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lunes, 8 de febrero de 2010

CORRIDA DE REJONES EN LA I FERIA DE INVIERNO VISTA ALEGRE 2010.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Los tendidos del Coliseo Vista Alegre casi vacíos en esta primera corrida de rejones que abre el Ciclo Taurino de la “Primera Feria de Invierno en el Palacio de Vista Alegre”.
Preside el Decano de los Presidentes de la Plaza de toros de Las Ventas, don Manuel Muñoz Infante, auxiliado por su asesor artístico y por un veterinario femenino.
Voy a tratar de narrar lo más importante del festejo con al finalidad de no aburrirles con una descripción pormenorizada.
Diego Ventura a hombros tras cortar 3 orejas. Andy Cartagena una oreja y vuelta al ruedo de Antonio Domecq.

Antonio Domecq ha ido por delante y realizado dos faenas aseadas que no ha rematado con los rejones de castigo. Un triunfo más que se le escapa por aquello de no acertar con los aceros.
Ha sacado caballos nuevos que, dadas sus condiciones toreras, harán un buen papel en el panorama del rejoneo en la temporada que se avecina.
En su primero al ser aplaudido tras el arrastre de su colaborador enemigo, da la vuelta al ruedo por su cuenta sin que el público recrimine la acción. Vuelta que celebra montando un precioso caballo castaño muy oscuro.

Andy Cartagena sale al ruedo montando a “Bético” un caballo tordo rodado con 6 años para, tras calentar momentáneamente, ordenar que se abra el portón de los sustos.
Y sale un ejemplar de la ganadería de San Mateo que luce de manera horrorosa los dos crotales amarillos en sus orejas.
Tras unos recortes al toro en el centro del ruedo, realizados con toda tranquilidad, se hace con el toro. Clava un rejón de castigo ligeramente trasero para seguidamente torear con la banderola de manera templada y justa.
Coloca un segundo rejón de castigo en el sitio, para seguir toreando al toro de forma ajustada con la banderola del segundo rejón. Cambia de cabalgadura y sale “Maravilla” que es un tordo vinoso quien torea al toro dejándole llegar a las cercanías. Tras tomar unas banderillas sigue toreando con piruetas delante de la misma cara del toro para en el momento justo clavar un par al violín, y salir con una pirueta en la misma cara del toro.
Tras tomar un segundo par de banderillas se va hacia el toro para sacarlo de la querencia a tablas que éste muestra. Se aleja del toro y yendo hacia él, le coloca un excelente par en todo lo alto.
Un tercer par de banderillas que clava tras hacer unas piruetas delante de la cara, en una de las cuales resulta atropellado.
Saca ahora al ruedo a “Pericalvo”, un caballo castaño muy oscuro, espectacular de lámina y dotado de una gran flexibilidad que baila delante del toro moviendo acompasadamente en vaivén las extremidades anteriores.
Se va hacia el toro y deja un excelente par en todo lo alto.
Quien ahora sale a la arena es “Bisbal” un caballo bayo. Andy, tras tomar tres banderillas de las cortas, hace que el caballo suba sus extremidades anteriores al estribo para brindar la ejecución de la suerte a la concurrencia en medio de los aplausos entusiasmados de los espectadores de esa zona.
Las coloca de manera seguida para al finalizar adornarse tocando el testuz y haciendo el teléfono. Finalmente se aleja del toro y el caballo se arrodilla lo que enerva a los espectadores.
Andy toma el rejón de muerte que deja muy caído para que lo saque el hermano del rejoneador que actúa de auxiliar.
El toro acusa el rejonazo aculándose en tablas y amagando con echarse. Como no lo hace Andy echa pie a tierra, solicita la autorización para descabellar, y acierta al primer golpe de verduguillo.
Petición minoritaria de oreja que el presidente concede.

