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jueves, 22 de mayo de 2008

LA CORRIDA DEL CORPUS EN GRANADA 2008.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Bajo la presidencia del Sr. Pérez Florencio se celebró en Granada la tradicional Corrida del Corpus.
Una corrida de garantía con el hierro de Zalduendo, iba a ser lidiada por tres figurones del toreo como son:
Ponce (azul pavo y oro).
El Cid (azul eléctrico y oro).
El Fandi (azul purísima y oro)
A pesar de ello no hubo lleno absoluto, pues la verdad es que con las retransmisiones televisivas de los ciclos de la Feria de Sevilla y el ahora de San Isidro en Madrid, los aficionados tienen más que matado el gusanillo taurino y además se ahorran esos euros que con la carestía de la vida están haciendo estragos en las economías de los menos potentados.
Si primero se sumó a los experimentos Canal + con el acontecimiento del análisis de la saliva de Jesuli de Torrecera, ahora Canal Sur, no ha querido ser menos y ha colocado un micrófono en la grupa del caballo de picar que montaría Manuel Quinta para escuchar el resoplar del toro y los quejidos del caballo en sus encuentros de la suerte de varas.
¿Para que sirve esto? Imaginamos que para conseguir audiencia de lerdos.
Hubo bailes de corrales de los que culpan al nuevo equipo de veterinarios que por lo leido: "no deben estar muy puestos en estos temas taurinos", cuando a lo mejor es que: están dispuestos a cumplir el Reglamento. ¡Cualquiera sabe!
Lo cierto es que tras realizar el paseíllo, en el cual el torero local, El Fandi luce un precioso capote de paseo con el imagen de la Virgen de las Angustias, sale el primer toro de la tarde que responde por Destilado marcado con el nº 164 y con un peso de 525 que ha de lidiar Enrique Ponce.
El diestro de Chiva, se estira con cuatro verónicas que remata con la media, ante un toro que está dotado de un buen tranco.
Tras llevarlo con lances por la cara sin cruzar, a la jurisdicción del picador, lo remata con un recorte vistoso y efectivo.
Pica Manuel Quinta quien se agarra arriba cuando el toro empuja con buen estilo.
A la salida, el toro muy parado, es quitado por Ponce con dos verónicas que remata con la media de buena factura.
En banderillas con la lidia de Antonio Tejero, parean Mariano de la Viña que coloca dos pares buenos y José María Tejero que coloca su par perfecto de ejecución y colocación. Un buen tercio.
Ponce comienza su faena de muleta con un pase por alto de rodilla flexionada. Sigue con dos pases por debajo de rodilla flexionada que remata con un pase de pecho, para seguir con un redondo y e doble pase de pecho.










Da distancia al toro.
Se acerca para administrar tres redondos que resultan enganchados en el remate.
Una serie más de tres redondos, que resultan difíciles de templar y que son rematados con el de pecho.









Con la muleta en la zurda: una serie de tres naturales buenos, dos más y el de pecho buenísimo, por la despaciosidad y la largura.
Se distancia del toro. Un molinete. Vuelve a distanciarse, otro molinete. El toro se para. Tres redondos. Uno circular que remata con el de pecho ejecutado con la mano derecha.
Vuelve a dar distancia al toro, para cercarse y recetar un trincherazo. El toro se para. Cuatro derechazos, un circular, cambio de mano sobre la marcha para dar un natural y abrochar con el de pecho.








El toro comienza puntear en las cercanías. Un doblón, un trincherazo con la mano izquierda y un natural.
Cuando trata de cuadrarlo, se le arranca.
Unos ayudados por bajo para castigarlo y quitarle fuerza.
En la suerte natural estocada arriba trasera de la que el toro cae rodado.
Aparecen los pañuelos pidiendo la oreja que el presidente concede.

