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jueves, 22 de enero de 2026

LAS MUJERES TORERAS,

LAS MUJERES TORERAS.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
La primera mujer torero fue una picaora. Y el primer documento que atestigua su actuación data del 23 de junio de 1634 siendo el rey de España Felipe IV.
Se trataba de una linajuda señora de la Corte que, a principios del siglo XVIII mandó soltar en el jardín de su casa una furiosa ternera en la que desahogó y ejecutó su robusta afición.
A finales del mismo siglo el padre Sarmiento narra que otra mozallona apodada “La Pajuela” también realizó sus pinitos taurinos ante la tolerancia del sexo opuesto que toleró y consintió semejante monstruosidad amparado por el afrancesado rey José I impuesto por su hermano Bonaparte dejando a un lado al rey D. Fernando VII y que convirtió al espectáculo taurino en una parodia seudotaurina a la que pondrán fin las cuadrillas de la alicantina Francisca Coloma y de la sesentona Martina García una torera casi anciana que solía acabar caída por el suelo con la cara bañada en sangre y en brazos de cuatro asistencias que la traían como si fuera un caballo herido a la enfermería de la plaza.
También digna de mencionar Dolores Sánchez apodada La Fragosa que asistía al ruedo vestida de hombre y auxiliada por una cuadrilla de varones en el tiempo que apareció en el año 1885 en la Ciudad Condal la famosa cuadrilla de Las señoritas toreras que actuaron durante 12 años consecutivos por los ruedos de toda España.
Puso fin una machista y tal vez justa Real Orden del 2 de junio de 1908 firmada por D. Juan de las Cierva titular del Gobernación en el gobierno de Maura que entre otras cosas descubrió que algunas de tan arrojadas féminas eran varones de pelo en pecho como el caso de María Salomé apodada La Reverte que era un tal Agustín Rodríguez futuro guarda jurado jienense.
La ley del 22 de julio de 1961 que confirmaba la prohibición de la del agosto de 1974 que la deroga.
Reconocía a la mujer española los mismos derechos que a los hombres para ejercer toda clase de actividad profesional y de trabajo, salvo las limitaciones establecidas en las mismas una de las cuales era la participación en la lidia de reses bravas, según párrafo segundo del aparatado c) del artículo 49 del Reglamento de Espectáculos Taurinos.
Esta ley fue derogada por orden del 10 de agosto de 1974, la cual estima oportuno franquear a la mujer al acceso al ámbito profesional de los espectáculos taurinos.
Detrás de todos esto hay una mujer Ángela Hernández torera alicantina inasequible al desaliento que libró una lucha tenaz durante casi tres años que fue venciendo todos los obstáculos que le fueron surgiendo en la batalla contra las discriminatorias leyes españolas.
La prohibición se remonta a la Real Orden del 2 de junio de 1908 dictada por el ministro Juan de la Cierva que decía en el preámbulo:
La opinión pública ha protestado en varias ocasiones contra la práctica que se va introduciendo en las plazas de toros de que algunas mujeres tomen parte en la lidia de reses bravas , y si bien se alega que la ley no lo prohíbe expresamente, el hecho en sí constituye un espectáculo impropio y tan opuesto a la cultura y a todo sentimiento delicado que en ningún caso deben las autoridades gubernativas permitir su celebración como acto que ofende a la moral ya las buenas costumbres”
La pasión por los toros.
La pasión de la mujer por la fiesta de los toros en España ha sido tan exaltada como la de los hombres. Lo demuestra la continua presencia como espectadora en los tendidos.
La monja torera.
En el siglo XVII con la nueva dinastía borbónica la fiesta taurina sufrió una radical transformación social. Felipe V no era aficionado a los toros y la nobleza se fue retirando de los ruedos. El torero caballeresco se vino abajo y el rejón y la lanza son sustituidos por la garrocha al tiempo que el caballero es sustituido por el chulo de a pié.
La señoras que se preparaban para entrar en religión tenía por costumbre presenciar corrida de toros llegando a torear algunas de ellas.
