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sábado, 25 de septiembre de 2010

LA MEDIA VERÓNICA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Este lance torero, constituye el remate natural de una serie de verónicas.
Se inicia igual que la verónica pero termina a la mitad de esta.
El torero desplega el capote sobre su costado y la cadera sin dar salida al toro para dejarlo parado en la arena.
Normalmente suele ejecutarse de pie pero también puede hacerse de rodillas. Igualmente puede ejecutarse a pies juntos o con el compás abierto.
Hoy me la van a definir dos toreros amigos:
Andrés Vázquez Mazariegos dice de ella:
“Yo siempre he concebido su realización con el compás abierto. Para poder darla en toda su plenitud, antes hay que haber toreado al lance cargando la suerte, (es decir, rompiendo la línea recta) yendo siempre para adelante hasta terminar en el centro del ruedo.
No es una suerte fácil, puesto que se puede ejecutar con los pies juntos, de perfil…con distintas posibilidades, pero siempre como axioma principal realizarla en el centro del ruedo demostrando que se ha podido y dominado al toro tras su violenta arrancada inicial.
Al toro hay que engancharle delante, traerle toreado y, enroscándose con él, hacer que salte un poco por encima de la pierna para, así, romper la línea recta de su recorrido. ¡La pierna de salida ha de estar por delante, que es donde reside el peligro!
En cuanto a la colocación de las manos del torero podría considerarse como un lance invertido al estar vueltas para torear con el dorso y no con la palma. En ese momento se mete el brazo para adentro, hacia el cuerpo, para evitar que el toro se desplace hacia fuera, y conseguir llevarle siempre toreado y dominado. Cuando el toro ha pasado la cabeza, es decir cuando se le está expulsando, el brazo que manda debe girar hacia atrás (ni muy estirado ni tampoco encogido) hacia los riñones, que es donde se produce la explosión de la media verónica. Hasta que no pasa el toro toreado por encima de la pierna deben jugar mucho la cintura y la cadera, para llevar al toro hacia adentro manteniendo los pies inmóviles, porque mandan los brazos y la cintura.
La colocación del cuerpo debe ser medio de frente, dando el medio pecho para meter el capote en el ojo contrario (yo nunca he dicho el pitón contrario) que es donde el toro puede verte.
El gran riesgo de la media verónica es que, como el torero está dando el pecho, tiene la pierna adelantada y asentada, y está completamente entregado, no puede irse en el caso de que el toro haga un extraño al no ir toreado.
En la ejecución, al apoyarse en una de las piernas, el cuerpo se echa un poquito para adelante, sin perder la verticalidad ni flexionar en exceso el cuerpo y la cintura. Entre la cabeza del torero, el cuello, el cuerpo y la pierna que no mantiene el peso, debe producirse una línea recta y oblicua, nunca quebrada violentamente en la cintura. ¡Lo contrario lleva a un latigazo!
La media verónica ha de tener: naturalidad, cadencia y ritmo, porque si se da con violencia el toro no obedece, sino que sale por donde él quiere, por la sencilla razón de que los vuelos del capote pegan toques inesperados e incontrolados.
Las manos, que durante todo el recorrido del lance han ido al mismo ritmo pero separadas, en el remate deben juntarse en la punta de la cadera.
A mí siempre me gustó rematar con una sola media, no con dos por ambos lados. Y solía soltar una punta del capote al finalizar la media porque así podía torear con una sola mano en el caso de que el toro repitiera fiero".
¿Se puede dar una explicación de la media verónica, mejor?
Finaliza recordando las que para él fueron sus dos mejores media verónicas: una a un toro de Benítez Cubero en una Corrida de Prensa que toreó con Curro Romero a finales de los años sesenta y otra a un toro de Cortijooliva que tenía mucha “pimienta”.
Para Andrés los que mejor interpretaron la media verónica fueron: Belmonte al que se la vio ejecutar en el campo, Antonio Ordóñez y José María Recondo.
Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” es más partidario de la media verónica a pies juntos.
La explica así:
“Para realizarla con perfección hay que calcular la velocidad, el empuje del toro y elegir bien los terrenos donde se ha de ejecutar. Una vez analizados estos factores, el lance ha de realizarse con mucha suavidad para darle al toro un respirito aunque sin dejar de dominarle. Es una forma de demostrarle, mediante toques del capote hacia fuera y hacia abajo, que quieres que se pare ahí.
