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lunes, 24 de marzo de 2008

TAMPOCO PUDO SER ESTA VEZ.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

La corrida del domingo de Resurrección en la Monumental de Las Ventas, se caracterizó por unos toreros con ganas y unos toros que hicieron, todo lo que nunca hacen los toros con casta 4/4 y sí los que están dotados de 1/2 casta, gracias a esa involución que los ganaderos imponen en su selección.
Toros sin voluntad de embestir de manera continuada y regular. Toros de embestidas descompuestas e inciertas que naturalmente llevaron a uno de los toreros al "hule" y a los otros dos, a que no pudieran redondear una tarde que con seguridad tenían catalogada en sus mentes, como de triunfo grande.
Hizo tanto frío en Madrid (5ºC de temperatura y con viento del Norte que soplaba a 29 m/s) que a pesar del cartel tan atractivo solamente asistieran a la plaza espectadores para llenar los ¾ de su aforo.
¡Inaudito!
Será necesario dotar de un techo a la primera plaza del mundo o dejar la celebración de festejos taurinos para los meses en que el “calor y las moscas” formen parte del entramado taurino.
Bajo la Presidencia de D. Manuel Muñoz Infante hicieron el paseíllo la terna compuesta por:
Julio Aparicio (tabaco y oro).
Morante de la Puebla (azul pavo real y oro).
Miguel Ángel Perera (purísima y oro).
Los toros, ¡perfectos de cornamenta!, debido a que también los criadores de Puerto de San Lorenzo han copiado a Ricardo Gallardo y han puesto las fundas de fibra de vidrio a los cuernos de sus toros. Lástima que en la selección no se hayan decidido más, dentro del encaste Conde de la Corte, por la línea Juan Pedro Domecq en vez de por las bastotes toros de la línea Atanasio Fernández, pero quizá haya sido la cercanía la causa de esta elección.
Nota destacada: Cuando se dispone Julio Aparicio a recibir a su primer enemigo es aplaudido cariñosamente por el público de Madrid. El diestro lo agradece desde el callejón.
El primer toro de la tarde responde por Baratero lleva el número 134 en los costillares y pesa 598 kilos. Es un toro bastote y con el morrillo astracanado.
Aparicio en los lances de recibo no se confía lo más mínimo y en vez de “ganarle terreno” lo pierde retrocediendo hacia la barrera. Toma las riendas de la lidia su subalterno de confianza, Vicente Yesteras.
Cuando el picador toma su lugar, Aparicio se va por el toro y toreándole por la cara sin cruzar lo lleva al picador. Detalle que es aplaudido por el público madrileño.
Pica Manuel Sayago, que se agarra arriba. El toro no aprieta y sale suelto del encuentro. Al nuevo encuentro con la puya es llevado por Yesteras. Se repite la secuencia anterior.
Aparicio pìde el cambio de tercio que el Presidente concede.
En banderillas lidia Yesteras, mientras parean Álvaro Núñez que pone un buen par y Raúl Gómez “El Pela” quien tras pasar en falso luego coloca un par arriba. Se confía en demasía y ha de saltar la barrera precipitadamente. Cierra el tercio Álvaro con otro buen par.

La faena de muleta la comienza Julio Aparicio por alto. Al primer muletazo el toro sale suelto. El segundo es un pase contrario por bajo que es seguido por una trinchera y un doblón que no son capaces de fijar al huidizo astado. El torero persigue al toro para propinarle un pase de pecho sin ajuste.
Trata de torear por redondos. Al primer pase, el toro se va a las tablas y allí, porfiando, logra Julio dos redondos y el de pecho.
En ese terreno dos redondos y dos naturales con quietud, pero sin estética alguna, que son rematados con dos mantazos por alto.
El torero se va por la espada de matar y a la vuelta unos pases por bajo tratan de conseguir la igualada, en un toro sin problemas pero ausente de calidad.
En la suerte contraria pinchazo arriba sin cruzar.
Nueva entrada en la suerte natural. Hace bien la suerte, pero al tardar en salir de ella, el toro le pone el pitón en el pecho lo voltea y en el aire le propina una cornada en la parte interna del muslo izquierdo que ante la fuerte hemorragia, es llevado por las asistencias a la enfermería de la plaza.
El toro dobla y tras ser apuntillado con efectividad por “El Pela”, el diestro herido recibe una fuerte ovación que es recogida por sus subalternos.
Cornada de consideración según el parte del doctor García Padrós por la rotura de músculos.

El segundo de la gélida tarde se llama Bilbanoso está marcado con el número 124 y pesa 620 kilos.
Es un toro que sale muy violento enganchando el capote de Morante en todos los lances que pretende darle. Finalmente lo desarma.
Cunde un poco el pánico entre los componentes de la cuadrilla de Morante resultando un verdadero desastre el primer encuentro con el montado que no es otro que Aurelio Cruz. Al segundo encuentro se agarra arriba y de salida el toro ha perdido las manos en tres ocasiones. Mal lanceado debido a que el viento aprieta de lo lindo. Se cambia el tercio.

Como el viento sigue molestando Morante se alivia sacando el toro al tercio a base de pases por alto y por la cara. El toro cabecea en exceso.
Unos redondos sueltos. El toro sin ritmo hace “hilo” en unos de los redondos que Morante pretende ejecutar, por lo que el de Puebla se va por la espada de verdad para, tras unos doblones, entrar a matar en la suerte natural a “paso de banderillas” y no consigue ni pinchar. Repite por tres veces la misma secuencia y en la suerte natural cuando lo aconsejable era la suerte contraria. Dos veces más la misma secuencia narrada y como la espada esta vez queda arriba en un pinchazo superficial, logra el descabello a la primera. Recibe la bronca del respetable.

El tercer ejemplar se llama Billetito lleva el número 144 y pesa 550 kilos. Nacido el 03/04. Es un toro, bonito de hechuras.
A Perera se le ve con más facultades que a los dos compañeros que le precedieron en actuación. Con verónicas sin ajuste le saca a los medios y allí le remata con una media verónica a pies juntos que es aplaudida.
Con lances por delante templados y rematados con una larga a una mano lo deja en los dominios del picador que es Francisco Doblado quien se agarra arriba y de inmediato levanta la vara al ver que el toro no está sobrado de fuerzas. Como en la segunda entrada el toro pierde las manos, Perera pide el cambio de tercio que es concedido.
No hace quite.
En banderillas lidia Luis Miguel Calvo “Juncal”, mientras parean Álvaro Montes que clava arriba lo mismo que el tercero que es Guillermo Barbero, cerrando bien Álvaro Montes. Son aplaudidos ambos rehileteros.
Perera lleva al toro al centro del anillo a base de pases por alto. Allí por redondos le administra cinco muy buenos que son rematados tras un cambio de mano por la espalda, con el de pecho. Nueva serie que repite calcada a la anterior.
El toro demuestra genio cuando toca la muleta.
Nueva serie que al ser perfectamente rematada es aplaudida.
Tres naturales en los que el toro se sale fuera en el remate. Perera se distancia para que el toro repose. A la vuelta dos buenos naturales. El toro comienza a gazapear, por lo que el torero le roba dos naturales aislados, sigue con dos más ligados, y remata con el de pecho en medio del cual el toro se para y puntea.
Vuelve a la derecha para administrar tres redondos muy buenos, ligados y rematados con el de pecho. Aplausos. Cinco redondos, martinete y el de pecho.
El toro no acaba de definir su embestida
A pesar de que el viento aprieta Perera quiere lograr un triunfo por eso alarga excesivamente su faena por medio de nuevos naturales en una serie de cuatro en los que los dos primeros son extraordinarios de temple y largura. Nueva serie de dos que son rematados con el de pecho. Le suena un aviso lo que le precipita a buscar la espada de matar.
A la vuelta con pases por bajo lo lleva a las dos rayas. Se hace laboriosa la preparación de la suerte suprema. En la suerte contraria pincha arriba. En la suerte contraria estocada casi entera arriba. Falla en dos ocasiones con el descabello. Suena el segundo aviso. Acierta a la tercera y es ovacionado.
Cuando el toro dobla es ovacionado. Ovación que recibe desde el burladero.

