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miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA SÉPTIMA CORRIDA DE LA TEMPORADA 2014,EN LA MÉXICO

LA SÉPTIMA  CORRIDA DE LA TEMPORADA 2014 EN LA MÉXICO.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Bajo la presidencia del juez de plaza Jorge Ramos realizan el paseíllo los matadores: Fermín Rivera (malva y oro), Mario Aguilar de nazareno y oro y Arturo Saldivar de tabaco y oro, para matar una corrida de Xajay.
Al primero de la tarde es recibido por Fermín Rivera, que viste un terno malva y oro, con tres verónicas rematadas con una media. Con lances por delante sin cruzar y a media altura la lleva al caballo de picar.
Tras salir el oro del caballo, Rivera realiza su quite en base a una serie de tres delantales que remata con una revolera.
En banderillas con lidia se Sérgio González, Carlos Preciado y Enmundo Navarro parean con lucimiento, si bien el par que cierra tercio de Preciado quedó caído.
La faena de muleta la comienza con cuatro doblones seguidos de un natural y remate con el pase de pecho sobre la zurda, ganado terreno en todos ellos.
Tras dejar reposar al toro, serie de cinco redondos rematados con el pase de pecho sobre la mano derecha.
Vuelve a dar tiempo al toro para continuar con cuatro buenos redondos rematados con el de pecho sobre la derecha,    
Un natural, el toro se para. Serie de tres naturales buenos, rematados con el de pecho sobre la zurda. Nueva serie de cuatro naturales jaleados, rematados con el de pecho sobre la izquierda.
Un trincherazo lo deja posicionado para seguir al redondo con una serie buena jaleada, remata con un trincherazo y desplante.
Naturales jaleados rematados con un pase de desprecio y una trincherilla.
Torea sin torear para seguidamente tras trincherazo le administra 5 buenos redondos. En uno de ellos es cogido de manera aparatosa aunque afortunadamente sin consecuencias.
Tras rehacerse logra una serie de cinco buenos redondos que tras cambio de muleta por la espalda, remata con el de pecho sobre la zurda.
Finaliza la faena con unas manoletinas seguidas de un desplante. Recibe una ovación.
En la suerte contraria logra una estocada trasera aunque en lo alto, en la que sufre un puntazo en la axila, de la que el toro tarda en doblar. Cuando lo hace, el puntillero acierta.
Petición de oreja que el presidente Ramos concede. Oreja para Fermín.
El segundo de la tarde, atiende por Nevaito, es cárdeno y pesa 530 kilos.
Mario Aguilar lo torea por delantales. Intercala unas chicuelinas y finalmente remata con una revolera.
Pica Luís Prado quien se agarra trasero. El toro aprieta con poder y como el caballo está demasiado sedado, es derribado cayendo el picador debajo y quedándose inerme ante la cara del toro que afortunadamente no hizo por él.
En banderillas Alejandro Prado ha de pasar en falso al no acometer el toro. En la segunda entrada deja los palos arriba. Lo mismo le ocurre al tercero de la cuadrilla quien finalmente clava arriba. Como Alejandro Prado cierra tercio con una gran par se desmontera.
Mario Aguilar tras brindar, comienza la faena con pases por alto seguidos de cinco redondos que son rematados por el de pecho sobre la derecha. Han sido unos redondos con quietud ante un toro que se frena en las embestidas
Nueva serie de buenos redondos ejecutados con gran quietud que tras cambio de muleta por la espalda remata con el de pecho sobre la izquierda.
Dos series de buenos naturales rematados con el de pecho sobre la izquierda.
Serie de redondos. Un redondísimo seguido de un cambiado por la espalda y remate final con  el de pecho sobre la zurda.
Dos molinetes en cadena seguidos de dos redondos. Un invertido por la espalda que empalma con dos redondos.
Manoletinas citando de frente.
Una faena importante a un toro que n o era nada fácil.
En la suerte contraria logra una estocada entera en lo alto.  El toro tras barbear tablas dobla y el puntillero acierta al primer intento.
Se piden los trofeos pero el juez de plaza solamente concede una. El toro es ovacionado en el arrastre.Oreja para Mario.
 El tercero de la tarde es Cielo Rojo. Un castaño de 500 kilos de peso.
Arturo Saldivar lo saluda con una larga cambiada de rodillas en terrenos de tablas. Dos verónicas y como el toro comienza a gazapear, su matador no puede lucirse de capote limitándose a tratar de enseñarle a embestir.
Pica Pablo González quien se agarra arriba puesto que el toro se le colocaron entre las dos rayas de picar.
En banderillas con brega de Diego Martínez. García clava arriba. Héctor  cierra tercio con un par arriba.
Saldivar tras brindar a uno de los componentes de la banda El Recodo, comienza su faena de muleta doblándose con pases contrarios de pierna flexionada.
