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martes, 10 de febrero de 2009

LA SEXTA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.











Con una plaza casi llena, se celebró la última corrida del ciclo taurino 1972.
Presidió el comisario del Cuerpo Nacional de Policía Sr. Zalama que estuvo asesorado en materia taurina por “Larita”.
En un burladero del callejón presenció la corrida el Presidente de las Cortes Sr. Rodríguez Valcárcel acompañado por el gobernador civil.
Hay algunos toreros que han tenido mala suerte con las cogidas a lo largo de su trayectoria taurina. Están como gafados. Y uno de ellos es el diestro de Villalpando Andrés Vázquez que actuaba como director de lidia en la última corrida del ciclo ferial Valladolid 1972.
Y no es porque no conociera su oficio, perfectamente aprendido en esas plazas de talanqueras y con toros que sobrepasaban los seis años, sino por ese destino que nos viene marcado desde el nacimiento.
Lo cierto es que el bueno de Andrés fue atrapado por esos duendes, que de continuo le rondan, y el astifino pitón del toro que abrió plaza encarnó en los músculos del muslo izquierdo del diestro zamorano.
El primer toro de la tarde que, como toda la corrida, pertenecía al hierro del torero ganadero Diego Puerta, fue saludado por Andrés Vázquez con unas verónicas que al ser rematadas con una media superior merecieron que la ovación manara espontáneamente del corazón de los vallisoletanos.







Cuando tras ser picado el astado, Andrés se disponía a realizar en su quite, el tercer lance en una serie de chicuelinas, tropezó delante del toro, cayó al suelo y como su oponente tenía bravura y casta, se fue a por él, lo zarandeó, lo elevó como quien eleva una pluma y mientras caía comenzó a tirarle cornadas hasta que una de ellas acertó. Andrés Vázquez pasó, en manos de las asistencias, a la enfermería.
En la enfermería de la plaza fue operado por el doctor D. Ángel Palencia auxiliado por su equipo quirúrgico, quien al final de corrida emitió el siguiente parte facultativo:
“El diestro Andrés Vázquez fue asistido de herida por asta de toro en el muslo izquierdo con trayecto subcutáneo y descendente de unos ocho centímetros de longitud. Pronóstico grave".
Con esta tragedia, la corrida quedó en un mano a mano entre el diestro de Fuengirola, Miguél Márquez y Julián García que hubieron de entendérselas con una extraordinaria corrida, brava, encastada y que fue muy aplaudida en conjunto cuando los seis ejemplares de Diego Puerta iban camino del desolladero.
Una ganadería que hacía su presentación en el coso del Paseo de Zorrilla y que de haber caído en otras manos que les hubieran dado distancia, hubieran evitado esa blandura con que llegaron a la muleta.
Fue para mí, la corrida de esta feria. La corrida de más y mejor trapío, la de más bravura, no exenta de nobleza.

En el toro que “echó mano” a Andrés Vázquez, el encargado de lidiarlo, Miguel Márquez, realizó una faena encimista, pero carente de aguante, con pases sobre ambas manos tanto en pie como de rodillas.
Mató de una estocada caída que le valió el premio de una oreja.

El segundo oponente, tercero de la corrida llegó bastante aplomado a la muleta debido a que de salida se estrello destrozando materialmente la barrera para seguidamente saltar al callejón cayendo de mala manera.
Por si encima esto fuera poco, el picador se agarró en las dos entradas en la paletilla, destrozándo el cartílago de prolongación escapular con lo que el animalito hubo de realizar verdaderos esfuerzos para seguir la muleta a causa del dolor experimentado.
Miguel Márquez tras brindar al público, realizo un faena de amor propio que llegó al público vallisoletano prolijo en valorar las ganas de triunfo.
Recibió aplausos y salida al tercio cuando acabó con el astado de pinchazo y media estocada.

Al quinto de la tarde Miguel Márquez lo lanceo con brillantez de salida.
Tras brindar a la Reina de la Fiestas y damas de honor, realizó una faena a base de tandas aseadas de redondos y naturales donde el encimismo fue la nota predominante. Nunca dio distancia al astado tratando de aliviarlo. No obstante el público lo aplaudió durante la faena y le concedió por la misma una oreja a pesar de que lo finiquitó de varios pinchazos y una media estocada final.

Julián García, tiene de todo como en “botica”. Unas veces estuvo demasiado torpe, otras valiente y otras aseado.
En su primero, que lucía unos enormes pitones, no se arredró y lo toreo incluso con cabeza para que la música sonara durante sus serie de pie y de rodillas.
Finalizó de pinchazo, descabello y pitos.

A su segundo, un toro de enorme trapío, lo lanceo con brillantez y torería.
Su faena transcurrió entre lances de rodillas en silla y sobre la arena. Faena en la cercanía a base de derechazos, naturales, giraldillas que encandilaron a parte de la solanera, al transcurrir la faena en la zona de toriles.
Mató de una estocada, donde realizó perfectamente la suerte, y un descabello, pidiéndose la oreja.

Al último de la tarde, Julián García, le realizó una faena meritoria sobre la mano izquierda. Todo valor, exceso de barullo y falta de estilo.
Al matar de tres pinchazos, uno hondo, fue despedido con aplausos.

No estuvieron bien los del castoreño. Destacó en banderillas Miguel Montenegro.
En la información gráfica de la corrida destacaron unos apuntes rápidos a lápiz que por su interés reproduzco para que lo vea mi buen amigo Andrés Vázquez a quien el veterinario de su pueblo se lo enseñará a través de Internet cuando entre en este blog del que me consta que es seguidor. Un abrazo para ambos amigos.

lunes, 9 de febrero de 2009

LA QUINTA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.






