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lunes, 6 de abril de 2009

FESTIVAL DE PAQUIRRI EN ZAHARA DE LOS ATUNES.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Una plaza portátil con lleno hasta la bandera, donde el ruedo está perfectamente acondicionado y luce en su centro, pintado a cal, el hierro de la ganadería de Lagunajanda que es al que pertenecen los novillos a lidiar en este I Memorial Francisco Rivera. Festival de Homenaje a Francisco Rivera “Paquirri” en conmemoración a los 25 años de su trágica muerte en la plaza de Pozoblanco, que organiza la empresa Suerte de Varas S.A y patrocina la Diputación provincial de Cádiz.
Una banda formada por más de una veintena de profesores ameniza el comienzo del espectáculo con un pasodoble en espera de que hagan su aparición los toreros actuantes ante la música de viento que algunos espectadores emiten en protesta por el retraso de comienzo del paseíllo.
Por fin a las 18,10 de la tarde, se abre la única puerta de salida con la que cuenta la portátil, para que hagan su aparición en perfecta formación de antigüedad, los diestros actuantes que son precedidos por el caballero rejoneador Leonardo Hernández (hijo) quien monta un precioso caballo castaño.
De izquierda a derecha la formación, ataviada con trajes cortos, está así: “Riverita” (gris oscuro), Canales Rivera (calzón gris y chaquetilla gris oscuro), el novillero David Galván (calzón gris y chaquetilla azul), Morante de la Puebla (calzón negro y chaquetilla pata de gallo gris) y Ponce (beige).
Tras deshacer el paseíllo y torear al miedo por parte de todos los actuantes, Leonardo Hernández sale del ruedo para cambiar de cabalgadura.
Aparece montando un caballo tordo en fase blanca de lámina preciosa que recorre el ruedo a la mano izquierda con la finalidad tras destocarse, saludar al presidente.
El presidente saca el pañuelo blanco que ordena la salida del primer novillo de la tarde. Leonardo se va al centro del ruedo para saludar a la concurrencia quien corresponde con una ovación. Seguidamente hace unos ejercicios de calentamiento al caballo quien se espanta al ver el hierro de la ganadería en el suelo, mientras el torilero espera la orden del caballero para dar suelta al primer astado de la tarde.
Da unas cuantas vueltas al ruedo en círculos, cada vez más cerrados, a una y otra mano hasta que finalmente da la orden para que se abra el portón de los sustos.
Sale un novillo castaño, reglamentariamente despuntado en sus pitones, que remata en el burladero para seguidamente fijarse en el caballo e irse raudo por él. Leonardo le da unos recortes muy toreros llevándole pegado a la cola de su caballo. Le ha toreado perfectamente.
Su primer rejón de castigo lo clava a la altura de raya de picadores en el sitio perfecto. Un segundo rejón de castigo clavando al estribo que es muy aplaudido.
Le torea muy bien llevándole prendido con temple a la cola de su cabalgadura en carrera espectacular recorriendo el círculo del ruedo en tres ocasiones. Gran ovación.
Mientras se va para cambiar de caballo, uno de sus auxiliares capotea al novillo, por ambos pitones. El novillo no humilla pero va largo en la salida del capotazo.
Leonardo aparece montando un caballo castaño especialista en la suerte de banderillas con el que coloca un excelente par de las largas que previamente ha brindado al respetable.
Ahora torea al novillo andándole de costado y haciendo un cambio de mano por dentro que es muy aplaudido por el riesgo que comporta. Está templando perfectamente la embestida de su oponente. Torea muy bien Leonardo.
Distanciándose del novillo, lo máximo que da el ruedo de la portátil, se va por el toro en derechura para clavar un par de banderillas a la grupa.
Dos pares más de banderillas dando el pecho del caballo y clavando al estribo de forma perfecta y precisa. Ovación.
Torea al toro andándole delante de la cara del novillo de costado enseñándole la grupa y recorriendo el anillo de la plaza por dos veces en medio de la emoción del público que ve el peligro que esta acción conlleva.
Cambia de cabalgadura para sacar un caballo español de capa torda en fase blanca con el que tras hacer unos ejercicios de alta escuela que son muy aplaudidos, se va al otro extremo de la plaza para colocar por dos veces dos pares de banderillas tras quebrar con precisión y clavar en todo lo alto.

Nuevo cambio de caballo. Es un tordo rodado bastante joven con el que pone tres pares de banderillas cortas al violín. Seguidamente torea al toro y el caballo da la cara al novillo, mientras Leonardo se adorna tocando el testuz del novillo e incluso colocando el codo sobre la misma testa del cornúpeta. Nuevo par de banderillas cortas a dos manos, perfectas de ejecución, si bien el novillo llega a topar al caballo.
Entra a matar y coloca un rejón caído que lleva al novillo a las tablas donde se amorcilla por lo que Leonardo ha de descabellar, acertando al primer envite.
Se piden las dos orejas y el presidente las concede, pero el encargado de cortar los trofeos corta también el rabo que el caballero pasea con felicidad dando la vuelta al ruedo.

Mientras sale del camión, que hace de chiquero, el primer novillo de lidia a pie, “Riverita” permanece en una postura muy torera recostado sobre las tablas.
Sale un precioso novillo castaño que luce el número 6 en los costillares y que de salida remata en el burladero de suerte de varas.
“Riverita” le saluda con siete verónicas muy buenas que remata con una media verónica realizadas con un capote que en su esclavina lleva una especie de flecos de lo más hortera.

El peón de confianza lo lleva al caballo. Lo deja justo debajo del caballo. El novillo aprieta y está a punto de derribar. A la salida pierde las manos.
En el quite de “Riverita” el novillo le aprieta y le recuerda los años vividos, por lo que resulta deslucido.
En banderillas a destacar el par que dejó Ramón Alvarado hijo del que fue mozo de espadas de “Paquirri”.
“Riverita” brinda al político Cabañas natural de Alcalá de los Gazules que ocupa barrera de sombra y con la muleta en la mano izquierda y el simulado en la derecha de forma poco elegante se va en busca del novillo.
Un redondo a media altura. Un pase contrario sobre el pitón izquierdo y finalmente lo vacía por arriba sobre el mismo pitón.
Un excelente redondo. El público pide que suene la música, mientras el torero con la muleta en la diestra no le toma la distancia precisa y los redondos salen enganchados al haber ahogado la embestida del novillo.
Sigue por redondos en una serie de tres que tras cambio de muleta por la espalda remata con el pase de pecho con la izquierda.
Dos redondos más a un novillo sin afectividad que remata con el pase de pecho sobre la izquierda a la salida del cual el novillo pierde las manos.
La muleta en la derecha, trata de que el novillo se fije en él mientras se va acercando con despaciosidad. Un buen redondo a media altura. Otro más y como el aire le mueve la muleta y le descubre, ha de rematar con un pase de pecho con la derecha.
Abaniqueo por la cara. El novillo pierde las manos.
Lo realizado hasta ahora ha adolecido de temple.
Una manoletina. Resulta achuchado porque no le está tomando la distancia adecuada y como el novillo aprieta por el pitón izquierdo el pase pecho lo intenta pero finalmente desiste.
Tras tomar el estoque de matar va en busca del novillo en terrenos de fuera de la raya de picadores. Se dobla con el astado en busca de la igualada. En la suerte natural y fuera de las dos rayas le propina una media pescuecera que descorda al animal con lo que éste se arrodilla y en esa posición permanece unos cuantos minutos que se nos hacen interminables porque el puntillero no se decide a apuntillar cuando era lo que había que hacer. “Riverita” pide el descabello y en acción antirreglamentaria descabella al animalito.
Se piden las orejas y el presidente las concede con el aditamento del rabo.
“Riverita” con los máximos trofeos da la vuelta al ruedo.
Digno de encomio el que “Riverita”, que en sus buenos tiempos era mucho más artista que el llorado “Paquirri”, quisiera actuar en el homenaje al hermano más pequeño, pero la verdad es que demostró que los años no perdonan y menos a un torero que ha tenido serios problemas cardíacos.

