MIS
VIVENCIAS SOBRE LA CELEBRACIÓN DE LAS BODAS DE ORO.Por
LUIS ALONSO HERNÁNDEZ.En
esta visita a Madrid hice cosas que no había realizado en mis
visitas anteriores donde también las motivaciones y el lugar de
alojamiento fueron diferentes.Viajé
en el tren que quiere imitar al AVE pero que en realidad se limita a
utilizar las vías de éste desde Antequera a Madrid si bien la
verdadera velocidad de 200 Km/hora la lleva a efecto a partir de
Córdoba mientras que el trayecto de Algeciras hasta esta localidad
malagueña la realiza a paso de burra tirado por una locomotora que
también cambian en este nudo ferroviario andaluz.Como
uno no está acostumbrado a este medio de transporte pues, a pesar de
que llegué a la estación de origen (Algeciras) con dos horas de
antelación al haberme desplazado en su coche mi hijo que iba a
incorporarse a su trabajo en La Línea de la Concepción, perdí
el tren
de la manera más tonta al fiarme del reloj que pendía del techo de
la sala de espera y que alguien se había olvidado de ponerle en la
hora correcta.Cómo
aún faltaban 10 minutos para la salida del convoy y me entró la
necesidad (aunque por el momento no padezco problemas de próstata)
de vaciar la vejiga, con mi maletín me fui a los servicios que
estaban retirados de la sala de espera.Al
regresar un funcionario me grita:-¡Corra,
corra que el tren se va!Y
por mucho que corrí no pude alcanzar al tren que ya había iniciado
la salida. De haber sido el de hacía 20 años atrás por descontado
que le hubiera “echado mano” y me hubiera subido a la plataforma.Fallé
en fiarme del reloj de una estación andaluza y de no haber
consultado la hora en el móvil que es el que desde que vine a
Andalucía rige mi horario ya que el reloj de muñeca me da calor y
prescindí de él.La
“cara de haba” que me quedó os la podéis imaginar. Perdí el
tren y el billete pues en taquilla me dijeron que no me podían
devolver el importe al haberlo sacado por Internet y sin utilización
de la Tarjeta Dorada que me proporcionó el empleado del despecho de
billetes cuando saqué el nuevo billete para seis horas después,
previo pago en efectivo de 6 euritos que había que satisfacer en
mano.Claro
que cómo dice el refrán: “Mal de muchos consuelo de tontos” a
otra señora le ocurrió lo mismo y estaba preguntando en taquilla si
tomando un taxi había posibilidad de alcanzar el tren. Como el
taquillero le respondiera que de ninguna manera, pues.... como dice
otro puto refrán: “Agua, ajo y resina” cuya traducción no es
otra que: “A joderse y a resignarse”.Los
72 y pico euros a la puta alcantarilla que es lo que menos me
importó, pues por el momento he llegado al convencimiento que, lo
que se pueda arreglar con dinero no es problema a pesar de que cómo
jubilado y sin negocios uno no nada en la abundancia. ¡Vive que no
es poco!Cómo
podréis deducir el L
Aniversario de salida de la Facultad de Veterinaria
o lo que es lo mismo la celebración de las Bodas de Oro de la
Promoción Veterinaria 1961-67 no había comenzado, para mí, con el
mejor pie que digamos.Llegué
a Madrid y la tarde noche de ese día transcurrió con toda
normalidad al vivirlo en familia. Cena y tertulia hasta pasada la
media noche en que nos fuimos a la cama y el cansancio del madrugón
me sumió en un sueño placentero.A
primeras horas del día siguiente, tras desayunar, mi hermano me
llevó a ver el Wanda Metropolitano que cómo alguno de vosotros
sabéis es el club de mis amores. Estaba en obras, de ahí que
estuviera el paso cortado hacia las instalaciones internas. Sí
visité la tienda que estaba sin luz a consecuencia de una avería
eléctrica pero las luces de emergencia permitían la visión de los
productos ofrecidos. Mejores instalaciones que las que presentaban
los dos anteriores campos: Metropolitano y Vicente Calderón.Estaba
en el día H y quedé con los compañeros Raúl Bombín y Rafa Campos
en una cafetería cerca del Club 31 donde se iba a celebrar la comida