Como el toro no es claro, Saldivar administra una serie de redondos sueltos con pérdida de tres pasos entre pases.
Tras posicionarse nuevamente logra una serie de tres redondos ligados que, tras cambio de muleta por la espalda remata con el de pecho sobre la zurda.
Tras torear sin torear, dos redondos. Otros dos más que, tras cambio de muleta por la espalda, remata con el pase de pecho sobre la zurda.
Naturales sueltos a un toro que carece de transmisión
Tras un trincherazo se queda posicionado para el toreo al redondo.  Redondos a un toro rebrincado.
Muy valiente el torero que con la muleta en la zurda logra una serie de naturales sueltos porque el toro no repite. Remata con el de pecho sobre la zurda.
En la suerte natural pinchazo arriba sin soltar. En la misma suerte estoconazo caído. Capoteo de los banderilleros a un toro que no sirvió para triunfar.
Cuando Saldivar toma el descabello suena el aviso porque el toro se amorcillo. El toro tras barbear tablas muere sin puntilla.
Los toros cuarto y quinto de la corrida no propiciaron el triunfo de ahí que pase directamente a narrar lo acontecido en el último de la tarde puesto que fue el del triunfo grande de la tarde ya que Arturo Saldivar cortó las dos orejas.
Saldivar espera la salida del último toro de la tarde con ansias de triunfo. El toro tiene un peso de 503 kilos. Se trata de un toro precioso de lámina que es aplaudido en la salida.
Desdeña el primer capotazo de pierna flexionada de su matador. Tras darse una vuelta al ruedo el torero lo espera y le administra una serie de cinco verónicas a pies jun tos que remata con una revolera.
Pica Juan Carlos Pardo a cuya cabalgadura lleva Arturo al toro por chicuelinas al paso que son rematadas con una media verónica a media altura. El piquero se agarra arriba y el toro sale huyendo en el momento que siente el hierro clavado en el hoyo de las agujas. Con solo señalar el puyazo el matador solicita el cambio de tercio que el juez de plaza concede.
Saldivar realiza su quite en base a tres chicuelitas ajustadas rematadas con una revolera. Han sido jaleadas y recibe una gran ovación.
En banderillas Diego Martínez clava un buen par. Gilberto Aragón clava el segundo par. Ha bregado hasta el momento el propio matador Saldivar. Buen tercio de banderillas por parte de los banderilleros.
Saldivar brinda a la esposa de un ganadero de bravo. Y comienza su faena de  muleta con un pase cambiado por la espalda. Sigue un pase de las flores, un natural. Se retira del toro. Lo cita desde muy largo. Cuando el toro se arranca le administra unos buenos naturales que son jaleados
Vuelve a retirarse del astado para acercarse con la muleta portada en la mano diestra. Dos redondos. El toro se para. Nuevo posicionamiento. Tres excelentes redondos. Se cambia la muleta de mano. Un natural y como el toro se para sale toreramente de la cara del astado.
Tras dar tiempo al toro se lleva la muleta a la izquierda en medio de las molestias del viento. Excelente serie de naturales, alguno de ellos ayudados del simulado.    
El toro se para. Se posiciona y administra una serie de tres naturales rematados con el pase de pecho sobre la izquierda. Ovación.
Dos molinetes en cadena. Pase de pecho sobre la mano derecha. Se queda muy quieto. Intenta dar un redondo. Logra dar unos excelentes redondos. Se cambia la muleta de mano. Excelente natural que remata con un no menos excelente pase de pecho sobre la mano izquierda. Gran ovación y algunos espectadores se levantan de sus asientos.
Serie de excelentes redondos en medio de las molestias del viento Dos excelentes redondos más. Como el toro se para ha de posicionarse nuevamente. Otros dos más y, tras cambio de muleta por la espalda, remata con el pase de pecho sobre la izquierda. Gran ovación.
Con la muleta en la izquierda interpreta una serie de buenos naturales, un invertido y un desplante torero. Ovación.
Un redondo bueno suelto. Realiza el péndula ante la cara del toro mientras se posiciona. Dos dosantinas exponiendo en exceso. ¡Muy valiente Saldivar! Remate final con un excelente pase de pecho sobre la mano izquierda. Gran ovación.
Tras tomar el estoque de matar administra unas bernardinas que finaliza con un redondo, un natural y un pase de pecho sobre la mano izquierda. Gran ovación.
En la suerte contraria logra algo más de media estocada ligeramente tendida pero en el sitio. Capoteo de los banderilleros quienes le realizan la rueda. El toro dobla. Del puntillero al fallar lo levanta. Nuevo capoteo por parte de los banderilleros. El toro dobla nuevamente y aparecen los pañuelos en los tendidos. El puntillero acierta y el juez de plaza le concede del tirón las dos orejas.  Saldivar dos orejas.
Arrastre lento del toro al que se acerca Saldivar para darle unos golpecitos cariñosos..