Unos momentos antes de la cuatro de la tarde, amainó el temporal, cesó la lluvia, se abrió el cielo, salió un sol radiante y se acabó con la incertidumbre de suspensión de corrida. Únicamente, el vendaval tormentoso quedó un una ligera brisa que si bien estorbó en ocasiones a los coletudos no molestó a los espectadores.
El ruedo hubo de ser arreglado convenientemente hasta unos momentos antes del comienzo del espectáculo.
Y se llegó a casi rozar el lleno absoluto en esta corrida de expectación porque la terna compuesta por Diego Puerta, “Curro Rivera” y “El Niño de la Capea” se iban a enfrentar a un encierro del hierro salmantino de doña María Lourdes Marín de Pérez Tabernero.
Preside el comisario de siempre Sr. Zalama con el asesoramiento de “Cigales”.
Asistieron a la corrida el gobernador civil Sr. Ibáñez Trujillo y el Jefe Superior de Policía Sr. Lamas acompañados de diversas personalidades.
Como en todo lo que va de ciclo en el palco número 9 la Reina de las Fiestas acompañada de sus damas de honor.
En una barrera estaba el matador de toros Santiago Martín “El Viti”


El primer toro de la tarde, que atiende por “Canestero”, negro, herrado con el número 1 y con un peso de 450 kilos, sale con mucha fuerza. Diego Puerta lo saluda con unas excelentes verónicas que son aplaudidas.
Con un solo puyazo, bien ejecutado, se pide el cambio de tercio que el usía concede.
Tres pares en todo lo alto, de los cuales dos extraordinariamente prendidos por “Almensilla”.
Un toro bravo que el diestro de San Bernardo aprovecha toreando por ambos pitones lo que sirve para corregirle el defecto de colarse por el pitón izquierdo, en medio de música y ovaciones.
Por poner un pero a la faena, la caída en varias ocasiones del toro que empaña una labor preciosista y perfecta de Diego Puerta.
Cuando está finalizando la faena por molinetes y manoletinas, en un desplante el toro está a punto de “echar mano” al diestro.
Mata de más de media estocada trasera y descabello a la segunda.
Ovación y saludos desde el tercio que al acentuarse le obligan a dar la vuelta al ruedo.

En su segundo enemigo de nombre “Canastillo” herrado con el 50, negro y con 477 kilos, Diego Puerta sale decidido a redondear la tarde no conforme con lo realizado en su primer oponente. Lo cuidó desde el principio para que llegase entero a la faena de muleta.
Tras el único puyazo de castigo le instrumentó una serie de chicuelinas superiores a pesar de verse comprometido en la primera.
Con dos pares de banderillas en el que destacó en uno de ellos Manolo Carmona se cambia el tercio.
Ante un enemigo que ha llegado superior al último tercio Diego Puerta instrumenta una faena sobre ambas manos muy torera que remata con los clásicos molinetes, giraldillas y el pase la firma después de haber comenzado con un pase cambiado todo ajuste y perfección.
Mata de un pinchazo sin soltar al que sigue una estocada entera y descabello al tercer intento, siendo premiado con ovación, una oreja y vuelta al anillo.
Diego Puerta ha estado muy bien en su catorce cumpleaños de alternativa.

Curro Rivera que había actuado en el coso de Zorrilla en el mes de junio, a su primero que atendía por “Huron” marcado con el número 13, negro de capa y con 456 kilos, le realizó una faena discreta a pesar de ser molestado por el viento.
Un pinchazo sin soltar y estocada defectuosa hacen doblar al escaso de fuer zas toro, con el que termina el puntillero.
El silencio es el premio a la labor realizada por el espada mientras el toro es pitado en el arrastre.

En su segundo, el número 48, llamado “Castillo”, negro bragado de 470 kilos, Curro Rivera lo recibe con una serie de verónicas sin enmendarse que levantaron una fuerte ovación.
Un solo puyado para que el tercio se cambie ante las protestas del público por caída del animal.
Dos buenos pares de banderillas a cargo de “Solanito” y de Félix Saugar “Pirri”.
Tras brindar al respetable el mexicano inicia la faena con cuatro estatuarios para seguir con series de naturales cerradas con apretados pases de pecho.
Con la muleta en la mano izquierda varias series de naturales que abrochadas por los ajustados pases de pecho levantan los aplausos del públicos y los sones de las charangas.
Finaliza con pase de adorno de rodillas, desplantes y diversos jugueteos ante el toro.
Mata de un pinchazo en lo alto entrando recto y un estoconazo que hace doblar al toro para que acabe finalmente el puntillero.
Se le conceden las dos orejas. Hay petición de rabo. Con los apéndices cortados da la vuelta al anillo en medio de la ovación del público.

Mucho público de la vecina Salamanca, trajo al coso de Zorrilla el salmantino Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea” al llegar precedido de la forma triunfal de llevar la temporada.
A su primero que atendía por “Hormiguero” herrado con el número 58, negro entrepelao y un peso de 461 kilos, “El Niño de la Capea” lo lancea meritoriamente de salida.
Con un solo puyazo y dos pares de banderillas se llega a la faena de muleta que Pedro G. Moya comienza con tres pases estatuarios. Ha de cambiar de terreno al toro para no ser molestado por el viento. En el nuevo terreno, más propicio, pases con ambas manos rematados con excelentes pases de pecho que levantan al público de los asientos.
Finaliza su faena con pases de adorno a base de molinetes, desplantes, espaldinas y manoletinas en medio del clamor del público.
En un momento Pedro resbala y está a punto de ser cogido.
Acaba con el toro de media estocada en el sitio que hace doblar al astado para que acabe con él finalmente el cachetero.
Entusiasmo general, dos orejas, vuelta triunfal, donde le lanzan un monumental pan y saludos desde los medios en medio de una cerrada ovación.
Ha estado excepcional "El Niño de la Capea" en esta su primera actuación en el coso de Valladolid.