de las Bodas de Oro.Para
el desplazamiento tomé el autobús que, desde la Ciudad Lineal me
llevaría a la confluencia de Gran Vía con la calle de Alcalá, pero
he ahí que, cuando íbamos a llegar a Cibeles el conductor recibió
la orden de desviarse por Recoletos hasta tomar Raimundo Fernández
Villaverde y posteriormente aparecer en Gran Vía tras bajar por la
calle San Bernardo. Naturalmente le conminé a que en la próxima
parada me avisase para bajarme y tras hacerlo ir a patita hasta la
parada que tenía previsto bajarme.La
causa de esta desviación era una manifestación de cuatro mierdas
que portaban carretillas con todo tipo de verduras. Cuando atravesé
el paseo de Recoletos los coches comenzaron a tomar nuevamente Gran
Vía arriba, cuando los policías municipales que, daban protección
a los manifestantes, normalizaron el tráfico.Bueno,
bueno, ¡segunda circunstancia fuera de lo previsto!, menos mal que
en la cafetería del Hotel NH Collecction Madrid Suecia sito en la
calle del Marqués de Casa Riera, pegado al Círculo de Bellas Artes
donde habíamos quedado, estaban Raúl y Rafa además de Serna y
Alberto. Tomamos una cerveza y salimos camino del Restaurante ubicado
en la calle Jovellanos 5, donde ya nos encontramos con el resto de la
manada que era muy cortita compuesta por Toni, César, Pantoja y Gou
hasta completar los 9 que asistimos a esta celebración.¡No
habíamos logrado completar el equipo de fútbol programado de
antemano!Los
abrazos de rigor. La dificultad de identificación de los compañeros
a los que hacía tiempo que no veía.Una
vez en el comedor reservado nos colocamos en los diferentes sitios
que proporciona una mesa ovalada y que ocupamos de la siguiente
manera:Cabecera
de mesa, a mi instancia, Toni. A su izquierda, César y en orden
correlativo hacia su izquierda; Alberto seguido de Raúl, Joaquín,
Góu, Campos, Pantoja y Luis, quien ocupaba puesto a la derecha de
Toni.Conversaciones
diversas y cruzadas entre componentes con pildoretazos taurinos por
parte de Alberto Gómez hacía Luís durante toda la comida que
finalizó con el postre elegido por César al que siguió unos
chupitos que ofreció la casa pero que Toni rehusó cambiándolos por
unos de Ron añejo y selectísimo de la marca Applenton Estate 21
jamaicano de 21 años con 43% de alcohol que nos subió la cuenta
final en unos 20 euros por barba y que en principio me resultó más
fuerte que el demonio, pero que luego al igual que los cigarros de
Winston le dejaba a uno con ganas de repetir.Los
momentos emotivos de la comida
la tuvieron: César
que portó una fotografía en que, varios de los allí presentes
estaban en una cena de smoking y que al final no se supo con que
motivo y Luís
que, en una de las tarjetas del menú, dedicó unas letras a la
viuda del compañero Carlos Luis de Cuenca Esteban, seguidas de las
firmas de los presentes y que, una representación de quienes viven
en Madrid, encabezada por el tándem Raúl-Campos, entregarían,
cuando les fuera posible, adjuntándola a una placa conmemorativa de
la efemérides.Del
Restaurante salimos camino de El Casino de Madrid donde Toni nos
invitó a una ronda de ron de alta gama venezolano, no era un Wray y
Nephew jamaicano de 1940, pero era de lo mejor que he degustado, que
hizo las delicias de la concurrencia y seguidamente enseño las
extraordinarias y lujosísimas dependencias a quienes se apuntaron a
tal menester que fueron Rafa y Pantoja y al que con bastante retraso
se incorporó Luis mientras el resto, o pasó o no se enteró del
ofrecimiento. Solo vi el salón principal, la biblioteca y la sala de
convenciones pero era espectacular.Y
después, algunos entre ellos el anfitrión y Gou, abandonaron el
recinto mientras el resto permanecimos en él degustando una nueva
copa, que ahora afortunadamente no fue ron, pagada por el siempre
espléndido Raúl.Salimos
ya de noche y… cada mochuelo a su olivo, no cómo cuando éramos
jóvenes que no había forma humana de recogernos.Al