En 1749 en la plaza de Antequera salió a quebrar una granadina realizándolo con destreza y valentía pero en uno de los derrotes el toro chocó al caballo y éste se encabritó y, tras dos vueltas, no logró desmontarla.
Otro caso es el de una monja que abandona el convento para dedicarse el toreo . Se llamaba Dª María de Gaucín quien, tras varios años de vida torera volvió al convento.
Los bandos taurinos.
Había rivalidad agresiva y pasional tanto en el pueblo como en la aristocracia.
Así la duquesa de Benavente era partidaria de Pedro Romero mientras que la duquesa de Alba lo era de Pedro Joaquín “Costillares” inventor de la verónica y del volapie.
Hasta la célebre tonadillera “La Caramba” desde el escenario en el que actuaba incitaba al enfrentamiento entre la rivalidad de los bandos taurinos con sus coplillas tales como:
Cuando Pedro Romero, pisa la plaza, no hay otro hombre en el mundo, de mejor planta.
Anda moreno, que te quita a novia, Pedro Romero.
O esta otra:
Encima de la cama, tengo un retrato, donde está “Costillares” con plante majo.
Cuando me duermo, al majo que me veía, me quita el sueño.
Como la mujer normalmente montaba a caballo lo lógico es que interviniera en los encierros y acoso de los toros junto a los hombres.
Destacó Dª Antonia Bretendona quien, llegó a organizar un festejo en su hacienda donde sacó y encerró a los toros y a dos de ellos les picó con vara larga.
Las damas que más se distinguieron en Andalucía por su valor y destreza fueron las de Jerez acostumbradas a enmaromar a los toros que salían a la plaza.
Hay que nombrar a Dª Bianda Pavón por su destreza con el rejón.
Daza también cita el Ducado de Medina Sidonia como lugar donde la participación femenina en la lidia era costumbre muy acreditada.
Al lado de estas señoras aristócratas o hacendadas que disponían de tiempo, caballos y y toros para ejercitar su afición está la profesional no siempre bien vista.
D. José María de Cossío cita la instancia de que la rejoneadora Francisca García natural de Motril (Granada) casada con el banderillero Francisco Gómez, eleva al Ayuntamiento de Pamplona en el año 1774 en la que ponía que: “ por particular espíritu se ha inclinado a torear a acaballo con rejoncillo y ha logrado muchos aplausos en los diez años que ase ha dedicado a dicha actividad en las ciudades de Cádiz, Valencia, Murcia, Granada y otras capitales lo que el ayuntamiento la negó a pesar de su dilatada experiencia alegando su condición femenina.
Volvió a la carga con la petición al año siguiente tras alegar que había actuado en las cercanas ciudades de Estella y Tudela.
En esta época goyesca la más famosa fue Nicolasa Escamilla apodada la Pajuelera a la que inmortalizó Goya en un aguafuerte de su Tauromaquia y que debe su apodo a que de joven vendía alguaguidas o pajuelas de azufre y que Daza refirió de sus éxitos en las plazas de Madrid y Valdemoro.
Los intelectuales tales como Sarmiento, Feijoo, Melendez Valdés, Cadalso, Jovellanos se opusieron indignados, por su machismo, a ver a la mujer en el ruedo pero todos ellos eran antitaurinos de pro que no obstante, no pudieron contra el desbordado apasionamiento que la Fiesta despertaba.
El cronista taurino de el Memorial Literario dice que: en las cuatro corridas celebradas en Madrid en el mes de julio de 1874 murieron 72 toros y 50 caballos y que a esto había que sumar la pérdida de horas de trabajo ya que la pasión de los españoles por la fiesta hace que pierdan tras días de trabajo por corrida y malbaratan y empeñan su ajuar si no encuentran otro medio de agenciarse dinero para asistir”
Hay que nombrar a la rejoneadora Teresa Alonso quien fue propuesta para formar parte de de las corridas celebradas por iniciativa de José Bonaparte concretamente en la corrida del 28 de julio de 1811 pero que el ministro del interior niega conceder la autorización aduciendo que lo hace por las mismas razones por las que no se permite a los niños y a los ancianos para salir a torear. Aunque las razones son motivos de decencia y decoro público que se violan con semejante espectáculo.