El cuarto toro de la tarde sería el que Julio Aparicio debería haber lidiado en segundo lugar, pero el destino quiso que su lidia correspondiera a Morante, quien nuevamente, ahora no por decisión propia, iba a contar con tres toros para poder triunfar en Madrid aunque en plaza distinta.
Y salió de chiqueros Langosto el número 108 con 581 kilos sobre sus extremidades. Había nacido en enero del 2004. Se trata de un toro muy alto que como todos sus hermanos de ganadería no remató en tablas de salida.


Desprecia el primer lance de Morante, pero en el segundo que era una verónica en la que su lidiador, a pesar de “soltar mucha tela”, le enjareta, el toro pasa y el público de Madrid jalea al de la Puebla. La segunda verónica fue menos buena y remató con una media de manos bajas que también fue jaleada.
Actúa la cuadrilla de Aparicio menos en el lidiador del toro que es el peón de confianza de Morante.De ahí que el encargado de picar sea Cristóbal Cruz que tras agarrarse arriba le tapa la salida al burel, quien finalmente, al ver la salida se va suelto.
El viento arrecia y en la segunda entrada marra el piquero con el consiguiente Ohhhh... por parte del público. Una nueva entrada en la que el picador se agarra muy delantero.
En banderillas va por delante Yesteras que logra un buen par, “El Pela” las deja arriba y cierra Yesteras con otro buen par. El que ha lidiado que es Rafael Cuesta lo cierra a una mano y como siempre estos detalles se aplauden.
Morante inicia su faena doblándose al tiempo que saca el toro a los medios. Está tranquilo el torero. Comienza por redondos en dos series de dos cada una que resultan enganchados en el remate. Tres más que también resultan enganchados porque al toro le falta recorrido.
Morante empieza con sus posturas toreras, pero no hay transmisión.
Ganas no le faltan al torero, de ahí que se eche la muleta a la izquierda para lograr dos naturales sin quietud, dos más en los que trata de cargar la suerte y remata con una trinchera. No logra el objetivo propuesto. Le anda muy bien al toro mientras busca la igualada.
En la suerte natural pincha arriba y la espada es escupida. Nueva entrada y repite la secuencia anterior. Dos nuevas entradas y por fin a la cuarta el toro aburrido, dobla. “El Pela” acierta con la puntilla al segundo intento.

Y estamos en el quinto de la tarde que es el segundo de Perera, lleva el número 45 y su peso es de 610 kilos. Es un toro grande pero de buenas hechuras. Tampoco remata en tablas. En los lances de recibo denota falta de fuerzas, quizá porque no está rematado de los cuartos traseros. Tiene solo una media arrancada.
El encargado de picarlo es Manuel Jesús Ruiz. El toro como es manso no se emplea. Tampoco lo hace en la siguiente entrada.
Perera pide el cambio, haciendo “el molinillo con los dedos” y a pesar de esta descortesía, el Presidente, que debe estar helado de frío, lo concede.
Morante que ha visto las condiciones de lucimiento del toro se dispone a aprovechar su quite y lo hace a base de tres verónicas de las cuales las dos primeras son muy buenas y remata con una media superior. ¡Los mejores lances de toda la tarde!

Réplica, por parte del dueño del toro en ese momento, a base de gaoneras. Cuatro ajustadas gaoneras que son rematadas con una media, buena pero no de la calidad de realizada por Morante.
En banderillas mientras lidia Álvaro Montes, parean “Juncal” y Barbero con buenos pares por parte de ambos.
Perera brinda al público en el centro del ruedo dejando la montera en la arena con mucha torería y comienza su faena por estatuarios. Son cuatro en total que son rematados con un natural, una trinchera y el pase de pecho todos ellos en cadena. Aplausos.
Serie de cuatro redondos rematados con el de pecho. Nueva serie de otros cuatro que remata con uno de pecho en el que es desarmado.
Le da distancia al toro. Nueva serie de cuatro perfectos redondos que son rematados tras el cambio de mano por la espalda con el de pecho. Ovación.
Por naturales una serie de dos muy buenos si bien el toro se sale en el remate de los mismos. Nueva serie perdiendo dos pasos. Ahora los da aislados pero son buenos de ejecución y remate, a pesar de que al toro le falta ritmo, clase y regularidad.
Alarga la faena tratando de encontrar el interruptor de la faena inconclusa. Ha toreado con temple sobre todo en los redondos de las dos series últimas que ha rematado, tras un martinete, con el de pecho.
En la suerte natural pinchazo arriba sin soltar y en la misma suerte logra una gran estocada que hace doblar al toro en las rayas de separación del tercio y recibe una gran ovación.

El sexto y último se llama Curioso es el número 128 y pesa 546 kilos. Nacido 12/03.
Es el único toro que ha rematado en el burladero de salida.
Morante no se centra de entrada con él.
Pica Aurelio Cruz quien se agarra arriba tras hacer la suerte de “la aceituna”. En su quite Morante se limita a torear al toro por delante tratando de enseñarle a embestir. Nueva entrada al caballo, el toro con la cabeza a las alturas, no se emplea y el piquero se agarra arriba.
Lidia Rafael Cuesta y parean con eficacia “Liti” y Francisco Javier Sánchez.
La faena de Morante es improvisada a base de doblarse con el toro por ambos pitones y seguir con un redondo, una trinchera, un redondo lento y uno por alto.
Sigue con dos redondos enganchados, dos más, buenos. Uno más en el que el toro pierde las manos, gazapeo del toro, pérdida de manos nuevamente, cabeceo y hace todo lo que hacen los toros de media casta.
Morante decidido a no perder el tiempo comienza con pases de pitón a pitón para que el toro cuadre. Suenan pitos en cantidad.
En la suerte natural un pinchazo que escupe. Cuatro intentos más. En la misma suerte pinchazo arriba que como se queda el estoque, aprovecha para descabellar, acertando al tercer intento. Bronca del respetable.
Como resumen:
Julio Aparicio pasó sin pena ni gloria. Mala suerte a la hora de matar.
Morante tras tres intentos se fue de vacío y abroncado. No se puede estar en lo más alto con dos verónicas y una media.
Perera fue el mejor en ganas y en momentos puntuales. Se pasó de faena en los dos toros tratando de sacar agua de “dos pozos secos”.
Los toros de Puerto de San Lorenzo que se eligieron como garantía de triunfo están en un mal momento, hay que seleccionarlos en busca del toro 4/4 y no conformarse con el de ½ casta.