Diego Ventura en la arena montando a “Maletilla”, un caballo castaño, lusitano de 4 años que luce su hierro en su región femoral derecha.
Ordena que salga “Bailaor” con 530 kilos de la ganadería de la ganadería de San Mateo. El toro es parado en el mismo centro del ruedo con un recorte perfecto merecedor de una ovación. Diego torea al toro divinamente y con un ajuste sensacional en una serie de vueltas que rompe al cornúpeta.
Seguidamente le coloca un extraordinario rejón de castigo.
Saca a la arena un caballo tordo en fase blanca, de 7 años, que cabalga a dos pistas delante de la cara del toro y sale por fuera y por dentro de las tablas en una sincronización perfecta entre jinete y cabalgadura. ¡Maravilloso caballo!
En la colocación del primer par de banderillas, tras hacer la batida perfecta, no encuentra toro, no obstante lo cual recibe una gran ovación.
Se aleja del toro y a la vuelta bate perfecto y deja las banderillas en todo lo alto.
Sale un caballo tordo atruchado aguanta las embestidas del toro de manera temeraria y hace unos quiebros sensacionales en la misma cara del toro.
Quien ahora esta en el ruedo es el caballo “Califa” un castaño de 8 años, lusitano. Diego toma tres pares de banderillas cortas que clava de manera seguida en todo lo alto. Adornos de todo tipo, desde cogida del cuerno derecho del toro hasta el teléfono de manera repetida.
Un extraordinario rejonazo sin partir, en todo lo alto, para echar de inmediato el pie a tierra. Uno de sus auxiliadores le saca el rejón de muerte y Ventura ordena que se separen del toro en la seguridad de que va a doblar. Como se demora la echada, Ventura solicita el descabello y tras pedir permiso se dirige al toro para efectuarlo. No es necesario porque el toro dobla en ese momento. El puntillero acierta a la primera y los pañuelos salen en los tendidos para que el presidente conceda una oreja con la que Diego ventura recorre en vuelta triunfal el anillo.

Montando a la yegua “Vanidosa”, de capa torda rodada, AHa, Antonio Domecq espera al toro “Esmeralda” que con 523 kilos pertenece a la ganadería de San Mateo y sale corretón y distraído.
Coloca un excelente rejón de castigo para seguidamente torearle con la banderola midiendo la embestida con la finalidad de ver si cambia la suerte con un solo rejón o es necesario colocar el segundo.
Saca el caballo “Cacao” un tordo vinoso con el que coloca un excelente par de banderillas en todo lo alto para seguir con unos pases dando el pecho del caballo y seguidamente hurtar la grupa de muchísimo mérito.
Se aleja mucho del toro y nuevamente se acerca para colocar una banderilla en todo lo alto.
Coloca un par de banderillas a dos manos de manera perfecta y precisa que es ovacionado por los entendidos del tendido.
¡Toreo clásico por parte de Antonio Domecq fiel al toreo de la casa!
Excelente labor la realizada por Antonio Domecq que no obstante una vez más no acierta con el rejón de muerte desperdiciando un triunfo que tenía en sus manos.

Y estamos en el último toro de la tarde. Para lidiarlo Diego Ventura ha sacada a la arena una yegua muy campera de raza árabe con la cola recogida que mueve con garbo el mosquero. Se llama “Triana” y su capa es castaña.
Sale “Culebrito II” marcado con el número 23 y con 541 kilos del hierro de San Mateo.
Coloca un rejón de castigo que el toro acusa doliéndose en demasía ligeramente desprendido. Sigue toreándole con la banderola tratando de comprobar su estado de fuerzas. Cambia el tercio.
Sale a la arena “Nazari” un caballo castaño oscuro. Un preciso caballo que templa perfectamente la embestida del toro para evitar las cornadas que éste propina, siendo alcanzado ligeramente en alguna de ellas.
Quebrando en el momento preciso coloca un par de banderillas en todo lo alto. El toro está muy cerrado en tablas y allí Ventura coloca un excelente par de banderillas.
Saca a “Morante” un caballo tordo en fase blanca. ¡El caballo que muerde a los toros! Y con el que Ventura levanta a los espectadores de sus asientos.
Finalmente saca a la arena a “Califa” el caballo castaño con el que coloca de manera continuada y en un “pis pás” tres banderillas cortas en todo lo alto.
Un rejón de muerte en todo lo alto del cual el toro cae sin puntilla. Se piden las dos orejas que el presidente concede.
Resumen:
Antonio Domecq toreando de manera clásica. Difícil competir con los rejoneadores que, como Diego Ventura y Andy Cartagena, dan otra dimensión rejoneando. No digo que sea mejor o peor,simplemente digo que es distinta, porque en ella el lucimiento de los caballos está por encima del arte clavando rejones de los caballeros rejoneadores.
Todos los caballos lucieron a una altura rayana en la perfección.

La recessión económica se dejo sentir en la asistencia de público que no llegó a cubrir ni un tercio del aforo.

domingo, 7 de febrero de 2010

LA TERCERA DEL CICLO VALLISOLETANO DEL AÑO 1973.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Lleno hasta la bandera con el cartel previo en taquilla de NO HAY BILLETES.
Preside el Comisario del Cuerpo General de Policía D. Florentino Zalama que en este día es auxiliado por el que fue novillero Fernando A. Merino.
La terna compuesta por Santiago Martín “El Viti”, Sebastián Palomo Linares y Dámaso González que han lidiar un encierro del ganadero salmantino Lisardo Sánchez.
El público vallisoletano recibe con una gran ovación a los diestros cuando inician el paseíllo en una tarde soleada de animación extraordinaria.

