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sábado, 7 de febrero de 2009

LA TERCERA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.










Un nuevo cartel con sustitución. Antonio José Galán sustituye a Gabriel de la Casa cogido de gravedad en Zalamea la Real.
Antes de realizarse el paseíllo, desfila por el ruedo en medio de los aplausos del público, la banda de música de la Federación de Asociaciones Musicales de Valencia.
La misma presidencia de todos los días personificada en el comisario del Cuerpo General de Policía Sr. Zalama que está auxiliado, en el día de hoy, por el que fue novillero Fernando A. Merino.
Como todos los días el palco 9 ocupado por la Reina de las Fiestas con su corte de honor.
El primer toro de la tarde responde por “Rabanero”, lleva el número 21 en sus costillares. Es cárdeno y pesa 445. Dámaso González se va directamente a por él sin intervención de sus peones, para administrarle unas verónicas que remata con unas chicuelinas.
El toro muestra dificultades de visión.
En la suerte de varas dos refilonazos dan paso a una vara buena. Seguidamente vuelve a hacer cosas raras en la visión como es el perseguir a un banderillero, tropezar con el caballo de un picador y desmontarlo. Todo en medio de las protestas del público que hubiera deseado la devolución del toro al corral.
Cuando Dámaso toma la muleta demuestra que la falta de visión corresponde al ojo izquierdo por lo que su faena la cimenta por el lado derecho logrando derechazos de mérito.
Hay aplausos para premiar la voluntad del albaceteño que valientemente está exponiendo.
Mata de un pinchazo hondo y certero golpe de descabello a la primera por lo que recibe aplausos y ha de saludar desde el tercio tras el arrastre de su enemigo.
El toro es protestado en el arrastre.

En su segundo que corresponde al cuarto de la tarde, un toro llamado “Graciosito” marcado con el 1, un berrendo, botinero, coletero con 437 kilos de peso y con enormes pitones, Dámaso González, lo lancea muy de cerca y con buenas maneras.
Con un picotazo y un puyazo en su sitio el matador pide el cambio de tercio que concedido por el usía da paso al tercio de banderillas donde se colocan dos pares y medio.
La faena la comienza Dámaso con una serie de derechazos muy templados que merecen el aplauso del respetable y los sones de la música.
Tras un circular completo se lleva el toro a la solanera para pelearse con un astado que no quiere muleta.
Hay desplantes de rodillas, en uno de los cuales tira lejos los engaños con lo que público se enerva.
Mata de un pinchazo bien señalado y certero golpe de descabello al primer intento.
Su labor es premiada con una oreja con la que da la vuelta al anillo.

En el que cerró plaza y que hubo de matar por el percance sufrido por Julio Robles, un toro muy largo llamado “Marquesón” herrado con el número 56, negro de capa y con un peso de 496 kilos, demostró mal estilo en la embestida al ser veroniqueado por Dámaso.
Con una sola vara en la que recargaron toro y picador, se cambia el tercio para que el de banderillas transcurriera con poco lucimiento.
Comienza Dámaso González con tres extraordinarios estatuarios a los que sigue una faena a base de porfía sobre la mano derecha para que el toro embista a la muleta.
Recibe muchos aplausos por la voluntad demostrada por parte dell público de sol al que ha acudido el de Albacete en busca del triunfo. Unas espaldinas bien ejecutadas, son aplaudidas con fuerza.
Acaba con el toro de media estocada y descabello a la primera. Una ovación premia la faena.

Antonio José Galán se encontró con un primer enemigo llamado “Cacharrero” herrado con el 29, negro de capa y 437 kilos de peso. Un toro encastado y con no muy buenas intenciones que lo volteó aparatosamente destrozándole el traje de torear.
Con una sola vara en la que el piquero apretó de lo lindo se cambia el tercio. En banderillas tres pares colocados arriba, no sin dificultades.


Tras brindar al público, Galán comienza la faena de manera valiente ante un toro con aviesas intenciones. Trata de doblegarlo por bajo para seguidamente torear con ambas manos en series que son cerradas con los pases de pecho bien ejecutados.
Molinetes de rodillas, adornos y jugueteos que entusiasman al público.
Despena al toro de un pinchazo en hueso y estoconazo entrando superiormente. Tras doblar el toro, el cachetero acierta a la primera con lo que el diestro Antonio José Galán corta una oreja con la que da la vuelta al anillo.

En su segundo, número 5, un berrendo en negro con un peso de 442, Galán, tras la suerte de varas en la que se colocó una vara demasiado trasera, le realiza un quite por verónicas bien ejecutadas que es muy aplaudido.
Tres pares de banderillas arriba de las cuales dos son ejecutados magníficamente por Miguel Montenegro merecieron el desmonterado.
El de Bujalance brinda la faena a la reina de las Fiestas y la comienza con dos muletazos sentado en el estribo de los que el toro sale suelto. Continúa en los terrenos del 4, con muletazos sobre ambas manos que son muy aplaudidos.
Pases de adorno mirando al tendido, espaldinas dentro de la vistosidad y el valor.
Un pinchazo seguido de estocada ligeramente trasera y descabello al tercer intento acaban con el astado y la faena se premia con ovación y vuelta al ruedo.