Cuando empieza la corrida uno de los componentes del cartel Curro Guillén de acuerdo con la rejoneadora entrega un manifiesto a José Bonaparte que preside la corrida, en el que le pide autorización para que pueda actuar la rejoneadora. Y “Pepe Botella” accede.
La mujer sigue actuando eso sí, como rejoneadora aunque con algunas modificaciones en el traje de actuar como lo hace la rejoneadora Andrea Cazalla que actuó vestida de sultana mientras que Antonia Fernández sale vestida de turca.
Otras lo hacían vestidas de gallega, de china.
Se montaron carteles de competencia entre picadoras tales como la novillada del 11 de diciembre de 1833 entre Magdalena García natural de Zaragoza y Mariana Duró de Valencia. La primera vestida de aldeana y la segunda de valenciana.
Cobraban un salario de 240 reales cada una.
La primera cuadrilla femenina.
Aparece por primera vez en 1839 dirigida por Francisca Coloma de Alicante. En ella figuraban Jorja García asturiana y Ramona Castelló.
Otra cuadrilla muy importante fue la aparecida en Madrid el 26 de enero de 1845 encabezada por Martina García. Picadoras: Teresa y Magdalena García. Vestidas de castellana y gallega. Banderilleras: Rosa Inard y Manuela Renaud vestidas de aldeana y pasiega respectivamente.
Tres años más tarde actuación en Madrid picando en burros.
La “Fragosa” se viste de hombre.
Dolores Sánchez aparece en 1886.
No usa la faldilla corta que usaban sus compañeras sino que sale al ruedo con el traje masculino.
Se rodea de una cuadrilla de hombres donde destaca el el famoso Rafael Sánchez “Bebe”.
Para Cossío es una de las figuras más importante del torero femenino. Tuvo por rival a Carmen Lucena “La Garbancera”.
Otras famosas toreras fueron: La Frascuela””La Mazantina” Laura López.
Las señoritas toreras.
Fue la cuadrilla femenina más famosa de todos los tiempos. Apareció en Barcelona en marzo de 1895. Organizada por Mariano Armengol Castaña un periodista de seudónimo “Verduguillo que con anterioridad dirigió la cuadrilla de Los Niños toreros.
Se trataba de chiquillas menores de catorce años capitaneadas por Julia Carrasco y Mariano se entusiasmó con la idea. Tras pedir los consentimientos paternos, empezó a enseñarlas el manejo del capote y logró inculcarles una desmedida afición.
La presentación fue el día 10 de marzo en Barcelona. El éxito fue tan grande que repitieron el 17 y 24 del mismo mes.
Por sus éxitos recorrieron las ciudades de Valencia, , Cádiz, Jerez de la Frontera, Alicante, Cartagena, Valladolid, Bilbao, Játiva, Castellón, Zaragoza, San Sebastián, Logroño, Albacete, Murcia, Sevilla el día 9 de septiembre de 1895.
En Madrid se presentaban los días 12, 15 y 13 con cartel de no hay billetes.
La cuadrilla estaba compuesta por:
Matadoras: Dolores Prestel “Lolita” y Providencia Jornaler.
Sobresalienta: Ángela Pagés Angelita.
Banderilleras: Encarnación Simó, Rosa Simó, Jullia Carrasco, Isabel Jerro, María Pagés y María Mambea..
Al retirarse en la 5ªcorrida Providencia Jornaler entró de 2ª espada Angelita, y así continuó hasta 1902 en que se dividió la cuadrilla en dos. Una con Lolita y Herrerita a la cabeza y la otra con Angelita y Pepita.
