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jueves, 11 de octubre de 2012

TERCERA CORRIDA DE LA FERIA MATEA VALLADOLID 1975.

TERCERA CORRIDA DE LA FERIA MATEA VALLADOLID 1975.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
El amigo Emilio Ortuño “Jumillano” debe estar de enhorabuena puesto que su plaza del Paseo de Zorrilla se llenó hasta la bandera para ver por tercera vez a su torero Roberto Domínguez. Para un servidor, como espectador, le da enorme satisfacción ver una plaza de toros llena con el colorido que los espectadores aportan.
La verdad es que Roberto, al que consideramos un torero inteligente y con gusto, nos decepcionó al volver a vestir ese traje que ya lució en la corrida de la Beneficencia, y que resulta desagradable a la vista y no aporta nada a su look de torero resultón al género femenino.
Una corrida que, transgrediendo el Reglamento en su artículo 49, estuvo compuesta por un saldo de tres ganaderías (tres astados de D. Ramón Sánchez, dos de D. Manuel Arranz y uno de Garzón) que las autoridades, haciendo la vista gorda, dieron de paso. Corrida que resultó como "en botica" con unos toros bravos (caso del segundo que por poco hiere al puntillero cuando le creyó muerto), otros mansos y uno (el tercero) carente de fuerzas y por ende toreable. El sexto un perritoro colorao y desnutrido con el hierro de Garzón, no permitió que Paco Alcalde de riera de él en sus propias barbas y en la suerte de banderillas arreó tanto al manchego que acabó con él en el callejón al que se tiró presa de pánico tras tirar las banderillas.
Julio Robles fue el único de la terna que estuvo por encima de estos geniudos toros. En su primero se la jugó pues el toro repetía y hacía hilo en cuanto el torero se descolocaba. Solo el oficio y valor del abulense le salvó de una cornada.
En su segundo estuvo espléndido en cuatro series de redondos y en dos de naturales donde dejó su apatía de otras tardes en el esportón de los trebejos. ¡Julio con ganas es un torerazo de los pies a la cabeza!
Roberto Domínguez se encontró con unos toritos que no eran precisamente de carril y con este material el vallisoletano no está cómodo.
Su primero estuvo a punto de mandarle al hule en tres ocasiones al frenarse en el lance o pase, quedarse a mitad del viaje y buscar al torero en el remate. Le desarmó de capa en tres ocasiones. Reponía en exceso y esto requiere toreros de mucho oficio. Lo macheteó por la cara y este proceder molestó a sus paisanos que habían venido a verle torear con la brillantez del día de ayer. Roberto Domínguez es posible que sea un gran torero cuando aprenda el oficio y madure, pero hoy por hoy está verde para recoger el fruto no maduro.
Tampoco en el quinto supo lucirse  en lidia equivocada a el toro que tenía raza y pedía distancia en la faena de muleta. Roberto no lo vio y sus pases ahogaron al toro, resultaron enganchados por falta de temple, y el toro se fue del lado malo. Pitos para Roberto del paisanaje.
El genio de los toros de su lote, que no dio facilidades, pudo con la torería del vallisoletano quien no obstante estuvo aseado como decían los cronistas antiguos.
Paco Alcalde que entró en esta corrida por la vía de la sustitución, estuvo bullicioso en esa línea de torero alegre e insustancial que tanto llega a los lerdos del tendido a los que sabe darles lo que piden que no es otra cosa que toreo mentiroso por la poca exposición. Cortó una oreja y menos mal que presidencia no le concedió la segunda que fue pedida con insistencia. Dio dos vueltas al ruedo a petición del entusiasmado público.
En su segundo, último de la corrida con el hierro de Garzón se equivocó en la suerte de varas con este torito desmochado y desnutrido al que no le dio importancia y cambio el tercio de varas de manera precipitada sin tener en cuenta que el torito tenía casi seis años de edad. Después el torillo se vino arriba sacó la casta y malas ideas de la edad y en el tercio de banderillas, que es el fuerte de Alcalde, le dejó en ridículo hasta echarle al callejón.
Con la muleta estuvo aperreado pues Alcalde no es torero de grandes compromisos por el momento a pesar de que le están considerando como figura del toreo a pesar de que ni para, ni templa, ni remata a los toros.
Estuvo a la deriva ante la cara del toro. Pinchó repetidas veces sin cuadrar delante de la cara del toro y escuchó un aviso antes de lograr descabellar a la quinta entrada a su torete.
La presidencia un día más mal, pues nunca tomó las riendas en la lidia, limitándose a seguir las equivocaciones de los toreros al cambiar la suerte de varas. Los asesores o no saben de que va esto o por el contrario se inhiben en sus funciones de asesoramiento.

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