El abulense Julio Robles al único enemigo que mató, un toro llamado “Faciosito” herrado con el número 22 un negro bragado de 454 kilos, lo lancea superiormente en medio de los aplausos del público.
La ovación se repite cuando lleva el toro al caballo con lances preciosistas y de gran calidad.
Tras el único puyazo que recibió el astado, Julio Robles instrumenta un quite por chicuelinas de gran empaque que es premiado con una gran ovación.
Con dos pares de banderillas se cambia el tercio.
Julio tras brindar al respetable, realiza una faena donde destapa el “tarro de las esencias toreras" que este diestro atesora, donde el templar, mandar y rematar son las virtudes del afincado en Salamanca.
Redondos suavísimos, rematados con pases de pecho largos de “pitón a rabo” en medio de ovaciones y música.
La muleta en la mano izquierda para torear por naturales perfectos de ejecución y remate. En uno de ellos es alcanzado y derribado, resultando ileso, pero a los pocos segundos cuando Julio seguía muleteando, vuelve a ser cogido y esta vez si es herido en la ingle como se pudo comprobar cuando al levantarse mana un chorro de sangre en medio de la emoción en el graderío.
Se niega a pasar a la enfermería. Un torniquete aplicado hace el milagro de que Julio continúe delante del toro para seguir toreando para cuadrarlo y ejecutar dos pinchazos y una media estocada.
¡Ya no puede más! En manos de las asistencias pasa a la enfermería en medio de la ovación cerrada y angustiada del público vallisoletano que reconoce el gesto del joven torero de huir de la comodidad y del truco.
Cuando el Dámaso trata de descabellar, el toro dobla.
A Julio Robles se le conceden las dos orejas que pasea triunfalmente, por parte del ruedo, su peón Manuel Cano acompañado por sus dos compañeros de banderillas.
Dos orejas que han premiado una faena plena de intuición y de arte.
El parte facultativo emitido por el doctor Ángel Palencia:
“El diestro Julio Robles sufre herida por asta de toro en la región inguinal derecha, de trayectoria ascendente que disecando el paquete vascular, hace un despegamiento de peritoneo pelviano, por debajo del anillo inguinal. Pronóstico grave”
Tras cura de urgencia en la enfermería de la plaza, el diestro fue llevado en ambulancia al Sanatorio de la Cruz Roja donde a última hora de noche había experimentado una gran mejoría.

viernes, 6 de febrero de 2009

LA SEGUNDA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.








Lo que sobre el cartel era prometedor, se quedo en…nada.
Algo más de media plaza fue el aforo en el día de hoy. No “pintan copas” precisamente en el arranque de esta feria del 1972.
Preside el comisario del Cuerpo General de Policía Sr. Zalama auxiliado en materia taurina por “Cigales”.
En el palco de siempre, la Reina de la Fiestas, que este año es la señorita Carmen Wattenberg, acompañada de sus damas de honor.
El cartel primitivo ha sufrido modificación al ser sustituido Raúl Aranda por Pascual Mezquita.
Los toros pertenecen a la vacada de D. Joaquín Buendía, procedencia Santa Coloma.

El primer espada de la tarde es el “niño sabio el Camas” a la sazón Paco Camino quien saluda al primer toro de la tarde con una serie de verónicas donde destacan dos consideradas como superiores.
Se trata del toro llamado “Matador”, herrado con el número 104, negro de capa y con 485 kilos sobre los lomos.
Con una sola vara ha de pedir el cambio de tercio a consecuencia de que el piquero apretó en exceso y dejó al toro maltrecho.
En banderillas fue aplaudido Joaquín Camino en los dos pares que colocó.
Paco Camino comienza su faena por alto, tratando de ayudar al, escaso de fuerzas, ejemplar. El toro se le cuela.
Con la muleta sobre la mano derecha torea al toro con mimo para que no se caiga. Lo consigue a veces.
Series cortas de derechazos y naturales para entrar a matar y lograr un pinchazo y media ligeramente contraria que reciben muestras de desagrado por parte del público asistente que ha considerado demasiado breve la faena.

En el segundo, un toro llamado “Braguetón”, negro, herrado con el número 102 y de 482 kilos, el público tenía la esperanza que Paco Camino se "sacase la espina", pero no fue así pues estuvo apático y tiró a abreviar.
Ocurrió en este toro lo mismo que el anterior. El piquero se ensaño demasiado en la sola vara que administró y el toro se queda sin fuerzas.
Paco Camino comienza la faena tratando de aliviar al toro pero como no lo consigue abrevia en faena desligada y molestada por el viento reinante.
Ante las protestas del público acaba con el toro de media bien colocada que es premiada con los pitos del respetable.
Le falto al sevillano deseos de agradar lo que molestó al público vallisoletano.

El primero de José María Manzanares, un toro de nombre “Guitarrero”, herrado con el número 107, de capa negra y con 463 kilos, sale con muchos pies.
Manzanares lo recibe con unos lances muy aplaudidos.
El público se encara con el picador por el “ímpetu” puesto en su “labor”. Se cambia el tercio para salvar al toro y se pasa al de banderillas donde se colocan seis banderillas en cuatro entradas.
Manzanares comienza su faena recogiendo al toro por bajo para finalizar con un molinete.
Sigue la faena sobre la mano derecha en una buena serie de redondos que merecen los sones de la música.
Una serie de naturales que son abrochados con un excelente pase de pecho.
Una serie de redondos que son rematados con un afarolado, al que siguen molinetes y pases de costadillo.
Despena al toro de una estocada en el sitio, volcándose, que merece la ovación y saludos desde el tercio.

Su segundo que responde por “Cañejo”, herrado con el número122, negro de capa y 490 kilos, es el toro más bravo del encierro.
José María Manzanares lo torea primorosamente de capote.
Brindó su faena a la Reina de las Fiestas y corte acompañante, con estas palabras: ¡Guapas, va por vosotras!
Una faena instrumentada sobre ambas manos donde las diversas series de naturales y derechazos fueron rematadas con pases de pecho ajustados y diversas tandas de adornos y abaniqueos artísticos en medio de los sones de la música y los aplausos del respetable.
Con la espada, menos de media un poco tendidilla, un metisaca, un pinchazo que es escupido y media ligeramente trasera.
El toro después de tanto castigo dobla con la boca cerrada. El puntillero “Romerito” acierta a la primera.
Palmas al toro cuando va en busca del desolladero y silencio para el espada.

