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viernes, 2 de enero de 2026

D. ÁLVARO DOMECQ Y DÍEZ.

EL TORO EN EL CAMPO.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Alguna que otra vez tuve ocasión de hablar con D. Álvaro Domecq y Díez incluso tuve la oportunidad de tratar alguna de las enfermedades de sus caballos cuando, por una u otra causa, no había podido ser atendido por los catedráticos de la Facultad de Veterinaria de Córdoba que normalmente eran quienes atendían a sus animales equinos y, recurría a mí como veterinario militar consciente de mis conocimientos en materia equina heredados de mi padre quien, era un extraordinario especialista en la materia.
Mi padre le conocía desde años atrás, cuando coincidieron, como alumnos, en unos cursos de lanas que se celebraron en la Facultad de Veterinario de Córdoba allá por los años de la década 1950 pues se llevaban cinco años de edad.
Por lo visto congeniaron y hablaron largo y tendido sobre cojeras, pues mi padre era un experto veterinario-herrador.
Yo le conocí profesionalmente años más tarde en la década de los años 70 y con una diferencia de 25 años a su favor.
Persona de vasta cultura con el que daba gusto hablar, o más bien escuchar cuando del tema taurino se trataba.
Hablaba del toro en su hábitat con unos detalles que solo él era capaz de captar por debieron ser muchas las horas que montado a caballo se pasó observando las reacciones del los toros bravos desde que era un crío, no en balde era hijo de D. Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio que, fue quien adquirió en el año 1930 la ganadería del Duque de Veragua.
Era una verdadera enciclopedia a pesar de que no llegó a acabar los estudios de Derecho empezados en las Universidades de Granada y Sevilla y que nuestra guerra civil interrumpió.
Decía del toro que éste lo observaba en el campo, quieto, desafiante, con la cabeza levantada, los ojos brillantes, la boca húmeda y los ollares abiertos, amándole después de haberlo criado durante cinco años preparándole para una lucha de veinte minutos antes de que entregará su vida con resultado en la lidia, imprevisible de antemano
Ante la presencia del caballero el toro no se inmutaba, a veces levantaba la cabeza cuando estaba comiendo, nos miraba y volvía a comer pues se sentía seguro de que nuestra presencia era una rutina diaria en su vida que, ellos rememoraban de un día para otro, como recordaba el canto de los grillos o el chirriar de la cancela al cerrarse tras el paso de algún vaquero.
Pues los toros tienen una gran memoria que hemos acrecentado a fuerza de darles una vida metódica como a la hora de proporcionarles el pienso a la que ellos acuden puntualmente aunque no se le haya llevado.
El toro es un animal muy ordenado. Al mes de haber llegado a la nueva dehesa ya ha escogido los lugares de sus querencias; donde echarse, donde tomar el sol, y donde resguardarse del frio.
Cuenta D. Álvaro que cuando está en el dormitorio de su finca de Los Alburejos en Medina Sidonia y escucha reburdear (emitir un ronquido bajo y grave) a un toro significa ganas de lucha y sangre) y, cuando al rato comienza el reburdeo de otros toros. ¡Mal asunto! que, descubriremos al amanecer del día siguiente donde encontramos un toro muerto y la vacada entera le rodea dando vueltas reburdeando en un canto funeral.
Los toros expresan sus estados de ánimo mediante tres tipos de sonidos: pitido (presunción de algo) entrada del viento de levante, lluvia, o cambio climático que los toros captan porque les produce cierto desasosiego poniéndoles nerviosos, con repercusiones en su comportamiento tales como embistiendo peor en las tientas. Presencia en el predio de algún ser extraño que puede representar un peligro.
El tercero es el berreo ( en su variedades de: miedo, queja, melancolía o nostalgia.
Berreo que en las tientas sirve de referente: berreo bueno (cuando el becerro se queja con la boca cerrada) berreo malo ( cuando los becerros berrean con la boca abierta), incluso por las diferentes tonalidades los conocedores saben su nota (berreo de resabio, contenido, hondo: denota casta o bravura. berreo, de miedo: tarde o temprano “cantará la gallina” y huirá.