En el toro que cerro corrida, que era el número 57 “Rabicorto”, un negro con 485 kilos. Pedro Gutiérrez Moya, estuvo un poco “a la deriva” como consecuencia de que el toro tenía mucho sentido y el chaval salmantino no acertó a darle la lidia requerida por no dominarlo de principio.
A destacar el par de banderillas prendido por el ex-matador de toros José Luis Barrero.
El morlaco a cada pase se frenaba, esperaba y buscaba por lo que en varias ocasiones “El Niño de la Capea” estuvo en peligro de cornada.
Acabó con este incómodo enemigo de un pinchazo que escupe, una estocada delantera y tres intentos de descabello, por lo que afloraron algunas muestras de desagrado.
Los toros de bonita lámina pero de desigual bravura. Todos demostraron nobleza a excepción del sexto que pudo resultar así a causa de un tercio de varas defectuoso en calidad y cantidad.
LA CUARTA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.









El cuarto festejo del ciclo ferial del año 1972 se desarrolló en una tarde totalmente antitaurina por la gran cantidad de agua que cayó y el frío que hubimos de sufrir, impropio de la estación en que nos encontramos.
No obstante y gracias a lo interesante del cartel ofrecido, acudimos para llenar algo más de los tres cuartos de aforo.
Una terna interesante formada por Luis Miguel Dominguín, Francisco Rivera “Paquirri” y Eloy Cavazos dispuesta a lidiar seis toros de los Herederos del Conde de Ruiseñada.
El presidente de todos los días auxiliado en esta ocasión por “Larita”.

El primer toro de la tarde responde por “Gavillero”. Se trata de un toro negro herrado con el número 78 y que arrojó un peso de 446 kilos , al que Luis Miguel, que luce un traje diseñado por Pablo Picasso, lo recibe con una larga cambiada de rodillas que es muy aplaudida, a la que siguen unas verónicas garbosas y con estilo.
Una vara muy aplaudida por aquello de que el toro se arranca de largo nada más ver al caballo y el piquero se agarra en todo lo alto.
En banderillas el toro en los dos pares que recibió midió el suelo en ambos, no sabemos si por falta de fuerzas o porque el albero se encontraba resbaladizo.
Tras brindar al público, Luis Miguel comienza su faena con cuatro estatuarios al final de los cuales el toro vuelve a caerse, de ahí que el madrileño lo toree por alto por aquello de aliviarlo de su manifiesta falta de fuerzas.
Tras una excelente serie con la mano derecha, Luis Miguel ejecuta un pase cambiado para continuar toreando por naturales que abrocha con el pase de pecho.
La banda de música comienza su pasodoble pero como es protestada por algunos espectadores, Luis Miguel hace un gesto al director de la misma para que cese su actuación.
Viendo que es difícil el lucimiento ante semejante marmolillo, el matador decide ir a por el estoque de herir y con él recetar una estocada defectuosa que tiene la virtud de haber entrado en derechura. Descabella al primer intento y con ello logra ser premiado con una ovación que al aumentar le obliga a dar la vuelta al ruedo.
El toro fue pitado en el arrastre.

La faena a su segundo enemigo, transcurrió en medio de una lluvia torrencial no obstante lo cual Luis Miguel lanceó con buen estilo a “Cebollero” que marcado con el número 62 tenía un peso de 465 kilos. Con dos varas se cambia el tercio para pasar al de banderillas donde únicamente se clava un par.
Luis Miguel en los medios, realiza su faena a base de una buena tanda de derechazos que hacen sonar la música a la que nuevamente Luis Miguel manda parar su concierto. ¡No está el maestro madrileño para músicas con la que está cayendo!
Despena a su enemigo de una estocada ligeramente desprendida que hace doblar al toro. El puntillero lo levanta y ha de atronarlo definitivamente su matador al segundo intento con el descabello.

El segundo de la terna era el gaditano Francisco Rivera “Paquirri” que en definitiva fue el triunfador de la tarde.
Su primer enemigo un toro muy abierto de cuerna y astillado en su defensa izquierda, de nombre “Comilón” herrado con el número 43 y con un peso de 455, lo recibe con buenas verónicas en medio de aplausos. Aplausos que aumentan cuando lleva al toro al caballo por chicuelinas al paso.
Se arranca de largo al caballo para seguidamente dormirse debajo del peto, con lo que el de Barbate pide el cambio de tercio que la presidencia concede.
El público insiste para que “Paquirri tome las banderillas” y éste finalmente accede. Brinda el primer par al público y queda ligeramente traserillo. Los dos siguientes son dos enormes pares que son merecedores de dos ovaciones cerradas.
Tras brindar al publico se da cuenta en los primeros compases que no tiene enemigo, no obstante lo cual logra sacar dos tandas de redondos de excelente factura para seguir con un gran pase cambiado y uno de pecho de los denominados de “pitón a rabo”.
Continúa sobre la derecha para abrochar la serie con uno de pecho excelente que le vale una gran ovación.
En medio de los sones de las charangas continúa por naturales mirando al tendido lo que promueve el entusiasmo de los espectadores de los tendidos 4 y 5 que son los correspondientes a donde hizo la faena.
Un pase casi circular del todo, al que siguen desplantes de rodillas, jugueteos y alardes de tocar los pitones en medio de la ovación general.
Mata de media estocada ligeramente tendida y acierta al segundo golpe de verduguillo. Es premiado con una gran ovación y con una oreja con la da la vuelta al anillo.

