuyendo a encarecer la vida sin otra ventaja para los que somos vecinos de la ciudad más meridional de la península ibérica, que encarecernos la vida hasta límites insoportables para los que vivimos de la paga que la jubilación nos ha deparado.
Por estas circunstancias eche de menos eventos que pude admirar, como la exposición que Miguel Ángel Cortés por entonces Secretario de Estado de Cultura montó en el Museo Nacional de Escultura con el importante lote de esculturas que adquirió a propuesta de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes de Patrimonio Histórico Español, el Ministerio de Educación y Cultura que representaban una Corrida de Toros interpretada por sus protagonistas a través de las diferentes suertes de la lidia y que permanecerá de manera permanente en el Museo y que reforzarán las colecciones que alberga el edificio del palacio de Villena con las colecciones de los siglos XVIII y XIX.
Y sigo con la exposición.
Cuando José Sánchez de Neira publica su libro Gran Diccionario Taurómaco, refundación de otro anterior editado llamado El Torero, lamenta no haber podido averiguar a pesar de haberlo intentado denodadamente el nombre del escultor a quien deben las bellas artes la más original, acabada, e inmejorable colección de figuras de talla que representando a toreros y caballos, tiene en su palacio llamado Alameda.
Fue esta la primera ocasión en que se citan las esculturas representativas de diferentes suertes taurinas.
Se vienen atribuyendo al escultor granadino Pedro Antonio Hermoso aunque en determinadas obras no se le cita como autor de las mismas, si bien aparece su nombre por primera vez en el Catálogo de la exposición El arte en la tauromaquia, organizada en 1918 por la Sociedad Española de Amigos del Arte, en la que por falta de espacio se exhibieron solamente tres grupos y que el Conde de las Almenas afirma que fue el granadino el autor de las mismas bajo la dirección de Goya.
En el Catálogo de la exposición dedicada al Arte del Toreo, organizado por el Ayuntamiento de Sevilla en 1945 en la que figuran cinco de las siete que componen estos siete grupos, se prefirió describirlas tan solo como figuras de talla, vestidas y de la época de Goya sin formular ninguna precisión.
Estos grupos policromados con escenas taurinas, fueron estimadas en 1951 por la prestigiosa historiadora de escultura María Gómez Moreno como una nota original dentro del catálogo del citado escultor granadino.
Hermoso dio una nota de sabor casticista con sus pequeños grupos de temas taurinos.
En la exposición titulada Toros y Toreros en la escultura españolas, celebrada en Madrid en 1987, se expusieron cuatro de estas escenas detallando Álvaro Martínez Novillo autor del catálogo, que en realidad se conservan cerca de una treintena de figuras talladas en madera; toreros, caballos, mulillas, y demás intervinientes con el vestuario original de la época, lo que constituye una muestra de valor etnográfico de primer orden, aparte del mérito artístico con el que están talladas todas las figuras. Apreciando este autor que las citadas esculturas reproducen las auténticas efigies de los grandes toreros del momento y que conceptualmente responden a la corriente artística taurófila a la que pertenecieron los pintores Francisco de Goya y Antonio Carnicero o el grabador Juan de la Cruz Olmedilla.
Cuando María Elena Gómez Moreno en 1993 estudió la figura del escultor Hermoso subrayó que su limitada estimación se redime por los pequeños grupos de barro policromado con escenas taurinas que posee el Duque del Infantado con figuras de unos 50cm de alto representando escenas reales como la de Pedro Romero entrando a matar; Costillares después de una estocada o el picador Morilla sorprendido por el toro al ir a ejecutar la suerte, ya que según la historiadora responden a un gusto granadino por la escultura pequeña y preludian los barros románticos de los talleres de Granada y Málaga.
PROCEDENCIA DE LA COLECCIÓN.
Puede sospecharse que todos estos grupos hayan formado parte de un conjunto destinados a instalarse en el interior de un salón, de forma similar a los belenes napolitanos o españoles contemporáneos, reproduciendo parcial o totalmente el interior de una plaza o coso o bien montadas en escaparates o vitrinas de manera independientes cada una de las suertes representadas.