El segundo de su lote que es el cuarto de la corrida tiene por nombre, Pasguato, marcado con el nº 133 y pesa 563 kilos. Sale con muchos pies.
Ponce le saluda con cuatro lances de rodilla flexionada, de los que sale suelto. Continúa con tres verónicas, en las que el toro humilla y que remata con una media de buena factura aunque carente de ajuste. El toro muestra escasez de fuerzas.
Ponce con suavidad lo lleva al caballo que monta Antonio Saavedra quien se agarra arriba.
Ponce omite su quite para con dos lances volverlo a poner en suerte. El piquero se agarra arriba y Ponce se desmontera para pedir el cambio de tercio.
En banderillas con la lidia de Mariano de la Viña, parean con brillantez los hermanos Tejero que ponen unos excelentes pares de banderillas en tercio lucido.
Ponce brinda al público cayendo la montera boca arriba lo que no preocupa al espada.
Ponce comienza como siempre con tres pases, contrario, natural, contrario prolongado con cambio de mano, flexionando la pierna de entrada.
Citando por redondos se le cuela en el primero. En el segundo se para.
Continúa por redondos en los que pierde más pasos de los requeridos porque no quiere ligarlos. Dos más sueltos y remata con el de pecho.
Con la muleta en la zurda, comienza con un pase de pecho para seguir con dos naturales sueltos y a media altura que remata con el de pecho.









El viento arrecia y Ponce ha de ir a la barrera para mojar la pañosa. De regreso naturales donde ha de tocar con fuerza al toro para que se arranque y conseguir tres no muy ligados y el de pecho final.
Nueva serie de tres naturales, el tercero enganchado, que remata con un afarolado y el doble de pecho.
Con la mano derecha logra tres redondos. Uno circular. El toro se para. Uno muy lento y el de pecho.









Nuevamente la muleta en la zurda tratando de buscar la oreja que le propicie la salida por la puerta grande. Serie de cinco naturales de uno en uno conseguidos a base de tirarle la muleta al hocico, que remata con uno de pecho de rodillas.
Muy valiente se pone de hinojos y de espaldas a la cara del toro. Tras levantarse dos pases de pecho y sigue con un abaniqueo elegante y artístico que pone a la gente de pie.
En la suerte natural, pinchazo arriba. Suena un aviso.
Otro pinchazo arriba que escupe.
Otro más, algo más hondo que también escupe.
El toro se cuala a tablas y allí va Ponce para descabellar. Falla en el primer intento para acertar en el segundo.
Gran ovación del público granadino que le obliga a dar la vuelta al rudo por la gran faena realizada.

El segundo toro de la tarde, se llama Diferente y con él se estira El Cid en cinco verónicas en las que puede verse que el toro se acuesta por el pitón derecho. Remata con una media
Con lances templados por la cara lo lleva al caballo que monta, Luis Alberto Parrón quien se agarra arriba en el primer encuentro para de inmediato levantar el palo.
Lo mima El Cid en lances por arriba y con mucho temple, a pesar de lo cual pierde las manos.
Pide el cambio de tercio.
Con la lidia de El Boni, realizan un buen tercio Alcalareño y Pirri.
La faena la comienza El Cid con tres pases por alto.
Continúa por redondos en serie de tres en el último de los cuales el toro le avisa. En el cuarto se cae. El quinto lo remata por encima de la pala del pitón y finalmente ejecuta el pase de pecho.
El toro busca al diestro por lo que hay que torearlo con la cara muy tapada con la muleta.
Dos redondos. Otro más y el de pecho a un toro que cada vez es más complicado.
Con la zurda: comienza El Cid ayudándose con el estoque simulado en el primero para seguidamente realizar una serie de cuatro naturales sin ligar que culmina con un afarolado y el de pecho.









Nueva serie de tres y el de pecho en la que el toro no ha descolgado
Continúa en una serie de cuatro naturales largos. Se cruza tratando de encontrar el sitio, pero sin encontrarlo logra cuatro naturales que termina con dos trincheras que resultan enganchadas.









El Cid ha realizado una faena muy profesional a un toro muy complicado.
En la suerte natural pinchazo hondo arriba ante la espera del toro con la cara por las nubes.
En la suerte contraria vuelve a pinchar arriba. Nuevamente en la contraria estocada casi entera que resulta trasera y de la que el toro rueda sin puntilla. Aplausos.

