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miércoles, 27 de julio de 2016

SE NOS FUE FRANCISCO CANO "CANITO"

SE NOS FUE FRANCISCO CANO “CANITO”.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Conocí a Francisco Cano “Canito” hace muchos años en Valladolid. Me lo presentó mi amigo Pedro Iturralde (q.e.p,d) un día en el Hotel más taurino de Valladolid el Melia Parque de la calle García Morato regentado por el amigo Rafael un taurino de pro con quien compartimos comidas, cenas y jornadas siempre girando en torno al tema taurino.
Inaugurado un  30 de enero del año 1982, desde el primer momento se convirtió en el Coliseo Taurino de Valladolid porque a él acudían a ocupar sus habitaciones los toreros que actuaban en las ferias taurinas de Valladolid que hasta hace escasos años eran dos importantísimas superando la quincena de espectáculos.
El motivo de esta identificación con el taurinismo creo que se basaba en una doble vertiente: por un lado en que era el cuartel general del empresario y propietario de la Plaza de Toros de Valladolid el amigo Emilio Ortuño Duplaix quien con su esposa, la entrañable Ángela Rodríguez de Arce, reservaba para toda la feria las habitaciones necesarias para albergar a toda la familia “Jumillano” y, por el otro, la ubicación a escasos 300 metros de la plaza de toros.
El Hotel Melia Parque era el lugar donde se celebraban  las tertulias pre corrida entre los
aficionados que acudían al amplio y cómodo bar del hotel, a tomar el aperitivo y a convivir con toreros, empresarios, periodistas taurinos tanto locales como nacionales, veterinarios encargados de reconocer y dar, o no, paso a los toros de la corrida de la tarde y aficionados taurinos venidos de todos los rincones de España. Posteriormente, a eso de las 21,00 horas, tras la finalización de la corrida de la tarde, tenían lugar las Jornadas Taurinas, donde se analizaban las efemérides ocurridas en el coso del paseo de Zorrilla con intervención de toreros, ganaderos, periodistas, veterinarios e incluso autoridades de Valladolid ante el numeroso público aficionado que acudía en masa a estos eventos al espacioso salón de actos del Hotel.
A las dos ferias de Valladolid acudía puntualmente “Canito”, al principio con sus cámaras analógicas convencionales réflex y en los últimos años con sus cámaras digitales con las que tiraba muchas menos fotos de las que la gente creía  al verle apuntando hacia los tendidos de la plaza del Paseo de Zorrilla, pues en la mayoría de las ocasiones y siempre que no estaba seguro de que iban a ser abonadas por la peticionarios, simulaba el disparo  pues era persona de buen carácter que pretendía llevarse bien con todo el mundo y huía de molestarle con una negativa de hurtarle una foto.
“Canito” se alojaba siempre en el Hotel Melia Parque al que solía venir con su esposa, que fueron tres a lo largo de su vida, y como revelaba en el cuarto de baño de la habitación que ocupaba, cuando se iba,  Rafael tenía prácticamente que alicatar completamente el “laboratorio improvisado” debido al deterioro que los líquidos ácidos de revelado y fijado habían producido en el suelo y paredes del cuarto.
Hicimos una buena amistad y llegó a confesarme que había mucha gente del mundo del toro, que le pedía fotos pero que luego pretendía que se las regalaba sin recibir nada a cambio.
¡Comprendí la indirecta! y por ello le llevé  a la Academia de Caballería, le presenté al General Director, le invité a unas copitas de buen vino en el bar de Oficiales. Desde mi despacho, le invité a ver  un acto de homenaje a los caídos, le enseñe el picadero, las aulas, la piscina y el gimnasio y finalmente le regalé una metopa de la Academia que hizo las delicias del bueno de Paco y que desde ese momento siempre me saludaba cariñosamente y me regalo una colección de una copia de las diapositivas que conservaba de la muerte de Manolete en Linares con la promesa de que ni las utilizase ni las publicara para no estropearle el negocio que en este sentido tenía montado y que he cumplido y seguiré cumpliendo a raja tabla.
Después he coincidido con él en cuantas ferias taurinas he asistido porque en todas estaba “Canito” quien me llamaba con la voz de ¡“veterinario militar”! y hablábamos un ratito mientras él tomaba un botellín de agua y yo pedía para mí una copita de vino de Ribera de Duero.
Sevilla, Madrid, Valencia, Alicante, Castellón, Valladolid, Salamanca, Jerez, Algeciras, La Línea de la Concepción y hasta Murcia han sido puntos de encuentro con “Canito” pues ni él ni su gorrilla se perdían feria taurina entre otros motivos porque era su trabajo remunerado como fotógrafo de las mejores revistas taurinas.
Se ha ido un buen amigo, una excelente persona y una enciclopedia viviente de anécdotas taurinas que iba soltando a pequeñas gotitas como si de un dispensador de perfume se tratare.
Ahora, muchas de ellas quedarán para siempre enterradas en la memoria de Cano, tal vez porque: o no tuvimos la oportunidad de estar con él el tiempo suficiente para que las fuera dispersando o, porque él no consideró oportuno sacarlas a la luz por su falso concepto del secreto.
De cualquier manera se nos fue con toda la conciencia perfecta y con su gran memoria.
Desde este blog queremos expresar nuestro dolor a sus hijos y esposa que han tenido la dicha de disfrutar de él nada más y nada menos que de 103 años.
¡Amigo “Canito” D.E.P!    

 

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