EL TORO EN EL CAMPO.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ.
Veterinario y escritor.Alguna que otra vez tuve ocasión de
hablar con D. Álvaro Domecq y Díez incluso
tuve la oportunidad de tratar alguna de las enfermedades de sus
caballos cuando, por una u otra causa, no había podido ser atendido
por los catedráticos de la Facultad de Veterinaria de Córdoba que
normalmente eran quienes atendían a sus animales equinos y, recurría
a mí como veterinario militar consciente de mis conocimientos en
materia equina heredados de mi padre quien, era un extraordinario
especialista en la materia.Mi padre le conocía desde años
atrás, cuando coincidieron, como alumnos, en unos cursos de lanas
que se celebraron en la Facultad de Veterinario de Córdoba allá por
los años de la década 1950 pues se llevaban cinco años de edad.Por lo visto congeniaron y hablaron
largo y tendido sobre cojeras, pues mi padre era un experto
veterinario-herrador.Yo le conocí profesionalmente años
más tarde en la década de los años 70 y con una diferencia de 25
años a su favor.Persona de vasta cultura con el que
daba gusto hablar, o más bien escuchar cuando del tema taurino se trataba.Hablaba del toro en su hábitat con
unos detalles que solo él era capaz de captar por debieron ser
muchas las horas que montado a caballo se pasó observando las
reacciones del los toros bravos desde que era un crío, no en balde
era hijo de D. Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio que, fue
quien adquirió en el año 1930 la ganadería del Duque de Veragua.Era una verdadera enciclopedia a pesar
de que no llegó a acabar los estudios de Derecho empezados en las
Universidades de Granada y Sevilla y que nuestra guerra civil
interrumpió.Decía del toro que éste lo observaba
en el campo, quieto, desafiante, con la cabeza levantada, los ojos
brillantes, la boca húmeda y los ollares abiertos, amándole después
de haberlo criado durante cinco años preparándole para una lucha de
veinte minutos antes de que entregará su vida con resultado en la
lidia, imprevisible de antemano Ante la presencia del caballero el
toro no se inmutaba, a veces levantaba la cabeza cuando estaba
comiendo, nos miraba y volvía a comer pues se sentía seguro de que
nuestra presencia era una rutina diaria en su vida que, ellos
rememoraban de un día para otro, como recordaba el canto de los
grillos o el chirriar de la cancela al cerrarse tras el paso de algún
vaquero.Pues los toros tienen una gran memoria
que hemos acrecentado a fuerza de darles una vida metódica como a la
hora de proporcionarles el pienso a la que ellos acuden puntualmente
aunque no se le haya llevado.El toro es un animal muy ordenado. Al
mes de haber llegado a la nueva dehesa ya ha escogido los lugares de
sus querencias; donde echarse, donde tomar el sol, y donde
resguardarse del frio.Cuenta D. Álvaro que cuando está en
el dormitorio de su finca de Los Alburejos en
Medina Sidonia y
escucha reburdear (emitir
un ronquido bajo y grave) a un toro significa ganas de lucha y
sangre) y, cuando al rato
comienza el reburdeo de otros toros. ¡Mal
asunto! que,
descubriremos al amanecer del día siguiente donde
encontramos un toro muerto y
la vacada entera le rodea dando vueltas reburdeando en un canto
funeral.Los toros expresan sus estados de
ánimo mediante tres tipos de sonidos: pitido (presunción de
algo) entrada del viento de levante, lluvia, o cambio climático que
los toros captan porque les produce cierto desasosiego poniéndoles
nerviosos, con repercusiones en su comportamiento tales como
embistiendo peor en las tientas. Presencia en el predio de algún ser
extraño que puede representar un peligro.El tercero es el berreo ( en su
variedades de: miedo, queja, melancolía
o nostalgia.Berreo
que
en las tientas sirve de referente: berreo bueno
(cuando
el becerro se queja con la boca cerrada) berreo
malo (
cuando los becerros berrean con la boca abierta), incluso por las