Pascual Mezquita había sido alternativado en esta plaza y por ello había interés por verlo nuevamente.
Los ánimos estaban soliviantados con las actuaciones de sus compañeros de terna y el ambiente no era el más propicio
Recibió a su primer enemigo, herrado con el número 110, de 466 kilos de peso y que atendía por “Renacio” con el “compás abierto”.
Tras fuerte puyazo, Mezquita realiza su quite por verónicas, que fue muy aplaudido.
En banderillas destaca la labor realizada por el banderillero Ángel Silva quien calva dos excelentes pares.
Tras brindar a la Reina de las Fiestas, realiza una faena de cercanía donde el temple es el factor dominante en medio de los sones de la música y los aplausos del público vallisoletano.
Adornos y desplantes muy aplaudidos.
Con la espada un verdadero desastre, pues necesita tres pinchazos sin soltar a toro arrancado y media bien colocada.
El toro se echa y el puntillero acierta a la primera.
La labor de Pascual es premiada con ovación y saludos desde el tercio.

En que cierra plaza, el número 135, un negro llamado “Lobato” con 470 kilos, Pascual Mezquita lo recibe con unos buenos lances que son jaleados y a los que abrocha con una navarra que resulta desdibujada.
Con un solo puyazo se cambia el tercio para pasar al tercio de banderillas donde destaca la labor de Luis González.
Tras brindar a Angelita Rodríguez de Arce, esposa del empresario, Pascual Mezquita comienza su faena por bajo, para seguir su labor muleteril por derechazos que remata con la rodilla en tierra lo que hace sonar la música en medio de los aplausos de la concurrencia.
Al iniciar un pase sufre una espectacular cogida de la que afortunadamente sale ileso. Como el toro se ha orientado ahora lo busca y Mezquita pierde los nervios, el aplomo y la tranquilidad.
Entra a matar en medio de un calvario pues necesita, cinco pinchazos y descabello al segundo intento, no obstante lo cual recibe algunos aplausos.
En cuanto a los toros de Buendía decir que fue un encierro de bonita lámina como corresponde al encaste Santa Coloma, pero que adolecieron de falta de fuerzas.

jueves, 5 de febrero de 2009

LA PRIMERA DEL CICLO TAURINO VALLADOLID 1972.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.








Nuevamente el empresario-propietario del coso de Zorrilla, Emilio Ortuño "Jumillano", nos obsequió, a todos los abonados, con la carpeta que contenía las entradas del abono y los carteles del ciclo.
Si bien en esta ocasión se ahorró la litografía del reverso de la carpeta o tal vez ¿fue un olvido?. Nos quedó la duda.
Se inició la feria taurina con el concurso de los “jinetes del apoteosis” pero faltó el ingrediente en esta ocasión.
¿La causa? Posiblemente que la cantidad empache la degustación de la calidad, única fórmula de entender el pálido entusiasmo de la concurrencia entre la que, sin duda, sobresalían en número y conocimiento de la equitación taurina muchos de los que cubrían en sus tres partes el aforo de la plaza del Paseo de Zorrilla.
Pues no se comprende de otra manera la frialdad del público ante el caluroso comportamiento de estos cuatro artistas del toreo a caballo que hacen con los ingredientes de la destreza, el dominio de las bellas cabalgaduras y el valor que aportan a los mil trances que se suceden en la lidia, un verdadero espectáculo, reiterativo, sí, pero digno de admiración y premio.
La presidencia estuvo ocupada por el comisario de Policía sr. Zalama que en esta ocasión contó como asesor artístico con el saber de Antonio Aguado "Larita"
Pero solamente uno, el de una oreja a Rafael Peralta, se pidió con templanza y difusa animación por exigua mayoría.
En fin, son contrastes, difusos también, que unas veces, como la meteorología se inclinan por los cálculos menos inesperados.
Fueron sobresalientes en la liza los seis bonitos y bravos novillos-toros presentados por el ganadero andaluz don Clemente Tassara. Como hechos para el rejoneo, a pesar de los “tragines” que imponen las suertes y del castigo que sufren, ni volvieron la cara ni dejaron de acometer con celo, casta de la buena y valentía. Varios fueron aplaudidos en el arrastre muy merecidamente, premio que va suscrito en el brindis que hizo al mayoral el gran artista Álvaro Domecq.
Los “jinetes del apoteosis” dividen en dos partes el espectáculo. Actuación personal de cada uno en la primera y a dúo en la segunda.
Ángel Peralta se apretó de lo suyo en el primero que si, acobardado por la primera sangría, sacó luego casta se fue arriba y se complementó a los alardes y valentía del rejoneador. Hubo de trabajar el centauro de Puebla del Río, para domeñar la voluntad de embestir contínua del Tassara. Mató de un rejón y entre aplausos dio la vuelta al ruedo.

Rafael Peralta, cortó una oreja al suyo, otro vacilante y bravo torete con el que derrochó valor. Además dio la vuelta al ruedo. Quizá fueron sus enormes ganas de agradar al público vallisoletano y al de Medina de Rioseco que se desplazó en masa al avento, las que le proporcionaron el triunfo. Estuvo bien pero no llegó a la altura artística y técnica de su hermano Ángel al que su seriedad le empañan triunfos.

Álvaro Domecq, nos presentó la más bella imagen del toreo a caballo, realizado con temple, justeza y dominio de los terrenos y las distancias. En un magistral par de banderillas, adornándose en la cara del toro, escuchó una formidable ovación. ¡La más fuerte de la tarde! Por matar de un rejonazo caidillo hubo de conformarse con el premio de la vuelta al ruedo.

José Samuel Lupi, con indumentaria a la Federica, bien en todo y fenomenal en los pares de banderillas al quiebro, suerte de su especialidad. Los quiebros contínuos de sus caballos levantaron en ocasiones la moral de un frío público. El sobresaliente descabelló y Lupi dio la vuelta al ruedo entre los aplausos de quienes supieron reconocer el mérito de su faena..