Sale el primero de la tarde. Su nombre “Limoncillo”, está marcado con el número 44, es negro y pesa 472 kilos.
El Viti” con un hematoma en el rostro consecuencia del golpe sufrido días antes en Salamanca, es ovacionado al abrirse de capote para saludar a su oponente. Unas buenas verónicas que son rematadas con una media muy torera que merecen la ovación.
El toro recibe un puyazo fuerte con el que se cambia el tercio tras quitar “El Viti” en una serie de tres verónicas.
En banderillas reciben aplausos los subalternos Alfredo Fauró y el tercero Teodoro Fernández.
Tras brindar al público asistente, Santiago comienza la faena a su noble oponente con unos doblones superiores para continuar con una faena maestra donde el toro es perfectamente toreado. (Música).
Gran faena de mando y temple en medio de los gritos de ¡Así se torea!
Redondos, naturales completos, pases cambiados y ayudados por alto y trincherazos componen la faena del diestro de Vitigudino.
Lástima que no acierte con los aceros (ha de entrar cinco veces a matar) debido a que el toro no hace nada por él, por lo que pierde los trofeos quedando el homenaje popular reducido a ovación con vuelta triunfal al ruedo donde recibe ramos de flores hasta un enorme pan, pasando por un conejo.

En su segundo que corresponde la cuarto de la tarde se llama “Leñador”, pesa 437 kilos, lleva el número 59 y es negro de capa. “El Viti” lo lancea magníficamente por lo que es ovacionado.
Entra al caballo con fuerza y está a punto de derribar.
En banderillas medio par de Antonio Chávez Flórez y uno de Teodoro Fernández.
La faena a base de derechazos suaves y templados que son rematados con el de pecho o por ayudados por alto. (0vación y música).
Como el toro va perdiendo fuerza “El Viti” se acomoda a las condiciones del astado.
Unos pases de aliño para entrar a matar.
Mata de un pinchazo, cayéndose el matador al resbalar por pisar una banderilla. Gran susto que se aumenta al caer también su peón Teodoro Fernández al tratar de hacerle el quite.
Otro pinchazo, una estocada atravesada y descabello certero a la primera.
El público tributa silencio y algunas muestras de desagrado.
Ha estado “El Viti” hecho un "pinchaúvas" cuando se trata de un gran estoqueador y por ello ha perdido un sonado triunfo en su primero al que ha toreado de manera que será recordada por mucho tiempo en el coso del Paseo de Zorrilla.

Sebastián Palomo “Linares” saluda por verónicas a su primero que se llama “Garlito”, marcado con el número 65 que es de capa negra y tiene un peso de 451 kilos. Remata la serie con una media que es aplaudida.
Arrancándose con alegría al caballo recibe dos puyacitos. Palomo quita con lances de delantal que remata con una media. (Aplausos).
El toro acusa flojera de extremidades.
Sebastián comienza la faena con unos redondos mimando al toro para que no se le caiga. Sigue toreándole empleando para mantenerlo en pie la mano derecha y rematando los pases con afarolados y molinetes.
La faena no ha convencido al respetable.
Acaba con su oponente de un estoconazo merecedor de unas tibias palmas.

En su segundo, quinto de la tarde, marcado con el número 98, “Cañalito”, con 478 kilos, negro de capa y que califico como un soberbio toro, reunía todas las características para lograr un triunfo soñado.
En el tercio de varas se pasó el piquero que no debió oír el clarinazo de cambio de tercio.

Tras dos pares de banderillas, Palomo "Linares" se encuentra con un toro con poder al que inicia la faena con cinco pases rodillas en tierra en medio de la división de opiniones del público.
Lleva el toro a los medios y allí ejecuta redondos y naturales que por no tener quietud no llegan al respetable.
En un gesto de rabia el de Linares se quita las zapatillas y continúa toreando a un enemigo incómodo con el que no se encuentra a gusto.
Tras unos pases de castigo, entra a matar, y tras tres pinchazos logra una estocada caída que permite el remate del puntillero.
Protestas para el espada y aplausos para el buen toro de Lisardo.

El primero de Dámaso González respondía por “Malagueño” marcado con el número 9, negro de capa y un peso de 435 kilos.
Es recibido a la verónica por parte del diestro albaceteño.
En varas apretó incluso romaneó sobre las patas delanteras.
La faena de muleta la realizó Dámaso en terrenos del sol con pases de todas marcas, diestra y fácilmente ejecutados que fueron acogidos con clamor por parte de ls espectadores de aquella zona.
Unos pases circulares donde aguantó lo que no está en los escritos, al igual que en los que ejecutó con las rodillas en tierra con pases mirando al tendido y espaldinas. (Ovación y música).
Entra a matar y, tras un pinchazo sin soltar donde resbala y está a `punto de ser enganchado, logra media estocada con derrame.
Se le concede la oreja que pasea triunfalmente en medio de protestas por parte del público de sol por no haberle concedido el segundo apéndice.

