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viernes, 30 de diciembre de 2016

HABLEMOS UN POCO DE CIRUGÍA TAURINA.

HABLEMOS UN POCO DE CIRUGÍA TAURINA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
La recuperación de un torero tras recibir una cornada de las denominadas “tabaco” depende de multitud de factores que vamos a tratar de analizar:
Uno de ellos, de importancia capital, depende del cirujano jefe de equipo que le intervenga quien, a su vez depende de la plaza donde haya tenido lugar la cornada, pues hay plazas que cuentan con equipos médicos de toda solvencia y garantía donde, los equipos quirúrgicos tienen una competencia técnica de sólido bagaje en conocimientos técnicos, depurada técnica quirúrgica  y vocación taurina aderezados de prudencia y paciencia que hacen que los toreros se sientan muy seguros en sus actuaciones en estos escenarios. Su quirófano no tiene por qué envidiar al mejor de cualquier Hospital Universitario.
Este cirujano elige un equipo médico de ideas claras, con priorización de gravedades, balance general  de las lesiones  y decisión acertada de derivación. La “cuarta cuadrilla” denominación de Soto Viñolo.
Pondré el ejemplo de la considerada como la primera plaza de toros del mundo, la de “Las Ventas” de Madrid donde figura como Jefe de Equipo el amigo Dr. D. Máximo García Padros “el ángel de la guarda”  hijo y sucesor en el puesto del Dr. D. Máximo García de la Torre. 
D. Máximo no ve en directo las corridas de Las Ventas, las ve en la enfermería de la plaza, por circuito cerrado de televisión.
¿Por qué? Pues para estar aislado del ruido de la plaza, más concentrado y poder valorar la cogida y la cornada o traumatismo. Poder repetirlas en el monitor para evaluar, con toda precisión, las prioridades de actuación que también dependen del puesto que el toro ocupe en la salida al ruedo, pues no es lo mismo que ocurra en los últimos toros que en los primeros donde la premura de actuación operatoria varia ante la necesidad de dejar libre cuanto antes el quirófano para posibles contingencias.
Le hemos oído decir que las heridas por asta de toro se parecen a las de guerra -de ahí que tenga en su equipo un cirujano militar- así cómo que en la sala de intervenciones de la plaza se sufre tensión y presión que se compensan con la emoción que se vive en el ruedo cuando un torero, agradecido de su intervención, le brida un toro haciéndole salir a la arena de la plaza donde ejerce su trabajo de cirujano.
Ninguna otra profesión de riesgo dispone de asistencia médica “in situ” como las corridas de toros, donde el cirujano se halla presente  en el escenario del percance y en el mismo momento  en que se está produciendo, lo que redunda en beneficio del lesionado en la medida en que recibirá asistencia inmediata  y, en muchos casos definitiva, que es el único modo de evitar complicaciones postoperatorias.
Se cumplen los tres principios básicos de la cirugía taurina: Inmediatez, proximidad y precocidad en la asistencia.
Durante el toreo, las cornadas más frecuentes suelen darse en el espacio comprendido entre el ombligo y el pie del torero; con lesiones en forma de desgarros musculares, roturas de nervios, venas y arterias, traumatismos óseos y lesiones de la columna cervical por caída del torero tras la cogida.
La parte del cuerpo más peligrosa es el triángulo de Scarpa que es donde suele penetrar el cuerno del toro tras, vaciar sin precisión, la salida de la suerte suprema.
Una herida tratada “in situ” con precisión, es garantía de buena evolución y pronóstico, al atajarse las dos principales complicaciones cual son: hemorragia y la  infección, puesto que si la herida no es tratada  acertadamente de principio, se multiplican estas dos complicaciones perjudicando la recuperación y funcionalidad del lado del miembro afectado y en definitiva la vida taurina del torero.
En el momento que el torero después de operado y, tras el tiempo de permanencia en la U.V.I, pasa a planta, su cabeza comienza a “dar vueltas” sobre el alcance de su lesión.
Pasa por unas fases que, de manera cronológica, se nos antoja que son así:
Fase de incertidumbre: en torno a su futuro profesional. Se trata de una fase caracterizada por el nerviosismo que le produce su estado psicológico recordando pasadas etapas triunfales y el dolor asociado a la lesión sufrida.
Fase de euforia: al ver que se va recuperando de las heridas al tiempo que remiten los dolores nerviosos tanto de la zona afectada por la cornada como de las regiones que el nervio afectado inerva.