sábado, 22 de marzo de 2008

CESAR MANRIQUE SENTÓ CÁTEDRA EN ANDALUCÍA.
Una crónica nuestra del año 2006.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Nos encontrábamos veraneando en Benalmadena y al ver el cartel anunciador de la novillada dominical que, a lo largo del año y sin interrupción, se celebran en esta plaza, llamamos a nuestro amigo César para anunciarle que presenciaríamos su actuación.
Quedamos en el hotel donde se hospedaba y allí permanecimos en su compañía –reforzada con la su tío (el matador de toros Jorge Manrique, el único que mata con la mano izquierda), otro taurino salmantino y su mozo de espadas, hasta la hora de salir para la plaza.
Y nos sentimos preocupados porque el novillero estaba afecto de una gastroenteritis padecida desde antes de su salida de Medina en la madrugada ese mismo día. Hicimos de "médico" para aconsejarle una sulfamida y dieta a base de suero que tomó de inmediato.
¡Que duro es este oficio! Cuando ni aún enfermo se puede cancelar una oportunidad.
La coqueta plaza de toros de Benalmádena que regenta la empresa EXPOKENDAL.S.L el pasado domingo 16 de mayo ofreció un espectáculo mixto a base de tres toreros, más que cuajados, uno de ellos a caballo.
El cartel anunciador decía:
A las 7 de la tarde
GRAN CORRIDA DEL ARTE DEL REJONEO Y GRAN CORRIDA DE NOVILLOS-TOROS..
1 TORO DE CAMPO AMOR para el Rejoneador JOAO PEDRO CEREJO
y
4 NOVILLOS (2 DE HDOS DE JUAN TASSARA y 2 DE HNOS SEGURA )
para el mano a mano entre
CESAR MANRIQUE y JOSELITO ORTEGA.
Sobresaliente: Luis Cortes “BOMBITA”
Y con estos “mimbres” se iba a confeccionar una “cesta” que al final resultó portadora de triunfos, pues los tres actuantes pasearon trofeos por el anillo.
En tercer lugar actuó el rejoneador portugués que, ataviado a la federica, hizo todo bien a un toro con complicaciones al que finalmente desorejó.
En lidia ordinaria fue por delante abriendo cartel, el diestro madrileño pero afincado en la llamada “Ciudad de los Almirantes” (léase Medina de Rioseco), CESAR MANRIQUE quien, a pesar de tener que lidiar a los dos peores novillos de cada hierro, entusiasmó a los escasos aficionados que suelen acudir las tardes de festejo, a pesar de los elevados precios (cuarenta y cinco euros el tendido general de sol), para ver a los novilleros actuantes.
Por esta plaza suelen pasar todos los del escalafón, a lo largo de todos los “domingos y fiestas de guardar”, puesto que esta plaza está abierta y activa durante todo el año merced a la bondad del clima y a los viajes concertados con turistas que "han de ver obligatoriamente" una corrida de toros. Y estos aficionados, vecinos de Benalmadena y alrededores, “entienden de toros” porque son muchos los festejos que ven en su vida.
En su primero, de hermanos Segura, un torazo ”reviejío”, le saludó con unas verónicas serias, largas, mandonas y perfectamente instrumentadas que arrancaron los primeros olés de la tarde en la voz de los aficionados, que como por simpatía hicieron aplaudir a los tendidos repletos de japoneses ávidos de ver nuestra Fiesta más nacional como alguien definió.
Pero de inmediato, el novillo con el guarismo 1, “aprendió demasiado” al hacerse laboriosa la suerte de varas por su tendencia a la huída, y a pesar de ello, Cesar lo lidió (lo único que se podía hacer) aguantando impávido los pitones en el cuello una y otra vez de este manso solemne. Y estos detalles hicieron que los aficionados lo jalearan.
Entró tres veces a matar, pinchando siempre arriba, y a pesar de ello fue obligado a saludar desde el tercio.
En su segundo, un novillo muy bien hecho de Herederos de D. Juan Tassara, le toreó primorosamente por verónicas, que por aquí es lo que se saborea al considerar como el lance rey, y remató con tres medias seguidas que fueron jaleadas por los aficionados y profesionales que ocupaban el callejón.
Cómo el novillo quedó “crudito” tras ser mal picado, comenzó la faena de muleta con unos doblones por bajo, con la pierna contraria estirada que suscitó olés de admiración y una vez “domeñada la fiera”, tres tandas de redondos: largos… de arriba abajo y… rematados a la cadera que hicieron llegar a nuestros oídos comentarios tales como: ¿Dónde estaba metido este novillero? Dos perfectas series de naturales a la que siguió otra en la que el sentido del burel descompuso la estética al enganchar la muleta en el remate.
Cesar, encorajinado, volvió a la derecha y propinó otras dos tandas de redondos rematados precisa y preciosamente. Y los aplausos del público llevaron a Cesar a que en plena “borrachera triunfal”, volviera a la izquierda y tras un serie buenísima se confió y fue “rebañado” en un muslo y lanzado al vació.
Cayó de mala manera sufriendo una lesión en las costillas falsas del lado izquierdo que aunque le hizo “quedarse sin aire”, tomó el estoque y le propinó una estocada en todo lo alto que por estar demasiado perpendicular retrasó la caída del novillo y al tener que descabellar, después de que el novillo recorriera completamente el anillo del ruedo, enfrió los ánimos , vino el aviso y a pesar de ello le fue concedida una oreja, ante la unánime petición que los buenos aficionados inculcaron a esa masa entusiasmada, por la plasticidad de la faena.

También Joselito Ortega, novillero de la tierra, triunfó al cortar un total de 2 orejas a los dos mejores novillos de los lotes sorteados. Trofeos merecidos para Joselito, que naturalmente salió por la Puerta Grande de esta pequeña plaza de toros, aunque para el recuerdo de los aficionados quedaron esas verónicas majestuosas por su lentitud y esos redondos y naturales que un torero de Castilla, con “hechuras de matador de toros” (al decir de los aficionados presentes) llevó en toda su sobriedad (como si del más puro “toreo rondeño” se tratare) a las alegres tierras malagueñas.
A la salida de la cuidada plaza de toros de Benalmadena se comentaba que estos dos novilleros son unos verdaderos matadores de toros.

viernes, 21 de marzo de 2008

LO QUE ESCRIBIMOS HACE UNOS AÑOS CUANDO SE PRESENTÓ EL JULI EN VALLADOLID.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