Hay que aprovechar el momento exacto en que el toro, ya dominado, y por ello embistiendo al ritmo que el torero le ha impuesto para rematar la serie de verónicas enjaretadas.
También puede rematar otros lances distintos a la verónica.
La media verónica es un remate y no un recorte.
La sensación que debe sentir el público es que el torero domina completamente la situación pues a pesar de aprovechar el viaje del toro, éste sigue siendo dominado. El animal va por donde el torero quiere y al ritmo que le marca; lo contrario caería en el recorte más que en la media verónica.
En la media a pies juntos se imprime un recorrido más corto y más lento que en la ejecutada con el compás abierto, donde la media verónica tiene dos velocidades: una de principio más rápida y otra más lenta al final. A pies juntos, la velocidad y el ritmo siempre deben ser el mismo. Aunque el lance aparentemente sea corto, realmente es largo porque es más pausado y templado.
Hay dos aspecto importantes: por un lado, la verticalidad del cuerpo del torero y por el otro que esta verticalidad ha de hacerse de manera relajada. Cuando uno siente que es dueño y señor de la situación, de los movimientos y de la reacción del toro, entonces te relajas y exteriorizas como realmente eres. La verticalidad es sensación de dominio, y la naturalidad es impresión de poder.
La media verónica es un lance muy definitorio de lo que en conjunto es la Tauromaquia: el dominio de la inteligencia sobre la fuerza. El toro está en plenitud de su fuerza y empuje en los lances de capote, y justo ése es el momento en que debe parársele con una media verónica.
En esta media verónica no se carga la suerte. Se descarga la agresividad del toro, es decir, se le frena con los toques hacia fuera y hacia abajo, marcándole el camino que debe seguir. En este lance, que debe darse muy medido, es como decirle al toro:
“Hasta aquí has llegado y aquí te freno, porque el dueño de la situación soy yo”
A mí personalmente, la media me gusta continuarla quedándome con el capote en una mano (en la que corresponde al lado por el que ha dado la suerte) y salir andando lo más despacio posible.
Encadenar una media con otra o con una revolera, son recursos ante algo que se ha calculado mal. Cuando el torero tiene que dar una segunda media es porque en la primera no ha calculado que al toro le queda una embestida más, y como el toro repite no tiene más remedio que aliviarse dándosela. En este caso no es el torero el que ha dominado la situación, sino que ha sido el toro el que ha impuesto su ritmo.
El movimiento de manos debe ser con naturalidad hacia abajo. Al estar el torero muy derecho debe dejar que el trazo del giro de las manos sea natural y suave, juntándose al principio en la cadera y finalmente a la mitad del muslo. No deben estar ni muy estiradas hacia abajo ni tampoco muy encogidas hacia arriba".
La primera vez que vi ejecutar esta media fue a Manolete tanto en fotos como en película. Esta forma de rematar me impactó a pesar de que las daba algo más violentitas debido a las características de los toros de entonces. Yo procuré darla mi personalidad con el toro de ahora.
Recuerdo la media verónica que di al toro “Manchadito” de Javier Garfias al que corté un rabo en la plaza de México.
Cuando esta media sale bien el torero siempre siente que la faena puede ser importante.

jueves, 23 de septiembre de 2010

EL PASE NATURAL.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ.-Veterinario y escritor.
Si la verónica es el lance rey de capa, el natural lo es de muleta. ¡Pase clásico por excelencia!
En tauromaquia el pase natural (o al natural) es aquel en que el que se da salida al toro por el mismo lado de la mano con la que el torero sostiene la muleta.
Expresado así serán pases naturales tanto los que se dan con la mano izquierda, como los realizados con la mano derecha.
Si bien clásicamente, este nombre es utilizado para designar a los pases realizados con la muleta en la mano izquierda, mientras la mano derecha sostiene el estoque.
En la ejecución de esta suerte fundamental, “el diestro cita al toro en el terreno de este, abriendo la muleta en la cara de la res, adelantando una pierna, dando el pecho o medio pecho y alargando todo lo posible la embestida, tratando de impedir que el animal enganche el engaño
El toro se enrosca en el cuerpo del torero, lo que le confiere una gran belleza y cansa mucho al toro, que tiene que arquearse para seguir el semicírculo que traza el torero con la muleta
La mano derecha, con la espada, suele situarse en la cadera. Hoy, en la ejecución, se aprecia sobre todo cuanto mayor sea la lentitud y la largura con la que se ejecute el pase".