Los toros sujetos a soledad forzada son molestos, gruñones, egoístas y ambiciosos. Les ocurre lo mismo que a los atletas confinados a, quienes la más mínima contrariedad se les convierte en una montaña de ahí que tengan muchas manías y caprichos.
A algunos toros les gusta, a pesar de tener su propio comedero, probar y comer en todas las pilas de los compañeros de las que toma un solo bocado que en ocasiones, provocan peleas serias cuando los dueños de ellas se acogen a su derecho de propiedad.
A todos los toros generalmente les da alegría cuando se les mueve de un cercado a otro de ahí que en esos momentos, corran alegres, jueguen e incluso se corneen jugando, si bien cuando, alguno de “pasa de la raya” las peleas son de verdad.
En los toros existe un deseo de dominación porque en ellos existe una jerarquización (al igual que en las galllinas). Hay uno que quiere ser el mandón y, cuando muestra su poderío, generalmente los demás lo acatan, en principio sin rechistar, hasta que un día surge la chispa que enciende la hartura de la sumisión, se sublevan y acaban con el déspota con una serie de cornadas en comandita o bien, si logra sobrevivir, alejarse de la manada para convertirse en el toro abochornado y solitario portador de un gran peligro..
Luego, siguen las peleas entre los machos de la manada, en busca del mando.
A pesar del gran peligro que el toro bravo conlleva, siempre anuncia el más leve movimiento que hace. Y lo anuncia con el movimiento de sus orejas que vienen a ser como la tabla del mando del cuerpo según decía Paco Montes “El Chiclanero” en las lecciones a sus alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Chiclana:
si er toro mueve la oreja der lao izquierdo, el mataor deberá escapar por la derecha. Y si moviera la oreja derecha, deberá salir de estampida por el lado izquierdo”
El marqués de Ureña que presenciaba las clases preguntó:
- ¿y si mueve las dos?
A los que Montes contestó:
Pos mo jamolamo”.
D. Álvaro era un excelente y ameno contertulio que impresionaba a cuantos escuchaban sus charlas sobre el toro bravo y sus avances reproductivos a través de la inseminación artificial e introducción de técnicas genéticas en su ganadería de Torrestrella a fin de lograr equilibrio entre casta y nobleza.
Se hizo millonario vendiendo pajuelas cargadas con el semen de sus toros portador de los espermatozoides.
Respeto a su biografía reseñaré que nació En Jerez de la Frontera en 1917 y murió en Medina Sidonia el 5 de octubre del año 2015.
Entró en política siendo Alcalde de Jerez del 1952 al 1957. Presidente de la Diputación de Cádiz durante diez años del 1957 al 1967 y posteriormente Procurador en Cortes de manera interrumpida entre los años 1952 hasta 1967 y, luego en una segunda etapa desde 1971 al 1977. Gran persona religiosa y creyente.
Desde que coincidimos como conferenciantes en unas jornadas taurinas en la Peña Taurina Julián Cañedo de Oviedo en el lejano año de 1999 en que fui invitado a conferenciar por D. Bernardo Sánchez Escandón en las que actuó por delante D. Álvaro de ahí que acompañado por mi gran amigo Pedro Iturralde crítico taurino de ABC en Valladolid nos fuéramos el día anterior con la finalidad de escuchar a tan ilustre conferenciante y que luego D. Álvaro tuvo la deferencia conmigo de quedarse un día más para escuchar mi charla sobre La bravura en el toro de lidia de la que según me refirió salió encantado porque reinaba la naturalidad en mi forma de interpretar las diapositivas que de forma animada exponía, según me comentó en la cena que nos ofrecieron los componentes de la Peña con su presidente a la cabeza D. Julio García- Braga Pumarada y presencia de la insigne aficionada y peñista, Marquesa de la Vega de Anzo, no volví a verle, pero siempre le recordé con gran respeto y admiración.