En su segundo de nombre “Botonero” marcado con número 47, negro y con peso de 454 kilos, “Paquirri” es jaleado con ¡Oles! cuando lo lanceó de salida.
Castigado con una vara, un marronazo y otra vara protestada al temer que el toro se derrumbara.
Banderillean los subalternos de “Paquirri” que dejan arriba dos pares y medio.
Una brillante faena caracterizada por la justeza en la medida de los muletazos extraordinarios ejecutados sobre ambas manos en medio de las ovaciones y la música, rematados con desplantes y jugueteos delante de la cara del toro.
Mata de un estoconazo en todo lo alto que tumba al astado sin puntilla por lo que es premiado con las dos orejas que pasea triunfalmente por el ruedo en medio de una gran ovación.

Eloy Cavazos actuaba por primera vez en nuestra plaza e inmediatamente se hizo con las simpatías del respetable.
A su primero un toro llamado “Miluco” número 35, negro y con 512 kilos de peso lo saluda con verónicas rematadas con una media muy ajustada que es aplaudida.
Un puyazo recargado y dos pares de banderillas dan paso a la faena de muleta que Eloy tras brindar al respetable desde el centro del ruedo, cita al toro de lejos, lo aguanta en dos pases de tanteo, para seguir con un molinete un pase de rodillas. Sigue con muletazos por redondos y naturales en los denota su deseo de triunfar.
Mata de pinchazo y estocada en el sitio a cambio de un pitonazo en el pecho. Su labor es premiada con ovación y saludos desde el tercio.

Durante la lidia de su segundo que correspondía con el último de la corrida, un toro llamado “Bordador” herrado con el 48 y de 441 kilos de peso, jarreaba agua en el coso del paseo de Zorrilla.
Los espectadores se refugiaron en las dependencias internas de la plaza tras llenar la parte cubierta, mientras el mejicano lancea con voluntad a su enemigo en medio de las palmas de los valientes que no temen al agua.
Un puyazo en el que está a punto de derribar para después caerse debajo del caballo ante las protestas del público.
Con un par de banderillas pasa a la jurisdicción del “manito” que brinda a un espectador que ocupa barrera en el tendido 2.Ante la lluvia hace una faena breve donde no obstante se puede apreciar que es un buen torero con ambas manos. Acaba con desplantes cara a la galería y entra a matar para lograr dos pinchazos, una estocada bien colocada y descabello al primer intento.
Es premiado con muchos aplausos, petición de oreja y vuelta.
La corrida de los Herederos del conde de Ruiseñada de excelente lámina en cuanto a su presentación, pero todos demasiado justitos de fuerza.
Fue acabar la corrida y dejar de llover como si la lluvia hubiera querido aguarnos la Fiesta.

sábado, 7 de febrero de 2009

LA TERCERA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.










Un nuevo cartel con sustitución. Antonio José Galán sustituye a Gabriel de la Casa cogido de gravedad en Zalamea la Real.
Antes de realizarse el paseíllo, desfila por el ruedo en medio de los aplausos del público, la banda de música de la Federación de Asociaciones Musicales de Valencia.
La misma presidencia de todos los días personificada en el comisario del Cuerpo General de Policía Sr. Zalama que está auxiliado, en el día de hoy, por el que fue novillero Fernando A. Merino.
Como todos los días el palco 9 ocupado por la Reina de las Fiestas con su corte de honor.
El primer toro de la tarde responde por “Rabanero”, lleva el número 21 en sus costillares. Es cárdeno y pesa 445. Dámaso González se va directamente a por él sin intervención de sus peones, para administrarle unas verónicas que remata con unas chicuelinas.
El toro muestra dificultades de visión.
En la suerte de varas dos refilonazos dan paso a una vara buena. Seguidamente vuelve a hacer cosas raras en la visión como es el perseguir a un banderillero, tropezar con el caballo de un picador y desmontarlo. Todo en medio de las protestas del público que hubiera deseado la devolución del toro al corral.
Cuando Dámaso toma la muleta demuestra que la falta de visión corresponde al ojo izquierdo por lo que su faena la cimenta por el lado derecho logrando derechazos de mérito.
Hay aplausos para premiar la voluntad del albaceteño que valientemente está exponiendo.
Mata de un pinchazo hondo y certero golpe de descabello a la primera por lo que recibe aplausos y ha de saludar desde el tercio tras el arrastre de su enemigo.
El toro es protestado en el arrastre.

En su segundo que corresponde al cuarto de la tarde, un toro llamado “Graciosito” marcado con el 1, un berrendo, botinero, coletero con 437 kilos de peso y con enormes pitones, Dámaso González, lo lancea muy de cerca y con buenas maneras.
Con un picotazo y un puyazo en su sitio el matador pide el cambio de tercio que concedido por el usía da paso al tercio de banderillas donde se colocan dos pares y medio.
La faena la comienza Dámaso con una serie de derechazos muy templados que merecen el aplauso del respetable y los sones de la música.
Tras un circular completo se lleva el toro a la solanera para pelearse con un astado que no quiere muleta.
Hay desplantes de rodillas, en uno de los cuales tira lejos los engaños con lo que público se enerva.
Mata de un pinchazo bien señalado y certero golpe de descabello al primer intento.
Su labor es premiada con una oreja con la que da la vuelta al anillo.