Tampoco se sabe si en origen el número de figuras, tanto las de animales como las humanas, sería mayor aunque dado el argumento genérico se podría fácilmente ampliar; todo depende de lo que contratara el autor y de lo que se quiso representar en la historia narrada, sin duda directamente relacionada con un hecho real. Para averiguar éste resulta imprescindible conocer la procedencia de todo el conjunto.
Sánchez Neira dice que el coleccionista de obras de arte D. Pedro Téllez Girón (m.1884) adquirió las figuras en la venta de los bienes que fueron embargados, por real decreto de 17 de octubre de 1833, al infante de España D. Carlos María Isidro de Borbón (1788-1855) hermano del monarca Fernando VII (m.1833), al no acatar las disposiciones sucesorias de éste. Trasladadas por el nuevo propietario a la famosa Quinta Canillejas, conocida popularmente por Alameda de Osuna permanecieron allí hasta que con motivo de la bancarrota que sufrió aquél título nobiliario, sus colecciones artísticas se dispersaron y fueron adquiridas por el nuevo Duque del Infantado que las instaló en el Castillo de Viñuelas (Madrid).
IDENTIFICACIÓN DE LOS PROTAGONISTAS.
Sánchez Neira sobre la identificación de los protagonistas dice que los toreros representados con trajes de de la época del primer tercio del siglo XIX son retratos originales de los célebres Joaquín Rodríguez “Costillares”, Pedro Romero y José Delgado Guerra Pepe Illo” lo mismo que el del afamado picador Laureano Ortega y del aventajado banderillero Nonilla.
Como en 1789 Joaquín Rodríguez Costillares (1746?-1800?)y su discípulo “Pepe Hillo” (1754-1801)coincidieron en Madrid con Pedro Romero (1754-1801) y que las restantes figuras de toreros que se han identificado son las del banderillero andaluz Manuel Rodríguez Nona apodado Nonilla, miembro desde 1782 de la cuadrilla de Costillares y que participó en todas las corridas importantes que se celebraron en la Corte, y del picador Laureano Ortega de la Isla, natural del Puerto de Santa María, puede sospecharse que el argumento de este conjunto escultórico coincida con lances sucedidos durante una determinada corrida de toros.
Todos ellos intervinieron en las funciones reales organizadas en la Plaza Mayor de Madrid por el Corregidor José Antonio de Amona los días 17,22,24 y 28 de septiembre de 1789 para celebrar la coronación del monarca Carlos IV y la jura del príncipe heredero el futuro Fernando VII. Que además de por las crónicas se se hicieron de las mismas fueron recordadas por una acuarela muy bella conservada en el año 1926 atribuida al pintor Luís Paret y un grabado más modesto del mismo festejo propiedad de la colección de P. Vindel
En una carta de Pedro Romero se cuenta un detalle sucedido durante lidia de un toro lidiado en las mencionadas corridas reales donde se cuenta: acorralado el animal en el Rincón del Peso Real de la plaza madrileña Pepe Hillo se fue directo al toro y viendo yo el sitio que estaba le dije: compañero deje usted, lo sacaremos de ahí. Volvió la cara y me miró sin contestarme; yo que advertí esto, me retiré un poco y lo deje ir; el resultado fue que lo cogió y lo hirió muy mal; lo agarramos y lo llevamos al balcón de la Excma señora duquesa de Osuna. El traslado del matador herido, inspiraría al artista uno de los grupos procedentes procedentes de la Colección Infantado, que tanta relación presenta su composición con las creadas por Francisco de Goya tituladas: El albañil herido, el albañil borracho éste último pintado para la Alameda de Osuna,
Hemos de aclarar que el torero fue banderillero y no picador por lo que su figura no se debe reconocer con la del jinete que actúa en el grupo: Sorpresa del picador Monilla.
Se deduce que la realización de las figuras se produjera a partir de la celebración de los citados festejos taurinos con motivo de la jura de Carlos IV lo que no podría sostener la noticia de que fuese su primer propietario el Infante D. Carlos María Isidro ya que éste contaba con una año de edad cuando se celebraban esos festejos si bien pudo adquirirlas muchos años después.
De ahí que se suponga que fue el propio monarca Carlos IV quien encargara las figuras al artista ya que las corridas regias se celebraron en honor de propio monarca y de su hijo el Príncipe Fernando y que éste se limitase a heredarlas de su padre lo que se podría comprobar estudiando el testamento de Carlos IV.