Va a salir el segundo novillo de lidia a pie. Corresponde a Enrique Ponce.
Es un astado castaño propio, con más morrillo que el anterior, pero también cómodo de pitones. Luce el número 49. Sale con muchos pies y remata en los burladeros. Pertenece, como toda la novillada a la ganadería de Lagunajanda.
Ponce lo saluda con un capotazo distanciado sobre el pitón izquierdo. El novillo se va muy largo por lo que ha de llamarlo Mariano de la Viña sin que el astado se de por aludido. Tampoco responde al llamamiento del pequeño de los Tejero que lo hace desde el burladero opuesto.
Tras una vuelta completa al ruedo con remate en cuantos burladeros encuentra en su deambular, por aquello de ser citado por el vuelillo de los capotes a ras del suelo, finalmente se encuentra con el capote de Ponce quien flexionando la rodilla derecha le lancea por el pitón derecho para seguidamente hacerlo por el otro pitón con genuflexión de la pierna del mismo lado.

Una verónica excelente por el lado izquierdo a la que sigue una serie de cuatro. El novillo clava los pitones en la arena. Remata la serie con una media verónica sobre el pitón derecho a la que sigue una larga a una mano sobre el pitón izquierdo. Las palmas echan humo.
En el burladero de suertes lo fija Mariano de la Viña en espera de que salga el picador. Ponce lo cuida y tras darle un respiro lo lleva con lances mimosos con remate por alto hasta dejarlo a un metro del piquero quien realizando la suerte de la aceituna le administra un ligero picotazo en el momento en que el toro pierde las manos. Se trata de un novillo carente de fuerzas.
Ponce quita con tres lances de delantal que remata con una especie de media verónica a más de media altura para conservar al estabilidad del flojo animal.
En banderillas Mariano de la Viña parea por el pitón derecho dejándolas arriba. El segundo par a cargo de José María Tejero también por el derecho, clava arriba.
Derrotes y más derrotes del novillo en los burladeros ante los capotes que asoman por debajo. Parece mentira que no sean conscientes del daño que hacen estos porrazos en el cerebro del cornúpeta.
Ponce comienza su faena doblándose por ambos pitones con la pierna del mismo lado genuflexa al tiempo que se va saliendo hacia los medios del ruedo. Fuera de las dos rayas lo vacía con una trinchera a media altura a al que sigue un buen natural.

Ha dado distancia al novillo con la finalidad de que tome oxígeno, para seguidamente ir acercándose lentamente al mismo portando la muleta en la mano diestra. Tres redondos de buena factura y terminación que abrocha con un pase de pecho excesivamente separado sobre la mano derecha.

Nueva distancia y repetición de lo anterior. Finaliza la serie, tras cambio de mano, con un natural con la izquierda. Ahora una serie de tres naturales donde el pico de la muleta es el protagonista. No remata los pases a la cadera sino que lo despide lejos de su anatomía. El novillo se cae.

Tras darle tiempo para la recuperación sigue por naturales sueltos a media altura donde al perderle dos pasos entre pase y pase opta por la no ligazón con la finalidad de evitar el quebrantamiento que ello conlleva.
Le anda por delante con mucha torería y rematar con un pase de pecho.
Nueva distancia. Las posturas toreras de Ponce en el acercamiento al astado.
Dos molinetes seguidos, dos redondos en el último de los cuales el novillo muy quedado entra rebrincado. Continúa toreando sobre la mano derecha con el pico de la muleta. Se coloca entre los dos pitones y finaliza con el pase de pecho sobre la mano izquierda.
Un pase de las flores para seguir colocado en su toreo por redondos. Un redondo casi completo. Dos más buenos de ejecución y remate.
Un serie de dos redondos separados que remata, tras cambio de muleta por la espalda con el pase de pecho con la izquierda bueno de verdad. Desplante típico del torero de Chiva.

Un trincherazo. Un natural, le pierde tres pasos. Cuatro naturales más y tras dos cambios de mano de muleta para rematar con un redondo y tras nuevo cambio de muleta a derecha e izquierda remata con el pase de pecho la izquierda.

Los típicos pases del cartucho del pescado al final de faena y con abaniqueo por la cara imitando a José Fuentes.
En la suerte natural menos de media en la yema que hace rodar al novillo sin puntilla. Se piden las dos orejas y el rabo que son concedidas por Presidencia.


Tercer novillo de lidia ordinaria a pie. Luce el número 2 en los costillares. Corresponde a Canales Rivera. Es un novillo grande, de capa negra, que remata por dos veces en el burladero de suertes.

Canales lo saluda con tres verónicas, un pase de delantal, dos chicuelinas al tiempo que va saliéndose de las rayas. Remata con una media.
Está a punto de dar una voltereta porque ha humillado en exceso.
En el primer encuentro con el montado pierde las manos. Carente de fuerza.
Unas banderillas sin pena ni gloria donde uno de los banderilleros resbala en el momento del embroque y está a pinto de sufrir un percance. El novillo casi sin coordinación. Con dos pares de banderillas se cambia el tercio.
Canales brinda al publico.
Comienza la faena por alto. Tres pases por alto. Baja la muleta un trincherazo por ambos pitones. Un natural entre las dos rayas. Acaba con un derechazo, un martinete y una trincherilla.

La muleta en la derecha. Una buena serie de tres redondos que remata con el de pecho sobre la derecha.
Distancia. Un pase de pecho sobre la derecha. Serie de cuatro redondos que tras martinete remata con el pase de pecho sobre la derecha. Cambio de mano de muleta por la espalda y remate con el pase de pecho sobre la izquierda de los denominados de pitón a rabo.
Se retira del novillo en medio de los aplausos de la concurrencia.
Portando la muleta en la izquierda se acerca al astado quien se arranca de manera inesperada por lo que ha de vaciarlo por arriba en un natural. Otro natural sin ajuste y uno nuevo bueno de ejecución que no de remate.

Ahora el novillo demuestra fijeza. Dos naturales. Le pierde más pasos de los requeridos por lo que en novillo no acude al cite. Tras cuatro naturales donde se abusa del pico de la muleta remata con un excelente pase de pecho sobre la mano derecha y tras cambio de mano con otro sobre la mano izquierda. Desplante torero.

Un circular por la espalda. Dos redondos casi completos. Nuevo circular por la espalda. Un redondo y tras cambio de mano, un natural. Un nuevo cambio de mano de muleta, un redondo más. Dos excelentes naturales. Trata de dar un circular completo que no logra. Si el circular completo por la espalda.
Una faena muy ligada que va a rematar con un pase de pecho sobre la mano derecha. Tres redondos más. Se está emborrachando de torear. Un molinete de rodillas. Otro más. Remata con un pase de pecho sobre la derecha. Anda al toro con torería. Abaniqueo por la cara. Se coloca la muleta sobre el hombro izquierdo y este detalle enerva a la concurrencia que prorrumpe en una gran ovación.