En su segundo, sexto de la corrida que atiende por “Cuplé” y que pesa 493, ¡Un señor toro!, Dámaso González estuvo más convincente.
Lo recibe por verónicas ajustadas y valientes que levantaron una ovación unánime del público.
Una vara en todo lo alto donde el toro mete los riñones para apretar
Tres pares de banderillas, el último ejecutado superiormente.
Tras brindar a unos espectadores que ocupan el tendido 7, Dámaso realiza una faena de verdad con ambas manos donde corre la mano y remata tanto los redondos como los naturales. (Ovación y música).
Remata con espaldinas, adornos, desplantes y un espectacular jugueteo.
Mata de una estocada tendida de la que se echa el animal para ser apuntillado por el local Alejandro Rodríguez.
Una oreja es el premio concedido que Dámaso pasea en la vuelta al anillo.
Resumen:
Destacaron los subalternos Fauró y Francisco Membrilla.
D. Lisardo Sánchez presentó una corrida buena en general donde destacaron los toros lidiados en 5º y 6º lugar (“Cañalito” y “Cuplé”). Toros con preciosa lámina, con casta, bravos, nobles que llegaron al último tercio con poder para estar por encima de los de seda y oro.
Triunfaron “El Viti” que hizo una gran faena y Dámaso González que cortó dos orejas en el cómputo total.

