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martes, 29 de marzo de 2016

CORRIDA DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN SEVILLA 2016.

CORRIDA DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN SEVILLA 2016.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Casi, casi, lo habíamos presentido como dejé patente en mi artículo del mes de febrero titulado “Mi opinión sobre la confección de los carteles de Sevilla 2016”
¡Morante de la Puebla no es diestro de grandes esfuerzos!
Al torero de La Puebla  TODOS  (incluidos los medios de información taurina) le habían entronizado. Tanto que…no reconstruyeron la Maestranza porque el coletudo no lo pidió, pero sí recompusieron el ruedo al entrar como premisa dentro de sus exigencias para volver al coso del Baratillo.
Fue un día primaveral que luego se tornó frío al final de la corrida.
Tras la finalización de la corrida, se vio que el toreo de Morante no era cuestión de escenario sino de falta de voluntad y de TOROS.
El primer imponderable;  es atribuible por entero al torero que no ha encontrado aún su identidad y el segundo; a los ganaderos que siguen, más que seleccionando, involucionando sus toros para conseguir el producto apetecido por los considerados figuras que, a decir verdad, consecuencia de las babosas a las que se enfrentan, no lo son tanto.
El señorito Morante, en su reencuentro con Sevilla después de dos años de ausencia VOLUNTARIA, no estuvo a la altura en el considerado como el acontecimiento taurino más importante de la temporada 2016 donde este matador de toros cumplía su décima comparecencia en corrida de Domingo de Resurrección.
Pasó un verdadero quinario, aunque a decir verdad, su rostro no reflejó ni con mucho el sin vivir que otros toreros en esas circunstancias expresaron, incluso con lágrimas en los ojos, al representar un borrón difícil de quitar de su currículo como matador de toros.
Morante estaba muy tranquilo, demasiado tranquilo diría yo, porque confiaba en que su suerte puede cambiar en cualquiera de las cuatro actuaciones que aún le quedan en esta feria taurina sevillana del 2016 contando con que su fama de torero emblemático de Sevilla le devolvería el escaso prestigio perdido por haberse dejado enviar un toro al corral, al instrumentar una verónica de mentón hundido en el pecho y "culillo remetido" o ejecutando una trinchera artística  que, como todo buen aficionado sabe, no es un pase fundamental.
¡Morante prácticamente ni se inmutó ante el gran fracaso sufrido! siendo el  máximo sustento de la feria de este año en Sevilla!
Si en los dos años anteriores le ocurre este fracaso a Manuel Escribano, el de Gerena, sustento de las dos ferias, posiblemente, tras su emergencia con los miuras, hubiera desaparecido del escalafón taurino. ¡Hay que fastidiarse! con las diferencias de trato.
El fracaso de Morante es atribuible al toro de Domingo Hernández que no fue ni mejor ni peor que el resto de los componentes de la corrida, pero al que echaron la culpa todos los comentaristas taurinos que viven del “jaboncillo a los figurones” ¡Hay que fastidiarse con esta visión de la Tauromaquia!
El de La Puebla fue arropado por todos sus seguidores que, como verdaderos fanáticos, son adeptos al aplauso fácil en los tendidos y hacen un chico favor a Nuestra Fiesta a la que devalúan y prostituyen. Seguidores que incluso se pusieron en pie cuando Morante permaneció de manera antirreglamentaria en el ruedo tras ser devuelto a corrales su toro por los tres avisos reglamentarios.
De sus compañeros de terna: ¿que decir? Pues que: José María Manzanares no apretó el acelerador  porque era su 1ª de las cuatro actuaciones que tiene contratadas y continúo con ese toreo engañoso que forjó a base de llevarle desde becerrista entre algodones, con toros escogidos  por parte de esos comentaristas  que ven arte donde no hay verdad torera y sí abuso de animales bravos involutivos.
El único que medio se libró de la quema fue Alejandro Talavante que por lo menos puso voluntad por triunfar ya que era su única comparecencia en esta feria y no le quedaban más cartuchos donde demostrar la buena forma en que se encuentra su torero evolutivo.

Una vez más he salido decepcionado del público de Sevilla, pues nosotros los castellanos no tenemos ese color especial de Sevilla cantado por los hermanos Del Río, ni el duende de la Maestranza que se decanta por determinados toreros  a los que convierte en faraones y les perdona todo, aunque lo de Morante del pasado domingo sea lo peor que le puede ocurrir a un matador de toros: ECHARLE UN TORO AL CORRAL POR NO HABER SIDO CAPAZ DE MATARLO EN EL TIEMPO REGLAMENTARIO.