Finalmente Saldivar sale a hombros en unión del ganadero.
Reportaje gráfico de lo realizado por Fermín Rivera.

 







 







 






 







 







 







 






 







 








 







 







 







 






Reportaje gráfico de lo realizado por Mario Aguilar.

 






 







 







 








  






 







 






  








 







 








Reportaje gráfico de lo realizado por Arturo Saldívar.

 







 








 







 






 






 






 







 







 







 








 







 







 






 






 






 







Otras fotos interesantes.

  







 







 

domingo, 7 de diciembre de 2014

MANUEL BENITEZ PÉREZ “EL CORDOBÉS”.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Era el año 1964. Mes de septiembre. Víspera del día de San Mateo. Es decir el 20 de septiembre. Mi padre, que atendía clínicamente la ganadería del Vizconde de Garci-Grande fue avisado por el mayoral de la ganadería para que asistiera al tentadero de la tarde, por si sus servicios veterinarios fueran necesarios ya que Alvarito Domecq iba a rejonear dos toros mogones que su amigo Luis, el hijo del vizconde (que era un excelente rejoneador), le había guardado como preparación previa a su actuación al día siguiente en la corrida mixta de Salamanca.
Desde la Horcajada (Avila), pueblo de residencia, nos fuimos en moto hasta Alaraz (Salamanca) en cuyo término estaba la finca de ganado bravo del vizconde.
Al llegar quedamos sorprendidos pues no solamente estaban la cuadra de  caballos de Alvarito  sino que además estaban Santiago Martín “El Viti”, Diego Puerta y Manuel Benítez “El Cordobés” que también actuaban en la corrida estrella del ciclo taurino de la feria de Salamanca.
Tras la salida del primer toro y, después de ponerle el rejoneador un rejoncillo de castigo, mientras cambiaba de cabalgadura, Diego Puerta comenzó a picar a “El Cordobés” para que le diera unos capotazos. No se hizo mucho de rogar, salió en busca del toraco y le administró unos excelentes lances  con la pierna p’alante que remató con una excelente media verónica.
Álvaro Domecq siguió lidiando el toro a caballo hasta que, tras lidia completa con los cuatro caballos que trajo en su camión, le dio muerte de un pinchazo y certero rejón de muerte.
Comenzaron los comentarios sobre las verónicas que “El Cordobés” había administrado al morlaco. Mi padre que sabía un rato de toreo, sentenció que habían sido unas excelentes verónicas donde cargó la suerte y remató con una más que excelente media. Santiago Martín “El Viti” ratificó la opinión de mi padre.
Cuando salió el segundo toro y tras ponerle tres rejoncillos de castigo y un par de