Existen tres variantes del pase natural, en función de la altura con que se saque la muleta al rematar el pase: por encima de la cabeza del toro (pase por alto), por delante de su cara (en redondo o, si es con la mano derecha, pase de la firma) o por debajo (pase por bajo). El pase natural por antonomasia es el pase en redondo.
Yo concretamente considero como natural solamente el puro, es decir el que se ejecuta con la mano izquierda y no el realizado con la mano derecha y además ayudado con la espada que prolonga la muleta en la distancia que va desde la mitad del estaquillador a la punta del estoque con lo que se disminuye el peligro de manera más que considerable.
Cuando un torero basa su faena en la mano derecha y no torea al natural con la izquierda a pesar de que el toro tome bien los pases de pecho con la derecha es que algo le falla y ese algo es…o que no sabe torear al natural o que el “cuarto de kilo” le falla en valor que traducido al castellano es MIEDO.
¿Cómo se ejecuta?
La Tauromaquia de “Guerrita” lo define así:
“Cuando el animal llegue a jurisdicción y tome el engaño, se cargará la suerte, que se remata girando y estirando el brazo hacia atrás con sosiego, describiendo con los vuelos de la muleta un cuarto de círculo, a la vez que se imprime a los pies el movimiento preciso para que una vez terminado el pase quede el diestro en posición de repetirle”.
Antonio Chenel “Antoñete” le explica así:
“En el natural hay que avanzar la pierna contraria, dar el pecho al toro, adelantar la muleta y, finalmente, llevarle hasta detrás lo más despacio posible.
La mano no debe ir excesivamente baja, aunque si lo suficiente para conducir la embestida atrás y rematar el muletazo. Se ha de rematar atrás y girar lo suficiente para quedar colocado y poder realizar el segundo pase.
Las piernas deben estar más o menos abiertas y con el medio pecho por delante. Al echar la pierna adelante te obliga a cargar el peso del cuerpo en el muslo izquierdo, peso que hasta ese momento soportaba la pierna derecha y este cambio obliga a meter los riñones.
La mano derecha que está sujetando la espada ha de estar relajada y no muy apoyada en la cadera.
El palillo de la muleta ha de agarrarse por el centro.
En este muletazo, se carga la suerte en el momento de pasar el peso del cuerpo de una pierna a la otra. Exactamente cuando se embarca el toro y, el torero, girando su cintura, cambia la pierna de apoyo.
Al toro hay que engancharlo delante, más o menos cerca dependiendo de las características del animal, y desde allí, traerlo toreado para rematarlo atrás y por bajo. ¡La distancia! ¡Darle el sitio! Para que surja la arrancada y la repetición que son la base de la belleza del pase”.
Manolo Vázquez que solía dar el natural de frente lo explicaba así:
El pase natural de frente fue algo personal que empecé a hacer en los años 50. Lo consideré como un pase de improvisación más que de repertorio ya que el toro debería reunir unas condiciones óptimas.
¡Lo fundamental es la colocación y la distancia!
“Estas deben ser las justas para que, sin que el toro alcance la muleta, el torero pueda ejecutar los tres tiempos: traer al animal, llevarle toreado y vaciarle.
¿Cómo se hace?.
Colocándose de frente, dando el pecho, para poder echarle al toro la muleta y vaciarlo con un suave giro de muñeca, de cintura, del pecho y, sobre todo, con sentimiento.
Al toro hay que vaciarlo detrás, no en línea recta, sino describiendo una semicircunferencia en la que se obliga a que el toro gire y se enrosque alrededor de uno.
El cargar la suerte no es echar la pierna adelante en cada muletazo.
¡La suerte se carga con el pecho, la cintura y con los brazos!
Al toro se le empieza a vaciar aproximadamente a la mitad el muletazo, siempre con suavidad y temple y con un acompasado movimiento de muñeca. El brazo sirve para traerse al toro, pero no para rematar el pase, porque hay un momento en que éste no da más de sí y debe ser la muñeca la que adquiera un papel protagonista.