viernes, 5 de febrero de 2010

PEDRO GUTIERREZ MOYA “NIÑO DE LA CAPEA”.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Es paisano mío. Salmantinos los dos, pero diez años más joven, pues él nació un 17 de septiembre del año 1952.
Adoptó el nombre artístico de la escuela taurina que le enseño a torear,“La Capea” ubicada en el modesto barrio de Chamberí salmantino.
Pedro es uno de los toreros que surgió de aquellas corridas denominadas de "La Oportunidad" que promocionó la plaza de Vista-Alegre del barrio carabanchelero de Madrid.
Con 17 años torea su primera corrida picada en la plaza de “la Glorieta” de Salamanca, cortando las dos orejas de su primer novillo.
Dos años después es apoderado por los empresarios Martínez "Chopera" que le presentan en Madrid junto a Julio Robles y Ángel Rodríguez para lidiar novillos de Juan Pedro Domecq con el balance de vuelta al ruedo y una oreja en su segundo.
Y nueve días después, con el bagaje de veintidós novilladas, toma la alternativa en Bilbao el 29 de junio del año1972 de manos de Paco Camino y con “Paquirri” como testigo, con el toro “Mireto” de la ganadería de Lisardo Sánchez al que le corta las dos orejas.
La confirmación de alternativa, tras una campaña de 84 corridas en la temporada 1973, tiene lugar en Madrid de manos de Sebastián Palomo “Linares” y con “Paquirri” nuevamente de testigo, con el toro “Girón” de la vacada de Atanasio Fernández. La tarde fue triunfal con una oreja del toro de la confirmación y las dos de su segundo que atendía por “Cantinero”.
Pedro es un triunfador nato tanto en España como en América con un elevado número de corridas toreadas, donde prima por encima de todo su poder: mezcla de guerrero y artista.
Y este poder y voluntad de triunfo, lo ratifica en Madrid aquella tarde del 4 de junio del año 1985 ante el toro “Cumbreño” cárdeno claro y de 501 kilos perteneciente a la vacada de Manolo González. Un toro que se deja torear solamente por el pitón derecho, pero que por el izquierdo o admite un pase.
Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea” apuesta fuerte, aún consciente de que se juega la vida en cada pase. ¡Torea al natural! En medio de la angustia de los espectadores que ven la inminente cornada en cada pase, pero que respiran aliviados cuando el pase de pecho remata la serie.
Sigue “el Capea” toreando por naturales, tira y tira del toro para finalizar la inmensa faena con una estocada en la suerte de recibir que hace que la Monumental de Las Ventas se vista de blancos pañuelos para que triunfen un ganadero como criador de “Cumbreño”, Manolo González y un torero Pedro Gutiérrez Mota “Niño de la Capea”.
He compartido burladero con él en varias ocasiones cuando ha actuado como ganadero. Recuerdo un día en Laguna de Duero donde lidiaba una novillada que salió buenísima y Pedro daba saltos cada vez que sus novillos embestían haciendo “el avión”. La lidiaron los novilleros Jesús Medrano que luego no triunfó y Pepín Liria que se convirtió en un gran torero.
Otras veces coincidimos, actuado él en el ruedo, y un servidor de ustedes, como veterinario de plaza.
Mi concepto es que se trata de un torero que sabe de toros y que además es amable, simpático y amigo de todo el mundo.
Cuando actuó en Valladolid en la 2ª corrida del ciclo del año 1973 Julián Lago le hizo la siguiente entrevista:
Julio Robles y “El Niño de la Capea” mantenían a puerta cerrada un mano a mano…de naipes.
-¿Quién está haciendo mejor faena? Preguntó a Pedro G. Moya.
-De momento, aquí, él.
-¿Y en la plaza?
- Eso se verá luego, pero allá andamos.
-¿Con que torero temes más medirte?.
- Torero con ninguno. A los únicos que les tengo miedo es a los toros que no llevan buenas intenciones.
-¿Los conoces en cuento salen?
-No, pero sí en cuanto meten la cabeza en el engaño.
-¿No te equivocas nunca?
-Como todo el mundo, pero mucho supongo que no, porque solo he tenido una cornada, no muy grave en Zaragoza, el 29 de julio del año pasado; precisamente, eso si es coincidencia, el día de mi santo.
-¿Cuántos años tienes ahora?
- Veinte.
-¿Te ha ayudado mucho en tu carrera tener cara de niño?
-Al principio quizá; pero luego no me ha servido para nada, porque el público me exige como a cualquiera y, si no cumplo, se meten conmigo
-¿Se oyen los gritos abajo?
-Perfectamente.
-¿Y que es lo que te duele que te digan?
- Que se acuerden de mis padres.
-¿Se han acordado muchas tardes esta temporada?
-Pocas, y eso que llevo setenta y seis corridas toreadas.
-¿El mérito es tuyo o de Chopera?
-Chopera es quien me ha puesto en los sitios clave, pero el que ha tenido que responder he sido yo.
-¿Has pasado ya lo peor?
-Lo peor aquí nunca se pasa porque, si quieres seguir toreando, tienes que jugártela todos los días.
-¿Qué esperas a cambio?
- Lo de todos, ser famoso, llegar a figura del toreo, tener un cortijo.
-¿Lo ves muy lejos?
-Algo lejos sí; pero estoy en el camino y tengo mucha confianza en mi.
-¿Crees que has venido a este mundo para ser torero?
-Lo ignoro, pero es que no sé hacer otra cosa porque no me he dedicado a nada más que a esto desde que era un niño con nueve o diez años.
-¿A que has aprendido antes, a leer y escribir o a ponerte delante de un becerro?
-Casi, casi, al tiempo.
-¿Te cambiarias, si pudieras, por un chico de tu edad pero con estudios?
-No, la verdad, porque esta es la carrera más bonita que se ha inventado. Me gusta y además me pagan ¡que puedo pedir más?
-¿Te hubieras imaginado alguna vez situarte en la vida como te has situado?
-Confianza no me ha faltado; pero esto está muy difícil y nunca se sabe.
-¿Las has pasado muy mal?
-Francamente mal, pero ahora ya voy a los mejores hoteles y tengo trece o quince trajes de luces.
-¿Te acuerdas aún cuando solo tenías uno y alquilado?
-Claro, y cuando iba a pensiones de mala muerte
-¿Qué impresión te produce ahora volver la vista a tras?
-Me da mucha moral y ganas de seguir arrimándome tarde tras tarde.
-¿Qué prefieres; salir de la plaza por tu propio pie y fracasado, o herido y triunfante?
-Salir por nuestro propio pie es importante siempre; pero mejor aún sin que te hayan tocado los toros por la puerta grande.
-¡Casi nada la del ojo!
LA SEGUNDA CORRIDA DEL CICLO VALLISOLETANO DEL AÑO 1973.

Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.

Casi se llenó el coso del Paseo de Zorrilla en la segunda de feria. Tarde nublada, pero sin que apareciera la lluvia.
Bajo la presidencia del Comisario del Cuerpo General de Policía Sr.Zalama que estuvo asesorado artísticamente por el exsubalterno vallisoletano Faustino Gómez “Cigales”, realizan el paseíllo, “Paquirri”, “El Niño de la Capea” y Julio Robles para estoquear una corrida del hierro de D. Francisco Galache.
La corrida resultó entretenida como lo demuestra el cómputo final de trofeos: Dos apéndices auriculares para “Paquirri” y otras dos con el rabo a mayores para “El Niño de la Capea”.
En los tendidos gente conocida como el actor Zori, y los cronistas taurinos Mariví Romero y Manolo F. Molés.