banderillas por parte de Luis Garci-Grande con uno de los caballos de Alvarito, nuevamente salió a la palestra Manuel Benítez  ahora con la muleta en la mano y tras tres doblones para quitar temperamento al toro que era muy bravo, se llevó la muleta a la zurda y ejecutó una serie de cinco naturales con la  muleta sostenida por las yemas de los dedos que fueron rematados perfectamente a la cadera, tras haber cargado la suerte, en todos ellos. Remató con un pase de pecho de los denominados de “pitón a rabo”. Saludó a la concurrencia, que le aplaudió a rabiar, y se metió en el burladero donde le esperaban sus compañeros de oficio que como él eran matadores de toros.
Yo estaba en la tapia justo detrás del  burladero donde estaban los matadores y mi padre, y oí el comentario de “El Viti” cuando le dijo:
“Manuel si toreas tan bien como nos has demostrado ¿por qué no haces esto en la plaza? A lo que “El Cordobés” respondió: “Porque sería igual que tos vosotros” y rompió en una carcajada que llegó incluso a descentrar al toro que estaba esperando la entrada de uno de los caballos de Alvarito.
Al día siguiente fui con mi padre a la corrida de Salamanca donde “El Cordobés” volvió a hacer de las suyas con buenos pases, pero muy dosificados y en cambio dio un verdadero recital de pases del desprecio y saltos de la rana. Como tuvo suerte con el estoque obtuvo un gran triunfo al igual que sus compañeros de terna con un Alvarito Domecq en maestro del rejoneo.
Desde ese momento tuve un gran respeto por “El Cordobés” porque era  valeroso al máximo y sus faenas las basaba en: ¡Inmovilidad!¡Inmovilidad! e ¡Inmovilidad! Y eso ante un toro bravo no es fácil de superar.
Manuel Benítez fue un revolucionario que triunfó a pesar de la oposición de los puristas-eruditos del toreo, por que tuvo y, aún hoy conserva, un preciso sentido de las distancias y del comportamiento de los toros. Por ello cuando se televisaba alguna de las corridas que toreaba, ese día los bares se llenaban para ver la corrida por TV, mientras las ciudades quedaban paralizadas  con la aquiescencia de todos.
 Ojeando periódicos de tiempos pasados me topo con uno del año 1970 que se anuncia así:
Año 1970.
“EL CORDOBÉS” ROMPE MOLDES: 121 CORRIDAS.
El pasado 19 de octubre, en la plaza de Jaén, Manuel Benítez “El Cordobés” sumó su

