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lunes, 15 de septiembre de 2014

¿QUE LES OCURRE A LOS TOROS DENOMINADOS DE 1º CATEGORÍA?

¿QUE LES OCURRE A LOS TOROS DENOMINADOS DE PLAZA DE 1ª CATEGORÍA?
Por LUIS ALONSO MHERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Los aficionados de Las Ventas, es decir de la plaza de Toros de Madrid  son los que ponen, o ponían, el listón de presencia del toro en su entorno que luego sería canon para las plazas de 1ª
Dª. Yolanda Fernández Fernández-Cuesta desde la Asociación El Toro de Madrid, asevera que al aficionado de Madrid le gusta el toro que “estando en tipo sea encastado e integro”.
Por otro lado hay quien dice que “cuanta más leña tenga el toro, más fácil es afeitar sin que se note”
En cuanto a lo del tipo no todos los aficionados de Madrid se ponen de acuerdo  quizá, quizá porque desconozcan esa definición de toro bravo debida a Prieto y Prieto que dice: “Cabeza medianamente voluminosa, ancho de testuz; ojo saliente, vivo, grande y brillante, morro u hocico fino, húmedo y elástico; cuernos bien colocados, ni bajos, ni altos, ni estrechos ni anchos en demasía, de color verdinegros y nunca blanquecinos; oreja pequeña, cuello flexible y no muy prolongado, coincidiendo con una cabeza bien puesta; pecho no muy ancho y profundo; vientre recogido, anchas ligeramente elevadas; dorso como afilado pero lleno; lomos rectos; cola lata y prolongada hasta pasar los corvejones; extremidades anteriores rectas y finas; extremidades posteriores casi rectas; corvejones bien pronunciados; cuartillas de los cuatro remos más bien largas  que cortas; pezuñas recogidas; bien hendidas, elásticas, y del color de los cuernos  o negras; aplomos excelentes. La coloración de la capa o piel varía, pero es signo de buena raza  o subraza la persistencia del color del pelo en las reses de una misma ganadería, por lo menos  el fondo de capa igual, aun cuando varíen los matices; los órganos de la generación aparecen normalmente constituidos y bien desarrollados”
Es posible que a ninguno de ellos les falte razón, pero lo que sí es cierto es que hay un término que los veterinarios taurinos conocen muy bien que es el de trapío, su canon listón en los reconocimientos para la lidia y que se viene a definir como: la configuración morfológicamente armónica del toro, atendiendo a su encaste que desemboca en un toro serio, bien armado pero sin exageraciones, y armonía  con el tipo del encaste”
 Existe un riquísimo vocabulario taurino para designar los diferentes aspectos de la morfología y comportamiento del toro. Se dice que un toro tiene trapío cuando reúne las cualidades físicas y la presencia necesaria para la lidia Según Pedraza Jiménez, los principales rasgos morfológicos para determinar el trapío de un toro son:
Tamaño y peso.
Estatura.
Conformación del tronco.
Conformación de las extremidades.
Conformación de la cabeza y el cuello.
Conformación de la cornamenta.
Piel, pelo y capa.
Peso: Al ser eumétrico el peso varía entre los 450-600 kilos de peso vivo.
Estatura: 1,35 m.
Tronco: Ha de ser cilíndrico de gran capacidad torácica y perfectamente compensado con el vientre, más bien reducido.
Extremidades: muslos, piernas y antebrazos bien musculados; articulaciones amplias y extremidades bien aplomadas  y de prudente altura.
Cabeza y cuello: cabeza de tamaño más bien reducido. Cuello esbelto, bien proporcionado, de forma cónica, sin gran papada que es signo de embastecimiento, y con gran almohadilla cervical.
Cornamenta: dependiendo de sus perfiles: en los de tipo celoide forma de gancho no muy largo o de longitud normal, con nacimiento al mismo nivel o muy ligeramente por delante de la línea de prolongación de la nuca. En los de tipo convexos o acarnerados, naceran algo por detrás de la línea de prolongación.
En ambos casos serán fuertes en su nacimiento dirigiéndose inmediatamente hacia fuera y delante en armónica curvatura para terminara en gancho. Tanto en su forma y dirección como en su tamaño y volumen han de ser completamente normales.
El reglamento taurino ha regulado las características de las reses de lidia en una serie de artículos:
Artículo 27.- Reses de Lidia.
1.-No podrán lidiarse, en ninguna clase de espectáculos taurinos, reses que no se encuentren previamente inscritas  en el correspondiente Libro genealógico de la Raza Bovina de Lidia. Lo acreditará el certificado expedido por la respectiva asociación ganadera.
Artículo 28.- Edad de las reses.
1.-Las reses de lidia cumplirán  los sucesivos años  de edad en el primer día del mes  en el que tuvo lugar su nacimiento.  Expedirá el certificado el responsable  del Libro Genealógico de Reses de Lidia de la respectiva asociación ganadera.
2.- En corridas de toros los machos a lidiar habrán de tener un mínimo de 4 años y un máximo de 6. En las novilladas picadas la edad será superior a tres  e inferior a cuatro años. En las novilladas no picadas la edad comprendida entre los dos y los tres años.
3.- Para los espectáculos de rejones. Las edades serán las mismas que las anteriores de corridas de toros y novilladas.
4.- En las becerradas  y toreo cómico, la edad no será superior a los dos años.
5.- En los festivales podrán autorizarse  que se corran reses  de edad superior a los dos años, con las condiciones y requisitos que en cada caso se determinen.
Articulo 29.- Pesos de las reses y otras características.
1.- El peso mínimo de las reses en corridas de toros  será de 460 kilos en plazas de 1ª. 435 kilos en las plazas de 2ª y de 410 kilos  al arrastre en las de 3ª o portástiles o su equivalente de 240 kilos en canal.
2.- En las novilladas picadas el peso de las reses no podrá exceder de los 500 kilos en las de 1ª, de 475 en las de 2ª y de 420 kilos al arrastre en las de 3ª y portátiles o su equivalente de 240 kilos en canal.
3.- en las novilladas sin picar el peso máximo de las reses  no podrá exceder de 410 kilos al arrastre o su equivalente de 2335 en canal.
El peso del arrastre será sin sangrar y en caso de optar el ganadero por el peso de la canal se añadirán 5 kilos que es lo que se considera de pérdida.
Artículo 30.- Integridad de los cuernos.
1.- Los cuernos tanto en corrida de toros como en las novilladas estarán siempre íntegros. Siendo responsabilidad del ganadero el asegurar la integridad de las reses  frente a la manipulación fraudulenta de sus defensas y la alteración artificial de su comportamiento mediante la administración de sustancias.
Naturalmente los ganaderos, en su mayoría, tratan de conseguir el toro para las plazas de 1ª, por aquello de que el precio de venta es mucho más alto, y ello conlleva una serie de desventajas como es el tener normalmente que sacarle de tipo con los problemas que ello acarrea al tener que realizar cruzamientos que muchas veces repercuten en la disminución de la casta que pasa de 4/4 a ¾ e incluso a ½ casta.
Hemos podido observar lo que ha ocurrido en las dos últimas ferias la de Albacete y la de Guadalajara donde el mismo encaste ha dado un resultado diametralmente opuesto. Los Fuente Ymbros que componían una corrida de casi plaza de 1ª dieron el petardo, mientras los Jandillas de Guadalajara que eran unos toros de plaza de 2ª, embistieron en general e incluso dieron espectáculo pues estaban en el tipo del encaste.

La pólvora se inventó hace mucho tiempo, el mérito está en saber emplearla  con fines no bélicos.

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