Tras cambiar el estoque simulado por el de herir a la vuelta la muleta en la mano derecha y el estoque en la izquierda una serie de cuatro naturales con la mano derecha muy buenos, donde el novillo ha galopado.
En la suerte natural logra una estocada hasta los gavilanes. El novillo se amorcilla y tarda en doblar consecuencia de su casta.
Cuando dobla se piden las dos orejas y el rabo y Canales da la vuelta triunfal al anillo tras entregar los trofeos conseguidos a uno de sus banderilleros.
Desde el centro del ruedo se despide de la concurrencia al tiempo que toma un puñado de arena del albero y lo besa mientras eleva los ojos al cielo en memoria de su tío, verdadero protagonista del festival.



Morante de la Puebla concentrado en un burladero en espera que salga su novillo. Se trata de un novillo marcado con el número 35 que luce el guarismo 6, de capa negra, muy hondo, bajo de hechuras, bizco del pitón izquierdo que está en la tipología del encaste juanpedro.
Los dos primeros lances de recibo son dos trallazos. Seguidamente se estira por verónicas en una serie de tres por ambos pitones en las cuales no ha templado lo suficiente puesto que resultaron enganchadas en el remate. Remata con una media buena.
Los peones de Morante entre los cuales está incluido, como tercero de la cuadrilla, el tarifeño Javier Sánchez, llevan al novillo al burladero de suertes en espera de que se coloque el picador. Mientras, Morante está en el mismo centro del anillo para citar en su momento al novillo y con lances por delante, sin cruzar, lo lleva al caballo. El novillo aprieta, si bien levanta la cabeza ante el dolor del hierro.
Dos lances sin mucha entrega. Una verónica sobre el pitón derecho. Distancia. Buenas verónicas en serie de tres que remata con una buena media.
El primer banderillero las coloca arriba a pesar de que en el momento del embroque el novillo pierde las manos. Javier Sánchez pone un buen par en todo lo alto.
Morante comienza la faena por ayudados por alto en una serie de cuatro a medida que va ganando terreno a su oponente para fuera de las dos rayas rematar con un natural, bajando mucho la barbilla porque esa actitud da mucha torería. En el mismo centro del platillo tres redondos muy buenos que tras cambio de mano remata con el pase de pecho sobre la izquierda. La muleta en la izquierda para realizar el toreo al natural. Un natural a media altura. Le pierde dos pasos. Toma distancia. Un natural que el toro en el remate se comporta de manera violenta tratando de seguir la muleta por lo que ésta resulta enganchada. Dos naturales muy buenos.
Morante con cara feliz parece que se está divirtiendo.

Con la muleta en la diestra cita de largo adelantando la muleta. Tres buenos redondos ligados que son jaleados. Un molinete típico de su estilo.
Un espectador le conmina a que baje la mano en los muletazos. Morante lo hace y han sido los mejores muletazos que ha dado en toda la tarde.
La faena la va a finalizar de la misma manera que la comenzó con unos ayudados por alto a un novillo que ahora está ahora con más fijeza que antes al haber perdido el estrés de la lidia. Una trincherilla garbosa por parte de Morante. Dos nuevas por ambos pitones y un pase de pecho que no finaliza porque el novillo ahora aprieta consecuencia de que aprendiendo.

En la suerte natural y en terrenos de chiqueros logra una estocada casi entera en toda la yema y el novillo está muerto.
Se piden los máximos trofeos que el presidente concede y Morante da la vuelta al ruedo con las dos orejas y el rabo con cara sonriente devolviendo a los espectadores todos los objetos que previamente han tirado a la arena.

Sale el último cornúpeta de la tarde. En este caso se trata de un eral también de capa castaña al que se enfrentará el novillero David Galván que pertenece a la Escuela Taurina de Jerez de la Frontera.
Lo recibe por verónicas en las que no acompasa las dos manos.
En el centro del ruedo trata de dar una chicuelina y como no juega las manos el eral se lo lleva por delante. Lo intenta nuevamente y el mismo resultado. Finalmente tras destocarse intenta un recorte, que no le sale.
Al segundo par de banderillas el eral mide el suelo y allí han de colearlo para que se levante.
La faena de David la ha cimentado sobre la mano derecha y como el eral va y viene pues ha aprovechado los viajes para lograr una serie de pases en los que ha tratado de imitar a lo que realizaron los maestros que han actuado con anterioridad.
Con la muleta anda algo más suelto que con el capote que es una de las telas verdaderamente difícil de manejar.
Portando la muleta en la mano izquierda, ha logrado unos naturales que ha rematado con un pase de pecho.
Un desplante. Intenta un circular por la espalda que no logra. Ahora trata de hacer el cartucho de pescado por dos veces imitando a Ponce.
Se pasa de faena y el eral va aprendiendo a cada paso. Es desarmado. Debería torearlo por bajo con la finalidad de quebrantar un poco al eral.
Se va a barreras para cambiar de muleta y tomar el estoque de matar. A la vuelta instrumenta los pases siguientes: dos ayudados por alto. Un pase natural con la izquierda. Otro más. Un pase de pecho con la izquierda. Otro natural y abrocha con el de pecho sobre la mano izquierda.
En la suerte natural estocada hasta la bola y el eral se refugia en tablas buscando la muerte. Imita a sus hermanos y tarda en morir.
Cuando lo hace se piden los máximos trofeos y la presidencia lo concede.
Y con los máximos trofeos da la vuelta triunfal al anillo con la alegría consiguiente, si bien el número de espectadores ha disminuido considerablemente puesto que muchos abandonaron la plaza tras ver la faena de Morante en una falta total de consideración hacia un nuevo torero en ciernes.


Y aunque el público asistente salió toreando de la plaza, esto que les relato, fue lo que puntualmente ocurrió en este merecido homenaje a un torero que fue uno de los grandes en el panorama taurino español. Y este es mi homenaje a un Francisco Rivera Pérez al que tuve la oportunidad de conocer personalmente.

sábado, 4 de abril de 2009

ELUCUBRACIONES SOBRE LA BRAVURA.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