El primero de la tarde sale con muchos pies. Luce el número 45. Se llama “Lisojo” y pesa 469 kilos. “Paquirri” lo lancea brillantemente en los primeros compases para seguidamente tener que limitarse a llevarlo al caballo de picar ante la frenada de la embestida por parte del burel.
Entra por dos veces al caballo, si bien el piquero mide el castigo para que su matador pueda lucirse en el tercio de banderillas.
A petición del público el de Barbate ha de poner banderillas. Brinda el primer par al público en medio de los aplausos de reconocimiento. Tres buenos pares de los que destaca el segundo donde “Paquirri” luce sus portentosas facultades físicas.
La faena de muleta la comienza con unos doblones, tras los cuales comienza su toreo al natural con dos series de cuatro cada una donde el pase es prolongado y rematado para abrocharlas finalmente con sendos pases de pecho. (Ovación y música).
Dos series de redondos ajustadísimos a los que sigue otra serie con la mano izquierda, pulcra y perfectamente rematada con los obligados de pecho. Juega con el toro y se adorna en unos desplantes toreros y elegantes.
Y como la faena la ha realizado ayudado por el estoque de verdad, en el momento en que el toro ha cuadrado entra a matar recetando un pinchazo en hueso al que sigue una estocada atracándose de toro en la que el cornúpeta rueda sin puntilla.
Se le conceden las dos orejas con las que da la vuelta triunfal al anillo en medio de las aclamaciones del público que también aplaudió al toro de Galache en el arrastre.

Su segundo (cuarto de la corrida) atiende por “Tirado”. Luce el número 32 y tiene un peso de 491 kilos.
“Paquirri” lo saluda por verónicas bien ejecutadas que merecen al aplauso del público.
Tras llevar artísticamente al toro al caballo, el piquero le administra un puyazo con el que se cambia el tercio.
En banderillas el gaditano no está muy acertado puesto que en el primer par el toro le acosa en la salida librándose con apuros. Después clava un solo palo en la siguiente entrada, y con tres palos se cambia el tercio.
La faena de muleta la brinda a la artista cómica Lina Morgan que ocupa el palco que debajo de Presidencia posee la empresa y tras llevarse al toro al centro del ruedo a base de porfía, a un astado muy quedado, logra una gran faena de dominio y conocimiento en medio de los aplausos del público y los sones de la banda de música.
Destaca una serie de naturales impecables de ejecución, largura y remate, al que siguen los circulares, los desplantes toreros y el final de rodillas que enardece al público vallisoletano.
Falla a espadas repetidamente consecuente a la falta de fijeza de su enemigo por lo que el gran triunfo queda limitado a una ovación y vuelta al ruedo.
Una gran tarde de Francisco Rivera “Paquirri” que estuvo en director de lidia ayudando en el quehacer a sus compañeros de terna.

El segundo toro de la tarde se llama “Altanero”, está marcado con el número 11 y pesa 480 kilos. Pedro Moya “El Niño de la Capea” lo saluda con cuatro lances que remata con una media verónica merecedores de aplausos.
Tras la entrada al caballo de picar, “El Niño de la Capea” hace su quite por chicuelinas ajustadas, que levantan una ovación.
En banderillas se cambia el tercio con un solo par a petición del espada.
La faena de muleta la comienza brindando al público vallisoletano, para seguidamente administrar a un toro manejable, pases de todas las marcas de manera reposada y tranquila, que culmina con adornos sin abuso, donde expone lo preciso.
Una faena que me atrevo a calificar de eficaz, limpia y preciosista.
Remata la faena con una estocada hasta los gavilanes, pelín tendida, ejecutada con valor y en la que el espada recibe un golpe en el encuentro resultando con la taleguilla rota.
Acierta con el descabello al segundo intento y es premiado con las dos orejas y el rabo. Tras la vuelta al ruedo triunfal pasa a la enfermería donde es asistido de un puntazo que no le impide continuar la lidia de su segundo enemigo.

Su segundo toro marcado con el número 8 y de nombre “Argumentero” tiene un peso de 529 kilos. Es un toro de gran alzada que sale al ruedo con la cara desafiante.
Cuando nada más saltar el toro a la arena, trata de fijarlo el peón Juan Cabello, lo “echa mano” y lo cornea por dos veces. Capea lo lancea sin mucho ajuste tras el desconcierto de la cogida de su peón.
La faena de muleta consiste en una faena de aliño donde Capea sin perderle la cara lo muletea brevemente para acabar con él de un pinchazo hondo y estocada a paso de banderillas que propicia el descabello a la cuarta entrada, no obstante lo cual “El Niño de la Capea” escuchó palmas.