La segunda parte animó más al público, al llegarle más y con más “gancho” por los accidentes que se producen en el toreo por parejas.
Los hermanos Peralta que hicieron todo el programa conocido con acierto, tuvieron el desacierto –en este caso Ángel- de atravesar al de Tassara con un rejón perpendicular que asomaba por la barriga. Por este desacierto, el desacertado hizo “taina” en la barrera y su hermano paseo entre aplausos la periferia.
Muy bien también los quiebros y requiebros torerísimos de Domecq y Lupi con el último del encierro. Domecq descabelló pie a tierra y el andaluz y el lusitano dieron la vuelta al ruedo entre aplausos, pequeñísimo premio para su extraordinaria actuación.

miércoles, 4 de febrero de 2009

LA 7ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.









La caída del cartel del zamorano Andrés Vázquez trae de nuevo al coso de Zorrilla al maestro Antonio Bienvenida que forma terna con Sebastián Martín “Chanito” y José Luis Parada, en un cartel nuevamente equivocado en su confección.
Una tarde soleada ha querido despedir a la última corrida de toros de este ciclo del año 1971. La afluencia de público rozó los tres cuartos de aforo.
El ínclito Sr. Zalama presidiendo como de costumbre, auxiliado en esta ocasión por Faustino Gómez Cayón “Cigales”.
En un burladero, como en el día de ayer, presencia la corrida el presidente de las Cortes Españolas D. Alejandro Rodríguez de Valcárcel acompañado por el gobernador civil y el jefe superior de Policía.
Como en días anteriores ocupa su sitial la Reina de las Fiestas acompañada de su corte de honor.

Abre plaza el maestro Antonio Bienvenida que es recibido con una ovación. Ovación que se reproduce cuando lancea pausado y quieto a su primer enemigo llamado “Madrileño”, herrado con el número 22 y 482 kilos de peso sobre sus costillares negros.
Un primer tercio nefasto caracterizado por un puyazo malo, un marronazo y un picotazo. El quite aplaudido de Bienvenida compuesto por dos chicuelinas, comprometidas por su ajuste, que son rematadas con una media verónica de superior factura.
Tras brindar al señor Rodríguez de Valcárcel, saca al toro a los medios donde instrumenta una faena artística y voluntariosa en la que el toro se pone difícil por momentos a causa de sus continuas coladas.
Buenas series de redondos y lo intenta sobre la mano izquierda si bien el toro no admite este pitón.
Antonio tras administrar un molinete muy ajustado busca la igualada tras los obligados pases de aliño.
Mata de media estocada mal colocada y descabello al primer intento que es premiada con una ovación que el diestro caraqueño agradece desde el callejón.

En su segundo enemigo, un toro de nombre “Guasón” herrado con el 44 de capa negra y el de más peso de la corrida con 541 kilos, se estira de salida con una serie de verónicas que es rematada con una media acogidas con una gran ovación.
La suerte de varas caracterizada por un picotazo donde el picador recibe una aparatosa caída y una vara de verdadero castigo con la que el matador pide el cambio de tercio.
En la suerte de banderillas cuando el toro persigue a un banderillero y derrota contra las tablas se parte la defensa derecha.
Bienvenida comienza su faena de muleta con tres ayudados por alto a los que siguen unas tandas de soberbios redondos, rematados con el pase de pecho en medio de los sones de la música y ovaciones.
Molinetes ceñidos, muletazos rodilla en tierra en medio del entusiasmo popular a un toro distraído que ha requerido el dominio y conocimiento del torero para sacar faena.
Un pinchazo que escupe y una estocada delantera ponen fin a la vida del astado que espera el diestro sentado en el estribo. El toro que se levanta nuevamente ante los estertores de la muerte para finalmente rodar sin puntilla. Labor que es premiada con una oreja, petición de la segunda y dos vueltas al anillo entre fuertes ovaciones.

Sebatián Martín “Chanito” dejó constancia en Valladolid que posee la virtud de la voluntad.
A su primer enemigo marcado con el número 7, “Purito” de nombre, negro y con 505 kilos que en todo momento llevó la cabeza por las nubes, tras brindar al señor alcalde de la ciudad De Santiago Juárez que ocupaba su barrera del 8, el salmantino demostró, tras los doblones de recibo, en las tandas con ambas manos sus buenas cualidades toreras. Los muletazos por redondos han tenido sabor y temple. Terminó con unas giraldillas que fueron muy aplaudidas al igual que resto de su faena.
Falló a espadas con un pinchazo que escupe, otro pinchazo y una estocada al encuentro y descabello al cuarto intento, no obstante lo cual fue aplaudido y obligado a dar una vuelta al ruedo.

Al quinto, de nombre “Receloso” con el número 48, negro listón y de 514 kilos, que salió con mucho gas, Sebastián lo lancea sin pena ni gloria.
Una vara en su sitio en el que recarga el de Bohórquez merecen por parte del público la ovación hacia el piquero Pepe Salcedo. Con este castigo se cambia el tercio para dar paso a la colocación de dos pares de banderillas en medio de cierto barullo en la lidia con exceso de capotazos.
La faena la comienza “Chanito” por redondos a los que siguen naturales muy ceñidos que son aplaudidos y animados con los sones de la música.
De inmediato el toro se para y ya desluce la faena que el salmantino pretendía. A destacar un “pase de la firma” soberbiamente ejecutado.
Una estocada entrando recto pero que resultó defectuosa de implantación, a la que siguieron cuatro golpes de descabello acabaron con la vida del astado. El diestro fue premiado con muchas palmas y la vuelta al ruedo que él dio por su cuenta.

José Luis Parada venía precedido de haber recibido el Premio San Pedro Regalado del año 1970.
Lanceó bien al tercero de la tarde un toro llamado “Ramillito”, marcado con el número 64, negro y con 532 kilos.
Pidió el cambio de tercio con una vara en su sitio y con dos pares de banderillas.
Tras brindar al público, recibe al toro con dos pases citando de largo y remate vistoso. Sigue por redondos bien ejecutados y rematados hasta que el toro se apaga definitivamente.
Entra a matar logrando una estocada ligeramente caída que al acabar con la vida del astado recibe el premio de una oreja con la que realiza la vuelta al anillo.