De siempre me ha gustado investigar sobre la bravura del toro de lidia, por aquello de considerarla como condición primordial para la subsistencia de nuestra Fiesta.
Bravura que alguien definió acertadamente como: crédito de la divisa, lucimiento del espada, garantía de la satisfacción del público y razón de ser de este luminoso espectáculo.
Y fue una pena que mi misión quedara en proyectar el Centro Tecnológico del Toro de Lidia por encargo de la Junta de Castilla y León a través de la Consejería de Agricultura y Ganadería. Luego la política entró en ello y se fueron al traste las misiones de investigación proyectadas, con lo cual siguen sin investigarse de manera categórica todos los numerosos factores que intervienen en esa condición primordial. ¡Podíamos haber avanzado tanto!
El ganadero se limita a buscar la bravura de su vacada mediante la selección. Cierto que a veces acude al cruzamiento de sus vacas con otros productos de selección más avanzada para seguir nuevamente seleccionando. ¡Selección! ¡Selección! Y más ¡Selección!
Una selección de cualquier especie animal se hace basándose en tres puntos:
-Por carácter morfológico.
-Por función económica
-Por cualidad anímica.
De los cuales, como se comprende fácilmente, el tercero es más complicado de seleccionar.
Pero en el caso del toro de lidia, el seleccionar el toro por la bravura es prácticamente imposible, puesto que hemos de basarnos en un criterio de adivinación. No podemos basarnos, de manera categórica, en la lidia, debido a que esto es precisamente lo que no se puede hacer con la finalidad de que el toro salga a la arena de la plaza prácticamente virgen para los toreros de a pie. Y ha de ser virgen para se le pueda engañar en sus ataques ciegos de furor y acometividad, pues de lo contrario, si no se le matara y se volviera a torear pasados dos o tres años se acordaría de lo vivido en la plaza y solamente se dedicaría a tratar de herir al lidiador. El ¿por qué de esto? Porque el toro bravo tiene un instinto muy desarrollado para orientarse y recordar.
Hoy, a los toros que luego se han de lidiar en plaza, únicamente (y no en todas las ganaderías) se les prueba en la llamada prueba de acoso y derribo, donde se les enfrenta al caballo es decir al primer tercio de la lidia quedándonos sin saber como es su comportamiento ante las telas, de ahí su escasa eficacia, máxime cuando lo que hoy pide el público son los 100 pases de muleta.
Pero es que además ocurre que:
-La bravura no es constante para cada individuo más que entre ciertos límites.
-Que positivamente varía con la edad.
-Que la apreciación del concepto bravura es eminentemente subjetiva.
-Que si se admite como indiscutible el punto de vista del público, es decir si nos adaptamos al gusto del consumidor, el concepto está en evolución casi continuamente.
Ahora voy a tratar de analizar de manera pormenorizada los puntos anteriormente expuestos.
Respecto al primero: se ha de admitir que un toro no tendrá el mismo comportamiento un día que otro. Y el problema con que nos encontramos es la imposibilidad de lidiar completamente un mismo toro en dos días distintos para tratar de colegir si daba el mismo comportamiento.
Me he quedado con las ganas de hacer una prueba en plaza de tientas consistente en probar un toro en días distintos con la misma secuencia (fácil de retener mediante video) para ver cual era su comportamiento, pues estoy más que convencido que habría variaciones importantes derivadas de los imponderables surgidos (temperatura ambiental, humedad, velocidad del viento, ruidos adicionales, cantidad de ozono atmosférico etc. etc.) pues he podido observar como los toros embisten más y mejor en días de tormenta con lluvia.
Por otro lado pienso que de la misma manera que una persona necesita inspiración para determinadas acciones, el toro necesita afectividad para determinados actos y el embestir es un acto voluntario y sujeto a las más o menos ganas de pelea que tenga en ese momento puntual.
El segundo punto está más que comprobado, pues todos hemos observado que la pelea de esta clase de res varía con la edad hasta el punto de llegar a ser de signo contrario. Toros de distintas ganaderías que lidiados de toros tuvieron un comportamiento manso y traicionero, al ser lidiados de novillos su comportamiento se tornó en bravo y noble. Se trata indudablemente de que en estos animales, tan inteligentes, la personalidad tiene su evolución de manera semejante a lo que ocurre en humana donde los jóvenes revoltosos se tornan en hombres formales, aunque a decir verdad, lo contrario también se da.
Por ello y dado que la prueba ha de hacerse en edades juveniles hemos de reconocer que las conclusiones que deducimos pueden ser en ocasiones erróneas.
Y este es el motivo por el muchos ganaderos han dejado la tienta de machos única y exclusivamente para cuando se elige un semental por la gran influencia que el padre tiene en la progenie al aparearse con sesenta vacas. Todas las precauciones son pocas cuando se ha visto en repetidas ocasiones que con una lámina cuasi perfecta y con un abolengo insuperable puede salir un animal manso completo.
¿Qué sería lo ideal? Probar en campo abierto toda la camada de machos y escoger los dos o tres mejores ejemplares y llevarlos a la plaza de tientas para probarlos con las telas. Luego, podemos acertar en la elección o tener el fracaso más estrepitoso consecuencia de no haber sido capaz el semental elegido, de transmitir la bravura.
En cuanto a la tienta de las hembras se refiere, se las probará fundamentalmente en la suerte de varas y solamente cuando hayan aprobado esta asignatura se las pasará a ver su comportamiento con las telas ya que en este caso no importa torearlas. Se llevará a efecto por banderilleros más que por matadores ya que los primeros no buscan el lucimiento y sí cumplir con las órdenes dadas por el ganadero que será el verdadero director de lidia.
Esta tienta de hembras tiene su razón de ser en que se considera a la bravura como un carácter hereditario si bien, por el momento se desconoce, el mecanismo genético de la transmisión.
Después, nos podemos encontrar con sorpresas idénticas a las que nos deparó la elección del semental, es decir que una vaca madre que nos ha dado cinco o seis crías superiores nos dé una rematadamente mala en cuanto a bravura se refiere y lo peor del caso es hacernos pensar que ¿cuantos toros bravísimos hemos podido dejar de criar? al haber mandado a sus madres al matadero porque ese día no demostraron su bravura en la plaza de tientas.
Por esta razón hay ganaderos que retientas a sus vacas pasado un año es decir a los cuatro años que es la edad a la que se van a lidiar sus crías como toros y lógicamente las manifestaciones de la tienta estarán, o deberían estarlo, más acorde con lo que luego su hijo dará en la plaza. Naturalmente, con la finalidad de que la vaca no se acuerde de las vivencias vividas en la primera tienta deberá hacerse en lugar distinto. Pero ¡misterio! ¡misterio! es esta alquimia ganadera.
El tercer punto deriva de lo subjetivo que es el término bravura. Seguro estoy que si en una plaza de tientas hubiera un número determinado, y también indeterminado, de aficionados para juzgar la bravura de la becerra en la tienta referida al comportamiento ante el caballo de picar, las anotaciones de cada uno de ellos no coincidían entre sí, pues mientras unos se decantarían por la bravura sostenida, otros son partidarios de la res que se crece ante el castigo, e incluso otros verían disculpable el hecho de que la vaca fuera a menos consecuencia de la prolongación del castigo. ¡Complicado! ¡Complicado!
Por otro lado hemos de tener en cuenta que la bravura proviene de la acertada mezcla de muchos ingredientes algunos no perfectamente definidos (nobleza, temple, suavidad, temperamento, nervio, casta, codicia, etc.) y naturalmente hay gustos para todos y de que el ganadero se decante de un lado o de otro saldrá la personalidad de la bravura de sus toros. Pues la berrea de la vaca que para unos es quejido, para otros es venirse arriba ante el castigo. ¡Difícil de encajar!
Y finalmente el cuarto. Si la bravura de un toro el ganadero ha de adaptarla al gusto de los “consumidores” que al fin y a la postre son los que mantienen el espectáculo, ahora sí que “con la Iglesia hemos topado” pues no se trata en este caso de verdaderos aficionados, sino mucho lerdo en la materia que pide cosas rayanas en el pecado taurino, lo que sumado a las exigencias de la figuritas punteras del escalafón taurino sumen al ganadero en casi casi un verdadero ataque de nervios que quitando de aquí, poniendo de allá va llevando la bravura de sus toros (conseguida tras mucha selección y mucho tiempo) al filo de la navaja que marca el límite de la mansedumbre y levantar esto, le costará tiempo, dinero, sudor y lagrimas, pues hemos de partir del hecho de que la bravura se consiguió a base de seleccionar a los psicópatas bélicos de la manada de bóvidos salvajes donde la normalidad era la mansedumbre.