El tercero de la tarde, llamado “Montero”, marcado con el número 16 y con un peso de 492 kilos correspondió en sorteo a Julio Robles que no tuvo su tarde en el coso del Paseo de Zorrilla.
El toro fue dos veces al caballo. En el primer encuentro el piquero se agarra arriba y es aplaudido, lo mismo que en el segundo encuentro.
Julio Robles quita por verónicas superiores frente al tendido 3.
El toro, tras el segundo puyazo, ha quedado muy mermado de fuerzas y afectividad para embestir.
Julio insiste e insiste sin que el toro haga nada por embestir, a la vista de lo cual el abulense se dispone a matar. Ha de entrar varias veces y cuando al final el toro dobla es aplaudido, confundiéndose estos aplausos con los que recibe “Capea” al salir de la enfermería.

Su segundo toro (sexto de la corrida) “Contador” de nombre, marcado con el número 26 y con 496 kilos ha de ser devuelto por cojera manifiesta a corrales, pero como el toro no quiere entrar a pesar del trabajo nulo de cabestros y de Julio Robles (colaborador al máximo) ha de ser apuntillado en el ruedo.

Sale el sexto bis. Es un toro de la ganadería de Juan Mari Pérez Tabernero que también es protestado por defecto en la vista y que incluso acaba con lanzamiento de almohadillas al ruedo por los tendidos de sol. Se llamaba “Indispuesto”, estaba marcado con el número 61 y pesaba 475 kilos.
La presidencia mantiene el toro en el ruedo y Julio Robles lo veroniquea en medio de las protestas.
El piquero le administra tres puyazos.
Con la muleta Julio logra muletazos aceptables que no son valorados por el público muy de uñas con la Presidencia por mantener el toro en el ruedo.
Entra a matar siete veces antes de que el toro se eche definitivamente.
Robles fue aplaudido por su voluntariedad.

Parte facultativo:
El peón Juan Cabello “El Brujo” llevado en manos de las asistencia a la enfermería de la plaza, fue atendido por el equipo médico del doctor D. Ángel Palencia Martínez.
El parte decía así:
“Durante la lidia del quinto toro ha ingresado en el enfermería el subalterno Juan Cabello quien sufre herida por asta de toro penetrante en el hemitórax derecho con gran schok traumático y contusiones generales. Pronóstico muy grave” Firmado Dr. Palencia.

jueves, 4 de febrero de 2010

LA PRIMERA CORRIDA DEL CICLO VALLISOLETANO DEL AÑO 1973.
Por LUIS ALONSO HERNÁNDEZ. Veterinario y escritor.


La primera de la feria se saldó con una sola vuelta al ruedo del diestro local, Roberto Domínguez.
Hizo una tarde espléndida, pero el público no acudió a la plaza más que para lograr la media entrada.
En el reconocimiento veterinario hubo “baile de corrales”. Dos de los astados pertenecientes al hierro titular de los señores Ramos Matías de Salamanca, a consecuencia de falta de peso en uno y claudicación en otro, hubieron de ser sustituidos por otros dos de la ganadería de doña Mercedes Pérez Tabernero, que se lidiaron en cuarto y quinto lugar.
En presidencia estuvo el Comisario del Cuerpo General de Policía, D. Florencio Zalama Herrera a quien asesoró artísticamente el banderillero Antonio Aguado “Larita”.
Los carteles estuvieron equivocados en cuanto al orden de colocación de los diestros actuantes pues el más antiguo era Francisco Ruíz Miguel.
El primer toro de la tarde responde al nombre de “Almejano”.Luce el número 48 y tiene un peso de 480 kilos. Un toro encastado a quien el diestro de El Puerto de Santa María, Ruiz Miguel, le recibe con dos verónicas que son rematadas con una media.
Artísticamente lo lleva al montado que le administra un puyazo recargado, tras el cual el toro pasa al tercio de banderillas, donde los banderilleros, no muy acertados, clavan un par y medio.
La faena de muleta Ruíz Miguel la instrumenta por naturales con recurso en dos tandas de las cuales la segunda fue la mejor.


El toro aprende con facilidad por lo que al colarse peligrosamente en la última tanda, Francisco Ruiz Miguel opta por el toreo al redondo. Unos redondos suaves que merecen los sones de la música.
Finaliza aliñando al astado para finiquitarlo de una estocada traserilla de la que el toro dobla, acertando el cachetero a la primera.
La labor es premiada con ovación y saludos desde el tercio mientras el toro es pitado en el arrastre.