diferentes tonalidades los conocedores
saben su nota
(berreo
de resabio, contenido, hondo:
denota
casta
o bravura. berreo,
de miedo: tarde o temprano “cantará la gallina” y huirá.Los
toros sujetos a
soledad forzada
son molestos, gruñones, egoístas y ambiciosos. Les ocurre lo mismo
que a los atletas
confinados
a, quienes la más mínima contrariedad se les convierte en una
montaña de ahí que tengan muchas manías y caprichos.A algunos toros les gusta, a pesar de
tener su propio comedero, probar y comer en todas las pilas de los
compañeros de las que toma un solo bocado que en ocasiones, provocan
peleas serias cuando los dueños de ellas se acogen a su derecho de
propiedad.A todos los toros generalmente les da
alegría cuando se les mueve de un cercado a otro de ahí que en esos
momentos, corran alegres, jueguen e incluso se corneen jugando, si
bien cuando, alguno de “pasa de la raya” las peleas son de
verdad.En los toros existe un deseo de
dominación porque en ellos existe una jerarquización (al
igual que en las galllinas). Hay uno que quiere ser el mandón
y, cuando muestra su poderío, generalmente los demás lo acatan, en
principio sin rechistar, hasta que un día surge la chispa que
enciende la hartura de la sumisión, se sublevan y acaban con el
déspota con una serie de cornadas en comandita o bien, si logra
sobrevivir, alejarse de la manada para convertirse en el toro
abochornado y solitario portador de un gran peligro..Luego, siguen las peleas entre los
machos de la manada, en busca del mando.A pesar del gran peligro que el toro
bravo conlleva, siempre anuncia el más leve movimiento que hace. Y
lo anuncia con el movimiento de sus orejas que vienen a ser
como la tabla del mando del cuerpo según decía Paco
Montes “El Chiclanero” en las lecciones a sus alumnos
de la Escuela de Tauromaquia de Chiclana:“
si er toro mueve la oreja der
lao izquierdo, el mataor deberá escapar por la derecha. Y si moviera
la oreja derecha, deberá salir de estampida por el lado izquierdo”El marqués de Ureña que
presenciaba las clases preguntó:- ¿y si mueve las dos?A los que Montes contestó:“Pos
mo jamolamo”.D. Álvaro era un excelente y ameno
contertulio que impresionaba a cuantos escuchaban sus charlas sobre
el toro bravo y sus avances reproductivos a través de la
inseminación artificial e introducción de técnicas genéticas en
su ganadería de Torrestrella a fin de lograr equilibrio entre
casta y nobleza.Se hizo millonario vendiendo pajuelas
cargadas con el semen de sus toros portador de los espermatozoides.Respeto a su biografía reseñaré
que nació En Jerez de la Frontera en 1917 y murió en Medina Sidonia
el 5 de octubre del año 2015.Entró en política siendo Alcalde de
Jerez del 1952 al 1957. Presidente de la Diputación de Cádiz
durante diez años del 1957 al 1967 y posteriormente Procurador en
Cortes de manera interrumpida entre los años 1952 hasta 1967 y,
luego en una segunda etapa desde 1971 al 1977. Gran persona
religiosa y creyente.Desde que coincidimos como
conferenciantes en unas jornadas taurinas en la Peña Taurina Julián
Cañedo de Oviedo en el lejano año de 1999 en que fui invitado a
conferenciar por D. Bernardo Sánchez Escandón en las que actuó por
delante D. Álvaro de ahí que acompañado por mi gran amigo Pedro
Iturralde crítico taurino de ABC en Valladolid nos fuéramos el día
anterior con la finalidad de escuchar a tan ilustre conferenciante y
que luego D. Álvaro tuvo la deferencia conmigo de quedarse un día
más para escuchar mi charla sobre La bravura en el toro de
lidia de la que según me refirió salió encantado porque
reinaba la naturalidad en mi forma de interpretar las diapositivas
que de forma animada exponía, según me comentó en la cena que nos
ofrecieron los componentes de la Peña con su presidente a la cabeza
D. Julio García- Braga Pumarada y presencia de la insigne aficionada
y peñista, Marquesa de la Vega de Anzo, no volví a verle, pero
siempre le recordé con gran respeto y admiración.