No sé que pasa en el mundo de los toros que parece impera una “locura colectiva”. Moviliza tanto dinero que acuden a él como “moscas” en su afán de “repartirse el pastel” distintos profesionales que no triunfan en lo suyo y aquellos, carente de oficio, que aspiran lograr unos dividendos organizando tertulias taurinas a las que llevan como contertulios a los “figurones de turno”. Claro que como la competencia es enorme, han de competir con otros profesionales "ya contrastados” que son los que suelen “copar” todo lo taurino más o menos noticiable para, al tiempo que aumentar su sueldo mensual, asistir por “la barba” a las corridas de toros y asegurarse la “manduca” y la “dormida” durante la semana que suelen durar las distintas ferias taurinas, tienen, encima, la poca ética de calificarlas de “provincianas”.
Naturalmente como el presunto “pastel” no da para todos, se ha desencadenado una guerra entre quienes comentan y critican los toros en los diferentes medios de comunicación de nuestra ciudad.
La "declaración bélica" ha corrido a cargo de un crítico a veces, comentarista casi siempre, venido de fuera, que ha considerado la “avalancha de intrusismo” que hay en su parcela como algo fuera de lo normal, como si en el resto de las parcelas de cualquier actividad no hubiera más y de consecuencias, a veces, más funestas.
Después ha tratado de sentar cátedra en una cadena televisiva que no gozaba de mucha boyantía económica, tratando de desplazar a los que han luchado en los primeros momentos y en circunstancias dificilísimas por verdadero “amor al arte”. Y lo ha hecho, aliándose con la nueva dirección y despreciando a su cadena de siempre que ha organizado el show por su cuenta en un nuevo hotel taurino.
Crítico que el día de más responsabilidad, a tenor de la categoría del festejo, hizo “novillos” dejando vacante su “cátedra” que fue ocupada por una señorita de “su cuerda” mientras él se fue a comentar una corrida a la cadena televisiva en la que colabora y aguanta todo lo que "se le ocurre” a su “amo” y, en ese momento amigo, el poeta taurino.
Y ahora vayamos con el verdadero protagonista de este artículo:
Desde que “El Juli” se anunció en la feria matea vallisoletana, la “psicosis Juli” impregnó el oxigeno que se respira en esta ciudad y, cómo si de elemento “bélico-químico” se tratara, fue inhalado por los pulmones de los vallisoletanos que lo llevaron a sus glóbulos rojos y convirtieron a todo el contingente de esta ciudad en “julinianos” de toda la vida, hasta el extremo que en taquilla cuando iban a sacar las entradas para la única corrida que la mayoría elige en la feria, se oía la frase de:
“Una entrada para la corrida del Juli”.
¡Lo que son los fenómenos de masas!
Y en este ambiente, es lógico que surgieran los despropósitos que prologaron esta polémica corrida de toros.
Hubo “baile de corrales” hasta tres horas antes del comienzo de la misma, no achacables probablemente al personaje que rige los destinos de “Joselito”, pues los mentores de “El Juli” le han venido cuidando el ganado a lidiar desde que comenzó a lidiar en España y, hoy por hoy, tienen más fuerza incluso que la que pueda tener ahora mismo Enrique Martín Arranz, con todo lo que ha mandado y manda este apoderado en el orbe taurino. Por su parte el tercero en discordia, Ponce, salvo cuando se trata de divisas “verdaderamente duras” – que en la actualidad se reducen a cuatro- no suele “hacer ascos” a ninguna y menos cuando están en la línea “juanpedrina” que es la característica, desde hace años, de esta feria de Valladolid.
¡No nos engañemos! “El Juli” tenía cortadas las orejas de alguno de sus toros muchos días antes de su actuación.
Sus compañeros de terna en ese día, deberían haber dado “la réplica” a este incipiente torerito a quien el “marketing” le está funcionando mejor que al “Pipo” cuando apoderaba al "El Cordobés”, por aquello de que se obvian los errores cometidos.
Pero la réplica, si es que la hubo, solo se dio por parte de Ponce, ya que las condiciones climatológicas no le permitieron al clásico “Joselito”, con ese torero puro de verdad que requiere la colaboración de muchos factores, estar en las dosis de arte que su toreo nos tiene acostumbrados a los de “Pucela”. ¡Ni el clima, ni sus oponentes, lo propiciaron!
Él presentía la imposibilidad de lucimiento, por eso trató de que la corrida no se celebrara, máxime cuando al día siguiente tenía el compromiso verdaderamente serio de Sevilla. Y cuando no pudo evitarlo - tras media hora de dudas en la que la lluvia no apareció – presionado por el dueño, arrendadores del coso, autoridad competente representada en la misma persona del Delegado del Gobierno, y accedió ( como director de lidia) a que el paseíllo se iniciase, se llevó la bronca del respetable a la que se enfrentó, en medio del estado de nervios en que se encontraba, ante la rabia de no haberse “salido con la suya”. El que es una figura del toreo, y por ello, acostumbrado a mandar desde hace varios años.
Respetable que está dispuesto a “encumbrar” a un nuevo torero y hundir a los que está harto de ver en al cima desde hace una década. ¡Hundir a “Joselito”! en una temporada más que irregular, cuando hace dos temporadas no sabían donde poner al entonces queridísimo José Miguel Arroyo.
Diestro que después no estuvo acertado al brindar la faena de su primer toro, blando y manso animal, a uno de los principales increpadores de momentos antes, con estas palabras:
"Para que aprenda a respetar a los toreros".
¡No José, el camino no es ese! ya que, con demasiada frecuencia, ustedes tampoco respetan al llamado “respetable” al pasársele por el forro de sus caprichos.
“Joselito” sabía que el “Juli” iba a improvisar con la capa y por eso se adelantó a realizar un pinturero quite en su primer “marmolillo”, quite que logró a medias por mor del viento, de la escasa colaboración de su oponente y la falta de apresto de ese capote de brega que porta, no muy propicio al efectivo manejo en días de lluvia y mucho menos de viento. Por eso se le “escapó de la mano” al tratar de asirle en el primer lance y luego los otros dos, muy buenos, no tuvieron el remate requerido porque el “torito” careció de fuerzas y pasó del todo en el lance. Fue una pena, pero al menos lo intentó y además con un lance: “la gallosina” que sí está en la Tauromaquia.
Sus colaboradores tauricos le fallaron y, a pesar de que se le vio enrabietado ante la impotencia de no poder “sacar la tarde adelante” en su segunda comparecencia en la feria, conste que actuó con honradez y no con reservas para el compromiso del día siguiente en Sevilla, de ahí la gran media estocada que recetó al segundo de su lote. Fue de lo mejor de la tarde, para mí, que según van las cosas no sé si entiendo algo de toros.

Ponce…pues en su línea. Le valen todos los toros y por eso en ellos desarrolló, en menor o mayor medida, su toreo de derechazos y doblones prolongados a una mano con la izquierda. Es decir…”lo de siempre” en un torero que se hace de inmediato con los toros al conocer perfectamente sus reacciones al haber toreado en centenares de ocasiones las castas que imperan en nuestros cosos y estar acompañado de una figura envidiable. Por eso dio una lección, en su segundo, al joven matador en una faena en la que hubo de dominar a un toro que tenía mucho que torear, no por ser un toro poderoso y combativo, sino por ser todo lo contrario y saber retenerle y demostrarle que quien mandaba en ese momento era el torero de Chiva.
Y vamos con "El Juli".
¿Qué tiene este nuevo matador? ¡ Lo mismo que tenía cuando era novillero, antes de ayer por la tarde!
¡Desparpapajo! Pues díganme que es si no, tener la osadía de brindar a sus dos compañeros de terna (consumados maestros del toreo) un toro mansote y sin fuerzas.
¡Osadía! Cuando incluso se inventó pases de capa ante un torero clásico y dominador de este tercio cual es “Joselito” que maravilló con su quehacer capoteril a la “cátedra” de las Ventas en aquella corrida goyesca que toreó en solitario y, ante Ponce, al que trató de sorprender con esas manoletinas de hinojos, espantosas ante los ojos de los buenos aficionados, que nos las suelen tolerar ni dadas de pie al ser conscientes de que fueron inventadas por Llapisera que era un torero cómico. ¡Seguro que sorprendió al maestro!
¡Maña y habilidad! Semejante a la que estamos acostumbrados a ver, en estas tierras, a los cortadores de toros que calculan al milímetro los derrotes de los astados. "El Juli" es un cortador extraordinario y habilidoso, no solo al aprovechar el viaje de los toros sino al quitarse las zapatillas con los calcañales estando de hinojos ante la misma cara de su oponente.
¡Inconsciencia! Propia de su edad. Pues ¿díganme que es sino parear por dentro en un terreno comprometidísimo que además estaba resbaladizo al máximo?
¡Conocimiento de los terrenos! En eso hay que quitarse el sombrero. Si bien su valor le hace que no les tenga en cuenta en muchas ocasiones.
¡Improvisación! Cuando el Juli está delante del toro, puede ocurrir cualquier cosa. Lo mismo puede dar una “lopecina”, “zapopina”, “choperina” que una “juanpedrina”, “ramblina” o “corbellina”. Pases de capote que ahora han cambiado de denominación pero se prodigaron “antes” cuando los toros tenían poder y había suerte de varas que propiciaban el tercio de quites donde cada diestro mostraba sus excelencias con el capote.
"El Juli" aprendió estas suertes en su permanencia en tierras americanas y ha sabido explotarlas acá con éxito clamoroso ante ese “público lerdo de los toros” que se decanta por este tipo de pases, al ignorar que el pase rey de capa es la “verónica” rematada con la “media verónica”. Lo demás…pues “toreo variado de capa” como muchos críticos taurinos denominan.
Con la muleta…poca improvisación, pues la variedad es menor. "El Juli" como la mayoría comienza sus faenas con la derecha, bien por bajo o por alto, según las condiciones del toro lo requieran y luego muchos redondos para al final…dar unos cuantos y contados “naturales” que rematados por el antes “obligado de pecho” son la base de la faena de muleta.
Y a la hora de matar, pues….como todos mata a la última, si bien lo hace con arrojó y fe tras ese saltito tan criticado a toreros de otros tiempos.

jueves, 20 de marzo de 2008

EL APURO DE MAZZANTINI.


Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Que de siempre han existido hombres forzudos en el mundo. ¡No lo ponemos en duda!.
Ahí está el caso del atleta griego Milón de Crotona, nacido en el año 510 a.d.Cristo, que se hizo famoso por su gran fuerza durante la celebración de aquellos juegos que, en honor a Júpiter y cada cinco años se celebraban en la ciudad de Olimpia, obteniendo premio en 32 ocasiones.
El mismo que sostuvo con una sola mano el techo, que se venía abajo, del aula donde Pitágoras daba clase mientras salían todos los alumnos del recinto.
Cuenta la historia que cuando era joven le regalaron un becerrito del cual se encariño tanto, que lo llevaba a todas partes cargado sobre sus hombros.
Todos los días y durante cuatro años realizó este ejercicio. Naturalmente el becerro se hizo un toro.
Cuando llegaron las Olimpiadas, Milón se presentó a la prueba de fuerza llevando a su toro a la espalda y dando con él, sin respiro alguno, la vuelta al Estadio en medio de grandes ovaciones. Seguidamente, dejando su carga en el suelo le asestó un puñetazo en la testuz, matándolo en el acto, para seguidamente comerse la mole en pocas horas.
Yo en mis años mozos conocí a un abulense del pueblo de Martínez, perteneciente al partido judicial de Piedrahíta, de nombre Eutiquiano propietario de un camión Pegaso de pequeño tonelaje, al que tumbado de espaldas debajo de él y con los pies apoyados en el eje trasero lo levantaba en vilo durante más de un minuto.
Uti (diminutivo con el que se le conocía) como todos los dotados de gran poder, era de carácter bonachón, si bien cuando cualquier jovenzuelo se “pasaba de la cuenta" lo cogía y lo “tiraba materialmente al tejado” de aquellas casas de un solo piso. Y lo dejaba allí para que cualquiera de sus familiares lo bajara mediante una escalera.
Imitando a Milón, en el Matadero de Muñogalindo (pueblo cercano a Avila), donde se sacrificaban las terneras de raza avileña de menos de 110 kilos de peso que abastecían a la Casa Civil de su Excelencia el Generalísimo, Uti, de sendos y certeros puñetazos propinados en la testa dejó k.o a las diez y nueve componentes de la partida sustituyendo a un mazo de madera encargado de esta operación.
Pero independientemente de estos lances puntuales hay trances en la vida en los que no se pueden describir lo que el ser humano es capaz de hacer por librarse de algún peligro. En casos de gran apuro, el cuerpo humano por el llamado “instinto de supervivencia” imprime a sus miembros una fuerza que no tiene en momentos ordinarios realizando una serie de admirables movimientos que después no pueden explicarse o repetirse.
Y este es el caso que le ocurrió a D. Luis Mazzantini y Eguía el día 12 de octubre del año 1.890 en la Plaza de Toros de Madrid durante la celebración de la decimonovena corrida de abono de aquella temporada.
Era un mano a mano entre Mazzantini- "Guerrita" para finiquitar una corrida de D. Anastasio Martín de Sevilla.
El berrendo cuarto toro de la tarde de nombre “Farolero” resultó manso ante los caballos, pero la insistencia y el bien hacer de los piqueros, “Cantares” y “Pegote” le libraron de las banderillas de fuego, al “robarle” las varas reglamentarias.
Los encargados de parear fueron Antonio Guerra (hermano de "Guerrita") y “Primito”.
Mazzantini corrió al bicho por derecho, y como éste le fuera a los alcances, saltó al callejón, pero también lo hizo el toro que lo encunó contra las tablas del tendido, cerca de un burladero, quedando aprisionado entre las dos astas y dando con la espalda en la contrabarrera.
Fue un momento de gran emoción y angustia que pudieron ver en directo los espectadores de las localidades de preferencia. Un momento crítico de difícil descripción para poder transmitir el sentimiento de terror no sólo en el diestro sino en los espectadores.
Mazzantini se agarró a los cuernos con toda su fuerza y empleando hasta la ultima gota de energía disponible en su naturaleza consiguió desviar la cabeza del toro lo justo para poder salir y refugiarse en el burladero próximo sin resuello alguno, para poder salvar su vida en aquel momento crítico. La ovación atronadora premió el esfuerzo titánico de el diestro de Elgóibar.
Finalmente Guerrita, a quien por turno le correspondía, se encargó de lidiar magistralmente a “Farolero” y finiquitarle de una soberbia estocada recibiendo otra ovación no menos sonora que la dispensada a su compañero.
El suceso quedó reflejado por el revistero y por el historiador tanto en el semanario La Lidia como en la revista El Toreo.
El crítico “Don Ventura” (Ventura Bagües Navarro) lo narró en su día al tiempo que se preguntaba si en frío hubiera sido capaz de realizar ese hercúleo esfuerzo y como este servidor de ustedes indaga por todos los escritos “habidos y por haber” lo encontró y ahora se lo refiere.
Pero es que resulta que unos cuantos años antes concretamente el 14 de julio del año 1.828 a Pachón le había ocurrido lo mismo y en la misma plaza, Madrid.
Era otra corrida mano a mano entre Pachón y Manuel Parra con toros a partes iguales aportados por los ganaderos Gaviria (Madrid) y Juan Domínguez Ortíz (Utrera), quienes llevaron como sobresaliente a Lorenzo Bedea.
Se trataba del torero cordobés Francisco González "Pachón" al que se le calificó como torero rudo en sus formas debido a su gran corpulencia.
El tercer toro de esa tarde de nombre Bordador que recibió 20 varas, a la salida de una de ellas se encontró de cara con Pachón y le encunó entre las tablas de la barrera. El torero haciendo uso de una gran fuerza, se apoyó en el pitón derecho, dio media vuelta y con un airoso quiebro se salió del peligro siendo aplaudido a rabiar.

martes, 18 de marzo de 2008

LA CONFERENCIA DE DOMINGO ORTEGA EN EL ATENEO.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

No tuve la oportunidad de ver torear a Domingo Ortega. Sí lo hizo mi padre en muchas ocasiones. Le oí decir que “se doblaba muy bien con los toros” que la faena de muleta "la hacía siempre con la espada montada” que “en las trincheras, base de sus faenas, al doblarse clavaba el estoque detrás del codillo del toro” y naturalmente, mi padre no me iba a mentir.
Este “paleto ilustre”, cómo un crítico le bautizó, con el tiempo llegó a dar conferencias, tras codearse con los intelectuales de su época tales como Ortega y Gasset, Julio Camba, Marañon, López de Ayala, Belmonte, Zumel, Sebastián Miranda..
En su conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid con fecha 29 de marzo del año 1.950 dejó bien patente que para él, el arte del toreo es una cosa muy compleja pues cada uno lo ve de distinta manera.
Y hasta cierto punto es comprensible que un concepto tan sumamente subjetivo no lo vea igual el espectador que el torero que lo ha ejercido en sus dos facetas: como practicante y como espectador.
Domingo Ortega lo ve como un arte muy joven (dos siglos de existencia es muy poco) al tiempo que observa la negatividad de lo escrito sobre él, consecuencia del apasionamiento.
Echa de menos el libro de “El arte del toreo”, pero no encuentra el autor idóneo puesto que debería ser una mezcla de torero-ganadero-veterinario y filósofo. Y este “monstruo sagrado” de momento no ha nacido de ahí que, D. José Ortega y Gasset declinara la proposición al respecto.
Pues en el toreo hay que analizar muchas cosas dependientes de ambos protagonistas: toro con sus características físicas, anatómicas, fisiológicas e incluso psicológicas que se comportará de una determinada manera durante la corrida; torero, que habrá de hacer una faena, no solo solventando las dificultades que su oponente presente, sino acorde con un lidia reglamentada y con el imperativo de crear arte momentáneo y con estética visual.
Matizó el conferenciante que a veces se ven “faenas de cuarenta muletazos que no han logrado mermar las fuerzas del animal”No le ha sometido! ¿Causa? Que el torero ha dado cuarenta pases pero que no ha toreado, puesto que cuando al toro se le torea, éste se somete y se entrega.
Cuando los aficionados se lamentan del estado actual de la Fiesta, él les dijo que “no había surgido por generación espontánea” que había tenido un proceso en el que ellos habían tenido parte importante de culpa al dejarse arrollar por la masa, achacándolo a:“seguramente porque la vida tiene problemas más importantes que la afición a los toros, aún para los más apasionados”.