Esta cuadrilla de las Señoritas Toreras actuó durante 12 años consecutivos toreando en casi todas las plazas de España, Francia, Portugal y América y, sus resonantes triunfos llegaron a afectar al mismo Guerrita hasta el extremo que el propio Cossió en su obra Los Toros llegó a a decir: el famoso espada no desmintió nunca que llegó a comunicar a las empresas que no torearía en ninguna plaza si un mes antes de él hacerlo, actuaba la famosa cuadrilla femenina”
Y es que el arrojo, los desplantes y las faenas de Angelita y Lolita enardecían a todos los públicos.
Angelita fue herida en en Logroño en mayo de 1895 con un puntazo de tres centímetros en el muslo derecho pero que no obstante acabó matando a sus becerros sin preocuparse de la lesión de la que abundaba abundante sangre, negándose a entrar en la enfermería y siendo curada cuando llegó a la fonda.
Lolita recibió una tremenda cornada que la desgarró la mejilla izquierda en Oviedo el 19 de julio de 1897 y a los 12 días justo el 1 de agosto estoqueó en Huelva dos becerros a pesar de no tener cicatrizada la herida.
Por este época de las Señoritas toreras aparecieron por los ruedos otras figuras femeninas que alcanzaron renombre tales como: “Herrerita”, Rosita Salesas “La Sorianita” y “Pepita” en Barcelona.
En Madrid aparece Ignacia Sánchez “La Guerrita” quien tras su presentación en Sevilla el 18 de diciembre 1887 se fue a México donde triunfó.
Sin lugar a dudas la que gozó de más popularidad fue María Salomé “La Reverte” quien llegó a alternar con “Lagartijo” y “Machaquito”.
El 11 de noviembre de 1900 mató un utrero en Madrid.
¿Cómo la pintan las crónicas? Como una mujer de facultades hercúleas capaz de banderillear y estoquear novillos de mucho respeto que tuvo los arrestos de interponer un recurso contencioso contra el Real Decreto de la La Cierva de 1908 de la prohibición de torear a las mujeres. Ante la prohibición descubre su verdadera identidad que era un hombre llamado Agustín Rodríguez.
Este hecho traumatizó por algún tiempo a la afición femenina, si bien pasado algún tiempo aparecieron otras toreras femeninas de las que destacó Juanita Cruz quien fue la más sobresaliente espada femenina del torero femenino español.
Hubieron de pasar 66 años de prohibición del toreo femenino para que surgieran nuevas figuras femeninas en el mundo del toro.
Con la caída de la República la prohibición del toreo a pie por parte de la mujer vuelve a entrar en vigor por Ley del 22 de julio de 1961.
Aparece en el rejoneo Conchita Cintrón en 1939 en la plaza de toros de Acho (Lima, Perú). Se presentó en la plaza de toros de Madrid en 1945 retirándose en Jaén en 1950.
Surgen toreras de a pie procedentes del mundo de la farándula tales como: Alicia Tomás y Rosarito de Colombia.
Otras toreras serias como María de los Ángeles Hernández “Ángela” la alicantina que tras lucha encarnizada contra la prohibición del toreo a pie logra que el 10 de agosto de 1974 se publique la orden de autorización.
Maribel Atienzar albaceteña quien tras tomar la alternativa en México no podía actuar con sus compañeros de oficio masculinos.
En los años 80-90 aparecen las Escuelas de tauromaquia aparece Cristina Sánchez alumna de la Escuela de Madrid quien debuta con picadores en Quito en 1992 y al año siguiente en Valdemorillo.
La primera mujer que como novillera abrió la Puerta grande de Las Ventas de Madrid.
La primera que tomó la alternativa en Europa en la plaza de Nimes en 1996 de manos de Curro Romero y José Mari Manzanares de testigo.
Ante la negativa por parte de varios de sus compañeros de torear con ella se retiró en 1999 en el mes de octubre el día 12.
Otra torera fue María Paz Vega a quien alternativó Cristina en Cáceres en 1997 con Antonio Ferrera de testigo.
En Zaragoza en 1994 donde cortó una oreja a cada toro de Fermín Bohórquez le valió la salida por la puerta grande de una plaza de 1ª.