En el que cerró plaza y que hubo de matar por el percance sufrido por Julio Robles, un toro muy largo llamado “Marquesón” herrado con el número 56, negro de capa y con un peso de 496 kilos, demostró mal estilo en la embestida al ser veroniqueado por Dámaso.
Con una sola vara en la que recargaron toro y picador, se cambia el tercio para que el de banderillas transcurriera con poco lucimiento.
Comienza Dámaso González con tres extraordinarios estatuarios a los que sigue una faena a base de porfía sobre la mano derecha para que el toro embista a la muleta.
Recibe muchos aplausos por la voluntad demostrada por parte dell público de sol al que ha acudido el de Albacete en busca del triunfo. Unas espaldinas bien ejecutadas, son aplaudidas con fuerza.
Acaba con el toro de media estocada y descabello a la primera. Una ovación premia la faena.

Antonio José Galán se encontró con un primer enemigo llamado “Cacharrero” herrado con el 29, negro de capa y 437 kilos de peso. Un toro encastado y con no muy buenas intenciones que lo volteó aparatosamente destrozándole el traje de torear.
Con una sola vara en la que el piquero apretó de lo lindo se cambia el tercio. En banderillas tres pares colocados arriba, no sin dificultades.


Tras brindar al público, Galán comienza la faena de manera valiente ante un toro con aviesas intenciones. Trata de doblegarlo por bajo para seguidamente torear con ambas manos en series que son cerradas con los pases de pecho bien ejecutados.
Molinetes de rodillas, adornos y jugueteos que entusiasman al público.
Despena al toro de un pinchazo en hueso y estoconazo entrando superiormente. Tras doblar el toro, el cachetero acierta a la primera con lo que el diestro Antonio José Galán corta una oreja con la que da la vuelta al anillo.

En su segundo, número 5, un berrendo en negro con un peso de 442, Galán, tras la suerte de varas en la que se colocó una vara demasiado trasera, le realiza un quite por verónicas bien ejecutadas que es muy aplaudido.
Tres pares de banderillas arriba de las cuales dos son ejecutados magníficamente por Miguel Montenegro merecieron el desmonterado.
El de Bujalance brinda la faena a la reina de las Fiestas y la comienza con dos muletazos sentado en el estribo de los que el toro sale suelto. Continúa en los terrenos del 4, con muletazos sobre ambas manos que son muy aplaudidos.
Pases de adorno mirando al tendido, espaldinas dentro de la vistosidad y el valor.
Un pinchazo seguido de estocada ligeramente trasera y descabello al tercer intento acaban con el astado y la faena se premia con ovación y vuelta al ruedo.

El abulense Julio Robles al único enemigo que mató, un toro llamado “Faciosito” herrado con el número 22 un negro bragado de 454 kilos, lo lancea superiormente en medio de los aplausos del público.
La ovación se repite cuando lleva el toro al caballo con lances preciosistas y de gran calidad.
Tras el único puyazo que recibió el astado, Julio Robles instrumenta un quite por chicuelinas de gran empaque que es premiado con una gran ovación.
Con dos pares de banderillas se cambia el tercio.
Julio tras brindar al respetable, realiza una faena donde destapa el “tarro de las esencias toreras" que este diestro atesora, donde el templar, mandar y rematar son las virtudes del afincado en Salamanca.
Redondos suavísimos, rematados con pases de pecho largos de “pitón a rabo” en medio de ovaciones y música.
La muleta en la mano izquierda para torear por naturales perfectos de ejecución y remate. En uno de ellos es alcanzado y derribado, resultando ileso, pero a los pocos segundos cuando Julio seguía muleteando, vuelve a ser cogido y esta vez si es herido en la ingle como se pudo comprobar cuando al levantarse mana un chorro de sangre en medio de la emoción en el graderío.
Se niega a pasar a la enfermería. Un torniquete aplicado hace el milagro de que Julio continúe delante del toro para seguir toreando para cuadrarlo y ejecutar dos pinchazos y una media estocada.
¡Ya no puede más! En manos de las asistencias pasa a la enfermería en medio de la ovación cerrada y angustiada del público vallisoletano que reconoce el gesto del joven torero de huir de la comodidad y del truco.
Cuando el Dámaso trata de descabellar, el toro dobla.
A Julio Robles se le conceden las dos orejas que pasea triunfalmente, por parte del ruedo, su peón Manuel Cano acompañado por sus dos compañeros de banderillas.
Dos orejas que han premiado una faena plena de intuición y de arte.
El parte facultativo emitido por el doctor Ángel Palencia:
“El diestro Julio Robles sufre herida por asta de toro en la región inguinal derecha, de trayectoria ascendente que disecando el paquete vascular, hace un despegamiento de peritoneo pelviano, por debajo del anillo inguinal. Pronóstico grave”
Tras cura de urgencia en la enfermería de la plaza, el diestro fue llevado en ambulancia al Sanatorio de la Cruz Roja donde a última hora de noche había experimentado una gran mejoría.

viernes, 6 de febrero de 2009

LA SEGUNDA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.








Lo que sobre el cartel era prometedor, se quedo en…nada.
Algo más de media plaza fue el aforo en el día de hoy. No “pintan copas” precisamente en el arranque de esta feria del 1972.
Preside el comisario del Cuerpo General de Policía Sr. Zalama auxiliado en materia taurina por “Cigales”.
En el palco de siempre, la Reina de la Fiestas, que este año es la señorita Carmen Wattenberg, acompañada de sus damas de honor.
El cartel primitivo ha sufrido modificación al ser sustituido Raúl Aranda por Pascual Mezquita.
Los toros pertenecen a la vacada de D. Joaquín Buendía, procedencia Santa Coloma.