La culpabilidad la achacó a ser partidarios de las personalidades de los toreros y “nunca conscientes de las buenas normas de practicar el arte” de esa especie de “chaqueterismo” que de siempre ha existido en el mundo del toro porque nunca conocieron la catalogación de su primer ídolo, al que cambiaron por otro diametralmente opuesto en sus normas, personalidad, formas y reglas, cuando se retiró.
Nunca llegaron a conocerlo al no catalogarlo como clásico en sus normas, sino como estilista, y se trataba de un torero clásico de bien hacer que al cuarto pase ya tenía al toro “en sus manos” “no porque lo hubiera atontado, sino porque lo había toreado”
Cierto que hay toreros dotados de unas facultades físicas extraordinarias que le dan un poderío físico envidiable, pero que no son capaces de someter a los toros tan pronto como lo hace el clásico, con belleza y sencillez dimanadas de ese otro poderío clásico.
Tampoco han sido capaces estos aficionados de seguir las fieles normas clásicas de Parar, Templar, Mandar con el añadido de CARGAR -intercalado entre las dos últimas- tan necesaria para que no desviase tanto el toreo.
¡El cargar la suerte! Que no es abrir el compás, puesto que este no profundiza, ya que para hacerlo la pierna del torero ha de avanzar para adelante y no al costado.
Para aquellos que afirmaron que “hoy se torea mejor que nunca” también hubo “raspapolvo” cuando dijo: ¿Cuántas veces han visto ustedes echarle a los toros la pierna adelante, antes de llegar a la jurisdicción del torero?
Reconoce que la culpa no la tienen los toreros que están adulterados por culpa del clima en que se formaron donde imperaba el dicho de que "el toreo ha llegado al sumun de la perfección, que era lo nunca visto” y que recibían el clamor del público practicando las normas reinantes.
La euforia de la postguerra contribuye a llenar las plazas durante dos o tres años seguidos, para después reconsiderar los hechos, retraerse muchos de ellos, mientras otros por no dar el “brazo a torcer” se callan y los más numerosos “siguen erre que erre diciendo que se torea mejor que nunca, cuando en el fondo reconocen lo monótono de este tipo de toreo”
El toro casi ha desaparecido por su falta de presencia y de mutilación de sus astas, pero los culpables de estas manipulaciones se escudan en culpar a los toreros.
Y estos pagaron las consecuencias porque triunfarán cuando el toro se lo permita con claridad, pero en el fondo de su conciencia reconocerían que el toro (su colaborador) nunca estuvo dominado.
Domingo Ortega era consciente que las normas clásicas son eternas; la fiesta en sí es más fuerte que todos los toreros juntos; el que se salga de ellas está a merced de los toros y estando a merced de ellos a la larga se apoderan de él.
Sostenía que el arte del toreo radica en el peligro que el toro tenga. Si al toro se le quita este gran peligro, al menos ésta es la impresión que le da al que está cerca de él, al arte de torear no existe.
Un consejo a los nuevos valores: el mirar al tendido, llegar al toro de costado quedarse rígido dejándole pasar, fueron invenciones del toreo cómico.
Dijo que cuando llegue el momento de que salga el toro con la belleza de su pujanza, estarán los toreros en forma y en condiciones de imponerle en todo momento su voluntad, se les ampliará el camino de la maestría y por tanto el campo del arte, pues como decía mi gran amigo Eugenio D’Ors “no hay que cansarse de hacer la apología de la perfección porque de lo demás, en fin de cuentas, siempre quedará bastante”.
También dio un consejo a los toreros de entonces: “Cuando se echen los cerrojos de las barreras, en el ruedo quedan muchos problemas por resolver y uno de ellos, el principal es el toro que sale por chiqueros, al que si no puedes con él, el podrá contigo y en ese caso estarás a su merced y todo lo que hagas será en tono menor con relación al arte”.

Ante el toro todo ha de ser suavidad y lentitud porque es lo que les agrada. Para lograrlo hay que ir a las normas clásicas que mandan ir siempre hacia delante que no es otra cosa que “cargar la suerte” cargando sobre la pierna tanto en los lances a la verónica como en las banderillas e incluso en la suerte suprema.
Pues en los toros cuando no se va para adelante se va para atrás y esto el único que puede hacerlo es quien abre la puerta del toril.
Como ganadero que fue habló del toro, considerando antinatural que el toro sea bravo tal como lo queremos para la lidia. El toro a medida que crece en edad va desarrollando su instinto de defensa para defenderse en las luchas con sus propios compañeros. Alcanza su máxima inteligencia o sentido a los cinco años y también sus manías, resabios y dificultades para la lidia.
También hablo de los efectos de la puya y no les considera desastrosos ya que el toro siempre tiene fuerzas para embestir, lo que no tiene en muchos casos es voluntad de hacerlo. El toro en cuatro puyazos bien dados ha perdido la décima parte de la sangre que tiene en el cuerpo, lo que no vemos es que de la brava tenía poca y es la que los puyazos hicieron salir.
Habla de que los toros salen si saber embestir y que hay que enseñarlos y a veces el torero ha de huir para que se vaya confiando. Pero la huída ha de ser en su justa medida pues de lo contrario el toro se crece ante el que huye y siempre le perseguirá.
Asegura que no se ha conseguido el toro completamente bravo.
Para finalmente decir que los toreros antiguos se enfrentaban a toros de bravura no fijada y que no lo hacían peor que los de ahora que son los que torean mejor que nunca.
Yo también me voy a permitir unas matizaciones respecto a Domingo Ortega quién, pese a representar para algunos el concepto más amplio y profundo de la lidia, “anduvo de cabeza” frente al toro “Tapabocas”.
Un torero de ideas muy claras cuando matizaba que “el trabajo en el campo, forja, curte y no es mal entrenamiento para ejercer la profesión de torero” quién sobre el honor de la muerte en el ruedo opinaba que “un torero es un artista y no un pobre suicida” y basó su fama en los ruedos en “llevar a los toros por donde no quieren ir”.
Pero Domingo Ortega también tuvo sus detractores, alguno de los cuales dijo:
“Si a Domingo Ortega le aplicamos el cuento del viajero desaprensivo, tenemos que el de Borox, con un billete tan solo de primera clase , ha viajado tan ricamente en coche-cama del tren taurino sin pagar suplemento alguno”¡Y le ha ido estupendamente!
Asi que???

domingo, 16 de marzo de 2008

CORRIDA DE TOROS EN GERENA A BENEFICIO DE LAS HERMANDADESDE LA VERA-CRUZ Y DE LA SOLEDAD EL DOMINGO 22 DE MAYO DEL AÑO 2005.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Cuarta corrida de nuestro torero como matador de toros. Y precisamente en su pueblo coincidente con las ferias del 2005. Como no podía ser de otra manera, la Peña de Tarifa madrugó y acudió. Fue invitada a una comida por su homónima de Gerena.
A la llegada al pueblo, nos dirigimos directamente al chalet del torero con la finalidad de saludarle y desearle suerte. Allí salió a recibirnos la madre, quien disimulaba como podía la angustia que vivía en los momentos previos a la corrida que mataría su hijo en su pueblo natal. Gran persona, la señora Lola quien a parte de todo es una de las mejores empresarias de España en cuanto a confección de trajes de gitana se refiere.
El torero, simpático y agradecido como siempre a su Peña, consciente de que le apoyará en todo lo que esté en su mano. Estaba en traje de gimnasia pues acababa de realizar sus ejercicios diarios en el gimnasio que ha montado con todo detalle en una de las alas del chalet.