Fase de optimismo: que le lleva al deseo inminente de reanudar su actividad profesional. Comienza a entrenar  con ansiedad para minimizar  al máximo su reaparición. Esta fase se caracteriza por las visitas en su domicilio de los empresarios de las distintas plazas donde tenía contratos firmados de actuación, con la finalidad de comprobar si la recuperación permite mantener al torero en los carteles emitidos.
Fase de desesperación: al comprobar en el entrenamiento que ha perdido funcionalidad la extremidad del lado de la cornada. Trata de buscar soluciones recurriendo al cirujano que le intervino para ver que causa produce esta pérdida de funcionalidad. Ya ha sufrido las primeras sustituciones en los carteles pues el tiempo pasa deprisa.
Fase de segunda incertidumbre: al comprobar que tras la liberación del pinzamiento del nervio afectado, sigue sin recuperar, con la rapidez deseada, la ansiada funcionalidad.
Fase de segunda euforia: tras comprobar mejoría en la funcionalidad de la extremidad afectada. Intensifica los ejercicios de rehabilitación e incluso se prueba en el campo tentando. Llega a la penosa conclusión que aún no puede enfrentarse al toro con posibilidades de salir airoso.
Fase de segunda desesperación: al comprobar que el tiempo pasa sin recuperación definitiva. Comienza su deambular en busca de galeno adecuado para poner remedio a sus males. La desesperación se acentúa al ver que ha de cortar la temporada. Es cuando piensa en los contratos perdidos y en si sus mentores van a respetar el contrato convenido. Habla con los componentes de la cuadrilla para que se busquen la forma de ganarse la vida mientras dure su recuperación. Comienza a presionar a los médicos para que emitan su juicio certero sobre sus posibilidades de recuperación funcional total.
Fase de tercera incertidumbre: cuando tras aparcar de momento la reaparición ve, no sin cierta angustia, que tampoco se encuentra al 100% de capacidad física para afrontar la campaña taurina americana donde había firmado contratos.
Fase de resignación: caracterizada por preparar su mentalidad para salir triunfador de este reto. ‘Adelante! ¡Adelante! ¡NO DESFALLECER NUNCA! ¡Rehabilitar y entrenar! ¡Rehabilitar y entrenar! ¡FUERZA! ¡FUERZA! Pensando en los compañeros que lo ¡HAN CONSEGUIDO! Y confiar en la ciencia médica que avanza a marchas insospechadas.
Ha de confiar en esa cirugía taurina,  cuya paternidad se atribuye al  manchego Dr. Creus y Manso (1828-1897) que fue catedrático de Patología quirúrgica en las Facultades de Medicina de Granada y Madrid, que a pesar de que no ser reconocida como especialidad médica (al no  impartirse en las Facultades de Medicina) es una súper-especialidad por ser la cornada  una herida con trayectorias múltiples en la mayoría de los casos, que requiere una exploración perfecta y minuciosa para lograr una curación sin complicaciones, puesto que al penetrar el cuerno por presión, arranca todo cuanto encuentra a su paso. Un pitón lleno de gérmenes que potencia el daño de una cornada.
Cirujano taurino que requiere aparte de una vocación médica a prueba de bomba, gran afición taurina para en todo momento entender bien los terrenos del toro y torero para poder valorar por adelantado el riesgo del percance y la penetración del cuerno que le lleva a saber  si hay o no lesiones asociadas. 
Un cirujano taurino puede solucionar cualquier daño originado por cualquier agente vulnerante, mientras que cualquier cirujano no es válido para operar una cornada.
El segundo factor hay que buscarle en la naturaleza joven y sana del torero (factor somático)  en su preparación física semejante a la de los deportistas de elite, y en ser el torero un artista autónomo (factor psíquico) del que dependen más de una decena de personas influyen de manera positiva en su recuperación.
Hay que tener en cuenta que los toreros en principio alardean de su cornada, al considerarla como “medalla de guerra” por lo que suelen desdeñar  e incluso abandonar los consejos médicos  lo que conlleva dificultad en su evolución.
Los medios de comunicación, si son afines a él, por motivos económicos siempre, le mediatizan y hacen que se lo crea convirtiéndole en divo de su cadena.
Alguno de sus acompañantes, más listos que Calleja, se ufanan ante él con eso de: “yo no soy médico pero de esto…entiendo más que nadie” y le confunden.
Los apoderados que ahora son empresarios a la vez, exigen su recuperación en un plazo imposible con lo que se ve cuasi obligado a realizar el paseíllo con las heridas frescas y protegidas con vendajes inadecuados que pueden propiciar nuevos percances.