El primer espada de la tarde es el “niño sabio el Camas” a la sazón Paco Camino quien saluda al primer toro de la tarde con una serie de verónicas donde destacan dos consideradas como superiores.
Se trata del toro llamado “Matador”, herrado con el número 104, negro de capa y con 485 kilos sobre los lomos.
Con una sola vara ha de pedir el cambio de tercio a consecuencia de que el piquero apretó en exceso y dejó al toro maltrecho.
En banderillas fue aplaudido Joaquín Camino en los dos pares que colocó.
Paco Camino comienza su faena por alto, tratando de ayudar al, escaso de fuerzas, ejemplar. El toro se le cuela.
Con la muleta sobre la mano derecha torea al toro con mimo para que no se caiga. Lo consigue a veces.
Series cortas de derechazos y naturales para entrar a matar y lograr un pinchazo y media ligeramente contraria que reciben muestras de desagrado por parte del público asistente que ha considerado demasiado breve la faena.

En el segundo, un toro llamado “Braguetón”, negro, herrado con el número 102 y de 482 kilos, el público tenía la esperanza que Paco Camino se "sacase la espina", pero no fue así pues estuvo apático y tiró a abreviar.
Ocurrió en este toro lo mismo que el anterior. El piquero se ensaño demasiado en la sola vara que administró y el toro se queda sin fuerzas.
Paco Camino comienza la faena tratando de aliviar al toro pero como no lo consigue abrevia en faena desligada y molestada por el viento reinante.
Ante las protestas del público acaba con el toro de media bien colocada que es premiada con los pitos del respetable.
Le falto al sevillano deseos de agradar lo que molestó al público vallisoletano.

El primero de José María Manzanares, un toro de nombre “Guitarrero”, herrado con el número 107, de capa negra y con 463 kilos, sale con muchos pies.
Manzanares lo recibe con unos lances muy aplaudidos.
El público se encara con el picador por el “ímpetu” puesto en su “labor”. Se cambia el tercio para salvar al toro y se pasa al de banderillas donde se colocan seis banderillas en cuatro entradas.
Manzanares comienza su faena recogiendo al toro por bajo para finalizar con un molinete.
Sigue la faena sobre la mano derecha en una buena serie de redondos que merecen los sones de la música.
Una serie de naturales que son abrochados con un excelente pase de pecho.
Una serie de redondos que son rematados con un afarolado, al que siguen molinetes y pases de costadillo.
Despena al toro de una estocada en el sitio, volcándose, que merece la ovación y saludos desde el tercio.

Su segundo que responde por “Cañejo”, herrado con el número122, negro de capa y 490 kilos, es el toro más bravo del encierro.
José María Manzanares lo torea primorosamente de capote.
Brindó su faena a la Reina de las Fiestas y corte acompañante, con estas palabras: ¡Guapas, va por vosotras!
Una faena instrumentada sobre ambas manos donde las diversas series de naturales y derechazos fueron rematadas con pases de pecho ajustados y diversas tandas de adornos y abaniqueos artísticos en medio de los sones de la música y los aplausos del respetable.
Con la espada, menos de media un poco tendidilla, un metisaca, un pinchazo que es escupido y media ligeramente trasera.
El toro después de tanto castigo dobla con la boca cerrada. El puntillero “Romerito” acierta a la primera.
Palmas al toro cuando va en busca del desolladero y silencio para el espada.

Pascual Mezquita había sido alternativado en esta plaza y por ello había interés por verlo nuevamente.
Los ánimos estaban soliviantados con las actuaciones de sus compañeros de terna y el ambiente no era el más propicio
Recibió a su primer enemigo, herrado con el número 110, de 466 kilos de peso y que atendía por “Renacio” con el “compás abierto”.
Tras fuerte puyazo, Mezquita realiza su quite por verónicas, que fue muy aplaudido.
En banderillas destaca la labor realizada por el banderillero Ángel Silva quien calva dos excelentes pares.
Tras brindar a la Reina de las Fiestas, realiza una faena de cercanía donde el temple es el factor dominante en medio de los sones de la música y los aplausos del público vallisoletano.
Adornos y desplantes muy aplaudidos.
Con la espada un verdadero desastre, pues necesita tres pinchazos sin soltar a toro arrancado y media bien colocada.
El toro se echa y el puntillero acierta a la primera.
La labor de Pascual es premiada con ovación y saludos desde el tercio.

En que cierra plaza, el número 135, un negro llamado “Lobato” con 470 kilos, Pascual Mezquita lo recibe con unos buenos lances que son jaleados y a los que abrocha con una navarra que resulta desdibujada.
Con un solo puyazo se cambia el tercio para pasar al tercio de banderillas donde destaca la labor de Luis González.
Tras brindar a Angelita Rodríguez de Arce, esposa del empresario, Pascual Mezquita comienza su faena por bajo, para seguir su labor muleteril por derechazos que remata con la rodilla en tierra lo que hace sonar la música en medio de los aplausos de la concurrencia.
Al iniciar un pase sufre una espectacular cogida de la que afortunadamente sale ileso. Como el toro se ha orientado ahora lo busca y Mezquita pierde los nervios, el aplomo y la tranquilidad.
Entra a matar en medio de un calvario pues necesita, cinco pinchazos y descabello al segundo intento, no obstante lo cual recibe algunos aplausos.
En cuanto a los toros de Buendía decir que fue un encierro de bonita lámina como corresponde al encaste Santa Coloma, pero que adolecieron de falta de fuerzas.

jueves, 5 de febrero de 2009

LA PRIMERA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.








