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martes, 6 de diciembre de 2011

DORMIR EN UNA FINCA DE BRAVO: EXPERIENCIA INOLVIDABLE.

DORMIR EN UNA FINCA DE BRAVO: EXPERIENCIA INOLVIDABLE.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Había sido avisado por un ganadero amigo del campo charro en una tarde de otoño para que atendiera a un toro de saca objeto de una cornada. Tras anestesiar al toro con la ayuda del rifle lanzador de la jeringa, una cura de urgencia fue el preámbulo de una operación que debería ser pospuesta para las claras del nuevo día al habérsenos echado la noche encima.
Para no tener que volver a Valladolid nuevamente, mi amigo me invitó a cenar en la finca y preparó una de las habitaciones de visitas para que pernoctara.
¡Prácticamente no pegamos ojo! Consecuencia, por una parte, de la preocupación de la operación que habíamos de llevar a cabo al día siguiente lo que nos llevó a repasar mentalmente con todo detalle el alcance de la herida del tórax; de otra porque extrañamos la cama y finalmente porque los sonidos emitidos por los toros a lo largo de la noche encrespan los pelos de quienes no estamos acostumbrados a escucharlos en el silencio del campo.
¡Nunca los olvidaremos!
Es la manera que tienen los toros bravos de comunicarse entre sí, de expresar sus estados anímicos. En una palabra son ¡Las voces del toro!
Un toro pitaba. Dicen los mayorales que si el toro emite el pitido, es que “barrunta algo” que traducido al lenguaje popular es que presiente algo. No sé que barruntaría ese toro cuyo pitido retumbaba en el silencio nocturno de la dehesa. ¿Posiblemente la presencia de algún zorro que hubiera entrado en el predio? ¡Posiblemente! o ¿Tal vez detectaba la aproximación de una tormenta, porque su desarrollado sentido del olfato había captado el gas ozono desprendido en estos fenómenos metereológicos? ¡Puede ser!
En nuestra Andalucía y concretamente en la denominada “Ruta del toro bravo” cuando un toro pita es que barrunta que va a entrar el levante, ese viento que casi es cotidiano en la zona de nuestro hábitat, Tarifa. Ese viento que "saca de quicio" a todo ser nervioso y que naturalmente no es ajeno al toro bravo de por sí un psicópata bélico. El toro tiene una alteración muy marcada en el sistema nervioso con predominio de el simpático sobre el parasimpático que se explica por un desequilibrio tiroideo-hipofisario y por tanto de carácter iónico entre el calcio y el fósforo.
Sus reacciones son rapidísimas. En el campo tienden al aislamiento y su conducta siempre es excitable. Muestran resabios y querencias. Son animales peligroso por sus reacciones imprevistas.
Los mayorales dicen que con el levante los toros se comportan de manera extraña, como si no “estuvieran a lo que debieran estar”. Están como distraídos, lejanos...
También barruntan la lluvia al oler la geosmina que es un alcohol producido por la bacteria Streptomyces coelicolor quien impregna la tierra cuando la bacteria muere y el toro capta en sus células olfativas el olor etéreo denominado petricor.
Los toros tienen un olfato muy desarrollado.
En la acción de ventear toman el viento con el olfato y de su análisis son capaces de presentir el peligro y facilitar su relación con el resto de la manda
Por las feromonas el semental detecta a la vaca en celo y también la madre es capaz de identificar a su cría y la cría a su madre
Otro toro reburdeaba emitiendo esa especie de ronquido bajo y grave que denota ganas de lucha y sangre, y que no nos extraño puesto que posiblemente hubiera olido el acre de la sangre manada del toro herido.¡Eran tremendos bramidos que me estremecían! Les siguieron otros congéneres “verraqueando” o “rumoreando” en esa especie de clamor de los espectadores que rodean un ring de boxeo animando a los contendientes. Los toros rodean al toro mandón hartos de sus chulerías.
Estos fueron los sonidos emitidos por los toros que casi me dejaron en vela, pero además el toro emite otras voces como el berreo.
Un berreo que puede ser de miedo, queja, melancolía o nostalgia. Un sonido del que se sirve el ganadero para seleccionar en la tienta al calificarlo de: “berreo del bueno” o “berreo del malo” según que lo haga con la boca cerrada o abierta o de “berreo de resabio” o “berreo de miedo” según que sea contenido, hondo demostración de casta y bravura o angustiado, dolorido, dudoso en la embestida, que finalmente acabará “cantando la gallina” y huyendo.
Los ganaderos tienen un dicho:
“Cuando la becerra escarba y berrea al mismo tiempo…¡Mala cosa!
Los toros socialmente al estar confinados en sus predios tienen muchas manías y caprichos. Hay toros que han de probar el alimento de todos los pesebres destinados a sus compañeros
Los toros debido a que viven en un orden de jerarquización y dominación según demostró Schjelderup-Ebbe, siempre hay un toro que manda en la camada hasta que un día la manada unida va a por él y lo vencen. Lo mismo hacen con el cobarde.
Estos toros vencidos son los que se denominan toros abochornados que resultan peligrosos porque en ellos desaparece por completo la nobleza para traducirse en maldad y ataque improvisado
Los toros anuncian siempre sus movimientos con las orejas que alguien definió como las tablas de mando del cuerpo.
“Si el toro nueve la oreja del lado izquierdo, el matador deberá escapar por el lado derecho. Si moviera la del derecho deberá salir de estampida por el izquierdo” (Paco Montes “El Chiclanero”).

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