Torero que cada vez está más espigado y fibroso, pues no en balde se entrena a conciencia en espera de que lleguen los contratos que le catapulten a la cima de torería.
Poco le importa enseñar, en los momentos previos a una corrida seria, las cicatrices de las graves cornadas sufridas en capitales de provincias tan importantes, taurinamente hablando, como pueden ser Almería y Málaga .Está tranquilo consciente de su poderío y técnica taurina.








Comida celebrada en un local antiguo matadero habilitado, amplio, luminoso y ventilado donde apenas notamos el calor que reinaba en el pueblo sevillano de nuestro torero.
Buena comida donde destacaron como un póker de ases: el salchichón, el salpicón, la caldereta de cordero y el vino crianza traído de la Rioja.
Sobremesa entretenida y partida de mus donde el Tato y hermano dieron buena cuenta de la pareja formada por Antonio Escribano y el veterinario Luis Alonso, mientras en la mesa de al lado jugaban un subastado unos cuantos tarifeños que se las pintan calvos para todo lo relacionado con lo fabricado por Heraclio Fournier.
Y con la hora que creíamos justita, salida para la portátil plaza de toros ubicada en el sitio de siempre donde dos matadores de Gerena (PUNTA y ESCRIBANO) formaban terna con otro diestro sevillano cuyo apellido era: CORPAS.
Tarde calurosa y comienzo del espectáculo con más de media hora de retraso por aquello, cada vez más usual en el antes puntualísimo mundo del toro, de estirar el tiempo en espera de que aumente la entrada que al final no llegó a media plaza al precio unificado de 20 euros la entrada general.
Mientras, aprovecharon los bomberos de la localidad para regar el ruedo, que anegaron más de cuenta y que luego no secó como se esperaba y los resbalones de toros y toreros estuvieron a la orden del día.
Paseíllo de la terna actuante con Antonio Manuel PUNTA que vistió un terno azul purísima y oro, Francisco Javier CORPAS de verde botella y oro y Manuel ESCRIBANO de marfil y oro precedidos por el alguacilillo que ataviado con traje corto montaba un altiricón y contrahecho caballo cruzado.
Se entregó una placa al ganadero D. Juan Pedro Domecq en el tercio del ruedo.
La terna actuante llevaba en sus brazos unos lazos negros en señal de luto por la muerte en circunstancias anormales del hermano del mozo de espadas de Manuel Escribano que no obstante a los vendajes que ocultaban ambas manos asistió a su matador con la colaboración del hermano menor de Escribano que hizo de ayuda. PUNTA le brindó la muerte de su primer toro.
Se lidiaron Seis toros Seis de tres ganaderías diferentes que casi convirtieron la corrida en una de concurso, pertenecientes a los prestigiosos hierros de D. Juan Pedro Domecq, cuyos ejemplares lidió PUNTA, Núñez del Cuvillo que correspondieron a CORPAS y los dos de Doña Rosario Osborne Domecq que fueron a caer en las manos de nuestro torero.
Todos los toros con trapío más que sobrado no ya para una portátil sino para incluso una plaza de 2º categoría.
Toros que dieron un juego parejo tirando a bueno, excepto el último de la tarde que manseó hasta el extremo de refugiarse en tablas impidiendo el banderilleo de ESCRIBANO, y acabó tumbándose en el momento en que olisqueo el frescor del ruedo a causa del regado a que fue sometido el albero en los prolegómenos del festejo.
Una vez más no le sonrió la suerte a ESCRIBANO a la hora del ganado, pues solo le medio sirvió un toro el primero al que hizo todo a lo que nos tiene acostumbrados un torero como él dominador de todos los tercios.









Recibo con larga cambiada de rodillas, verónicas ganado terreno al toro, banderillas de quejido y entrando por terrenos casi imposibles de salir, redondos, naturales de buen son para al final pegarse un “arrimón” que nuevamente puso un nudo en nuestras gargantas medio recuperadas del sin vivir del tercio de banderillas.









Nuestro torero improvisó con el capote en unos afarolados que gustaron a la concurrencia. También toreo clásico, en las verónicas de buena factura.
En banderillas puso de pie a la plaza por la exposición de sus pares, sobre todo el último en unos terrenos en que parecía imposible salir indemne.
Muletero tranquilo, técnico y artista.









Resbalón a la hora de matar en un terreno embarrado a causa del riego excesivo de un albero poco compactado, no obstante lo cual finiquitó a su oponente con un certero descabello.









Y como todo lo hizo con aseo, las dos orejas que tras conceder la Presidente ante la insistente petición de la concurrencia fueron a las manos de ESCRIBANO quien las paseo triunfalmente por resbaladizo albero.
Salió por la Puerta Grande en compañía de su paisano PUNTA que con tres orejas fue el triunfador de la tarde, mientras que CORPAS salió por su propio pie al cortar solamente una oreja de su segundo enemigo.
Y nuevamente al autocar que nos trajo a Tarifa no sin antes “jugarnos la encerrona” el tío del diestro titular de la Peña, llevándonos a la Venta de la Duquesa, donde un dueño ineducado y déspota, no confiando lo más mínimo en su mentor, nos trató como si de maleantes nos tratáramos al pedirnos por adelantado el pago de lo consumido y tardando en atendernos cerca de dos horas, al llevar él personalmente los pedidos de las consumiciones, lo que retrasó nuestra llegada hasta las 2 de la madrugada.
Como muy dijo aquél torero: ¡Hay gente pa to!
Menos mal que en el trayecto pudimos ver la película TORRENTE, que fue repuesta, tras petición unánime de todos los viajeros del autocar, cuando el Tato la cambió por “El pequeño ruiseñor” sin duda tratando de mitigar las palabrejas soeces de Torrente que con espontaneidad y de manera ocurrente soltaba ese personaje impresentable pero gracioso.
LA CRUDA REALIDAD DE EL TORERO.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ.Veterinario y escritor.
La trayectoria de un torero de los considerados normales, es decir aquellos que no han llegado a "figura máxima", más o menos podemos considerarla como la de cualquier negocio. Está afecta de "altibajos" que, de simbolizarla gráficamente, seguiría un trazado "en agujas" como si de la representación febril colocada a los pies de su cama, tras cornada, se tratara.
Y es que, en el desempeño de su oficio (nada de profesión) no siempre están a la misma altura tanto artística como emocional, pues no se puede olvidar que de seres humanos se trata.
Puede ocurrir que si las bajadas son esporádicas y por ende recuperables, los empresarios sigan procurando su contratación, por lo que sus apoderados, cuando de los denominados "poderosos" se trata, les sigan aguantando.
El problema aparece cuando el "bajón" se hace evidente por duradero, pues en ese momento las "cañas se tornan lanzas" y el torero se ve apartado de las luces, oropel, entrevistas, agasajos, trofeos etc al tiempo que es ignorado por empresas. Es el momento en que su apoderado empieza a desconfiar de él, terminando finalmente con quién ya no le proporciona pingües beneficios.
Y es que, no nos engañemos, se trata de un engranaje más de este mecanismo en que quien manda es don dinero.
En su "caché" influye de manera importantísima la personalidad del torero que ahora está en la "cuerda floja", pues entre sus colegas en la cima, se valora mucho a aquellos que ni son envidiosos con sus compañeros figuras, ni hablan mal de ellos, ni les pusieron -ni mucho menos les ponen ahora-, en aprietos al alternar con ellos. Claro que cuando el valor o la motivación, se han ido y con ellos los triunfos, las contrataciones son escasas y las que llegan son para rellenar esos "huecos" en "corridas duras" (término que en verdad no entiendo, tal como está la casta de las ganaderías) que generalmente están muy alejadas, más bien contrapuestas (diría yo), a sus características toreras.
Y cómo las escasas corridas que torea son a "contraestilo", el coletudo se va hundiendo cada vez más en el fango del ostracismo lo que conlleva su pérdida de prestigio, su no aparecer en carteles y, con ello, ser ignorado por los medios de comunicación que naturalmente viven de proclamar a los cuatro vientos las hazañas de las figuras del escalafón, al tiempo que mediatizán su trayectoria.
Con este panorama, no le queda más remedio que, optar por el retiro o pasar a la "división de plata del toreo" para económicamente seguir viviendo, aunque haya de añorar los ahora desaparecidos; agasajos, palmadas de admiración y todas aquellas palabras, muchas veces más que falsas, con que alimentaban su ego aquellos amigos ocasionales que ahora no reconocen ninguna de las virtudes que en su dìa sí mostró.
Hay algunos que se rebelan contra el injusto mundo, mientras otros , los menos, reconocen sus errores al haber tenido todo en sus manos y desaprovecharlo como el cazador que por titubeo deja escapar su presa. Ahora son conscientes que han de conformarse con lo que lograron cuando formaron parte de ese trust taurino que, en estos momentos cuando ya no interesa, no quiere ni verlo.
Otros en cambio, los menos, han logrado "salir del fango", recuperarse y volver a ocupar, e incluso superar el peldano alcanzado, rescatar la confianza de sus antiguos apoderados o de otros con tanto o más renombre y poder analizar la ingratitud de esta vida que se mide por el rasero de "tanto tienes, tanto vales" o mejor, "vales, lo que eres capaz de proporcionar a quienes te sostienen económicamente".
Y es muy posible que ahora, cuando alejó de sí el sin vivir de los viajes continuos, los sobresaltos de la responsabilidad de los contratos, el miedo de enfrentarse cada tarde -en una pesadilla interminable-, a los toros, analice, si su capacidad intelectual lo permite, las vicisitudes por las que le hicieron pasar las manipulaciones a que fue sometido y, en definitiva, la falsedad de este mundo terrenal donde no todo lo que tiene valor es lo que se valora.