Su segundo que es el cuarto de la corrida, se llama Fuerte, está marcado con el nº 169 y su peso 518 kilos. Sale suelto en las cuatro primeras verónicas que rematadas con una media muy aplaudida, le receta El Cid.
El toro ha vuelto al revés.
Su matador lo lleva con lances muy suaves y sin molestarle lo más mínimo, al caballo que monta Manuel Espinosa que se agarra trasero mientras el toro empuja con la cara alta. El Cid pide el cambio de tercio.
En banderillas con la lidia de Alcalareño, El Boni pone dos grandes pares que le valen el desmonterado.
Tras el brindis al público, El Cid le da distancia para citarlo por redondos. Aguanta la primera embestida y lo vacía. En los dos siguientes el toro puntea mientras en el remate con el pase de pecho el toro lo busca y protesta.
Sigue con un pase de pecho, cuatro redondos que remate con el de pecho.








Lo da distancia para tomarlo con la mano izquierda en una serie de tres naturales que resultan aseados. Dos buenos que vacía por encima de la pala del pitón y que abrocha con el de pecho protestado por el toro.








Nueva serie de cuatro naturales que remata con el de pecho.
La muleta en la derecha en su afán de lograr triunfar con un toro. Hace el péndulo antes de ligar tres redondos a un toro muy complicado por parado.








El toro agotado ya no quiere colaborar por lo que El Cid se perfila y en la suerte contraria pincha arriba. Nuevo pinchazo ahora en la suerte natural. Suenan algunos pitos. Suerte natural un pinchazo hondo que le sirve para poder descabellar acertando a la primera.

El tercer toro de la tarde es recibido por El Fandi con una larga cambiada que continúa con una serie de verónicas en las que el toro da saltos en el remate del lance y con la que logra sacarlo para afuera.
Con cuatro chicuelinas al paso rematadas con una revolera lo pone en suerte al caballo que monta Juan de Dios Quinta que tras agarrase arriba levanta de inmediato el palo.
Con la lidia de Óscar Padilla El Fandi se dispone a realizar su tercio rey.
El primer par adornados con los papelillos de Granada, el toro se arranca el torero se para, se vuelve de pronto y coloca un gran par en todo lo alto.
El segundo con el toro arrancado lo quiebra por dos veces. El toro en el burladero y El Fandi en el centro del ruedo, como no se arranca el torero se sube al estribo y corriendo hacia atrás en lo que se ha dado en llamar “la moviola” coloca un gran par arriba.
El tercero arrancando desde el estribo pone un gran par al violin.
El toro no quiere seguir al torero que trata de juguetear con él para seguidamente, como es habitual, pararlo.
En su brindis al público, la montera cae boca arriba para voltearla seguidamente con la punta del estoque simulado.
Moja la muleta tras cambiarla por otra de más cuerpo ya que el viento molesta. Con pases por delante sin cruzar saca al toro a los medios y allí por redondos le administra una serie de dos en la que el toro entra rebrincado. Tres más, en la que en el último al cambiarle de mano el toro se cae. Tres nuevos con cambio de mano y el de pecho con la mano izquierda.
Dos molinetes seguidos y el pede pecho.
Con la muleta en la mano izquierda, dos naturales muy suaves. El toro se para. Dos más pulseando perfectamente al toro que hace sonar la música.
La muleta ahora en la mano derecha: dos redondos muy lentos que remata con un gran pase de pecho lento y perfectamente rematado.
El toro no transmite por falta de raza a pesar de que tiene clase. Viendo que la faena no remonta se va por la espada de matar y en la suerte contraria mete la mano y pincha arriba sin soltar sufriendo un pitonazo en la mano izquierda.
Vuelve a entrar de largo, el toro lo espera y vuelve a pinchar arriba.
En la suerte contraria logra más de media estocada que tumba al toro.