En su segundo que cerró corrida y feria, un toro llamado “Adoroso” marcado con el número 20, negro de capa y con 508 kilos, el torero gaditano demostró su sapiencia y dominio del arte de Cúchares ante un "toro avisado" que se iba a por él en todo momento.
Un toro que no fue castigado en varas por recibir dos puyazos tras desmonte espectacular en terrenos del 4 y que se fue con solo dos pares de banderillas.
Tras brindar al maestro Bienvenida, comienza la faena con pases por alto para seguir toreando sobre ambas manos en tandas lucidas.
Ante un toro muy quedado el espada ha de hacerlo todo a base de porfía y de pisar el terreno del toro.
Dos pases circulares levantan un clamor. Sigue con pases de adorno con vistosa exhibición.
Una faena de primerísima clase por la entrega, el peligro y por el sello artístico.
Un estoconazo pone fin a la vida del astado. Al doblar le son concedidas las dos orejas y con ellas da la vuelta al anillo. Se pide el rabo que no es concedido.
De la corrida enviada por D. Fermín Bohórquez destacaremos el cuarto por su bravura. El de más dificultades fue el sexto, pero el resto fueron buenos para los toreros si bien adolecieron de picante.
Dignos de mención en el capítulo de subalternos: el picador “Chopito” y los banderilleros, Fauró, Ponce y Valbuena.

martes, 3 de febrero de 2009

LA 6ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.









La sexta corrida del ciclo ferial 1971 se anunció como LA CORRIDA DEL ARTE DE REJONES.
La tarde comenzó con el cielo entoldado, para casi de inmediato disiparse las nubes y quedar una estupenda tarde.
No se llegó al lleno total pues hubo algo de aforo por cubrir.
En la presidencia el titular D. Florencio Zalama auxiliado en esta ocasión por el novillero Fernando Merino.
En las localidades preferentes del tendido 4, los Ancianos acogidos a la Casa de Ancianos de Medina de Rioseco portan una pancarta en apoyo de su protector el rejoneador D. Ángel Peralta.
Los toros pertenecen a la ganadería denominada “Castillejo” de la que es propietario D. José Luis Cobaleda.
Una exhibición de alta escuela a cargo de los caballos de los jinetes participantes siguió al despejo de plaza. Las primeras ovaciones de la tarde se hicieron sentir en el coso del Paseo de Zorrilla.

El primero en actuar es el rejoneador de Puebla de Río D. Ángel Peralta quien coloca tres rejones de castigo en el sitio exacto al primer toro de la tarde que responde por “Peregrino”, herrado con el número 69 y cárdeno de capa.
Seguidamente el toro se aquerencia en las tablas por lo que el centauro ha de trabajar para llevarlo al lugar idóneo donde clavar las banderillas.
Son tres los pares que coloca: uno arriba, otro abierto y otro superior tras haber encelado al cornúpeta.
Tras brindar al público coloca "la rosa de la casa" por tres veces bajo las ovaciones del público. Un rejón de muerte certero, acaba con la vida del bravo siendo premiado con una gran ovación.
Cuando el toro dobla, el rejoneador montando una yegua de capa torda en fase blanca realiza florituras sobre el astado moribundo.
Las dos orejas es el premio a su labor con las que da dos vueltas al ruedo, una a caballo y otra de pie.

El segundo toro de la corrida es el número 84 “Puntilla”, un negro girón. Corresponde su lidia a D. Rafael Peralta. Consecuente con que tiene la muñeca derecha escayolada debido a un reciente percance, ha de ser ayudado en los primeros momentos de la lidia por su hermano Ángel quien coloca un rejón de castigo en todo lo alto, tras haber parado al toro.
Rafael se coloca una muñequera fabricada al efecto y se va por el toro para dejar un par de banderillas a una mano, en todo lo alto, que son ovacionadas al tiempo que comienza a sonar la música.
Un nuevo par de rehiletes que brinda a la solanera.
Finalmente otro par de banderillas cortas que brinda al Capitán General en funciones quien presencia la corrida desde un burladero en compañía del presidente de las Cortes Españolas don Alejandro Rodríguez de Valcárcel, del gobernador civil y del jefe superior de Policía.
Finalmente brinda al público la colocación “de la rosa” que coloca en el sitio preciso con lo que las palmas echan humo.
Mata de un rejón en sitio acertado y le es concedida la oreja con la que da la vuelta al ruedo.
También es premiado con aplausos al toro cuando va camino del desolladero.

El tercer toro de la tarde corresponde su lidia al caballero jerezano D. Álvaro Domecq Romero. Es el toro número 83, berrendo de capa y cuyo nombre es “Cara de Rosa”.
Coloca unos excelentes rejones de castigo, pero donde verdaderamente produce el entusiasmo es en la colocación de las banderillas a una mano que arrancan las ovaciones del público.
Brinda un par a dos manos al Capitán General en funciones que levantan el entusiasmo popular por la precisión en la colocación.
En el primer rejón de muerte toca hueso, para en la segunda entrada junto a toriles colocar el rejón arriba y tras rueda espectacular al toro a caballo lograr que éste doble. Tras finalizar el cachetero de certero puntillazo se le concede una oreja con la que da la vuelta al anillo.

La lidia del cuarto toro de la tarde corresponde al caballero portugués D. José Samuel Lupi. Se trata de el toro ”Moñalejo”, número 91 y negro lucero de capa. El portugués vestido a la federica coloca certeramente tres rejones de castigo. Después se luce en banderillas colocadas tras quiebro de su caballo habiendo arrancado dando los pechos.
Brinda un par comprometido al gobernador civil señor Ibáñez Trujillo. Con las banderillas cortas ejecuta dos pares: uno brindando a la galería y otro que ejecuta junto a las tablas jugándose la vida puesto que no había sitio para la salida.
Un rejón de muerte caído y otro arriba a fuerza de consentir al toro y arrimar la cabalgadura.
Echa pie a tierra y descabella al tercer intento por lo que su actuación acaba en ovación y vuelta al ruedo.

