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martes, 20 de mayo de 2014

PENSAMIENTOS DE UN "ISIDRO" DURANTE LA FERIA TAURINA DE MADRID 2014.

PENSAMIENTO DE UN “ISIDRO” DURANTE LA FERIA TAURINA DE MADRID 2014.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.
De siempre, durante mi residencia en Valladolid, solía asistir a alguna que otra corrida de las que consideraba interesantes en las ferias de San Isidro en la Monumental de Las Ventas. Cogía el coche y en un periquete estaba tratando de aparcar en los alrededores de la plaza de toros, si bien la mayoría de las veces tenía que llevar el automóvil cerca de la residencia de mi hermano allá por la calle Conrado del Campo.
Luego, con mi jubilación y traslado de residencia a Tarifa, ya se me hacía un mundo desplazarme conduciendo a más de 700 kilómetros para ver toros en Madrid, aunque de muy tarde en tarde me desplazaba a ver algún acontecimiento de sumo interés.
En la temporada en que nos encontramos había una corrida de toros a celebrar la víspera del patrón con toros de La Palmosilla de la que me interesaban dos cosas: por un lado uno de los matadores que alternaba,  Manuel Escribano Nogales  por ser su confirmación de alternativa y por el otro el comportamiento de los toros de "La Palmosilla" por ser su propietario amigo desde hace muchos años y por pastar en tierras de nuestro término municipal.
Los toros no tuvieron mala condición pero blandearon en exceso y naturalmente en Madrid media corrida vio el pañuelo verde sin que sus repuestos  les superaran en condición brava y poder. Naturalmente con estos mimbres no pudo sustentarse el espectáculo que aburrió a gran parte del público no aficionado, llevándole a abandonar el ruedo antes de la finalización de la corrida.
Los tres matadores, Juan José Padilla, Manuel Escribano y Joselito Adame, tuvieron voluntad pero si no hay material no hay forma humana de entretener al público y convencer a la afición de la, en otro tiempo, plaza más importante del mundo.
Se pitaron detalles que no merecían tal música de viento y, en cambio, se ovacionaron momentos que lo que merecían es la reprobación.
¿Qué deducimos de todo esto? Pues... que esta no es mi plaza de Madrid que ¡Me la han cambiado!
Una presidencia que no cumple el Reglamento. Unos toreros que a veces no están pendientes de su labor durante la lidia. Unos picadores que no saben colocarse ante el toro y que se caen fácilmente de las monturas. Un tendido 7 que ya no es el que era a pesar de que logró echar a chiqueros tres de los astados. Un entendido aficionado como El Rosco que ya ni protesta sin duda por estar hastiado de tanta morralla.
En la primera plaza de toros del mundo: se entra y sale a los tendidos cuando a uno le viene en gana sin hacer caso alguno, e incluso descarándose, con quien protesta. Los vendedores de bebidas y cucherías se pasean por los tendidos como “Pedro por su casa” naturalmente dirigidos por las empresas que se han quedado con esta concesión. Si cualquiera llama por el móvil al denominado "Tendido 11", le llevan al momento y a la localidad lo pedido en un servicio que ha sustituido a los palcos VIP, mientras el aficionado está que trina porque a veces se pierde momentos puntuales de esta liturgia que es para él, la lidia de toros bravos.
“Esta no es mi plaza que me la han cambiado” y que ahora está más acorde con lo que vemos en las corridas de estas tierras del Sur donde “to er mundo es güeno” y se justifica lo injustificable aún sometido a reglamento.
La Fiesta más nacional está cada vez más devaluada y no por culpa de los nacionalistas que se oponen a ella, ni de los ecologistas que incluso son protegidos por el poder en sus manifestaciones antitaurinas a las mismas puertas de los cosos en una acción claramente provocativa, sino por los propios taurinos que no cuidan de la rigidez de las formas por estar sujetas a un Reglamento y que un Presidente que es un presidente en funciones no sanciona ninguna irregularidad. Broncas en los tendidos que no se cortan al momento porque no acuden las fuerzas del orden y los guardias de seguridad carecen de autoridad para intervenir drasticamente en esta alteración flagrante de orden público
El día anterior también estuvimos en Las Ventas y vimos el triunfo de Iván Fandiño. Estábamos invitados a los toros para más días puesto que, tanto mi amigo Raúl como mi hermano Gerardo, disponían de abonos por partida doble, aunque era lo de menos porque los toros en Madrid nos baratos, pero… “este no es mi Madrid que me lo han cambiado” y deseando estaba de volver a Tarifa para, si el Levante (que el día que salí apretaba con fuerza 8 y no dejaba salir los barcos) amaina, ir a la playa a remojarnos puesto que aquí la temperatura media ronda los 23 ºC.
Dejamos atrás las prisas, los apretujones, el calor agobiante de un Madrid en el mes de mayo, pero nos acordamos, con alegría y nostalgia, de los buenos momentos pasados con nuestros condiscípulos de Facultad y amigos, Raúl. Bombín, Rafa Campos y Joaquín Serna que conocen los buenos sitios donde yantar y beber convirtiéndose en perfectos y cualificados cicerones de este “isidro” venido de tierras gaditanas que degustó con verdadero placer el pote gallego, la merluza a la romana (Casa Hortensia) y la cecina de solomillo de toro de lidia en Toribio, (sigo opinando que la mejor es la de burro), así como del queso y los berberechos al vapor entre otros manjares que Madrid ofrece como ningún otro sitio del mundo. Excelentes caldos de Rioja regaron la comida en decisión de 3 votos a 1, ya que a mí me gusta más el vino de Ribera de Duero.
¡Va por vosotros colegas! para que sigáis siendo tan buenos anfitriones cómo alegres contertulios.
Reportaje gráfico de los días de mi permanencia en Madrid.







































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