día siguiente el trío Raúl-Rafa-Luís después de unas cervezas
degustadas en una terraza del Paseo de Rosales compartieron una
segunda comida, y a eso de las seis de la tarde, nueva recogida con
el cansancio en el cuerpo pues quien esto escribe pudo comprobar que
éramos muy mayores y que Madrid le era desconocido completamente por
innovado.Comprobó
que tomar el metro ahora representa una empresa casi insuperable,
pues cuando lo intentó vio con asombro que no había taquillas que
dispensaran un billete suelto y que las máquinas expendedoras
tampoco lo proporcionaba ya que la generalidad de los usuarios llevan
una especie de carnet en forma de tarjeta plastificada y que gracias
a que me acompaño mi hermano a la estación del metro me proporcionó
y como se fue de inmediato pasé por el apuro de tener que esperar a
que la utilizara un usuario pues no encontraba la ranura por donde
introducirla. Comprobé que era de las de acercamiento a una especie
de promontorio que estaba en lo alto de la torreta donde estaba la
barrera que impedía el paso.Y
me sentí un paleto del todo mientras veía como algunos jóvenes se
saltaban limpiamente dicha barrera ahorrándose el billete que al
final me quedé sin saber, cuanto costaba..Ya
en el vagón del metro una señorita me ofreció el asiento que
naturalmente rehusé y agradecí, mientras nuevamente me sentí viejo
por semejante acción de la educada joven.Permanecí
en pie durante el largo trayecto que me separaba de las estaciones
Ciudad Lineal-Argüelles en la plataforma central del vagón con la
espalda pegada al lateral de la puerta que no se abría.Y
en un momento entró portando una guitarra colgada un enorme mocetón
de raza negra que en un momento comenzó a rasgar las cuerdas del
guitarra y a dar voces siguiendo una canción en inglés que casi me
deja sordo del todo. Al final del trayecto entre estación y estación
paso la gorra y se cambio de vagón en busca de dar la tabarra a
nuevos usuarios de este social medio de transporte urbano.Transcurridas
unas estaciones un nuevo músico, ahora portando una trompeta nos
acabó de aturdir con las notas de la canción de Machiné, mientras
nadie se coscaba.Al
llegar a Argüelles, nuevos apuros para salir a la calle en busca del
Corte Inglés a donde habíamos quedado el “trío de la bencina”.
Escaleras y más escaleras que no tenían fin. Hasta que pregunté a
un señor afecto de minusvalía quien, amablemente me dijo que él
seguía el mismo camino y que podía seguirle en su itinerario. Me
introduje tras él en un ascensor. Salimos e hicimos transbordo de
ascensor hasta que por fin al final del túnel vimos la calle.¡Con
las miles de veces que pateé esta estación de metro durante mis
años de estudiante!Mi
regreso a Tarifa también lo realicé en el tren vía Algeciras.Suelo
viajar en preferente por aquello de contar con más espacio entre
asientos y por seleccionar los viajeros usuarios pero en esta ocasión
me equivoqué nuevamente, pues resulta que el departamento en que
estaba mi asiento está compuesto por una serie de asientos
individuales y una serie de dos especies de corralitos formados por
cuatro asientos cada uno enfrentados de dos en dos con mesas en el
centro.Corralitos
que estaban ocupados por OCHO mujeres, que no señoras, más que
cincuentonas, quienes se desplazaban hasta Ronda a una boda y se
pasaron el viaje hablando a voz en grito, jodiendo la puerta de los
servicios del tren, comiendo como energúmenas imitando a nuestros
abuelos cuando viajaban en aquellos trenes que precisaban de jornadas
de casi dos días para llegar a su destino y rajando de sus maridos
sobre cuestiones que, en ocasiones, rayaban la pornografía.Una
de las pasajeras les pidió que bajaran el diapasón de las
conversaciones y la respondieron:“No
se preocupe que ya solamente faltan tres cuartos de hora para llegar
a Ronda que es la estación en que nos bajamos”¡La
madre que las parió!Por
fin llegué a casa donde encontré la PAZ.