¡La muñeca es esencial en todos los aspectos del toreo!
En el toreo, el temple, la colocación y la distancia hay que irlas intuyendo a medida que avanza la faena.
La distancia no se mide ni en metros ni en centímetros hay que ir cogiéndola poco a poco, si bien al segundo muletazo ya debes saber poco más o menos la distancia a la que el toro repite, para poder luego ligar un muletazo con otro".
¿Cómo se liga?
Al toro hay que embarcarle con el pico de la muleta, para seguidamente llevarle con la panza de la muleta y finalmente rematar el muletazo detrás otra vez con el pico.
¡El torero no puede cruzarse siempre en cada muletazo!
Hay que cruzarse lo justo para ligar un muletazo tras otro, pero no interrumpir cada pase buscando el pitón contrario de una manera antinatural.
¡En Madrid hay cierto público que pide que el torero esté siempre cruzado delante del toro y exigen que no toree con el pico de la muleta! Y ante dilema Manolo Vázquez se preguntaba:
¿Cómo puedo no meter el pico si estoy justo al otro lado del toro? ¡Se está exigiendo algo imposible de realizar!
La muleta debe estar plana si bien un poco en diagonal para seguir naturalmente la trayectoria del brazo.
¡En el toreo todo debe ser normal y natural!
Finalmente el torero sevillano dice:
Posiblemente la vez que realicé el toreo que más se aproxima a mi ideal de belleza fue a una becerra a la que le daba un natural, luego le dejaba la muleta detrás muerta y a continuación le ligaba el de pecho. Lo repetí ocho o diez veces seguidas.
¡Ligar el natural (intercalando el de frente y el clásico) con el de pecho y llegar así hasta el centro del ruedo!
Lo hice con las becerras pero no lo conseguí con el toro.

lunes, 20 de septiembre de 2010

LA VERÓNICA.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
¡Es la verónica el lance fundamental del toreo de capa! Parece sencilla pero es una de las más difíciles de ejecutar. De ella derivan, como si de sus hijos se tratare, el resto de los lances de capa.
Su creador fue Joaquín Rodríguez “Costillares” el sevillano nacido en el año 1748 en el barrio de San Bernardo.
La ejecución del lance ha variado de manera sustancial con el paso del tiempo de ahí que las distintas Tauromaquias lo definan de distinta manera. Así José Delgado “Hillo” en su “Tauromaquia o Arte de Torear”, escrita por José de la Tixera y publicada en Cádiz en el año 1796 la describió así:
“Esta es la que se hace de cara al toro, situándose el diestro en la rectitud de su terreno. Es la más lucida y segura que se ejecuta y sus reglas son a proporción de los toros. El franco, boyante, sencillo o claro, que todo es uno, se debe dejar venir por su terreno, y cuando llegue a jurisdicción, cargarle la suerte y sacarla, y hasta este acto parará el diestro los pies para lograr echarle cuantas suertes quiera, procurando siempre que quede la res derecha y no atravesada.
Si estos toros tienen muchas piernas, deberá el diestro situarse a bastante distancia para citarlo a la suerte porque siempre pueden rematarla; pero si carecen de ellas, se ha de citar sobre corto, de forma que rematen y hagan suerte; y si no sucede muy de continuo que se quedan, por falta de piernas, antes de llegar al engaño, o en el centro, entonces pude peligrar el diestro”
La Tauromaquia de Francisco Montes Reina “Paquiro”, dictada a don Santos López Pelegrín “Abenamar”,la describe así:
"Sitúese el diestro enfrente del toro de tal modo que sus pies estén mirando hacia las manos de éste y a una distancia proporcionada según sus piernas",
Continúa describiendo cómo se ha de dar salida al toro y exponiendo los recursos defensivos del torero, según la condición de cada toro.
En la Tauromaquia de “Guerrita” está descrita así:
"Se coloca el diestro de costado, en la rectitud del toro y a la distancia que le indiquen las facultades de su adversario; de esta forma la suerte tiene un menor riesgo puesto que no es necesario desplazar al toro de su terreno y con un poco que se cargue el lance el cuerpo del torero quedaba a salvo".
