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miércoles, 8 de enero de 2014

LOS TOROS EN MADRID.



LOS TOROS EN MADRID.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
Desde incluso antes de ser Madrid Cortes de las Españas, fue una ciudad de las consideradas como de mayor tradición taurina.
En el año 1418 entra en la Villa el rey Juan II y para agasajarlo el Concejo levantó una plaza cuadrada de madera entre las puertas de La Vega y de Segovia en la que el rey mató un novillo con puntilla.
Al año siguiente cuando, las Cortes Generales reunidas en el Alcázar le declaran mayor de edad, se erige una plaza  en el Campo del Rey (hoy Jardines de Sabatini) donde amparado por D. Álvaro de Luna y el conde de Benavente el rey alanceó un toro.
En el año 1442 tanto por el nacimiento como por la jura de Dª Juana la “Beltraneja” se celebraron corridas en el Soto de Luzón.
En una de las estancias del rey Enrique IV en Madrid en el año 1463, se dio una fiesta de toros en el Campo del Moro en honor del embajador  del duque de Bretaña donde alancearon toros la flor y nata de los caballeros.
Cuando acabaron la lucha con la “Beltraneja”, los Reyes Católicos vinieron a Madrid y la villa les obsequió con una Fiesta de toros y cañas en la plazuela de San Andrés y en los últimos días del mes de enero del año 1493 D. Álvaro García Diez de Rivadeneira, que fue maestresala del rey Enrique IV, les dio una fiesta de toros y cañas en una plaza que mandó construir en el Prado de San Jerónimo.
Al siglo siguiente y en el reinado de Carlos V las primeras corridas de toros tuvieron lugar en el año 1528 en el Campo del Moro en una de las cuales el rey quebró tres lanzas, concretamente en la celebrada el día 20 de abril en la que se celebraba la jura de Felipe II como Príncipe de Asturias.
En el año 1562 apenas establecida la Corte en Madrid, Felipe II en el mes de junio dio una corrida  en la plaza del Arrabal (actual plaza Mayor) a la que asistió el rey con su esposa Isabel de Valois.
La jura de los tres hijos de Felipe II, fueron festejadas con toros. En la de D. Fernando en 1573, se corrieron toros  en el Prado de San Jerónimo. Lo mismo en la jura  del príncipe D. Diego Félix. Y el 12 de noviembre de 1584 también hubo toros en el prado de San Jerónimo con motivo de la jura de Felipe III en la iglesia de los Jerónimos. En esta corrida se lucieron los caballeros rejoneadores.
Durante el reinado de Felipe III hubo muchas corridas de toros. Comenzaron en 1599 con la entrada de su esposa Dª Margarita. En este reinado se concluyó la reforma de la Plaza Mayor  y así se encontró un lugar fijo donde celebrar las suntuosas corridas de toros. Con su aforo de 50.000 espectadores permitía que acudieran a ella los muchos aficionados.
En el año 1623, siendo rey de España Felipe IV,  se celebraron importantes corridas  en honor del príncipe de Gales, así cómo en el año 1629 con motivo del nacimiento  del príncipe Baltasar Carlos.
Pero aparte de las corridas reales, todos los años se celebraban en la Villa y Corte las llamadas corridas ordinarias  que eran costeadas por el Ayuntamiento y que festejaban al Patrón San Isidro, a San Juan y a Santa Ana.
Cuando se concluyó la plaza de toros del Buen Retiro se dieron en ella muchos festejos siendo las primeras corridas las de los días 5, 6 y 11 de diciembre del año 1633 con motivo del nacimiento del príncipe Fernando sobrino del Monarca.
En los tiempos de Carlos II se inauguran las corridas con la celebrada en la Plaza Mayor el día 7 de febrero de 1680 con motivo del cumpleaños de la reina María Luisa, en la que destacaron como rejoneadores el duque de Medina-Sidonia  y el de Zea  que mataron respectivamente dos y un toro de otros tantos rejonazos. Merecen especial mención las celebradas con motivo del segundo matrimonio del último de los Austrias y la función de toros dada en una plaza del Palacio del Buen Retiro llamada del Juego de la Pelota.
En el reinado del primer Borbón, también se dieron festejos taurinos tanto en el Buen Retiro como en la Plaza Mayor.
Cómo Felipe V era poco amigo de esta clase de festejos y rehusara presenciarlos, los nobles abandonaron casi completamente el ejercicio del toreo siendo sustituidos por los toreadores del pueblo. El advenimiento de hidalgüelos asalariados  para rejonear y de vaqueros del campo andaluz para picar con vara larga, dio lugar a la transformación de las corridas que pasaron de ser motivo de fiestas conmemorativas de algún acontecimiento político o cortesano a celebrarse con frecuencia regular. Por este motivo el rey Felipe V autorizó el levantamiento de una plaza de madera  cerca de la puerta de Alcalá. Y en ese mismo sitio mandó construir el rey Fernando VI (a sus expensas) una plaza que fue inaugurada en el año 1749, regalada para el sostenimiento de los hospitales madrileños y que duró 125 años.
En tiempos del rey Carlos III, éste monarca autorizó dos festejos en la Plaza Mayor: uno con motivo de su entrada pública en diciembre de 1760 y otra en septiembre de 1764 con la llegada de su nuera María Luisa de Parma.

Durante el reinado de Carlos IV se celebraron las siguientes funciones reales: en 1789 por la exaltación al trono del propio Carlos IV y en el año 1803  corrida en la Plaza Mayor con motivo del matrimonio del príncipe, después Fernando VII.
Las funciones reales de toros de los Borbones diferían en algunos aspectos de las realizadas en tiempos de los Austrias: ya no rejoneaban los nobles sino que se erigían en padrinos de los hidalgos que toreaban a caballo y como peones o "chulos" no les ayudaban hombres anónimos sino los espadas más famosos de cada época.
Lo mismo sucedió en las últimas funciones reales efectuadas en la Plaza Mayor: los días 16 y 17 de octubre de 1846 con motivo de las bodas de Isabel II en las que actuaron como chulos los espadas “El Morenillo”, “El Chiclanero”, Juan León y Francisco Montes.
Aunque por algún tiempo los picadores fueron los protagonistas de la Fiesta de los Toros, pronto cedieron su importancia a favor de los matadores tales como: Melchor Calderón, “Lorencillo”, “Martincho”  José Cándido y  las tres grandes figuras de la Tauromaquia  del  último tercio del siglo XVIII: “Costillares”, Pedro Romero y “Pepe Hillo”.
En Madrid  debido a la pasividad de un rey tuvo lugar la transformación de las corridas de toros y cómo la plaza más importante del mundo que es, ha sido y es escenario de las proezas de los diestros y del perfeccionamiento de su arte tan español como es el de lidiar toros.