miércoles, 1 de abril de 2009

LA FERIA DE SEVILLA 2009.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Dentro de dos semanas mal contadas, nos vamos a encontrar con la Edición 2009 de la Feria de Abril sevillana. La que fue creada un 25 de agosto del año 1846 tras aprobar el Cabildo la proposición presentada por Narciso Bonaplata (vasco) y José María de Ybarra (catalán) para que tuviera lugar en los días 19, 20 y 21. Quienes acabaron con la famosa frase de:
“Aspiremos a la gloria de haber empezado esta obra de gran provenir para el país y dejemos a los que nos hereden el honor de concluirla."
Una Feria en principio ganadera- ya que el primer día de la feria, es decir el 19 de abril de 1847 se daba un premio de 4000 reales de vellón al que presentara el toro de cuatro años que pesase mayor número de libras sobre mil. 2000 reales al mejor lote de diez carneros de dos años. 2000 reales al lote de los diez mejores carneros de lana. Premio de 6000 reales para el mejor toro de la corrida del día 20. Y otros 6000 reales para el caballo más veloz de la carrera del 21 de abril- para la que se construyeron dos abrevaderos en San Bernardo y frente al foso de la Fábrica de tabacos a la vez que un café y repostería en la primera ubicación.
Una feria que desde el primer momento contó con la participación taurina en corrida de OCHO toros de las ganaderías de Taviel Andrade y Curro Cúchares para “Lavi”, Juan Lucas Blanco (tres cada uno) y Manuel Trigo.
Y dentro del programa ferial ocupa lugar, más que preferente, la Real Maestranza de Caballería como recinto que albergará el ciclo taurino de importancia vital para el devenir en la temporada de los diestros participantes.
Y volveremos a ver un año más ese cuidado ruedo maestrante cubierto de albero que es una arena procedente de roca sedimentaria de origen orgánico y tono amarillento donde puede verse restos de fósiles y conchas de animales marinos que aportan ese color dorado de amanecer del alba.
Plaza de Toros de la Maestranza de Caballería de Sevilla que es propiedad de esos señores que ocupan los palcos de la izquierda de la presidencia y que año tras año, desde hace casi tres siglos, no faltan a ninguna de las corridas componentes del ciclo ferial sevillano.
En la historia de la plaza hemos de remontarnos a la época del monarca Felipe V cuando acompañado de su augusta esposa Dª Isabel de Farnesio y resto de cortejo real, arribó a Sevilla para ser obsequiado con una vistosa fiesta hípica tan del agrado del rey que, decidió conceder a los organizadores caballeros maestrantes, un privilegio para que pudiesen edificar y conservar un recinto cerrado para en ese lugar dar muestras de sus gallardías a caballo, y que luego sería plaza de toros cuya construcción comenzó en el año 1760 a cargo de los maestros de obra Francisco Sánchez de Aragón y Pedro Vicente de San Martín. Construcción que hubo de paralizarse, con solo un tercio construido, cuando el monarca Carlos III prohibió las corridas de toros.
Esos señores maestrantes, componentes de un Corporación Nobiliaria sevillana, que en número de 230 miembros (de los cuales solo hay una mujer Mercedes Guajardo Fajardo Marquesa viuda de Las Navas de Navarra) mantienen la plaza en sus funciones benéficas, sociales y de fomento del arte ecuestre y apoyo a la tauromaquia y desde el año 1966 galardona a los mejores expedientes de las Facultades y Escuelas de la Universidad de Sevilla y a los investigadores jóvenes en diversas ramas del saber.
Maestrantes que en la cuestión de toros, aparte de ceder su plaza a una empresa para actividades taurinas (de la que perciben el 20,38% de los beneficios totales) patrocinan unos trofeos como premio a los toreros triunfadores de la feria de Abril y mantienen y promocionan la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y el Aula taurina.
Y por todas estas actividades se han hecho merecedores, en justa compensación, de numerosas distinciones tales como: la Corbata de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, Medalla de la Ciudad de Sevilla y la Gran Placa de Honor y Mérito de la Cruz Roja Española, al tiempo que la Universidad agradece su gesto de premiar a sus buenos estudiantes e investigadores y les entregó la escultura alegórica a la Fama.
Por todo ello cuando ahora vayan a la Maestranza los que hayan leído este artículo, no pueden dejar de admirar la fachada interior de la plaza representada por el llamado Palco del Príncipe, construido en el año de 1765 por encargo del monarca Felipe V para su hijo el Infante de España, Felipe de Borbón. Palco que fuera del recinto está representado, en el paseo de Colón, por la Puerta del Príncipe dotada con decoración marmórea y una verja del siglo XVII procedente de un convento desaparecido. Y justo enfrente del Palco mencionado y encima de toriles está el llamado Palco de Ganaderos con balaustrada de mármol y coronado por un escudo de la Real Maestranza obra del escultor italiano, Augusto Franchy.
Palco del Príncipe que únicamente es ocupado por personalidades de rango real y Puerta del Príncipe que es la salida soñada de los toreros por ser la puerta de los triunfadores de las corridas celebradas en la Real Maestranza de Caballería, si bien en cierta ocasión, 15 de abril del año 1991 también se abrió, a la una de la tarde, en honor del ganadero D. Eduardo Miura Fernández por haber lidiado a su nombre en la Feria de Abril durante 50 años consecutivos con descubrimiento de azulejo conmemorativo.
Y también podremos comprobar la nueva restauración realizada este invierno por la empresa JBA Construcciones Belllido S.A sobre la grada de los Maestrantes con reducción drástica del número de localidades puesto que las diez filas de antes pasarán a las seis actuales con las dos filas de sillas plegables por delante.

martes, 31 de marzo de 2009

RICARDO TORRES “BOMBITA” Y JOSÉ GÓMEZ ORTEGA “JOSELITO”.

Por LUIS ALONSO HERNANDEZ. Veterinario y escritor.

Una de las rivalidades que no pudo llevarse a efecto en su totalidad y que quedó definitivamente en el toreo por dentro, fue la de “Bombita” con “Joselito”, debido a que Ricardo Torres Reina se encontraba al final de su carrera mientras que José Gómez Ortega comenzaba con el ímpetu propio de sus dieciséis años.
Se decía que “Bombita” había dificultado la vida torera de Rafael “El Gallo” y que en las manos del hermano menor de éste, estaba la venganza de estas “putaditas” consecuencia del poder caciquil de Ricardo. Diestro de Tomares que, con su simpatía, se había convertido en el amo del toreo en aquellos tiempos en que los partidarios de los diestros, se expresaban con verdadero apasionamiento. ”Joselito” trató de vengar a su hermano, pero ¿cómo? pues...enfrentándose a “Bombita” y superándolo, porque “Joselito” no podía soportar que nadie le “hiciera sombra”.
Tuvieron sus más y sus menos en algunas corridas en las que coincidieron. En una de ellas, “Joselito”, que era un gran soberbio, tras recorrer el anillo en triunfo, al acercarse al estribo dirigiéndose a “Bombita” le dijo: “Para que usté se entere que yo soy el mejor”. Ricardo ni rechistó, pero cuando salió el 5º toro que él había de lidiar, un toro manso, y por ello difícil y peligroso, se fue a por él, y cuando le faltaban unos meses para retirarse, le domeño y finalmente le hizo una extraordinaria faena que refrendó con estocada perfecta de la que salió por los aires con la pechera hecha jirones. Al volver a barrera se dirigió a “Joselito” con estas palabras: “Cuando tú tengas mi edad, y mis cornadas, y mi dinero, y estés para irte de los toros, y hagas lo que yo acabo de hacer con un toro como ese, entonces podrás decir, con razón, que eres el mejor. Mientras tanto...(no pudo acabar la frase, al emocionarse).
Luego el que, tras catorce años de alternativa, Ricardo que, junto a su rival “Machaquito”, -se las había visto con toros desagradables, cornalones y con un público exigente, que se puso de uñas con ambos al sentirse defraudado por el denominado “Pleito de los Miuras”- decidiera retirarse del toreo, no permitiendo esta confrontación de estilos toreros.
Ricardo Torres “Bombita” dijo adiós a los toros tras la memorable corrida en la que también tomaron parte, los dos “Gallos”(Rafael y “Joselito”) y “Regaterín” que hubo de sustituir a Belmonte lesionado. Una corrida benéfica para el Montepío de Toreros o Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros que había fundado “Bombita”. Se despidió con el toro de la ganadería de D. Salvador García de la Loma, llamado "Cigarrón". En ella, “Joselito” brindó uno de sus toros –de Concha y Sierra- al veterano diestro seguido de un fuerte abrazo y de palabras de admiración tal vez tratando de ganarse para sí a los numerosos partidarios de “Bombita” quienes, no obstante, se pasaron al belmontismo, fustigando al de Gelves durante todo el tiempo que duró la rivalidad con Belmonte en el considerado como el “Siglo de Oro” del toreo.
Un siglo a quien alguien llegó a considerar como el de oro bajo, porque los toros bajaron mucho en trapío y acometividad, pero donde indudablemente el revolucionario Belmonte trajo la quietud, las distancias y el toreo de manos en sustitución del toreo de piernas.
“Bombita” se fue y “Joselito” siguió siendo un “mandón” en el toreo, pero solamente mandó en la parcela “industrial” puesto que en la “artística” quien verdaderamente llevó el mando fue Juan Belmonte que impuso sus normas capaces de hacer cambiar algunas de las “virtudes clásicas” que se tornaron en “vicios”.
Después...”Joselito” cayó en la Plaza de toros de Talavera de la Reina, algo que nadie se creía puesto que según las palabras de su madre: “para cogerlo un toro tenía que venir a la pensión y además cogerlo desprevenido”, pero...ocurrió y entonces tras la tragedia el popularísimo D. Pedro Muñoz Seca escribió la siguiente composición:

¡Talavera, Talavera,
que triste suerte tu suerte!
En la plaza bullanguera,
de una cornada certera,
halló Gallito la muerte.

¡Gallito! ¡El mejor torero!
¡El más artista! ¡El primero!
¡El aquel día nefando
llegó a tu plaza cantando
las coplas del Espartero!

¡Talavera, Talavera!
¡Noble ciudad castellana!
En tu escudo y tu bandera
pon una capa torera
con un traje de oro y grana.

Los colores que él lucía
cual una hispana aureola
¡Oro y grana! Parecía
que aquella tarde vestía
con la bandera española...

Y tú viste, Talavera
Tú viste cómo un mal toro
Rasgaba aquella bandera,
Que yo, recordando, lloro,
Como llora España entera.

¡Pobrecito Joselito!¡
¡Pobrecito el gran torero!
¡¡El artista favorito!!
¡Cómo murió el pobrecito:
lo mismo que el Espartero!

sábado, 28 de marzo de 2009

“INDULTITIS” E “HIPERTROFEITIS” FACTORES DEGENERATIVOS DE NUESTRA FIESTA.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

El número de toros indultados a partir de la entrada en vigor del nuevo Reglamento Taurino Andaluz ha proliferado, en el incomprensible mundo de los toros, como la mala hierba en un campo sin cultivar. ¡Ya lo pronosticamos en su día!
Y es que cuando falta cultura taurina para comprender la verdadera importancia de la suerte de varas, todo lo demás viene por si solo como arrastrado por la sinrazón.
Es la suerte de varas el eje de la lidia debido a sus tres cometidos:
-Descubrir las cualidades bravas del toro.
-Ahormar la cabeza del toro en la embestida mediante la rotura del ligamento que desde el occipucio discurre y une las apófisis espinosas de las vértebras (ligamento supraespinoso), pues al romperse, cuando la puya cae en el mismo centro del cerviguillo, impide el cabeceo del toro. Restar poder a la embestida mediante la sangre perdida a consecuencia de la herida producida en el morrillo.
-Crear belleza cuando el toro se arranca de largo, aprieta sin cabecear e incluso romanea en un espectáculo de incomparable belleza.
Suerte de varas que requiere que matadores, subalternos y picadores, cada uno en su quehacer, ocupen su sitio y realicen la suerte correctamente por derecho, sin ventajas y midiendo el castigo a propinar al toro.
La máxima de la suerte de varas es que no se premiará a ningún toro que no haya recibido como mínimo cuatro puyazos, puesto que el primero le denomino como el de “contacto con lo desconocido”, el segundo es el de “averiguar que pasó en el primero”, el tercero es el de “querer repetir experiencia dolorosa” y el cuarto es el de “querer vencer al castigo” propio de un verdadero toro con posibilidades de optar al indulto.
Como quien indulta un toro es definitivamente el Presidente de la corrida, él es el responsable del indulto. En muchas ocasiones transgrede el Reglamento al no ejercer su función de Presidente en funciones con precisión, justicia y acierto al dejarse influenciar por las presiones de ese público, ignorante en su mayoría, protestón que se ha decantado por la demagogia del torero de turno.
Un Presidente falto de carácter y criterio que se ve arrastrado por un público que generalmente azuzado por unos pocos muestra su deferencia hacia un toro que le ha divertido en la faena de muleta y le premia con el perdón de la vida en la plaza.
Público que ¿quizás puede haberse visto influenciado por los movimientos antitaurinos? Puede.
¿Es acaso el indulto el premio al mismo toro en sí por haber tenido un buen comportamiento en plaza? No. Se le perdona la vida para que, tras la curación de sus heridas, vaya a cubrir vacas al campo en el fin del indulto para mantener la casta y bravura en la cabaña brava y en definitiva en la conservación de la Fiesta que tiene como fin primordial preservar la bravura.
¿Se alegran los ganaderos cuando se les indulta un toro? Pues…no todos los ganaderos y me explicaré:
Algunos se alegran mucho, sobre todos los ganaderos de nueva generación y no de dinastía, los señores ganaderos, incluso llegan a propiciar el indulto a través de personas afines a sus intereses, porque el indulto conlleva que los medios de comunicación taurina e incluso los generales, cacareen el acontecimiento lo que sin duda alguna prestigiará a la ganadería como santuario de bravura. En cambio otros, los ganaderos de dinastía es decir los ganaderos de toda la vida, los ganaderos señores, pues…no mucho porque el indulto de un toro les ha descubierto su equivocación al no haberlo elegido como semental y mandarlo a una corrida convencional, aparte de que ellos tienen programado su calendario de mantenimiento y acrecentamiento de bravura y posiblemente ese nuevo toro indultado, que fenotípicamente no estaba en el tipo que ellos han preconizado, no les represente nada cuando tampoco están seguros que vaya a transmitir su bravura demostrada en la plaza a su descendencia. Por otro lado como profesionales de la cría de ganado bravo son conocedores de esa teoría más o menos científica que aboga porque las vivencias experimentadas durante la lidia se transmiten a su descendencia y eso…bueno no es.