Su segundo y último de la corrida, responde por Jinete, lleva el nº 130 y pesa 538 kilos. Es un toro bajito y muy bien hecho.
El Fandi lo recibe con seis verónicas rematadas con la media de rodillas.
El encargado de picar es José Manuel González que se agarra trasero.
Lidia Carlitos Chicote mientras El Fandi se dispone a banderillear:
Primer par: le corre para atrás. Cambia al trayectoria y por el otro lado clava arriba.
Segundo par: es el de la “moviola”. A pesar de que el toro le va cortando le clava en todo lo alto.
El tercero: Va corriendo hacia atrás en busca del toro y le clava arriba a pesar de que el toro va cambiando de ritmo y lo lanza un pitonazo en el embroque. El público se pone en pie para ovacionar a su paisano.
La faena la comienza de rodillas con cuatro pases por alto que remata con un molinete.
Se distancia del toro para seguidamente citarlo y administrarle dos redondos ligados. Cambio de muleta por la espalda y el de pecho de pitón a rabo.
Vuelve a darle sitio al toro. Serie de cuatro redondos con cambio de mano de la muleta y remate con el de pecho.
Nueva distancia. Un molinete da paso a una serie de cuatro redondos largos y perfectos de remate que abrocha con el doble de pecho.
El Fandi demuestra poseer una gran técnica
Un molinete con la izquierda da paso a una serie de tres buenos naturales donde la técnica consiste en perder dos pasos para ligarlos. El toro se cae. Sigue con dos afarolados y el remate con el pase de pecho.









Se distancia. Pase de "las flores", dos redondos, donde el toro le da un cabezazo y remata, tras un martinete, con un pase de pecho despacioso.
Siempre tras dar distancia, dos molinetes de rodillas, otro más. Se coloca de rodillas de espaldas delante del toro, para terminar vaciándole con un pase de pecho de rodillas.
Va por el estoque de matar, se acerca al toro para llevarlo muy toreramente hasta terreno de las dos rayas y allí entra en la suerte contraria logrando una estocada caída que hace rodar al toro sin puntilla.
Petición unánime de las dos orejas y el rabo, que el presidente concede, con lo que El Fandi logra su 31 puerta grande en Granada.

lunes, 19 de mayo de 2008

LA CORRIDA DEL 18 DE MAYO del 2008, EN LOS BARRIOS.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

El domingo 18 de mayo acompañado de mi amigo Juan Antonio Moya estuvimos en Los Barrios para ver uno de los mejores carteles que puede verse en la actualidad.
El aparcamiento: casi en Algeciras, pues con la feria cercana no había un sitio donde dejar el coche. Además un camión mal aparcado impedía acceder a las espaldas de la plaza, sin que nadie remediara esta situación.
La terna actuante:
El Cid (lila y oro)
El Fandi (burdeos y oro)
Manzanares (burdeos y oro).
Toros de la ganadería de D. Santiago Domecq.
Con cinco días por delante no pudimos sacar una localidad de jubilado por aquello de, según los taquilleros, el Ayuntamiento se las había regalado a los pensionistas. Un incumplimiento flagrante de la preceptiva legal.









Una vez en nuestra localidad en la plaza, que no está totalmente cubierta (faltan por cubrir el techo y laterales) nuestra vecino de localidad, que trabaja en el Ayuntamiento barreño, nos dijo que tienen dificultades para cobrar a pesar de que el dinero debe "entrar a saco" en las arcas municipales, al tener el polígono industrial de Palmones y la Refinería en terrenos municipales.
"Los políticos acabarán con la Fiesta debido a sus irregularidades de todo tipo" y que conste que expreso el sentir de los que nos rodeaban en el tendido seis, lleno, como toda la plaza hasta el rebosamiento.
Desbarajuste entre los espectadores que no encontraban su localidad ante la falta de acomodadores.
Una bonita y cómoda plaza en la que notamos la desaparición de los asientos anatómicos que estaban montados en la otra ocasión que la visitamos. Ahora es más cómoda, pues con los asientos de plástico duro no le llegaban a uno los pies al suelo y había de ver el espectáculo como colgado.
Me van a permitir que narre con toda minuciosidad los tres primeros toros, por aquello de que tomé notas. Luego ante las apreturas me fue imposible, de ahí que me limitara a tomar fotos y a ejercer la memoria para poder relatarlos lo que ocurrió.