Si ha tenido el descuido de meterse en compras de alguna finca a pagar con su trabajo y ahora encontrarse en el paro y no poder ir amortizando la deuda se le complica la situación económica y eso le saca de quicio con lo cual la recuperación mental, tan sumamente necesaria, se ve abocada a un desequilibrio.
Menos mal que desde el punto de vista de la Sanidad Asistencial son los toreros unos privilegiados pues están pendientes y velan por ellos distintos estamentos tales como:
La Junta directiva de la SECT (Sociedad Española de Cirugía Taurina), quien con, fecha 7 de noviembre del 2016 convoca a todos los estamentos taurinos con la finalidad de denunciar la situación actual en cuanto a asistencia médico-quirúrgica en instalaciones  y servicios médicos de las plazas de toros.
1º.-Incumplimiento en muchos festejos taurinos  de las condiciones médico-sanitarias en las plazas de toros dispuestas en  el Reglamento taurino RD 1649/1997.
2º.-Intrusismo por parte de profesionales no facultados, sin titulación académica ni habilitación profesional que en ocasiones cuentan con el consentimiento y tolerancia  de empresarios y delegados gubernativos de plazas de toros.
3º.-Carencias muy graves en los requisitos sanitarios  de determinados Reglamentos autonómicos vigentes de Festejos Populares.
4º.-Escasez de jóvenes profesionales  de las distintas especialidades  que se necesitan para asegurar una acertada y actual, prestación médico-quirúrgica en las enfermerías.
Proponer las soluciones siguientes:
1.-Aumentar el control de los requisititos legislativos vigentes por parte de los representantes oficiales y delegados gubernativos.
2.-Implicar a los profesionales del toreo y de los participantes en los festejos populares en la revisión de instalaciones sanitarias y de los equipos médicos de las plazas donde actúen.
3.-Concienciar a los empresarios en la necesidad de que las enfermerías deben cumplir las exigencias sanitarias legisladas.
4.-Instar a la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos para que inscriban  en el Registro de Profesionales Taurinos a los miembros activos de de la SECT que presten servicio médico en las plazas de toros y aquellos profesionales sanitarios que dispongan de una trayectoria  solvente en cirugía taurina.
5.-Algunos Reglamentos Autonómicos de festejos populares  (Castilla-León, Extremadura, Aragón, Levante e incluso Madrid) han de reformar los requerimientos actuales al tener deficiencias.
Por parte de la SECT ante la falta de formación en cirugía y medicina taurina y desánimo por parte de la juventud hacia esta parcela médica, aumentan las becas para asistencia a congresos al tiempo que instauran y continúan cursos de formación.
De continuo los cirujanos taurinos velan por los toreros
Un grupo de médicos de la Sociedad Española de Cirugía Taurina (Doctores Jesús Cuesta, Ricardo Iglesias, Beatriz Montejo y Manuel José Iglesias) se ha puesto en contacto con la Unión de Toreros para hacerlos llegar una sugerencia que parece esencial a efectos de evitar complicaciones innecesarias en la prestación de atención médica tras sufrir un percance en el ruedo.
Se trata de extender el hábito de que cada matador (también los integrantes de su cuadrilla) se realicen al comienzo de cada temporada una analítica completa (hemograma, bioquímica y coagulación) para, con la supervisión de un anestesiólogo, confeccionar un cuestionario pre-operatorio que sea custodiado por el mozo de espadas y entregado inmediatamente al equipo médico en caso de percance.
Las ventajas de que el equipo médico disponga de este documento antes de que el herido entre en quirófano son evidentes:
1º-Disponer de una historia clínica detallada que recoja datos esenciales como: alergias medicamentosas, hábitos tóxicos, tratamientos habituales, enfermedades importantes, intervenciones quirúrgicas previas (sobre todo vasculares y osteoarticulares), grupo sanguíneo y factor Rh.
2º-Verificar y tratar, en su caso, trastornos de la coagulación.
3º-Diagnosticar problemas de la vía aérea.
4º-Categorizar en función del riesgo anestésico (ASA).
Desde la Unión de Toreros, animamos a todos los profesionales a seguir estas recomendaciones, pues a buen seguro contribuirán a reducir el riesgo de complicaciones sobrevenidas en quirófano.
Y que conste que todo esto lo hacen  no por dinero (sus honorarios suelen rondar los 150 euros (de los que hay que quitar los descuentos) por corrida, sino por ser aficionados y haber realizado el juramente hipocrático.
Ese que comienza así:
“Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea  y por todos los dioses y diosas, poniéndoles de jueces….
Y acaba de esta manera:
“Si lo cumplo y no lo quebranto que los frutos de la vida  y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro”

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