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lunes, 15 de febrero de 2010

POESÍA TAURINA TERCERA.
Por LUIS ALONSO HERNANDEZ. Veterinario y escritor.
Esta poesía en realidad es una charada.
Las charadas fueron un entretenimiento, un pasatiempo muy de moda a finales del pasado siglo en los periódicos, donde alternaban algunas veces con el arrollador crucigrama en sus diferentes variedades. Una charada taurina inspiró estos versos a Arturo Ramos, y “¡Una Charada!” se titulan:

El picador de toros
Niño Bonito,
según dicen algunos,
es un bendito;
pero a mí, con franqueza
se me figura
que tiene tanto de eso
como de cura.
El hombre ha demostrado
que es ocurrente,
y aunque se exprese dificultosamente,
si dirige sus finos
ataques hacia
cualquiera, lo hace siempre
con mucha gracia, y si discute alguna
cosa importante,
¡lo hace con un gracejo
desesperante!
Se reúne los domingos
en la montaña
con varios amigotes
de mucha maña
para hacer charaditas
y jeroglíficos,
que, a veces, resultan
archimagníficos.
Anteayer dijo uno
de estos autores
de charadas y saltos
y otros primores:
Niño Bonito nunca
quiere hacer nada,
¡Hoy tiene que escribirnos
una charada!
Quedó El niño confuso,
y exclamó luego:
Señores, yo declaro
que no me niego,
y aunque “iznoro” esas cosas
cómo se miden,
veré si “pueo jáseles”
lo que me piden.
Estuvo haciendo cálculos
una hora entera
y después dijo El niño
de esta manera:
La prima- tres la tienen
todos los días
en las tiendas de paños
y sastrerías.
La primera la suben
hasta los ciegos,
es el lenguaje impropio
de los borregos.
Y el todo es un oficio
para cualquiera
que tenga deshaogo
y algo “e moyera”
Los amigos cogieron
y entre renglones
formaron diferentes
combinaciones,
y estuvieron en lucha
desesperada
¡dos horas tras el todo
de la charada!
-¡Yo no sigo adelante!
-¡Ni yo tampoco!
-¡Es inútil! ¡No atino!
-¡Me vuelvo loco!
Así hablaban aquellos
aficionados
a descifrar asuntos
tan complicados,
dando buen testimonio
de su impotencia
¡ya agotada la suma
de su paciencia!
Y el Niño que escuchaba
sin inmutarse
exclamó: -“¡cabayeros!”,
no hay que apurarse!
Ya que ustedes no sirven
para adivinarla
y es hora, me parece,
de “desfrisarla”,
es inútil que acudan
a otro registro.
¡Que diga el todo! ¿El todo?
Pues es “menistro”.
Luis Arturo Ramos nació en Minatitlán, Veracruz el 9 de noviembre de 1947. Su obra literaria abarca desde la novela a la literatura infantil pasando por la poesía narrativa o prosa poética, crónicas y ensayo
Sus compañeros del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias le han definido así:
El “autor de la memoria” (Teresita García Díaz), el “autor de las historias” de los “no lugares” (hoteles, trenes, tranvías) que es donde se desarrollaban, el “ex-director de la Editorial UV", o el “autor de los cuentos para niños” (José Luis Martínez Suarez), quien dice:
“Su obra propone desarrollar la imaginación y la fantasía como facultades por excelencia para que los lectores infantiles participen de la tarea de descifrar, reinterpretar y transformar el mundo”.