El primer toro de la corrida sale de chiqueros arrastrando la pata izquierda consecuencia de un calambre.
El Cid lo saluda con un lance por alto que el toro recibe saltando con lo que se acentúa la claudicación del astado. Toma bien la primera verónica. A la segunda sale suelto. La tercera es buena de ejecución y remate.
Con la quinta verónica el toro ha salido de las rayas de picar y El Cid remata la serie con una media verónica seguida de una larga con la mano izquierda.
El Boni retiene en el burladero de la suerte de picar al toro, mientras se colocan los picadores. El Cid está ubicado en la misma boca de riego del ruedo.
Cuando lo llama, acude con prontitud y con lances por delante lo lleva al caballo overo que monta su picador de turno. Un recorte trata de dejarlo en suerte, pero el toro sigue a El Cid desdeñando al caballo.
Nuevamente el torero lo deja fuera de las dos rayas pero el toro no quiere caballo y sí a los toreros. Descompone la tertulia entre El Fandi y Manzanares, para seguidamente ir en busca del caballo quedándose caído debajo del jaco. El picador se limita a señalar el puyazo.
El Cid quita en dos buenas verónicas. En la última el toro pierde las manos clavando los pitones en la arena y sufre un volteretón.








Se desmontera su matador pidiendo el cambio de tercio que es concedido.
Banderillean con acierto El Boni y Pirri, perdiendo las manos el toro en el primer encuentro.

El Cid comienza su faena delante de la Puerta Grande con dos pases por alto. Otro más en el que el toro pierde las manos, hace un extraño y coge al torero por la pierna izquierda derribándolo y haciendo por él en el suelo.
Renqueante El Cid se va al centro del anillo. Ha podido ser cornado de consideración.









Con la muleta en la izquierda, le administra tres mantazos debidos a que el toro se ciñe por el pitón izquierdo. Se separa del toro y se va al centro del ruedo en medio de los aplausos del público.
Aproximándose lentamente al toro lo cita con la izquierda. Cuando el toro se arranca lo vuelve a “echar mano”. En el suelo, El Cid rueda saliéndose del terreno del toro.
Parece mentira que un torero tan experimentado no se haya dado cuenta de los avisos del toro por el pitón izquierdo.
Toma la muleta en la mano derecha. Dos redondos buenos donde el toro se sale en el remate. Al tercer redondo el toro le corta el viaje también por este pitón. Parece como si el toro estuviera avisado.
Le ha roto la taleguilla como consecuencia de no dar importancia a su oponente. Es un toro que ha de ser toreado con la cara tapada con la muleta. Al descuidar este detalle El Cid, es nuevamente tocado en un puntazo. ¡No tiene su día el de Salteras!
Con pases de pitón a pitón por abajo, trata de cuadrarlo. Le toca el pitón derecho.
El Cid está desdibujado, pálido incluso. El toro se fue sin picar y El Cid no le ha dado importancia alguna a causa de perder las manos continuamente.
En la suerte natural entrando muy en corto pincha arriba sin soltar. A la segunda entrada acierta y el toro dobla. Aplausos para el espada.
Acabada su labor El Cid se va para la enfermería.

Su segundo toro que es el cuarto de la corrida es un toro que tiene buen son en la embestida. El Cid lo saluda con verónicas ajustadas que el toro recibe sin protestar. Lo saca fuera de las dos rayas para allí, templándole con lances por la cara sin cruzar ni quebrantarlo, enseñarle a embestir.
Lo lleva con gusto y mimo al picador quien se agarra arriba en un puyazo corto, cuidando al toro a instancia de su jefe de filas. El Cid haciendo el “molinillo” con los dedos de la mano derecha, pide el cambio que el presidente concede.
El tercio de banderillas transcurre con más pena que gloria a pesar de las buenas maneras de El Boni que es el encargado de lidiar.
El Cid brinda en el centro del ruedo al público que corresponde con una ovación.
Comienza su faena con dos redondos, dentro del espacio entre las dos rayas y las tablas, buenos de ejecución. Abrocha con un pase de pecho.