En su segundo el “cañailla” se estira por verónicas ante el toro de doña Mercedes Pérez Tabernero, que con un peso de 538 kilos y llamado “Espía” luce el número 10, para finalizar con unas chicuelinas salerosas.
En la suerte de varas el toro recibe un largo puyazo en el que está a punto de derribar. Como en el toro anterior los banderilleros solo logran colocar par y medio de garapullos.
Comienza brindando la faena de un toro noble, al Alcalde de Vitoria que ocupa localidad en el tendido 8 junto a su colega vallisoletano señor De Santiago y Juárez.
Torea muy bien sobre ambas manos siendo muy aplaudido. Al confiarse demasiado sufre un varetazo en la región abdominal por parte de una banderilla y desde ese momento pierde la confianza hasta el extremo de ponerse pesado en la suerte suprema. Lo logra tras dos pinchazos sin soltar, media ligeramente delantera, un pinchazo y media estocada muy baja.
Recibe pitos mientras el toro es aplaudido en el arrastre.

El segundo toro de la tarde, con mucha leña en el testuz, responde por “Sopero”, tiene un peso de 495 kilos, es lidiado por el diestro José María Manzanares. Lo lancea sin confiarse con lances desajustados.
En el caballo, el toro sufre una vara buena y recargada y seguidamente dos picotazos.
Los banderilleros estuvieron acertados en dos pares superiores por los que recibieron aplausos.
Manzanares no se ajusta con un toro demasiado quedado al que, tras intentar torearlo de cerca, finaliza con pases por bajo.
Lo finiquita con una media estocada colocada arriba que le propicia descabellar al primer intento.
Es despedido con muestras de desagrado y música de viento.

A su segundo. Quinto de la corrida, perteneciente al hierro de Doña Mercedes Pérez Tabernero, marcado con el número 11, “Pecoso” de nombre y 466 kilos de peso Manzanares brinda a la Reina de las Fiestas que ocupa el palco número 11. Y comienza muy torero a base de derechazos y naturales que son rematados con el obligado de pecho.

Sufre una colada muy peligrosa cuando cae delante de la cara del toro.
Pasado el susto continúa toreando a base de molinetes y afarolados por lo que es ovacionado y la música hace su aparición en la plaza del Paseo de Zorrilla.
Tras adornarse muy artísticamente entra a matar logrando un pinchazo sin soltar porque el toro se le arranca de improviso. Seguidamente logra una media estocada perpendicular que propicia el descabello al primer intento. Es aplaudido.

Roberto Domínguez que sustituyó al lesionado Antonio José Galán, es recibido con una gran ovación al aparecer en el coso de Zorrilla, pues era la primera vez que actúa en la plaza de nuestra ciudad tras el “paso decisivo”.
A su enemigo, marcado con el número 59, “Faginero” de nombre 517 kilos de peso, negro de capa y perteneciente a la vacada de doña Mercedes Pérez Tabernero, lo lancea por verónicas que son jaleadas por sus paisanos.
Es muy aplaudido cuando de forma elegante y torera lleva el toro al caballo de picar.
El picador se agarra perfectamente arriba y le pega al toro en vara recargada.
En banderillas se luce en un par “Romerita” que es ovacionado.

Brinda la muerte de su toro a sus paisanos desde el centro del ruedo.
Comienza su faena con pases por alto en serie de dos que son seguidos con un pase cambiado que es premiado con una ovación.
Unos perfectos y bien rematados redondos. Juega con el toro para finalizar con desplantes toreros.
Como se pone pesado con los aceros su gran labor es premiada con una ovación que le propicia la vuelta al ruedo.

En su segundo que fue el peor del encierro, de salida intentó saltar al callejón a la altura del tendido 6. Se llamaba “Fantasioso”, marcado con el número 45, negro de capa y 523 kilos de peso.
Roberto lo recibe con una larga cambiada de rodillas que es muy ovacionada, para seguidamente administrara unos lances muy templados que también son ovacionados.
La primera vara es buena mientras que la segunda resulta demasiada trasera.
Como el toro se colaba en cada pase Roberto Domínguez se limita a instrumentar una faena voluntariosa pero breve que culmina con una estocada mal colocada que da con el toro de Ramos Matías en tierra.
La labor del vallisoletano es silenciada.

El público salió aburrido y lo demostró en la despedida de los diestros actuantes.
De los picadores sobresalió Raimundo Rodríguez y de los banderilleros destacaron, Lorenzo Saugar “Romerita” y Juan Sánchez que al recibir un golpe del astado se resintió de una herida que tenía en el pie derecho.
Los toros demostraron escasa fuerza, sosería y falta de casta por lo que “besaron” en demasía la arena. No presentaron dificultades para la lidia, pero ésta no existió.
Fueron mejores los de doña Mercedes.
Ese día Pepe Alegrías que era el cronista de uno de los periódicos de Valladolid echó la culpa del fracaso de la corrida, por un lado a los toreros que no supieron lidiar por “falta de oficio” y a los toros salmantinos faltos de casta y de afectividad. De ahí el bostezo, aburrimiento y un poco de “reniego” del aficionado.