viernes, 14 de marzo de 2008

“LA CAPRICHOSA”, NOMBRE DE LA PLAZA DE TOROS DE TALAVERA DE LA REINA.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Un Regalo en forma de libro de mi amigo tarifeño, Fermín Franco Utrera, me despertó mis recuerdos moviéndome a escribir este artículo sobre una plaza de toros que conozco desde los años 50 pues no en balde mi padre ejerció de veterinario titular en El Torrico pueblo situado a 40 kilómetros de Talavera de la Reina. Ciudad considerada por todos los habitantes de aquella comarca como la capital en detrimento de la verdadera, Toledo.

En aquella plaza de toros vi actuar, alguna que otra vez, al “Tío Caracas” (Felipe Sanz Peña) ese cómico taurino nacido en Santa Olalla, el mismo pueblo de nacimiento de Gregorio Sánchez, que conocido como “el auténtico Paleto” formó su propio espectáculo en el que dio cobijo a otros artistas tales como Antonio “Cantinflas”, Antonio “La Tía Antonia” y “El niño Polito” que hacían las delicias de cuantos chavales teníamos la suerte de que nuestros padres nos llevaran a verlos a “La Caprichosa”.
Es Talavera una ciudad taurina de siempre, pues no en balde lleva dos toros en su escudo y sus vegas han sido asiento de ganaderías bravas.
Las fiestas de los “Desposorios” o de las “Mondas” empezaban con el toro enmaromado y después de las corridas a celebrar en la plazas de la Ermita y de El Pan, terminaban con el toro encohetado que con el cohete encendido en los cuernos tomaba la cuesta del río hasta terminar en los arenales del Tajo donde tras ser recogido era sacrificado.
También fue Talavera, ciudad de desavenencias consecuentes a las fiestas de los toros, entre los cabildos Eclesiástico y Municipal que llegaron a tener que crear los cargos de Canónigo Torero y Regidor Torero mediante la llamada “Acta de Concordia” del 25 de febrero de 1.515.
La plaza de toros, erigida sobre 70.000 pies superficiales, se la puede ver cuando desde Madrid venimos por la carretera de Extremadura y llegamos al kilómetro 115. Si miramos a la izquierda, en medio de un frondoso parque conocido por El Prado la encontramos a escasos metros de la Ermita de la Santísima Virgen del Prado.
Su propietario fue D. Rufino Rico Sánchez quien la arrendó por 8 años a Doña María Ildefonso Quijano Grande y sus hijos. Estaba valorada en 40.000 reales.
En el año 1.885 la compra D. Enrique Gutiérrez de Salamanca y Roux de Gambert vecino de Madrid por 85.000 reales equivalentes a 21.250 pesetas, quien en fecha de 1.889 la vende a la Compañía Anónima “La Lidia” en 22.310 pesetas. Como consecuencia de las deudas contraídas y no satisfechas, fue subastada en la fecha del 21 de marzo del año 1.912, ganando la subasta ocho propietarios. Finalmente en el año 1.958 la adquirió D. Antonio González Vera. Al morir este señor en el año 1.967 se adjudicó la plaza a su viuda Dona Delia Tejedor Sahagún.

Y se ubicó allí, porque ese mismo sitio fue el lugar donde se celebraban capeas con motivo de la romería a la Ermita del Prado.
En el Archivo Municipal del Ayuntamiento figuran los gastos de las fiestas de toros celebradas en el año de 1.681 que ascendieron a dos mil maravedíes, así como los de la corrida de Novillos a favor del Santuario de Nuestra Señora del Prado del año 1.824 que ascendieron a cinco mil seiscientos veintiocho reales, y que posteriormente se desglosan en los pagos a toreros, capas, toros, músicos, alquiler de los burros y hasta lo que costó la sacada de los toros muertos en la plaza. Acabando finalmente con los beneficios que fueron de tres mil cincuenta y seis reales.
¡Siempre conjunción entre fiesta religiosa y taurina en Talavera!, como cuando en 1.823, por la mañana el 20 de junio se celebraba en la Ermita una solemne Misa con sermón y por la tarde una capea con tres toros que matará Juan Núñez “El Quemado” bajo la Presidencia del Licenciado D. Juan de Mena y Valenzuela, Corregidor y Juez Subdelegado de Policia de Talavera y su Partido.
Aunque se habían celebrado festejos con anterioridad, la inauguración tuvo lugar en la fecha del 29 de septiembre de 1.890 en un mano a mano entre Fernando Gómez y García “El Gallo” y Antonio Arana “Jarana”. Con posterioridad han actuado en la misma todas las figuras del toreo menos Belmonte y “Manolete”.
Plaza tristemente célebre por que en ella encontró la muerte a cuernos de “Bailaor” José Gómez “Gallito” (Joselito) el 16 de mayo del año 1.920 treinta años después de la inauguración por parte de su padre. De cuya muerte hizo una monografía Maruja Sánchez Sanguino titulada “Principio y muerte de Joselito” que comienza con la letra O representativa del círculo del ruedo y sigue con la O inicial del segundo apellido de “Joselito” (Ortega), sigue la O del apellido del médico que lo atendió D. David Ortega, la O del cura que le dio los ultimos sacramentos don Saturnino Ortega, para finalizar con la O del apellido de la ganadera Vda de Ortega.
A las tres de la madrugada una mujer entró en la enfermería y le dijo a “Joselito”: ¡Pero que te han hecho! Le dio un beso y se fue.
"Joselito" murió en Talavera como, por lo arriesgado de su oficio, podía haber tenido lugar en cualquiera de los cientos de plazas que hay distribuidas por el mundo. De ahí que tampoco tiene por qué sufrir las consecuencias de esta tragedia la ciudad de Talavera que es ejemplo de trabajo artístico e industrial.
Su plaza permanente, desde hace muchos años, siempre ha estado dotada de todos los medios asistenciales necesarios para poder dar con garantía cualquier corrida de toros, pero a veces las cornadas son mortales de necesidad y esto fue lo que ocorrió aquel fatídico día del año 1.920 en que perdió la vida el torero más seguro de todos los tiempos, pero al que la providencia le jugó una mala pasada.