Entre las dos rayas se dobla en dos pases: contrario y natural para acabar con el de pecho.
Fuera de las dos rayas una serie de cinco redondos buenos de ejecución y remate que abrocha con el de pecho de pitón a rabo.









Da distancia al toro para que se refresque y citando de largo lo recibe en un redondo bueno que continúa con tres más, abrochados con el de pecho de remate a la hombrera contraria.
Vuelve a dar distancia al toro.









Por naturales una serie de cinco extraordinarios pases que remata con uno perfecto de pecho. Ovación.
Vuelve a la mano derecha para interpretar una serie de cuatro derechazos que abrocha con el doble de pecho, uno con la mano derecha y otro con la izquierda.
Tras ejecutar dos pases de pecho en cadena, sigue con una serie de cuatro redondos que remata con una trinchera.
Tras tomar el estoque de matar, en la suerte natural, logra una estocada entera, en la yema, que hace rodar al toro de inmediato.









Se piden las dos orejas que naturalmente y, con justicia, el Presidente concede.
Con ellas tras el arrastre del toro, El Cid, completamente recuperado de la paliza propinada por el toro anterior, da una clamorosa vuelta al ruedo.

El segundo toro de la tarde corresponde en su lidia a El Fandi quien lo recibe con una larga cambiada en terrenos de dentro de las dos rayas.
Es mucho más toro que el primero de la tarde.
A la primera verónica el toro sale suelto y se va a los terrenos de nadie. A por él va un banderillero de El Fandi, pero el toro demuestra a las claras que no quiere telas. Ha de ir por él su matador quién le administra dos verónicas de las que el toro, tras berrear en el embroque, sale suelto nuevamente.
El Fandi con lances por delante sin cruzar, lo lleva a los dominios de su picador y lo deja a la altura de la raya de fuera con una media.
El toro parece descordinado de los cuartos traseros y sin fuerza. De improviso se arranca hacia el picador que guarda puerta y El Fandi muy atento, lo corta. ¡Nos equivocamos en la cuestión de las fuerzas!
Colocado en suerte ante el picador titular, se arranca y el de la vara se agarra arriba. El público pita la vara sin razón, pues a los toros hay que picarlos. El Fandi se desmontera pidiendo el cambio, que es concedido.
En banderillas la secuencia de la suerte es la siguiente:
Primer par, adornado como el resto de los palitroques con los papelillos de los colores de Granada, tras arrancarse el toro con alegría El Fandi, ganándole con facilidad la cara, las pone arriba. Aplausos.









El segundo par, el toro en el burladero de suerte de varas y El Fandi entre las dos rayas. Comienza el toro a galopar y su matador a correr para atrás hasta encontrarse y clavar en todo lo alto. Ovación cerrada.
El tercero: El Fandi va por el toro, lo quiebra para seguidamente dejarlo en el tendido 5 entre las dos rayas. Se queda cerca de él, lo quiebra por dos veces, lo sortea con un regate para pararlo antes de ponerle el par. Es muy aplaudido este detalle.
El toro después es citado, se arranca con prontitud y El Fandi le pone un par al violín perfecto de precisión. Atronadora y prolongada ovación, mientras juguetea con el toro hasta pararlo.
¡Suerte perfecta y muy celebrada!
En el centro del ruedo brinda al público. La montera cae boca arriba y con la punta del estoque simulado la voltea en medio de la hilaridad del público que aplaude el detalle.
El toro se le arranca de pronto pero el torero ni se inmuta. Se lo quita de encima con un "pase del desprecio", mientras continúa su camino en busca de las tablas a donde pretende mojar la muleta para librarla de los vaivenes del fortísimo viento reinante a pesar del cerramiento, a medias, de la plaza.
Cerrado en tablas comienza de rodillas con un pase contrario. Sigue un natural, otro contrario y otro natural, que remata por alto. Un molinete de rodillas para levantarse y finalizar la serie con un pase de pecho con la derecha y un trincherazo.
La muleta en la mano derecha una serie de un redondo de buena factura, otro ligado perfecto, otro donde codillea en su afán de prolongar el pase, cambio de mano por la espalda para abrochar con uno de pecho de "pitón a rabo" y un pase del desprecio.