El quinto toro de la tarde va a ser lidiado por la collera formada por los dos hermanos Peralta, si bien es Ángel el encargado de colocar los tres rejones de castigo.
Las banderillas corren a cargo de los dos hermanos de forma lucida en medio de ovaciones y música.
El toro muy cerrado en tablas hace laborioso este tercio lo que enfría los ánimos de los espectadores.
La colocación de “las rosas” pertinentes enderezan el espectáculo.
La suerte suprema corre a cargo de Ángel, quien clava un rejón en sitio tan preciso que deja al toro fulminado con lo que al actuación de los dos hermanos es premiada con las dos orejas y el rabo que pasean triunfalmente por el anillo subidos en sus monturas.

El sexto y último de la tarde es lidiado por la collera formada por Álvaro Dómecq y Lupi. Se trata del toro número 77, “Lunarito”, cárdeno de capa en cuya lidia son ovacionados ambos caballeros cuando colocan sus pares de banderillas.
Uno de los pares es brindado a la Reina de la Fiestas que ocupa su palco nº 9 acompañada de las damas de su corte. Es Lupi el encargado de prenderlo por los terrenos de adentro lo que suscita el entusiasmo del público.
Los pares de banderillas cortas se las brindan mutuamente ambos rejoneadores.
El encargado de realizar la suerte suprema es Álvaro Domecq quien logra un rejón de buena clase. Tras doblar se levanta raudo para dar un buen susto al cachetero.
Cuando es atronado definitivamente ambos caballeros son premiados con las dos orejas con las que dan la vuelta triunfal al anillo.

lunes, 2 de febrero de 2009

LA 5ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.










Esta quinta corrida de la Feria 1971 se caracterizó por una faena magnífica de Paco Camino, el valor de Miguel Márquez y las buenas maneras toreras de “El Puno”.
Un nuevo lleno, que colmará las ilusiones de “Jumillano” en el coso del Paseo de Zorrilla. Y nuevamente este sempiterno Presidente, el señor Zalama Herrero, auxiliado en esta ocasión en materia taurina por Faustino Gómez Cayón “Gigales” que repartió orejas y rabos a granel.
En esta ocasión varias bellas muchachas vestidas con traje típico y tocadas con el clásico sombrero cordobés ocupaban localidades preferentes en el tendido del 8, mientras el palco de la Reina era ocupado por la titular acompañada de sus damas de honor.
Para el recuerdo del aficionado la enorme faena realizada al segundo de su lote por el sevillano Paco Camino que dejó sobre al albero del coso de Zorrilla lo mejor de su inspiración, dominio y gracia torera.

Cuando Paco Camino aparece en el ruedo para recibir a su primer enemigo herrado con el nº 105 que tiene por nombre “Jabato” y que es un negro de capa con 452 kilos perteneciente como el resto de sus hermanos a la ganadería de D. Joaquín Buendía Peña, es recibido con una gran ovación.
Y ante el cornalón toro realiza unas extraordinarias verónicas que remata con una media de excelente factura.
Recibe una vara en la que empuja con la que se pasa a banderillas donde Joaquín Camino prende un buen par al igual que su compañero de cuadrilla Manolo Rodríguez.
Pocos pases de tanteo sirven al “sabio de Camas” para saber las características de su oponente de ahí que de inmediato comience su toreo por naturales sobre la zurda mano. El toro se cierne, de ahí que pase la muleta a la mano derecha para seguir por redondos.
De manera inesperada el toro “viene a menos”, “pierde gas” y Paco Camino se queda sin toro.
Ya los naturales se quedan sin el debido remate por lo que se decide despenar, al falto de fuerzas, de un pinchazo en hueso, otro más en el mismo sitio, otro sin soltar y finalmente una estocada trasera y certero descabello a la primera que suscitaron en el público la división de opiniones mientras el toro era pitado en el arrastre.

En su segundo oponente Paco Camino se desquitaría. Era un toro de nombre “Campesino” marcado con el número 142, negro entrepelado y con 496 kilos. Al que recibe con unas verónicas de mano baja que son ovacionadas largamente y con una atronadora ovación cuando remata con una media verónica primorosa.
Como el toro se emplea en la primera vara, Paco Camino pide el cambio de tercio porque quiere un enemigo con movilidad de ahí que cuide el tercio de banderillas para que no se le de un capotazo de mas. ¡Camino dispuesto a hacer faena!
Tras brindar a su íntimo amigo Pablo Barrigón se va al centro del ruedo desde donde cita al astado para recibirlo con un pase cambiado. Sigue por alto para seguidamente instrumentar unas tandas de redondos suavísimos, naturales del más puro sabor torero que son aclamados de manera unánime al son de la música y las charangas.
El toro como domesticado sigue el camino que traza la mano diestra del maestro de Camas de manera rítmica y acompasada.
Una faena justa y medida que es rematada de estocada hasta la gamuza realizada “dejándose ver”.
El entusiasmo es unánime y una ovación cerrada premia el mérito de una faena que ha sido un compendio de estética taurina.
Las dos orejas y el rabo es el premio pedido y concedido por presidencia con las que Paco Camino da la vuelta triunfal al anillo.
Parte del público pide la vuelta al ruedo para el Buendía que el usía no concede.

El primero de Miguel Márquez es un toro cárdeno lucero que está herrado con el número 102, que responde por “Mediano” y que pesa 458 kilos. Toro de mucho nervio a quien el diestro de Fuengirola recibe con una serie de buenas verónicas a las que siguen unas chicuelinas que se jalean unánimemente.
Una vara en la que se le pega de lo lindo es el prologo de un refilonazo que hiere al astado.
Con cuatro rehiletes en lo alto se cambia el tercio de banderillas.
Tras brindar a la concurrencia Miguel Márquez demuestra que está dispuesto a todo con tal de triunfar.
La primera parte de su faena se caracteriza por el toreo con gusto y arte.
La temeridad es la nota que caracteriza la segunda parte de su faena, arrancando gritos angustiosos del público ante el peligro en que se encontraba el matador con sus pases de rodillas, sus desplantes de espaldas y de rodillas, sus muletazos donde la quietud y proximidad hacen que los alamares sean acariciados por los cuernos de su enemigo.
Mató al Buendía de un estoconazo entrando a ley que como tumba al toro sin puntilla merecen la petición y concesión de las dos orejas. Petición de rabo que no es concedido y dos vueltas al ruedo.