Como detalle para el recuerdo señalar que en la temporada 2007 se indultaron 24 toros y 13 novillos.
En la temporada 2008 se indultaron 15 toros.(Dos en plazas de 1ª, Barcelona y Dax).
El matador de toros que más toros ha indultado hasta el momento es Enrique Ponce con 32. De los 19 que indultó en España ninguno en plaza de 1ª, pues el indultado en Málaga fue cuando dicha plaza no tenía esta categoría. Categoría máxima que adquirió con la entrada en vigor del nuevo reglamento taurino andaluz.
El otro punto a tratar es el de la facilidad en la concesión excesiva de trofeos (Hipertrofeítis). También el responsable es el Presidente del festejo que en muchas ocasiones, como suele ocurrir en las plazas de 3ª, no está suficientemente preparado para cumplir esa función, pero en las plazas de 2ª y 1ª... ¿por qué se "mete la pata" con más frecuencia de lo aconsejable? Cierto que el Reglamento contempla que la primera oreja la concede el público con su petición mayoritaria, pero la segunda son ellos, los presidentes, los que han de concederla y por ende han de sopesar muchos factores hasta completar ese protocolo de concesión, que llevará como poco los apartados siguientes respecto al comportamiento de el toro:
-Forma de rematar en los burladeros.
-Manera de meter la cara a las telas.
-Número de entradas al caballo de picar, puesto que no se debe premiar ninguna faena en la que el toro no haya recibido al menos tres puyazos, con lo que sentado este precedente, ya se cuidarían los matadores que los puyazos fueran breves y en el sitio que no destrozaran al toro. Si bien esta importante suerte cuenta con la animadversión hacia la misma de un público no aficionado en su mayoría que si por él fuera quitaría de la circulación a los picadores.
-Forma de perseguir a los banderilleros tras la consumación de la suerte.
-Duración de embestida a la muleta.
-Forma de cuadrar ante la muerte.
Y por parte del torero:
-Hacer todo como mandan los cánones. No pasándose de tiempo en la ejecución de la faena para que no suene un aviso que sería determinante para la no concesión automática de trofeo alguno.
-Tener muy encuenta la ejecución de la suerte de matar como suerte suprema que es.
Y así teniendo todos estos puntos muy claros le importaría un bledo las opiniones vertidas por los medios de comunicación sobre su actuación. Medios que en la mayoría de los casos están de parte de la empresa, ganaderos y toreros porque al fin y a la postre son los que les permiten su pervicencia.

jueves, 26 de marzo de 2009

COMENTARIO A UN RECORTE DE PERIÓDICO.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Cuando el toreo pasó de ser diversión de caballeros influyentes y adinerados a practicarlo el pueblo, nació verdaderamente la fiesta brava, y de estas diversiones públicas opinó así Gaspar Melchor de Jovellanos: “Creer que los pueblos pueden ser felices sin diversiones es un absurdo. Creer que las necesitan y negárselas es una incongruencia tan absurda como peligrosa. Darles diversiones y prescindir de la influencia que puedan tener en sus ideas y costumbres, sería una indolencia harto más absurda, cruel y peligrosa que aquella inconsecuencia, resultando que el establecimiento y arreglo de las diversiones públicas será uno de los primeros objetos de toda buena política”
Y esta lectura que me proporcionó un recorte de periódico antiguo, me llevó a que sin intentar, por supuesto, imitar a Jovellanos en su ideas, sí exprese las mías derivadas de indagaciones y de experiencias vividas en estos últimos años.
Hay personas a las que le gustan las corridas de toros, al igual que hay gentes a las que les repugnan este espectáculo.
Cierto que aquellos aplausos que en otros tiempos se tributaron a los antiguos matatoros cuando realizaban faenas de valor no bastaron para librar a la fiesta de algunas censuras eclesiásticas. Como no es menos cierto que a pesar de ser aplaudidos los actuales matadores de toros por faenas artísticas tampoco les basta para que el gobierno en funciones trate de acabar con la Fiesta de los toros.
Cuando los antitaurinos se apostan en los aledaños de las plazas de toros para increpar con pancartas e insultos a los que, tras presenciar la corrida, salen del recinto, lo único que logran es acrecentar más la afición y el sostenimiento de esta Fiesta considerada como la más nacional.
Cierto que ante Europa no puede presentarse como un argumento de valor y bizarría española, el arrojo y destreza de unos hombres que; o bien criados en ambiente taurino desde niños, o bien acogiéndose a él por envidia sana hacia los triunfadores e incluso por vocación, han tomado el oficio de torero.
Pero sí hemos de tener en cuenta que una gran parte de España, en los momentos actuales, tiene a la fiesta de los toros como parte importante de sus tradiciones y ningún gobierno que se precie tiene por qué proscribirla, por mucho beneficio político que pueda proporcionarle la dependencia cada vez mayor de Europa, cuando dicha Fiesta no conlleva riesgo civil o moral.
Hay algunos articulistas que en sus colaboraciones en el diario El País toman la licencia de escribir:
“Somos españoles los que cargamos con la vergüenza colectiva de llevar ese trozo de mierda (se refiere a las corridas de toros) en la cara, y somos nosotros los que más interés deberíamos tener en limpiárnoslo”
Y dice esto porque en su interior tenía la idea (para mí totalmente equivocada) de que la Ilustración entró en Europa y no en España por el hecho de conservar las corridas de toros. ¡Sí hubo Ilustración en España! ¡Faltaría más! Lo que ocurre es que las circunstancias históricas, políticas o socioculturales tenían otras formas de expresión.
¿No fue acaso Ilustración cuando en el siglo XVIII el poder político empezó a modificar el desorden reinante en la plaza de toros al reglamentar la corrida?
Lo que pasa es que en esto del mundo del toro ocurre lo que en botica, además de división de opiniones entre los intelectuales de todos los tiempos.
Así Jovellanos era un antitaurino de pro como demostró cuando le fue confiado el proyecto de la Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España a través de la Academia de Historia que a su vez había recibido del Consejo de Castilla el encargo de un informe que sirviera de base para la reforma de la legislación correspondiente y que no fue solamente un informe sino que él también aprovechó para expresar sus ideas e inquietudes.
Y Moratín está a favor de las corridas de toros, por lo que escribe:
“..,Pedro Romero, el cual, con Joaquín Rodríguez, ha puesto en tal perfección este arte, que la imaginación no percibe que sea ya capaz de adelantamiento". Y por eso la reina Amalia al verlo, sentenció:
“que no era barbaridad, como la habían informado, sino diversión, donde brilla el valor y la destreza”
Resultando: que al final una institución como la corrida de toros puede servir como instrumento para la unificación cultural.
Y me van a permitir que al igual que Jovellanos se enfrentó a los taurinos tratando de acabar, a través de su informe emitido al rey Carlos IV, con la Fiesta de los toros, un taurino, en este caso un servidor de ustedes, cuestione su proceder basado en lo siguiente:
La obra que le encomendaron con la finalidad de responder a la polémica surgida en el reinado anterior (Carlos III) sobre los espectáculos públicos. Polémica taurina en la que se enfrentaban: la mentalidad tradicional con la innovadora inspirada en las nuevas corrientes europeas.
Obra que tenía dos partes muy diferentes: la primera estaba destinada a descubrir el origen y progreso de las diversiones públicas en España del siglo XVIII, y la segunda a estudiar el influjo de las mismas y la forma de conseguir el bien general.
Esta memoria recoge las apreciaciones de un autor que en voz alta reflexiona sobre el vinculo que debe existir entre la tarea de gobernar y una filosofía existencial basada en el “amor público”.
Y Jovellanos opina:
“Hay una relación entre diversiones y felicidad pública, de ahí que la Autoridad ha de labrar el contento de los ciudadanos”
“La libertad y la alegría de los pueblos están más distantes del desorden que la sujeción y la tristeza”.