En medio de los sones de la música, un molinete, dos redondos perfectamente ligados. Un redondo circular completo, un martinete y el de pecho. Ovación.
Ahora lo que Andrés Vázquez denomina “torear sin torear”.
Muleta en la mano zurda: dos naturales ligados. Dos más perfectos. Dos muy largos de remate perfecto. Otro largo que remata con un farol. Una trinchera y el pase del desprecio. Locura colectiva en los tendidos.









Un redondo a media altura. Dos de mano baja y mandones. Un tercero ligado. Un redondo circular completo que remata con un martinete de rodillas.
Tras tomar el estoque de verdad recibe al toro con un "pase de las flores" para seguir con un circular invertido completo. Repite la serie. Un molinete, uno de pecho en el que resulta atropellado, un redondo lentísimo. El toro se para, le hace el péndulo varias veces. Un circular contrario completo, molinete con la mano izquierda y remate con el de pecho.
De rodillas: dos molinetes, uno de pecho y remate final con un pase del desprecio.









En la suerte contraria, estoconazo. La rueda de los subalternos en la que uno es desarmado.
Finalmente se piden mayoritariamente las dos orejas que el presidente, concede. Es un toro de vuelta al ruedo que nadie pide.

Su segundo es el toro del indulto. La verdad es que estábamos contrariados por no haber pedido nadie la vuelta al ruedo a un toro que estuvo pronto y obediente. Un toro con una nobleza excepcional y teníamos dentro de nosotros la espinita que estábamos dispuestos a sacar, en cuanto la ocasión lo propiciara.
¡Y llegó la ocasión!
Salió un toro colorao, de los que tienen las hechuras propicias para embestir y así lo hizo en los primeros lances que le ofreció El Fandi. Como todos los genios en cualquier faceta, era más bien feo, pues estaba ligeramente ensillado y no rematado de cuartos traseros, pero tenía la belleza oculta de la bravura que es la verdadera aptitud del toro de lidia, puesto que el fenotipo es suceptible de transformar a voluntad.
El toro repitió sin dudar en el capote y siguió cuando lo llevó al picador con quién apretó sin cabecear. Y costó trabajo sacarlo del caballo porque era un toro bravo. Cierto que solamente recibió una vara -que fue fuerte-, porque El Fandi lo quiso dejar "crudito" para la suerte de banderillas.
En ellas el toro se arrancó de largo y con prontitud al banderillero. Prácticamente El Fandi hizo lo mismo de su primer toro, si bien no puso el par al violín pero sí pares perfectos “asomándose al balcón“ en las tres entradas a un toro que no se cansó de perseguir al atleta que tenía delante. No lo pudo parar El Fandi a pesar de que lo intentó por todos los medios, pero tenía delante un verdadero toro bravo al que había que someter para triunfar con él. Uno de esos toros que descubre al torero malo y sin técnica.








Con la muleta El Fandi se vació. Y el toro, también, pues nunca rehuyó la cita en pases de todas las marcas. Unos ejecutados perfectamente, otros no tan perfectos, pero siempre con la verdad de un torero que da todo en cada tarde y de un toro que no rehuyó nunca el combate.









Contabilizamos 68 pases antes de que pidiéramos el indulto y fuéramos seguidos por todos los de nuestro entorno del tendido 6 en principio que, cual reguero de pólvora ardiente, se extendió por toda la plaza. La petición era unánime mientras El Fandi seguía toreando muy requetebién deseando que el toro fuera indultado. El presidente sacó el pañuelo blanco para indicar un aviso al matador para que entrara a matar, pero el público que, es quien debe mandar, seguía pidiendo insistentemente el indulto. El presidente hubo de mandar a por el pañuelo naranja que no debería estar debajo de la contera del palco. Finalmente tras 114 pases contabilizados, el toro fue indultado. ¡Respiramos! No se trata de salirnos con la nuestra, se trata de premiar a un toro verdaderamente bravo, que hizo todo bien. Hasta entrar solito cuando fue citado desde dentro del chiquero. Un toro colorado al que recordaremos por mucho tiempo. Un toro que estaba marcado con el número 9 y cuyo nombre era el de VALEROSO quién morfológicamente no era un Adonis precisamente.