LOS GRUPOS ESCULTÓRICOS.
Sánchez Neira precisa que todo el conjunto se componía de cinco grupo de tres toreros realizando distintas actitudes :tres suertes de matar y dos de varas con un grupo de mulillas arrastrando al toro, y un alguacil a caballo todo el grupo tallado por una persona sumamente entendida en el arte de torear.
Todos los que han tratado este tema no han precisado de cuantas figuras constaba este conjunto ni tampoco sus medidas. Al desconocerse como fue su montaje original, ni haberse expuesto anteriormente todos los grupos conjuntamente, su colocación puede resultar caprichosa ya que algunas de las actitudes de los actores no está bien definidas o pueden ser ambivalentes, multiplicándose las dificultades para su correcta distribución expositiva.
Los grupos se hallan integrados por un total de veintisiete figuras, dieciocho de los cuales con toreros, tres son caballos, dos mulillas y los restantes toros.
Dados sus respectivos argumentos podrían denominarse: “el alguacilillo a caballo acompañado de dos toreros “la suerte de varas del picador Laureano Ortega de Isla”; el banderillero Manuel Nonilla acompañado de otro peón”; “un picador con el caballo herido””el matador Pepe Hillo herido acompañado por dos toreros”; “Pedro Romero entrando a matar el toro”; “Pepe Hillo señalando la muerte del toro ante Costillares y otros dos toreros”; y “dos peones preparan el enganche del toro muerto”; “las mulillas fustigadas por un mozo”.
Todas las figuras humanas aparecen vestidas con trajes que responden a los atuendos toreriles de la época y los caballos o las mulillas se encuentran enjaezadas apropiadamente.
El tamaño medio de las figuras de a pie es de 60 cm, mientras que las montadas a caballo alcanzan 1 metro de altura.
Lógicamente los toros son los que presentan mayor tamaño.
Todas las figuras están talladas en madera y sus cabezas y manos está policromadas y algunas tienen sus brazos articulados permitiendo diversas posiciones.
Esta representación escultórica de la Corrida de Toros, auténtico asunto popular tomado del natural puede relacionarse con la disposición dictada para utilizar como argumentos de los tapices trabajados en las manufacturas de la Corte temas o motivos inspirados en la vida del pueblo , figurando entre ellos, naturalmente, las escenas taurinas tal y como las pintaron Ramón Bayeu o su cuñado Goya , suscitándose a partir de entonces una gran interés por los asuntos de la lidia y de sus protagonistas que se convierten en modelos de pintores y dibujantes tal como se aprecia en los retratos de Costillares y Romero, de cuerpo entero y vestidos de toreros, grabados por el madrileño Juan de la Cruz.
Sánchez Neira cuenta que cuando todo el conjunto de figuras pertenecían al Duque del Infantado el administrados de la finca La Alameda de Osuna D. José María Díaz de Ceballos advirtió la desaparición de la escultura que representaba a Pepe Hillo y no fue capaz de averiguar cuando fue sustraída ni por quien por lo que encargó a persona competente para que buscase por todos los medios a cualquier precio.
La figura fue encontrada en El Rastro de Madrid por el señor Fonseca que la adquirió por la suma de 2.000 reales y como era restaurador y, dado que a la figura la habían despojado de su traje lo reemplazó por otro que hizo el señor París, sastre del Teatro Real.
La importancia de estos grupos les hace incomparables con cualquier obra conocida a pesar de que su originalidad pueda ser pareja con los grupos de la Matanza de los Inocentes modelados por el escultor José Ginés para el Belén del Príncipe procedentes del secuestro de los bienes del Infante D. Carlos que se conservan en la Real Academia de San Fernando.
Algún entendido en arte calificó a estas figuras como: “la gracia de su actitudes , concebidas casi como pases de una danza interpretada por modelos pintados por Camarón o Carnicero, la delicadeza del acabado de sus rostros policromados evocadores de las figuras de porcelana o los bizcochos del Buen Retiro, su cánon esbelto o el pormenorizado estudio de los elegantes atuendos toreriles, contrastan con la violenta furia expresada por las embestidas de los toros o el apurado estudio anatómico de los restantes animales”.





















     






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