"La policía de los espectáculos ha de estar perfectamente encauzada para permitir la alegría pública. Ha de ser cierta, continua pero invisible para no ser vista como instrumento de opresión”
“No se puede destruir la diversión a base de autoridad”
Opiniones que están más del lado de anarquía que de lograr un orden de policía.
Un Jovellanos que está del lado de todas las diversiones y espectáculos excepto del lado de los toros y parte de los juegos escénicos.
Su amor es el teatro. Lo considera como una vía de educación y para ello propone revitalizar la escena y despojarla de todo lo que en ella pueda haber de plebeyo. Únicamente tolera el drama y desprecia todos los demás géneros, al tiempo que eleva hasta el infinito la profesión de actor incentivando su formación.
Jovellanos = ¡No a los toros y a los Autos Sacramentales! ¡Sí a los entretenimientos públicos como beneficios para el individuo! Que naturalmente ha de procurar ofrecer siempre el Estado.
¿Les sugiere algo estos procederes?

miércoles, 25 de marzo de 2009

LOS TOROS EN MADRID.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

He leído las sendas cartas que la “Asociación El Toro de Madrid” ha dirigido a Dª Soledad Mestre García y a D. Carlos Rubio Fernández como Delegada del Gobierno de la Comunidad de Madrid y Jefe Superior de Policía respectivamente, para que durante la nueva temporada del 2009 no continúen en su puesto de Presidente de la plaza de las Ventas, Trinidad López- Pastor Expósito y Julio Martínez Moreno.
Y es que Madrid es una de las ciudades españolas con más tradición taurina, desde que allá por el año 1561 se convirtió en Cortes de las Españas debido a las razones siguientes:
-Posición central en el reino de Castilla.
-Escasa implantación en la villa de los poderes nobiliario y eclesiástico
-Existencia del Real Alcázar de Madrid, de la Casa de Campo y Monte de El Pardo que eran de control real.
Por ello Felipe II se fue allí a pesar de que su padre Carlos V le aconsejara:
“Si quieres conservar los reinos deja la capital en Toledo, si quieres aumentarlos, llévala a Lisboa y si quieres perderlos, trasládala a Madrid”
Pero es que Madrid era centro de un Sistema de Reales Sitios donde el monarca y séquito pasaban el año en temporadas establecidas de la manera siguiente: primavera en Aranjuez, verano en La Granja, otoño en El Escorial e invierno en El Pardo y todo esto estaba muy a mano de Madrid.
Tanto Felipe II como su esposa Isabel de Valois eran muy aficionados si bien tengo entendido que el rey no asistió a muchas corridas de toros. Lo que sí fue: un defensor a ultranza de la Fiesta como lo demuestra el enfrentamiento con el Papa Pio V cuando prohibió las corridas de toros y ante el pesar de los palaciegos dijo: "Si no se pueden correr toros…¡que se corran vacas!" Y aquella otra anécdota: cuando un parlamentario se opuso en sesión de Cortes del 20-02-1566 a la celebración de las corridas y su propuesta apoyada por el resto de parlamentarios. Como era el rey quien debería refrendar, resolvió lo siguiente:
“En cuanto al correr de los dichos toros, ésta es muy antigua y general costumbre destos nuestros reynos, y para la quitar será menestar mirar más en ello y ansí por agora non conviene se haga novedad”
Hasta el año 1418 no se tienen noticias ciertas de la celebración de fiestas reales de toros en Madrid. Fecha que coincide con la entrada en la Villa de Juan II casado con Dª Marta hija de D. Fernando de Aragón y a quién el Consejo de Madrid para agasajarle levantó una plaza cuadrada de madera entre las puertas de la Vega y de Segovia y en ella con fecha 23-10-1418 el rey mató un novillejo con un puñal especie cacheta y al año siguiente con motivo de su mayoría e edad, se construyó una plaza en el Campo del Rey que era el lugar ocupado por la Caballerizas Reales, en la que el rey ante los lloros de su esposa alanceó un toro rodeado de caballeros entre los que estaban D. Álvaro de Luna y el conde de Benavente.
Fue en este reinado cuando las fiestas de las corridas de toros brillaron con más esplendor lo que dio lugar a la construcción de la primera plaza de toros de Madrid frente a la actual casa de Medinaceli y de otra en el Soto de Luzón.
En el reinado de Enrique IV se dieron corridas de toros en la plaza de Soto de Luzón por el nacimiento y jura de la princesa Juana “la Beltraneja” así como otra corrida en honor del embajador del duque de Bretaña que tuvo lugar en el año 1463 en el Campo del Moro.
Los Reyes Católicos fueron obsequiados en su visita a la villa de Madrid con una fiesta de toros y cañas en la plazuela de San Andrés. Y en el mes de enero del año 1493 D. Álvaro García Díez de Rivadeneira que fue maestresala del rey Enrique IV les obsequió con una fiesta de toros y cañas en una plaza que construyó en el Prado de San Jerónimo.
En el año 1528 y el día 20 de enero en el Campo del Moro el rey de entonces Carlos V quebró tres lanzas con motivo de la jura de Felipe II como Príncipe de Asturias.
Felipe II ya como rey asistió en la plaza del Arrabal (actual plaza mayor) en junio del año 1562 a una corrida acompañado de su esposa Isabel de Valois.
Luego las tres juras de sus hijos D. Fernando, D. Diego Félix y Felipe III tuvieron lugar en el Prado de San Jerónimo.
Durante el reinado de Felipe III se dieron muchos acontecimientos taurinos en la plaza mayor. El primero fue en 1599 con motivo de la entrada de su esposa Dª Margarita. La plaza mayor se acondicionó para este tipo de espectáculos y su aforo ascendía a 50.000 espectadores.
En el reinado de Felipe IV, en el año 1623 tuvieron lugar importantes corridas en honor del príncipe de Gales y en el año 1629 con motivo del nacimiento del príncipe Baltasar Carlos.
Aparte de estas Corridas Reales todos los años se daba en la Villa y Corte las llamadas corridas ordinarias que el Ayuntamiento costeaba con motivo de la celebración del Patrón San Isidro, de las fiestas de San Juan y Santa Ana.
Cuando se finalizó la plaza de toros del Buen Retiro en ella se celebraron muchas corridas de toros iniciadas con la del nacimiento del príncipe Fernando sobrino del monarca Felipe IV.
En tiempos de Carlos II la primera corrida fue la celebrada en la plaza Mayor el 7 de febrero del año 1680 con motivo del cumpleaños de la Reina María Luisa. Luego tuvieron lugar las fiestas taurinas para celebrar el segundo matrimonio del monarca y la función de toros dada en la plaza llamada del Juego de la Pelota sita en el Palacio del Buen Retiro.

En el reinado de Felipe V al principio también se dieron corridas de toros tanto en el Buen Retiro como en la plaza Mayor, pero como el rey dejó de asistir a ella los nobles fueron abandonando el toreo lo que hizo que este fuera ocupado primero por rejoneadores asalariados y por vaqueros del campo andaluz que picaban con vara larga. Posteriormente ocuparon esta parcela los toreros de a a pie.
El mismo Felipe V autorizó la construcción de una plaza de toros de madera cerca de la Puerta de Alcalá. Luego Fernando VI, mandó construir en el mismo sitio una plaza que regaló a los hospitales madrileños como fuente de ingresos para su sostenimiento. Fue inaugurada en el año 1749.
El rey Carlos III no fue muy amante de las fiestas de los toros no obstante lo cual autorizó dos corridas a celebrar en la Plaza Mayor: por su entrada pública en diciembre de 1760 y en septiembre de 1764 con motivo de la llegada de su nuera María Luisa de Parma.

Carlos IV ya fue más aficionado y organizó algunas funciones reales como: en el año 1803 en la Plaza Mayor con motivo del matrimonio del príncipe Fernando VII y en el 1789 por la exaltación al trono del propio Carlos IV.
¿Eran iguales las corridas en la época de los Austria que en la de los Borbones? Había algunas diferencias tales como: no rejoneaban los nobles si no que lo hacían hidalgos bajo el padrinazgo de aquellos. Eran ayudados por los espadas más famosos de cada época, como ocurrió en las últimas funciones reales que tuvieron lugar en la Plaza Mayor con motivo de las bodas de Isabel II en que los caballeros en plaza fueron auxiliados por los espadas, “El Morenillo”, “El Chiclanero”, Juan León y Francisco Montes.