Nuevamente el empresario-propietario del coso de Zorrilla, Emilio Ortuño "Jumillano", nos obsequió, a todos los abonados, con la carpeta que contenía las entradas del abono y los carteles del ciclo.
Si bien en esta ocasión se ahorró la litografía del reverso de la carpeta o tal vez ¿fue un olvido?. Nos quedó la duda.
Se inició la feria taurina con el concurso de los “jinetes del apoteosis” pero faltó el ingrediente en esta ocasión.
¿La causa? Posiblemente que la cantidad empache la degustación de la calidad, única fórmula de entender el pálido entusiasmo de la concurrencia entre la que, sin duda, sobresalían en número y conocimiento de la equitación taurina muchos de los que cubrían en sus tres partes el aforo de la plaza del Paseo de Zorrilla.
Pues no se comprende de otra manera la frialdad del público ante el caluroso comportamiento de estos cuatro artistas del toreo a caballo que hacen con los ingredientes de la destreza, el dominio de las bellas cabalgaduras y el valor que aportan a los mil trances que se suceden en la lidia, un verdadero espectáculo, reiterativo, sí, pero digno de admiración y premio.
La presidencia estuvo ocupada por el comisario de Policía sr. Zalama que en esta ocasión contó como asesor artístico con el saber de Antonio Aguado "Larita"
Pero solamente uno, el de una oreja a Rafael Peralta, se pidió con templanza y difusa animación por exigua mayoría.
En fin, son contrastes, difusos también, que unas veces, como la meteorología se inclinan por los cálculos menos inesperados.
Fueron sobresalientes en la liza los seis bonitos y bravos novillos-toros presentados por el ganadero andaluz don Clemente Tassara. Como hechos para el rejoneo, a pesar de los “tragines” que imponen las suertes y del castigo que sufren, ni volvieron la cara ni dejaron de acometer con celo, casta de la buena y valentía. Varios fueron aplaudidos en el arrastre muy merecidamente, premio que va suscrito en el brindis que hizo al mayoral el gran artista Álvaro Domecq.
Los “jinetes del apoteosis” dividen en dos partes el espectáculo. Actuación personal de cada uno en la primera y a dúo en la segunda.
Ángel Peralta se apretó de lo suyo en el primero que si, acobardado por la primera sangría, sacó luego casta se fue arriba y se complementó a los alardes y valentía del rejoneador. Hubo de trabajar el centauro de Puebla del Río, para domeñar la voluntad de embestir contínua del Tassara. Mató de un rejón y entre aplausos dio la vuelta al ruedo.

Rafael Peralta, cortó una oreja al suyo, otro vacilante y bravo torete con el que derrochó valor. Además dio la vuelta al ruedo. Quizá fueron sus enormes ganas de agradar al público vallisoletano y al de Medina de Rioseco que se desplazó en masa al avento, las que le proporcionaron el triunfo. Estuvo bien pero no llegó a la altura artística y técnica de su hermano Ángel al que su seriedad le empañan triunfos.

Álvaro Domecq, nos presentó la más bella imagen del toreo a caballo, realizado con temple, justeza y dominio de los terrenos y las distancias. En un magistral par de banderillas, adornándose en la cara del toro, escuchó una formidable ovación. ¡La más fuerte de la tarde! Por matar de un rejonazo caidillo hubo de conformarse con el premio de la vuelta al ruedo.

José Samuel Lupi, con indumentaria a la Federica, bien en todo y fenomenal en los pares de banderillas al quiebro, suerte de su especialidad. Los quiebros contínuos de sus caballos levantaron en ocasiones la moral de un frío público. El sobresaliente descabelló y Lupi dio la vuelta al ruedo entre los aplausos de quienes supieron reconocer el mérito de su faena..

La segunda parte animó más al público, al llegarle más y con más “gancho” por los accidentes que se producen en el toreo por parejas.
Los hermanos Peralta que hicieron todo el programa conocido con acierto, tuvieron el desacierto –en este caso Ángel- de atravesar al de Tassara con un rejón perpendicular que asomaba por la barriga. Por este desacierto, el desacertado hizo “taina” en la barrera y su hermano paseo entre aplausos la periferia.
Muy bien también los quiebros y requiebros torerísimos de Domecq y Lupi con el último del encierro. Domecq descabelló pie a tierra y el andaluz y el lusitano dieron la vuelta al ruedo entre aplausos, pequeñísimo premio para su extraordinaria actuación.

miércoles, 4 de febrero de 2009

LA 7ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.









La caída del cartel del zamorano Andrés Vázquez trae de nuevo al coso de Zorrilla al maestro Antonio Bienvenida que forma terna con Sebastián Martín “Chanito” y José Luis Parada, en un cartel nuevamente equivocado en su confección.
Una tarde soleada ha querido despedir a la última corrida de toros de este ciclo del año 1971. La afluencia de público rozó los tres cuartos de aforo.
El ínclito Sr. Zalama presidiendo como de costumbre, auxiliado en esta ocasión por Faustino Gómez Cayón “Cigales”.
En un burladero, como en el día de ayer, presencia la corrida el presidente de las Cortes Españolas D. Alejandro Rodríguez de Valcárcel acompañado por el gobernador civil y el jefe superior de Policía.
Como en días anteriores ocupa su sitial la Reina de las Fiestas acompañada de su corte de honor.