En su segundo herrado con el número 30. “Primero” de nombre, cárdeno de capa y 512 kilos de peso, se estira de salida a un toro que comienza apretando.
Es pegado en exceso en suerte de varas por lo que llega demasiado quedado a la muleta.
Miguel Márquez no encuentra colaboración ya que el toro trata de irse en cada muletazo.
Decide entrar a matar y logra una media estocada bien colocada.
Hay división de opiniones, con ligero predominio de las palmas que obligan a que el diestro salude desde dentro del burladero.

Había en Valladolid expectación por ver a “El Puno” y el público no resultó defraudado.
Se trata de un diestro colombiano que tiene muy buenas maneras toreras.
A su primero número 90, “Soñador” de nombre, negro entrepelado y con 460 kilos lo recibe con dos largas cambiadas para seguir veroniqueando de manera muy ajustada.
Hay contento en los graderíos que se reproduce a través de muchos aplausos para premiar dos chicuelinas cerradas con medias verónicas del mejor estilo.
La faena de muleta la inicia con dos buenos estatuarios seguidos de tandas de derechazos donde algunos de ellos se convierten en circular.
Sigue por naturales bien iniciados y magníficamente rematados que acaban en afarolados, molinetes, pedresinas y el martinete como encandilamiento del ambiente.
Mata pronto de más de media estocada bien colocada que hace doblar al astado logrando una oreja con la que da la vuelta al anillo.

En el que cierra plaza “Torrijaño” de nombre, herrado con 155 cárdeno y 500 kilos de peso, de salida remata en tablas en un burladero del 6 y aprisiona contra ellas al peón que perseguía que no es otro que Juan Bellido Romero “Chocolate” sufriendo una contusión glútea y hematoma inguinal de pronóstico leve.
Como entra por dos veces a los montados propicia que Paco Camino realice un extraordinario quite.
Pero a partir de ese momento el toro se apagó repentinamente y el colombiano no pudo sacar un solo pase. No le faltó voluntad a Jaime González, pero se estrelló contra un toro castigado en exceso en la suerte de varas.
Entra a matar y logra una estocada delantera que hace doblar al astado. Es despedido con muchos aplausos.
Destacaron entre el peonaje: el picador José Márquez y los peones Joaquín Camino, Miguel Martín Montenegro y “Zurito”.
En cuanto a la corrida enviada por Joaquín Buendía Peña (antes Santa Coloma) presentó casta, si bien el quinto y sexto se apagaron para el último tercio a causa de exceso de castigo en varas.
LA 4ª CORRIDA DE FERIA DEL AÑO 1971 EN VALLADOLID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.











Hubo cambio en el cartel, al ser sustituido Francisco Ribera “Paquirri”, no reintegrado a sus actividades taurinas, por Curro Romero.
También hubo “piciazo” (como se dice por allá abajo) en la confección del cartel pues se colocaron indebidamente la antigüedad de la terna actuante.
Tarde espléndida para poder seguir una auténtica tarde de toros, no obstante lo cual, no se llenó, quedando el aforo cubierto en las tres cuartas partes de plaza.
Preside en comisario del Cuerpo general de Policía señor Zalama Herrera al que auxilia como asesor artístico Antonio Aguado Puertas “Larita”.
Como en días anteriores la Reina de las Fiestas señorita Marta Lorente ocupó su palco en compañía de su corte de honor vestidas con el típico atuendo rondeño.
Presenció la corrida, desde un burladero, el gobernador civil señor Ibáñez Trujillo acompañado por el Jefe Superior de Policía señor Navarro.
Los toros pertenecen a la ganadería de doña María Lourdes Martín de Pérez Tabernero del campo de Salamanca.

El primer toro de la tarde tiene por nombre “Menudito” es negro lucero, luce el número 9 y 501 kilos de peso.
Es el peón “Navarrito” el encargado de recogerlo con efectividad.
El maestro Curro Romero lo lancea con desgana lo que enerva al público asistente que siempre espera lo mejor del torero de Camas.
Con dos entradas al caballo se cambia el tercio para pasar al de banderillas donde los peones de Curro colocan tres buenos pares de rehiletes.
El toro no presenta dificultad alguna, pero no se que es lo que vería Curro que se limita a instrumentar una faena brevísima a base de pases por bajo y por la cara entre las protestas y el abucheo del público.
Los ánimos se soliviantan cuando Curro se dispone a matar al toro de un pinchazo hondo sin cruzar y otro sin molestarse en sacar el estoque de la forma más antirreglamentaria conocida. El puntillero se encarga de rematar el desaguisado en medio de una lluvia de almohadillas que llegan hasta la arena del ruedo. Una gran bronca es el ruido general que inunda el coso del Paseo de Zorrilla.
Todavía los seguidores del torero esperaban su reconciliación en el segundo enemigo confiados en que Curro destapara el “tarro de su esencias toreras”.