Pero la verónica ha evolucionado a lo largo de los tiempos; el empeño en buscar una suerte más lucida y menos arriesgada llevó a cambiar la concepción que Montes tenía de la verónica variando de manera sustancial con el paso del tiempo a consecuencia de la evolución de la bravura del toro que ha permitido buscar la plasticidad.
De los brazos altos, pasándose el toro casi a la altura del pecho en lances descompuestos, se ha pasado a las manos bajas y a la cadencia en el acompañamiento del viaje del toro, que traen los gitanos “Curro Puya” y “Cagancho”.
Una moderna verónica explicada por un torero actual es así:
“Me coloco a prudencial distancia del toro y muy perfilado con él. Para fijar al bicho muevo el capote e incluso llego a ponerme sobre las puntas de los pies. Llevo las manos algo adelantadas, más aquella del lado en donde se encuentra el bicho. Si el toro no hace por mí, yo hago por el toro y me acerco más
Cuando el astado embiste al engaño que le desafía tercamente, entonces cargo la suerte , dejo la pierna como para que pueda herir en ella, elevo un poco, muy poco, la mano contraria al lugar por donde entra el toro y con la otra, colocada casi a ala altura del muslo, le obligo a pasar cerca del cuerpo, quebrando, escorzando ligeramente la cintura, para acompañar más , para más alargar el lance, al que le imprimo un movimiento lento, pausado, parsimonioso o majestuoso.
Muchas veces el toro gira en un semicírculo a mi alrededor para luego hacerle volver a entrar una y otra vez, hasta que remato con la media verónica”.
La manera de coger el capote por delante y presentárselo al toro con las manos abiertas, simula la forma en la que La Verónica presentó el pañuelo a Jesucristo en una de sus caídas, llevando la cruz a cuestas, limpiándole el sudor y la sangre. Es por eso que se le dio este nombre a tal majestuoso lance de capote.

jueves, 16 de septiembre de 2010

EVOLUCIÓN DE LA CORRIDA DE TOROS.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Para comprender un producto cultural y el valor simbólico que se le otorga socialmente, es necesario conocer la trayectoria del espacio que lo genera.
He de matizar dos conceptos:
Diversión: evento que no requiere lugar especial y permite la participación del público.
Espectáculo: requiere un espacio y escenografía especializada. El público es mero observador.
La corrida de toros como espectáculo, ha sufrido modificaciones en su desarrollo consecuente al encuentro de diversiones culturales populares y legitimadas. Diversiones cuyos elementos originales nacen en espacios abiertos: mercados, ferias y fiestas, donde los comerciantes, charlatanes y consumidor se dan cita para intercambios materiales y simbólicos. A esos sitios acuden los artistas tratando de atraer a las gentes para de ahí, en el caso de los toreros; pasar a celebrarse en sitios especializados como plazas taurinas.
Esta corrida de toros, en su puesta en escena, evoluciona acorde con el lugar, los agentes especializados y el público. Y seguir este proceso evolutivo es absolutamente necesario para entender las decantaciones, incorporaciones y especializaciones. Comenzó siendo un festejo real que organizaban instancias civiles o religiosas para el que buscaban un “matatoros” y terminó convirtiéndose en una ceremonia pública y espectacular que contribuía a garantizar la cohesión social donde “lo más importante era que la sangre derramada constituía el elemento fundamental para regeneración de la comunidad” (Pastor 1999).
Se popularizó cuando comienza a participar el pueblo en la corrida mediante toros jubillos (toro embolado con yuguete y embadurnado en barro para no quemarse el lomo por el goteo de la resina con que estaban empapadas las bolas de fuego sujetas sobre el yuguete), toros de fuegos artificiales y toros embolados.
La legitimación del espectáculo toros viene reflejada en los Reglamentos, donde la corrida es reglamentada, según Alejandro Pizarro, desde dos puntos de vista: por un lado lo concerniente “al orden público y a los derechos de los espectadores” y por el otro lo referente a su “aspecto técnico”.
Reglamentos donde “los seres humanos establecen determinadas reglas para remediar formas concretas de mal funcionamiento y como éstas a su vez propician otros cambios en las normas, en los códigos de reglas que gobiernan la conducta de las personas en grupo” (Jovellanos).