corrida número 121 del año. Jamás nadie  ha toreado tanto en una sola temporada. En la feria de San Isidro de ese mismo año, cortó 4 orejas en cada una de las dos tardes  en que actuó. El periodista de “Pueblo” José Manuel Carril fue testigo de excepción de esta arrolladora campaña  y así escribió de “El Cordobés”  en su última tarde.
Le falta –decían- subirse encima del toro. Le faltaba. Ahora, después de lo de ayer, ya no le falta ni eso.
Ayer se cerraba en Jaén el ciclo más largo que jamás ha vivido un hombre en la historia del toreo. Dicen que, porque nunca se llena la plaza de toros  de Jaén, es una de las más grandes del mundo. Ayer –dicen que porque iba él- parecía una de las más pequeñas, porque nunca se vio tal demanda de localidades, ni tan apretadas las puertas por un público que quería, pero no podía entrar.
Sólo una vez, hace de esto diez u once años, la plaza de Jaén estuvo a punto de estallar. Toreaba en tan notable ocasión un mozo de ademanes rudos, de piel blanca y pelo rubio, al que por su impresionante forma de reír se le adivinaban las ganas que tenía de vivir, y al que, por su legionaria forma de interpretar el toreo,  se le notaba lo poco que le importaba morir. Se llamaba Manuel Benítez “El Cordobés” y caminaba hacia la gloria, abriéndose paso a dentelladas con el hambre y con la miseria. Nunca más, hasta ayer, volvió a llenarse esta plaza.
¡QUE DIFÍCIL ES LLEGAR!
Ayer a esa hora en que los tendidos empiezan a valer más que una barrera y las barreras han perdido todo su valor, porque ya no hay quien las venda, aquel muchacho de entonces me decía al abandonar el hotel, camino de la plaza.
-¡Qué difícil es llegar, Carril!
Yo lo dije:
-Más difícil es mantenerse. Y me contestó:
-Depende; basta con querer llegar un poquito  cada día.
Envuelto en su traje de torear verde y oro iba a hacer su paseíllo 121 de la actual temporada. Llevaba en los ojos la misma mirada de aquel otro paseíllo, que casi era el primero de su vida y que, cómo éste, pudo muy bien ser el último. El sabía que esta corrida iba a pasar a la historia. Nunca nadie toreó tanto y nunca nadie se jugó tanto. La atronadora ovación que lo recibió en solitario se prolongó durante 109 minutos, convertida en la apoteosis más larga que nadie  logró encontrar nunca en el toreo.
Se alargó tanto porque desde que salió el primer toro…
Era –ya lo he dicho- su 121 corrida de la actual temporada, pero parecía la primera; tal era

el poderío y la fuerza física que estaba derrochando. Decían a  mi lado que ya tiene 2000 millones de pesetas  -yo no lo sé- pero parecía que estaba empezando a ganar el primer duro de su vida.
Dicen –cada uno es muy dueño de decir lo que quiera- que lo que este hombre hace en los ruedos no es torear. Yo pongo por testigo a la plaza de Jaén  y le pido que me escupa a la cara mi mentira  si miento al afirmar que, si lo de ayer no es toreo, “El Cordobés” lo acaba de inventar; de tal forma explicó la asignatura en siete lecciones  prodigiosas por lo bellas, por lo completas, por lo distintas, por lo sencillas, que fueron premiadas con once orejas  y tres rabos, a más de una pata concedida por el presidente y que el torero se negó a que fuera cortada.
Dicen que este hombre, que ha culminado su prodigiosa temporada estableciendo un record “imposible“ a la misma velocidad que la inició; es uno de los diez personajes más populares del mundo. Ayer, cuando la inenarrable apoteosis se acercaba a su fin y él era paseado por el anillo a hombros  de los hombros de su propia cuadrilla, que se negaron a que el honor  correspondiera esta vez a los demás, parecía el más importante de esos diez famosos: tal era el derroche de poderes  que acababa de hacer  y el entusiasmo incontrolable que acababa de despertar.
Cuando el sexto de la tarde ya era histórico sin haber muerto todavía, este hombre llamado “El Cordobés” se plantó ante él, indefenso su cuerpo y su rostro como transfigurado, y se lanzó hacia su enemigo borracho de placer, como queriendo decir: Ahora que lo ha conseguido todo, lo mejor es morir. Pero el toro asustado de tanto valor retrocedió…el torero le siguió. Le faltaba –decía-subirse encima de un toro. Le faltaba. Ahora, después de lo de ayer, ya no falta ni eso.