Sale el cuarto de la tarde que es el segundo de Curro Romero. Un toro con un excelente trapío llamado “Violetero” herrado con el número 32, cárdeno de capa y con peso de 443 kilos.
Aprieta en las dos veces en que se enfrenta al montado.
Con tres palitroques en lo alto se cambia el tercio.
Curro Romero comienza su faena a base de doblarse por ambos pitones para seguidamente a medida que le ha ganado terreno y lo ha sacado al tercio, estirarse en unos derechazos que hacen concebir esperanzas de algo grande.
Comienza el rum-rum de la plaza. En uno de los pases el toro le pega un “gañafón” y aquí se acabó todo.
Curro vuelve a la inhibición con la repulsa de los espectadores.
Abaniqueo por la cara y dos entradas a matar que propician dos estocadas delanteras y caídas con descabello al quinto intento.
Bronca sonora e improperios hacia el diestro que se ha reído descaradamente del público de Valladolid al inhibirse totalmente y “darle todo igual”.
Fue despedido con almohadillazos al abandonar el coso de Zorrilla.
Y hasta aquí el primer Curro de la terna. El Curro nuestro. El artista Romero. El irregular Romero, que hoy en nuestro coso ha dado la de arena.

El segundo de la terna era el mexicano Curro Rivera. El otro Curro, el bueno en el día de hoy. El que tuvo el santo de cara, porque aparte de andar muy bien con los toros pone de manifiesto su voluntad y deseos de agradar lo que ayer consiguió plenamente. El otro Curro. La otra cara de la moneda.
Su primer toro marcado con el nº 21, “Perruno” de nombre y negro de capa con 438 kilos de peso, era un toro muy bravo.
Curro se estira en unos lances buenos que remata con una media, que arrancan la primera ovación de la tarde.
Por chicuelinas corridas lleva al toro al caballo por dos veces recibiendo un buen castigo en ambas entradas. A la segunda salida, Dámaso González hace su quite por chicuelinas.
En banderillas parea con lucimiento “Solanito” que en su día fue matador de toros.
Es un toro de carril propicio al lucimiento con el que el mexicano saca todo su variado repertorio a base de redondos completos, circulares, pases de pecho, ayudados por alto y por bajo, pedresinas, manoletinas, acabadas en espectaculares desplantes. Todo en medio de alegría torera. Pases que llegan al público pero que a pesar de su bien inicio y remate pecan, a mi juicio, de excesiva rapidez.
Mata de una gran estocada hasta la gamuza que hace doblar al astado para que el puntillero acierte a la primera.
Estruendosa ovación con petición y concesión de las dos orejas y el rabo con las que da dos vueltas al ruedo.
También el toro es premiado con la vuelta al ruedo.

El quinto de la tarde, es el nº 30 “Fogonero” negro de capa y con 496 kilos. Se trata del segundo de Curro Rivera. Un toro con más dificultades que su primero, no obstante lo cual el mexicano salió a redondear un triunfo completo, venciendo las dificultades con vista y tesón.
El toro salió con muchos pies y el manito lo lanceó con artísticas verónicas que remató con la media clásica.
Una sola entrada a los montados a petición del matador y dos pares de banderillas propician el cambio de tercio.
Brinda su faena al gobernador señor Ibáñez Trujillo y comienza doblándose en pases de tanteo para seguidamente seguir por redondos rematados con el de pecho sobre la derecha. Dos series de naturales, rematadas con el de pecho, para pasar seguidamente a torear para la galería con pases redondos, circulares completos, adornos y desplantes espectaculares que llevan la euforia a los graderíos al tiempo que hace sonar la música.
Una faena alegre que llega al público por la vistosidad y las ganas de triunfo demostradas.
Nuevamente despacha al astado con una gran estocada hasta la bola lo que desató el entusiasmo en el publico con la petición de las dos orejas que la presidencia concedió.
Tras la vuelta al ruedo triunfal pasó a la enfermería donde fue asistido de un puntazo leve producido por una banderilla.

El tercero de la terna era Dámaso González, quien había despertado una gran expectación en Valladolid.
Su primer oponente de nombre “Torreato” herrado con el nº 37 de capa negra entrepelada y con 469 kilos de peso es un toro que podemos considerarlo como bravo.
Así lo demostró en los primeros compases con la capa a la que acudió con prontitud y codicia. El de Albacete se estiró en verónicas de buena factura.
En su encuentro con el jaco recibió un excesivo castigo en las dos entradas que realizó.
Dámaso González tras brindar al público realiza una faena de gran categoría.
Comienza con tres pases por alto continuando con la muleta en la mano derecha toreando por redondos bien rematados.
Buenas labor con la muleta en la zurda con naturales bien iniciados, ejecutados y rematados que son muy aplaudidos por la concurrencia.
El toro se va apagando consecuente al exceso de castigo en varas.
Dámaso en su afán de agradar, continúa en ese terreno de cercanía que tanto le gusta porfiando en una serie de circulares. En uno de ellos, estuvo a punto de sufrir un desaguisado. Dominando completamente al toro, haciéndolo el péndulo y realizando un desplante metiendo la cabeza entre los cuernos e incluso dándole cabezazos en el testuz. Todo esto es indudable que gusta al público asistente aunque desespere al verdadero aficionado.
Un pinchazo hondo bien colocado y descabello al segundo intento, acaban con la vida del toro de Salamanca.
El público pide la oreja y el presidente la concede, en una faena muy en torero.

El último toro de la tarde se llama “Dichoso” esta marcado con el nº 24. Es un toro negro de 455 kilos.
Se trata del toro con más cabeza del encierro.
Con dos entradas al caballo Dámaso pide el cambio que el usía concede.
Dos pares de banderillas, perfectamente colocados, propician el cambio de tercio.
En el comienzo de la faena de muleta el de Albacete se ve comprometido en el primer pase. Lo mismo le ocurre en los siguientes ya que el toro se cuela con mucho sentido. El toro se vence por ambos pitones pero Dámaso no se arredra continuando tratando de conseguir faena.
Cuando se convence de que "no hay nada que hacer ante semejante alimaña", continúa con pases de aliño sabiamente administrados en cuanto a duración de la faena.
Entra a matar. Dos pinchazos sin soltar y una estocada contraria ponen fin al cuarto festejo de feria, donde Dámaso González no ha defraudado a la expectación despertada.
Una corrida desigual en comportamiento y pareja en presentación con la que doña María Luisa Martín de Pérez Tabernero se ha lucido como ganadera.