Abre plaza el maestro Antonio Bienvenida que es recibido con una ovación. Ovación que se reproduce cuando lancea pausado y quieto a su primer enemigo llamado “Madrileño”, herrado con el número 22 y 482 kilos de peso sobre sus costillares negros.
Un primer tercio nefasto caracterizado por un puyazo malo, un marronazo y un picotazo. El quite aplaudido de Bienvenida compuesto por dos chicuelinas, comprometidas por su ajuste, que son rematadas con una media verónica de superior factura.
Tras brindar al señor Rodríguez de Valcárcel, saca al toro a los medios donde instrumenta una faena artística y voluntariosa en la que el toro se pone difícil por momentos a causa de sus continuas coladas.
Buenas series de redondos y lo intenta sobre la mano izquierda si bien el toro no admite este pitón.
Antonio tras administrar un molinete muy ajustado busca la igualada tras los obligados pases de aliño.
Mata de media estocada mal colocada y descabello al primer intento que es premiada con una ovación que el diestro caraqueño agradece desde el callejón.

En su segundo enemigo, un toro de nombre “Guasón” herrado con el 44 de capa negra y el de más peso de la corrida con 541 kilos, se estira de salida con una serie de verónicas que es rematada con una media acogidas con una gran ovación.
La suerte de varas caracterizada por un picotazo donde el picador recibe una aparatosa caída y una vara de verdadero castigo con la que el matador pide el cambio de tercio.
En la suerte de banderillas cuando el toro persigue a un banderillero y derrota contra las tablas se parte la defensa derecha.
Bienvenida comienza su faena de muleta con tres ayudados por alto a los que siguen unas tandas de soberbios redondos, rematados con el pase de pecho en medio de los sones de la música y ovaciones.
Molinetes ceñidos, muletazos rodilla en tierra en medio del entusiasmo popular a un toro distraído que ha requerido el dominio y conocimiento del torero para sacar faena.
Un pinchazo que escupe y una estocada delantera ponen fin a la vida del astado que espera el diestro sentado en el estribo. El toro que se levanta nuevamente ante los estertores de la muerte para finalmente rodar sin puntilla. Labor que es premiada con una oreja, petición de la segunda y dos vueltas al anillo entre fuertes ovaciones.

Sebatián Martín “Chanito” dejó constancia en Valladolid que posee la virtud de la voluntad.
A su primer enemigo marcado con el número 7, “Purito” de nombre, negro y con 505 kilos que en todo momento llevó la cabeza por las nubes, tras brindar al señor alcalde de la ciudad De Santiago Juárez que ocupaba su barrera del 8, el salmantino demostró, tras los doblones de recibo, en las tandas con ambas manos sus buenas cualidades toreras. Los muletazos por redondos han tenido sabor y temple. Terminó con unas giraldillas que fueron muy aplaudidas al igual que resto de su faena.
Falló a espadas con un pinchazo que escupe, otro pinchazo y una estocada al encuentro y descabello al cuarto intento, no obstante lo cual fue aplaudido y obligado a dar una vuelta al ruedo.

Al quinto, de nombre “Receloso” con el número 48, negro listón y de 514 kilos, que salió con mucho gas, Sebastián lo lancea sin pena ni gloria.
Una vara en su sitio en el que recarga el de Bohórquez merecen por parte del público la ovación hacia el piquero Pepe Salcedo. Con este castigo se cambia el tercio para dar paso a la colocación de dos pares de banderillas en medio de cierto barullo en la lidia con exceso de capotazos.
La faena la comienza “Chanito” por redondos a los que siguen naturales muy ceñidos que son aplaudidos y animados con los sones de la música.
De inmediato el toro se para y ya desluce la faena que el salmantino pretendía. A destacar un “pase de la firma” soberbiamente ejecutado.
Una estocada entrando recto pero que resultó defectuosa de implantación, a la que siguieron cuatro golpes de descabello acabaron con la vida del astado. El diestro fue premiado con muchas palmas y la vuelta al ruedo que él dio por su cuenta.

José Luis Parada venía precedido de haber recibido el Premio San Pedro Regalado del año 1970.
Lanceó bien al tercero de la tarde un toro llamado “Ramillito”, marcado con el número 64, negro y con 532 kilos.
Pidió el cambio de tercio con una vara en su sitio y con dos pares de banderillas.
Tras brindar al público, recibe al toro con dos pases citando de largo y remate vistoso. Sigue por redondos bien ejecutados y rematados hasta que el toro se apaga definitivamente.
Entra a matar logrando una estocada ligeramente caída que al acabar con la vida del astado recibe el premio de una oreja con la que realiza la vuelta al anillo.

En su segundo que cerró corrida y feria, un toro llamado “Adoroso” marcado con el número 20, negro de capa y con 508 kilos, el torero gaditano demostró su sapiencia y dominio del arte de Cúchares ante un "toro avisado" que se iba a por él en todo momento.
Un toro que no fue castigado en varas por recibir dos puyazos tras desmonte espectacular en terrenos del 4 y que se fue con solo dos pares de banderillas.
Tras brindar al maestro Bienvenida, comienza la faena con pases por alto para seguir toreando sobre ambas manos en tandas lucidas.
Ante un toro muy quedado el espada ha de hacerlo todo a base de porfía y de pisar el terreno del toro.
Dos pases circulares levantan un clamor. Sigue con pases de adorno con vistosa exhibición.
Una faena de primerísima clase por la entrega, el peligro y por el sello artístico.
Un estoconazo pone fin a la vida del astado. Al doblar le son concedidas las dos orejas y con ellas da la vuelta al anillo. Se pide el rabo que no es concedido.
De la corrida enviada por D. Fermín Bohórquez destacaremos el cuarto por su bravura. El de más dificultades fue el sexto, pero el resto fueron buenos para los toreros si bien adolecieron de picante.
Dignos de mención en el capítulo de subalternos: el picador “Chopito” y los banderilleros, Fauró, Ponce y Valbuena.