La reglamentación en el siglo XVI iba encaminada a normar el buen comportamiento del público en las corridas. Un público que era impuntual, que subarrendaba los asientos públicos, y en la salida de las corridas de la tarde cuando se alargaban, producía desordenes. De ahí que el Consejo de Castilla determinara la presencia de corregidores y fuerza armada en la plaza para velar por el correcto desarrollo de la corrida.
En el siglo XVII se reglamentó para toreros, plaza y público.
En el siglo XVIII la tauromaquia experimenta cambios importantes en su desarrollo y evolución.
Los nobles llevados por los gustos contrarios a la Fiesta por parte de la casa real de los Borbones abandonan el toreo caballeresco para dar entrada a los lidiadores de a pie procedentes de la clase baja y a los picadores procedentes de la clase rural acomodada.
La Fiesta Taurina es trasladada de las plazas públicas a los cosos construidos al efecto. Cosos que de forma rectangular al principio, pasó a la forma circular con la finalidad de evitar rincones donde los toros pudieran aquerenciarse durante su corrida.
En el año 1785 se construye la Real Maestranza de Caballería de Ronda. En 1874 es derribada la plaza de la Puerta de Alcalá de Madrid y levantada una de forma circular. En 1883 hay plazas en Pamplona, El Puerto de Santa María, Málaga, Cádiz, Jerez y Valencia.
Las corridas que eran algo serio y formal, solían darse en un número de 16 a 18 por temporada, mientras que las novilladas variaban en número dependiendo de las necesidades económicas de reedificación de la Casa de los Padres Agonizantes en la calle Fuencarral de Madrid. Novilladas donde reinaba la anarquía en el sentido que junto a la lidia de novillos tenía lugar otros espectáculos como: luchas entre animales, números acrobáticos y vuelos de globos aerostáticos.
Las plazas de toros cuando no eran utilizadas para corridas de toros eran utilizadas por otros espectáculos tales como el circo y así en la plaza de toros de Valladolid se presenta en el año 1879 el funambulista D. Federico Arsens.
A raíz de la presentación de un oficio en Madrid con fecha 15 de abril de 1847 por parte de D. Carlos Pabón pidiendo autorización (que fue concedida) para construir en una finca que poseía en el pueblo de Casa de la Zarza (Toledo) un circo con la finalidad de subsistir a base de los festejos que en el se celebraran, las novilladas comenzaron a darse en él.
Le siguió la construcción de un circo en Madrid llamado Price, en el Paseo de Recoletos. A los diez años de existencia fue trasladado al solar que por incendio dejó en la Plaza del Rey el Teatro del Circo donde permaneció hasta el derribo definitivo en el año 1969.
En este lugar llegué a ver en los comienzos de los años 60 unos novillos bravos amaestrados que realizaban números de circo más que de lidia. No tengo comocimiento de que en él se celebraran corrida de novillos.
Ya teníamos la Monumental de Las Ventas dedicada a la lidia de cornúpetas bravos y donde en aquellos momentos no se solían dar otro tipo de espectáculos.
Se perdieron muchas suertes antiguas tales como la mancornada: consistente en que tras capeo del toro para quitarle fuerza, se le tira a tierra y con la cabeza vuelta se le pone un pie en el hocico. Suerte que realizaba con arte y precisión un lidiador andaluz llamado Christobal Ortiz que actuó en las corridas  organizadas por José Bonaparte en 1795.
También se perdieron costumbres taurinas tales como las corridas en plaza partida cuyo primer ensayo tuvo lugar en la plaza de la Puerta de Alcalá el 24 de octubre del año 1796.
Hoy en las plazas de toros se da de todo: Veladas boxísticas, partidos de baloncesto y tenis, saltos de motos, y conciertos, lo cual es bueno para darlas rentabilidad cuando no son usadas para los fines a que fueran construídas.
Las que se construyen en la actualidad son multifuncionales para lo cual se las ha techado como propuso ya en el siglo XVIII un espectador que en aquella época  logró ver realizada la segunda propuesta consistente en pasar las corridas que se celebraban los lunes a los domingos.
Resulta extraño, en un primer momento, acostumbrarse a ver toros en estos coliseos donde no hay sol y moscas, ni los olés entrecortados y sin eco, ni la taurina hora de las cinco de la tarde, pero donde, por el contrario, se evitan los inconvenientes climatológicos  y los derivados de la incomodidad de las localidades.
¡La evolución es imparable!