INFLUENCIA DEL ORDEN DE SALIDA DE
CHIQUEROS EN EL COMPORTAMIENTO DEL TORO DE LIDIA.Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ.
Veterinario y escritor.Puede parecer algo baladí, pero vamos
a analizarlo en detalle.El primer toro sale de
chiqueros virgen de sensaciones sin
haber oído apenas ruido. Solo ha oído el pasodoble del paseillo
y pare usted de contar, mientras que el sexto
ha oído además
los clarines y timbales, las ovaciones,
los silbidos, las broncas del
respetable e, incluso a veces los cencerros de los mansos encargados
de meter al compañero devuelto al corral y, que le han hecho añorar
la tranquilidad de la dehesa, el recuerdo de los jugosos pastos, el
sol y el aire puro y limpio
que contrasta con el viciado de ese chiquero en el que ha sido recluido,
oprimido entre cuatro paredes que apenas le permiten moverse.¿Cómo operan estas anormalidades en
su mundo interior?Influencia indudablemente tendrá pero, lo que ignoramos es como estos agentes externos operan en el interior
del toro y en la psicosis de un toro bravo.Naturalmente dependerán del
“carácter” del animal ya que mientras unos toros necesitarán
estos estimulantes para sentirse irritados y con ganas de guerra ya, que sin ellos se mostrarían pacíficos y gregarios, otros
normalmente valientes y tranquilos, ante tantos factores disgenésicos
se tornarán asustadizos, aterrorizados, sin afectividad de
embestida y más bien huidizos a pesar de que el toro es bravo
por temperamento, herencia y por raza y lo es durante toda su vida al
igual que el manso lo es mientras viva.Cierto que el toro bravo puede
salir de chiqueros bajo el peso de accidentes extraños que le hagan
comportarse como manso por no dejarle manifestar su bravura y, al
revés el manso consecuente de una irritación nerviosa le
haga parecer bravo.Una dolor de cabeza puede quitar las
ganas de pelea a un toro bravo y excitar y convertir en belicoso a
un toro manso si bien esto suele ser excepcional ya que de darse con
frecuencia sobrarían las tientes y los libros genealógicos. Lo que
ocurre es que la lógica a veces falla y por esos no se puede
asegurar el buen comportamiento de un toro fijándose en que
tanto su padre como su madre fueran bravísimos cuando se les tentó.