El Fandi satisfecho, paseo en triunfo el rabo y las dos orejas simbólicas, que debieron traer del desolladero.









El tercero de la corrida correspondía en su lidia a Manzanares. Era un toro acochinado que debería rebasar los seiscientos kilos. Brochito de pitones. Sale con muchos pies, demasiados diría yo, para tanto peso. Da dos vueltas al ruedo para finalmente emplazarse.
Tras acudir a la cita del peón de confianza de Manzanares, sale suelto del contacto y se va a los terrenos de nadie.
No quiere telas y comienza a claudicar.
Manzanares lo saluda fuera de las dos rayas, pero no logra fijarlo. Se va al centro de la plaza y allí va por él Manzanares, quién le administra una media verónica que toma a regañadientes .
Fuera de las dos rayas lo deja para que sea picado. El toro está muy tardo por lo que ha de trabajar el picador para lograr cumplir con su trabajo.









Cuando se arranca, el picador se agarra trasero, mientras el toro aprieta con los riñones. Finalmente ante un excesivo castigo, hace sonar el estribo por defenderse, mientras el público pita la vara.
Dos mantazos de Manzanares son los protagonistas del quite, antes de desmonterarse pidiendo el cambio de tercio.
El tercio de banderillas con más pena que gloria.
El toro ha dejado de claudicar. Manzanares comienza su faena doblándose por bajo en pases de pierna flexionada a medida que va ganado terreno para sacarlo fuera de las dos rayas. Este comienzo de faena nos hacía presagiar que algo grande iba a ocurrir con este torero artista y elegante que conserva las esencias taurinas de su padre.








Allí con la muleta en la mano derecha: un redondo. El toro se para. Otro más, que vacía por arriba. Otro a media altura que cierra con el de pecho escaso de ajuste.









Con la mano zurda: un natural muy suave. Otro de bella factura y remate. Comienza a torear con el pico de la muleta. Otro natural demasiado despegado. Suena la música. Trata de rematar con un pase de pecho con la derecha que el toro desdeña. Al final remata con uno de pecho, bueno de ejecución y remate.
Con la muleta en la mano derecha: dos redondos ligados y perfectos que abrocha con el de pecho. Ha sido una buena tanda aunque un poco raquítica.








Entre las dos rayas de frente al tendido 7, a donde ha ido a parar el toro en su deambular, Manzanares sigue por redondos donde compone la figura.
Ahora con la zurda unos naturales de muleta retrasada en el cite y abusando en demasía del pico de la "pañosa", aprovechando la arrancada a favor de querencia del toro hacia toriles.
En esos terrenos y en la suerte contraria logra una magnifica estocada que hace doblar al toro y afloran los pañuelos pidiendo la oreja. El presidente concede la segunda puesto que es la que está en su mano, a pesar de que la petición no era mayoritaria.

El último toro de la corrida fue un toro de escasa calidad, pero sin peligro evidente.
Manzanares prácticamente ni quiso verlo en capote ni en muleta. Le trasteó para quitárselo de encima.
No demostró ni la predisposición ni las ganas de su predecesor en la terna.
Lo mató sin pena ni gloria cuando los espectadores estaban deseando abandonar la plaza a causa de la insustancial faena y del molesto viento frío que soplaba en los tendidos.
Cuando lo mató, las palmas despidieron al elegante diestro que hoy no ha estado a la altura de su arte y sapiencia.
Los tres diestros salieron a hombros tras dar una vuelta triunfal a la plaza.
Y nosotros deseando volver a esta coqueta plaza barreña, pero eso sí, cubierta del todo, para que el dichoso viento de este rinconcito del Campo de Gibraltar no nos destroce los riñones.